Era una fría mañana de invierno. El bosque estaba cubierto por un manto blanco de nieve que brillaba bajo la luz del sol. Los árboles, altos y majestuosos, se erguían como gigantes de hielo, con sus ramas cargadas de nieve que crujían suavemente cuando el viento las acariciaba.
En el corazón de ese bosque nevado vivía un pequeño zorrito llamado Lino. Aunque el invierno podía ser muy frío, a Lino le encantaba el paisaje. A menudo, corría y saltaba por la nieve, dejando sus huellas en el suelo cubierto. Pero había algo que lo inquietaba: siempre había sentido que el bosque nevado tenía algo especial, algo que aún no había descubierto.
Un día, mientras corría detrás de su propia cola, Lino escuchó un sonido suave, como un susurro. Se detuvo y, al mirar alrededor, vio algo extraño. Entre los árboles, donde la nieve se acumulaba más, había un pequeño camino que nunca antes había notado. La nieve sobre ese sendero no estaba intacta como el resto, sino que parecía haber sido pisada por alguien, o algo.
Intrigado, Lino decidió seguirlo.
Caminó despacio, mientras la nieve crujía bajo sus patas. Al final del sendero, encontró un claro, donde el sol brillaba con fuerza. En el centro del claro había un árbol muy especial: su tronco era plateado, y sus hojas, aunque cubiertas de nieve, reflejaban un brillo dorado que iluminaba todo a su alrededor.
Lino se acercó al árbol y, al tocar su tronco con la pata, una cálida luz lo envolvió. De repente, una suave voz susurró en su oído: “Bienvenido, pequeño zorrito. Este es el Árbol de la Nieve Eterna. Aquí, todos los que son puros de corazón pueden encontrar consuelo y sabiduría.”
Lino, asombrado, miró alrededor. “¿Es este un árbol mágico?” preguntó.
"Sí", respondió la voz, "Este árbol protege a todos los seres del bosque durante el invierno. En su interior guarda el secreto de la nieve: cada copo que cae es único, pero todos contribuyen a crear belleza y armonía. Aunque el invierno sea frío, siempre hay algo hermoso en él."
Lino sonrió, entendiendo que el invierno no era solo un tiempo de frío, sino también de reflexión y belleza. Se sintió lleno de paz y agradecimiento por haber descubierto ese rincón secreto del bosque.
Desde ese día, cada vez que la nieve cubría el bosque, Lino se dirigía al Árbol de la Nieve Eterna para recordar que, aunque todo parecía silencioso y frío, siempre había magia en el aire.
Fin.
Autora: Yoselin Garcia
Opinión personal: La enseñanza del cuento es que nos invita apreciar lo que a menudo parece ordinario o difícil ya que en ellos se enconden valiosas lecciones y que incluso en los momentos más fríos y tranquilos hay belleza y sabiduría