Uno de los mayores legados de Antonio José de Sucre está ligado a su papel como libertador del actual territorio ecuatoriano durante las guerras de independencia de América Latina.
En 1821, Simón Bolívar, líder de la emancipación de América del Sur, le encomendó a Sucre la misión de liberar a la Real Audiencia de Quito del dominio español. En ese entonces, Quito era uno de los bastiones más importantes del poder realista (español) en el norte andino.
Sucre organizó un ejército de soldados provenientes de distintas regiones liberadas, incluidos venezolanos, neogranadinos (colombianos), peruanos, argentinos y chilenos, junto con voluntarios quiteños que se sumaron a la causa.
La campaña culminó el 24 de mayo de 1822, cuando Sucre condujo a sus tropas a una victoria decisiva en la Batalla de Pichincha, librada en las faldas del volcán del mismo nombre, cerca de Quito. Esta batalla fue clave porque:
Liberó la ciudad de Quito del dominio español.
Permitió la integración del territorio ecuatoriano a la Gran Colombia, la república creada por Bolívar que unía los actuales países de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá.
Como reconocimiento a su hazaña, Sucre fue aclamado como “Gran Mariscal de Ayacucho”, título que también honra su papel posterior en la independencia del Perú y la victoria en la Batalla de Ayacucho (1824).
Tras la independencia de Quito, el territorio pasó a formar parte de la Gran Colombia, y Sucre fue designado como Jefe Civil y Militar del Departamento del Sur, que abarcaba lo que hoy es Ecuador.
Desde su sede en Quito, Sucre asumió funciones tanto militares como civiles. Durante su gobierno:
Promovió la reorganización administrativa del territorio.
Impulsó la educación, fundando instituciones e impulsando la instrucción pública como base de la república.
Propició la reconciliación entre realistas derrotados y patriotas, buscando consolidar la paz y la estabilidad política.
Se enfrentó a desafíos como la resistencia de ciertos sectores conservadores y las tensiones regionales dentro del nuevo Estado.
A pesar de sus logros, Sucre se mostró crítico con el centralismo excesivo de la Gran Colombia y, como Bolívar, prefería una federación de repúblicas, lo que eventualmente contribuiría al colapso de esa unión política.
El legado de Sucre en Ecuador es profundo, duradero y ampliamente conmemorado. A lo largo del país, su nombre y memoria están presentes en:
Estatuas, bustos y monumentos en Quito y otras ciudades.
Escuelas, colegios, universidades y calles que llevan su nombre.
El antiguo Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito (funcionó hasta 2013), y el nuevo aeropuerto ubicado en Tababela que también lleva ese nombre.
La provincia de Sucre, en la costa ecuatoriana, fue nombrada en su honor.
Además, la fecha de la Batalla de Pichincha, el 24 de mayo, es uno de los feriados nacionales más importantes en Ecuador, y cada año se celebra con actos cívicos y militares en su memoria.