Muchas personas que tienen una infección de transmisión sexual (ITS) no tienen ningún síntoma, o bien son síntomas muy leves. En general, las ITS pasan más frecuentemente inadvertidas en las mujeres (tienen menos síntomas). Por este motivo, a menudo las ITS en las mujeres se diagnostican más tarde y causan más secuelas. A veces, los síntomas sospechosos de una ITS aparecen días o meses después del contagio.
Úlceras en los genitales, la zona perianal o la boca.
Ganglios inflamados en forma de un bulto que puede o no ser doloroso en las ingles (adenopatías).
Secreción vaginal espesa o maloliente, escozor o dolor al orinar o con las relaciones sexuales, en las mujeres.
Secreción purulenta (con aspecto de pus) por la uretra, el dolor o escozor, en los hombres
Existen muchas ITS distintas y pueden manifestarse de formas muy variadas e incluso pueden pasar completamente inadvertidas:
Síntomas del Virus del papiloma humano (verrugas genitales o condilomas).
Las personas con infección por el virus del papiloma (VPH), que como decíamos es la ITS más frecuente en todo el mundo, pueden presentar verrugas genitales, también llamadas condilomas. Son lesiones verrugosas, generalmente pequeñas, a veces oscuras, que normalmente no duelen ni pican y aparecen en los genitales, la zona perianal o la boca.
Las personas con herpes genital pueden presentar pequeñas úlceras dolorosas, agrupadas, en genitales o nalgas. Estas úlceras se curan de forma espontánea en unos días, incluso sin tratamiento. Los pacientes con infección por herpes pueden presentar más de un episodio de este tipo en forma de brotes de pequeñas úlceras, generalmente en la misma zona (genital o nalgas).
Síntomas de la Gonorrea e infección genital por Clamidia
Las personas con infección por gonococo (gonorrea) o Clamidia presentan molestias, dolor o escozor al orinar y, a veces, supuración por la uretra. Estas bacterias pueden además causar inflamación del recto (dolor con la defecación, supuración, moco o sangrado rectal) que afecta, principalmente, a personas que practican sexo anal. Ambas infecciones pueden pasar inadvertidas en algunas personas lo que dificulta el diagnóstico. La infección asintomática (sin sintomatología) es más frecuente en el caso de la Clamidia y en cualquiera de las dos infecciones es más frecuente en mujeres que en varones.
Inicialmente (días después del contagio), puede aparecer una úlcera no dolorosa, generalmente, en los genitales o la zona perianal acompañada de ganglio inflamado (adenopatía) en la ingle (un bulto no doloroso en la ingle).Esta úlcera desaparece en unos días incluso si la persona infectada no recibe tratamiento para la sífilis. Posteriormente (días-semanas), pueden aparecer lesiones en la piel. La forma más típica es la aparición de manchas rosadas en el tronco y las extremidades, que no duelen ni pican. La aparición de manchas redondeadas, de coloración rojo-marrón en palmas de las manos o las plantas de los pies, o bien de manchas o erosiones en la boca o los genitales, también es frecuente en esta infección. Además, hay otras múltiples formas de presentación menos frecuentes. Es importante recordar que algunas sífilis también pueden ser totalmente asintomáticas y, por tanto, pasar inadvertidas.
Las hepatitis A, B y C son infecciones víricas del hígado. La hepatitis vírica cursa con un cuadro clínico de gravedad variable, pero a diferencia de la hepatitis A, que solo tiene una fase aguda, los virus de las hepatitis B y C pueden provocar una infección crónica que, en algunos casos, pueden acabar desencadenando una cirrosis e incluso un cáncer hepático.
Durante la fase aguda algunos pacientes pueden presentar coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia), orina más oscura, náuseas, vómitos, dolor abdominal, malestar general o fatiga. Sin embargo, muchos pacientes no presentan ningún síntoma durante la fase aguda. Además, un pequeño grupo de pacientes puede presentar una hepatitis aguda fulminante que podría ocasionar la muerte. Algunas de las personas en las que las hepatitis B y C se cronifican, la alteración hepática puede acabar en una cirrosis hepática (fallo hepático) e incluso en cáncer de hígado.