Las canciones de cuna –también llamadas en Iberoamérica arrullos, nanas, cantos de arrorró, rurrupatas, etc.— forman parte de la tradición de prácticamente todas las culturas. Son canciones breves, a menudo impregnadas de melancolía, destinadas a dormir dulcemente a los niños y niñas cuando éstos no quieren hacerlo. “Canciones para el día y la hora en que el niño tiene ganas de jugar”, como dijo García Lorca en una conferencia en 1928.
Canciones que se convierten en un puente amoroso entre la vigilia y el dormir, en un vehículo rítmico que conduce hacia la lasitud necesaria para conciliar el sueño. Poemas cantados que se transmiten por vía oral, por lo general de una generación a otra. La niña mayor aprendía las nanas de su madre o de su abuela, las nanas dedicadas a dormir a los hermanitos pequeños. Por lo que, indudablemente, muchas de las canciones de cuna que hoy se cantan pertenecen al campo de lo folclórico, en virtud de la oralidad de su transmisión y el anonimato de los textos.
Milenios de evolución –y unos cuantos estudios científicos- demuestran que las nanas son un excelente recurso para tranquilizar a los bebés. Se cree que el típico patrón rítmico de las canciones de cuna tradicionales se asemeja a los sonidos que se escuchan dentro del útero, y que por eso estas canciones ayudan a calmar el llanto del recién nacido. Pero también se ha demostrado que cantarle al bebé ayuda a mejorar el estrés de los padres.
El cantarle suavecito una nana mientras lo miramos a los ojos es una excelente manera de hacer sentir a nuestro hijo lo especial que es. Nos ayuda a sentirnos más cerca, a confiar el uno en el otro, a acompañarnos y a desarrollar unos lazos de apego cada vez más estrechos.
Apostamos a que recuerdas cuando tu madre o tu abuela te cantaban canciones de cuna tan bonitas como “Arrorró, mi niño” o “Estrellita, ¿Dónde estás?”. En efecto, las nanas suelen incorporarse a la memoria a largo plazo, están fijas en los recuerdos más entrañables de la niñez. Cuando tú le cantas a tu bebé, es una hermosa manera de revivir, por un momento, ese bello pasado de tu infancia.
«Duérmete niño,
duérmete ya,
que viene el coco
y te comerá».
«Estrellita dónde estás
me pregunto quién serás.
Estrellita dónde estás
me pregunto quién serás.
En el cielo o en el mar
un diamante de verdad.
Estrellita dónde estás
me pregunto quién serás».
«Arrorró mi niño
arrorró mi sol
arrorró pedazo de mi corazón.
Arrorró mi niño
arrorró mi amor
arrorró pedazo de mi corazón.
Este nene lindo
se quiere dormir,
y el pícaro sueño no quiere venir».