El VIH es una enfermedad crónica que afecta el sistema inmunológico y sigue siendo un problema de salud pública en América Latina. A pesar de que alrededor de 1,7 millones de personas acceden al tratamiento antirretroviral, el estigma, las desigualdades y la percepción subjetiva dificultan su manejo. Su impacto va más allá de lo físico, afectando también el bienestar emocional y social. La pandemia de COVID-19 intensificó estas barreras, limitando el acceso a servicios y apoyo.