Nico era un niño muy especial. Cada vez que sentía algo, su cara cambiaba de color. Si estaba feliz, era amarilla como el sol. Si se enojaba, se ponía roja como una manzana. Y si estaba triste, era azul como el cielo en la tarde.
Un día, Nico se levantó sintiéndose raro. Su cara tenía todos los colores mezclados, y no entendía por qué.
—¿Qué me pasa? —se preguntó preocupado.
Su hermana Ana lo vio y le dijo:
—Tal vez tienes muchas emociones juntas. Vamos a ordenarlas.
Primero, Nico pensó en su perro, que siempre le hacía reír, y su cara se volvió amarilla.
—Esto me hace feliz —dijo, sonriendo.
Luego recordó que había perdido su juguete favorito, y su cara se puso azul.
—Eso me pone triste —dijo bajando la mirada.
Finalmente, pensó en un amigo que no quiso compartir, y su cara se volvió roja.
—Y eso me enoja un poco —admitió.
Ana lo abrazó.
—Está bien sentir muchas cosas, Nico. Lo importante es hablar de ellas.
Nico respiró profundo, y poco a poco su cara volvió a la normalidad. Desde entonces, siempre compartía sus emociones para sentirse mejor.
Fin.
AUTORA: MELISSA BONILLA
Opinión Personal:
Este cuento es útil para enseñar a los niños a identificar y expresar sus emociones de manera clara y segura. Al usar colores como metáfora, facilita la comprensión de sentimientos complejos de una forma visual y accesible. Además, la interacción con un personaje de apoyo como Ana refuerza la importancia de compartir emociones con alguien de confianza, promoviendo habilidades emocionales y sociales desde temprana edad.