Las danzas típicas salvadoreñas surgen como una forma para hacer memoria de la manera en que vivían nuestros propios antepasados. Son una gran parte de nuestra cultura y de nuestra historia, puesto que, por medio de estas podemos visualizar diversas formas en cómo nuestra cultura está dividida dependiendo de su localización geográfica y sus respectivas costumbres.
Los bailes o danzas típicas en El Salvador han sido poco estudiados, de allí que nos encontremos carentes de una profundización que explique los procesos internos y externos que inciden en los principios, desarrollo y desenvolvimiento de los mismos. Sin embargo, entre 1920 y 1935, María de Baratta, compositora, pianista, musicóloga y folklorista salvadoreña, registró alrededor de 49 danzas en el occidente y centro de la nación y unas escasas en el oriente, como patrimonio cultural.
Concepción Clará
La antropóloga Concepción Clará realizó un inventario entre 1975 y 1978 sobre las danzas típicas del país. Tal es el caso que se determinó que el territorio todavía tenía un repertorio de danzas folklóricas en vías de desaparecer, las cuales sobrevivían gracias al complejo de festividades religiosas tradicionales que celebran aún muchas poblaciones. Clará registró 32 danzas, 17 menos que en 1935, que se ejecutaban en especial en el occidente y centro del país, a distinción de ciertos núcleos localizados en el oriente.
Lamentablemente, los exhaustivos esfuerzos por mantener estas tradiciones fueron disminuyendo cada vez más. Actualmente, muchas de las danzas clásicas dejaron de ejecutarse por distintas causas. En el año 2005 la etnomusicóloga Marta Rosales, registró 16 danzas en el occidente, centro y oriente del país, las cuales cataloga como folklóricas y de proyección folklórica.