Aportes docentes

Arely Franco Ramos, Jefa del Departamento de Periodismo.

La importancia de la innovación en la práctica educativa universitaria

“Si te atreves a enseñar, no dejes de aprender”

John Cotton Dana

Resulta frecuente escuchar a los docentes quejarse por los malos resultados que sus estudiantes suelen obtener en las pruebas parciales que realizan para evaluar los contenidos de las cátedras que imparten; de hecho, recientemente una colega compartía la situación de su materia, en la que, según sus estimaciones, sólo alrededor del 20% de alumnos tenían oportunidad de aprobar la asignatura, al momento de ir culminando el ciclo académico I-2018, de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de El Salvador (UES).

Pero, ¿será realmente culpa exclusiva de los alumnos una situación como esa? ¿Podrá atribuírsele ese resultado a la profesora? ¿Tendrá algún grado de responsabilidad la institución universitaria? Claro está que responder a cada una de éstas y otras interrogantes vinculadas con el quehacer académico puede ameritar una investigación que ayude a vislumbrar lo que sucede en nuestro ámbito universitario, pero en esta ocasión al menos vale la pena hacer algunas aproximaciones al respecto a través de este ensayo crítico.

Para comenzar, a fin de elaborar este ejercicio me pareció pertinente consultar a un grupo de colegas profesores y profesoras de la Licenciatura en Periodismo respecto a la forma cómo llevan a cabo su práctica docente. La muestra estuvo conformada por un 20% de la planta docente actual del Departamento de Periodismo (22 profesores en total, de los que 5 tomaron parte de la muestra: una Maestra, un Doctor y tres Licenciados, todos con más de 15 años de experiencia docente).

De acuerdo con los resultados obtenidos en la consulta, el 100% de ellos realiza pruebas diagnósticas al comenzar cada ciclo académico, con el propósito de establecer los conocimientos previos de sus alumnos y tomar eso como base y punto de partida, sobre todo a fin de no repetir contenidos. También se puedo establecer que todos utilizan diferentes recursos pedagógicos para impartir sus clases, aunque la mayoría son usuales (presentación en power point, textos, ejercicios prácticos), así como la proyección de vídeos y algo más reciente es el empleo de un aula virtual, aunque este tipo de recurso no vuelve semi-presencial la asignatura, ya que se utiliza simplemente como complemento de la clase en el salón.

Asimismo, los docentes valoraron que el uso de tales recursos permite que los estudiantes asimilen mejor la información, aunque uno de ellos indicó que eso también depende del interés que el alumno demuestre en la instrucción que se le brinda, así como que tenga interés por la lectura y participe en lo que se hace en la clase.

De igual manera se percibió que el 20% de los profesores consultados modifica los recursos pedagógicos con frecuencia, dada la naturaleza predominantemente práctica de las asignaturas y por el hecho de las nuevas tendencias y situaciones que surgen en el entorno, sobre todo en lo que respecta al uso de tecnologías de la información y comunicación y la forma de hacer periodismo, que ha ido cambiando con el tiempo, lo que les ha llevado a procurar conocer qué hay de nuevo en el ámbito social; incluso un maestro dijo que procura generar nuevas prácticas (por ejemplo, el uso de redes sociales).

Aunque todos ellos estiman que resulta factible poder implementar cambios en la metodología de trabajo, considerando las diferentes capacidades y aptitudes del estudiantado para adecuar tales recursos según sus necesidades, parece una acción que resulta difícil de poder concretar, tomando en cuenta que no reciben capacitaciones de forma regular y consistente, ni tampoco nuevos recursos tecnológicos o bibliográficos para desempeñar su labor docente.

Este último aspecto es uno de los más importantes, dado que al hablar de efectuar la práctica docente se puede argumentar que no se trata meramente de una simple acción que lleve a un maestro a planificar su clase para luego impartirla y en algún momento evaluar los conocimientos adquiridos por los estudiantes, ya que en realidad la práctica educativa universitaria implica compartir conocimientos que contribuyen a la formación profesional del estudiantado, misma que les permitirá desempeñarse posteriormente en el ámbito laboral en el que se inserten.

Entonces, ¿en qué debe pensarse para que el proceso de enseñanza-aprendizaje se vuelva efectivo y eficiente y cumpla con su verdadero cometido?

Evidentemente no se trata de una preocupación reciente. Ballesteros Regaña, Cabero Almenara y López Meneses (2009), indican que desde la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción (UNESCO, 1998), entre otros aspectos, ya se cuestionaba tanto los modelos como las estrategias educativas, especialmente en lo relativo a la transmisión de conocimientos por parte del profesor, el aprendizaje memorístico por parte del alumno y su control a través de exámenes.

Tal como señalan estos autores, aunque no se puede negar que el aprendizaje memorístico aún tiene vigencia, no es menos cierto que también se debe dar paso a nuevos modelos y estrategias de enseñanza que permitan al estudiante ser el protagonista de su propia formación, lo que no siempre sucede en el ámbito universitario actual.

De hecho, tal como lo expresa una frase célebre de Ortega y Gasset, “hacer cambios en las universidades, es como remover cementerios”, dando a entender que a pesar que estas instituciones son productoras de ciencia y conocimiento, no siempre son capaces de aplicar innovaciones en las formas en las que se enseña, dificultando así la manera en que el alumnado aprende y más aún para adquirir experiencias nuevas y relevantes que sean de utilidad en su posterior práctica profesional, una vez que se han graduado.

De ahí que precisamente la referida Declaración sobre la Educación Superior de la UNESCO (1998) considere necesario implementar métodos educativos innovadores, sustentándolo en los cambios continuos que se producen en el mundo y con base a lo cual “las instituciones de educación superior deben formar a los estudiantes para que se conviertan en ciudadanos bien informados y profundamente motivados, provistos de un sentido crítico y capaces de analizar los problemas de la sociedad” (Artículo 9).

Entre otros aspectos, dicha Declaración plantea que se debe impulsar un cambio curricular, ya que los planes de estudio deben acoplarse a la realidad y cambios que se producen, lo cual, por supuesto incluye no sólo la aplicación de nuevos métodos y distintos planteamientos didácticos y pedagógicos, sino que involucra la formación constante de los docentes encargados de la enseñanza, a fin de garantizar que el aprendizaje sea óptimo y de calidad.

Esto debe estar enmarcado en un enfoque institucional orientado a lograr el cumplimiento de tales objetivos, que incluye el uso de tecnología, la formación continua de los docentes, la renovación de recursos didácticos y pedagógicos, establecimiento de sistemas virtuales, según las necesidades propias de cada entidad universitaria, entre otros aspectos.

Cabe señalar en este punto, que el tema de la innovación educativa universitaria tiene escollos que deben superarse, con la finalidad que la práctica educativa universitaria rinda mejores resultados, por lo que hay que considerar de qué se trata tal aspecto.

Puede entenderse el concepto de innovación educativa como el “cambio deliberado y permanente en el tiempo que introduce modificaciones significativas en el sistema de transferencia de conocimientos, actitudes, valores y destrezas, actuando sobre alguno o sobre todos los componentes de la función docente, con el fin de incrementar la calidad de su ser y de su operación (Valenzuela Fuenzalida,1993).

No obstante, este autor considera que no se trata de un componente aislado, sino que la innovación debe ser parte de un proyecto que sea sustentado por un equipo de personas que lo impulsen, pero que a la vez sean respaldados institucionalmente, pues de esa forma podrá ejecutarse, ya que conlleva el compromiso de echarlo a andar.

Claro que cualquier innovación debe plantearse a partir de un modelo educativo y la proyección de un cambio sustantivo; es decir, no bastará con que un docente aplique nuevos elementos en sus clases, lo cual debe entenderse más bien como una modificación o un cambio en el programa de una materia más que como una verdadera innovación, ya que ésta involucra un aspecto más complejo, o sea, integrar tanto la práctica docente, como planes educativos acordes con los cambios que se producen en la sociedad, las tecnologías a disposición y la participación proactiva de los estudiantes, todo ello acorde con el entorno social en el que se desenvuelven.

Aunado a lo anterior, cabe considerar que la innovación que pueden llevar a cabo en algún momento determinado los docentes universitarios no debe estar aislada de un asesoramiento pedagógico como tampoco se debe olvidar la articulación entre la teoría y la práctica como dinamización de las innovaciones en el aula universitaria (Lucarelli, 2003).

Así, parece factible considerar que la innovación no debe verse desde un solo ángulo o punto de vista, sino que involucra una práctica educativa orientada a mejorar la enseñanza con un propósito específico, aunado a ello tiene que ser reflexiva y producto de una buena planificación, a fin que logre los resultados proyectados.

Hay que considerar que parte de esa innovación en la educación superior debe buscar un crecimiento sostenido de parte de los estudiantes, cuyas expectativas tienen que ser tomadas en cuenta y considerar que el papel que tiene la educación superior es crucial para buscar soluciones a los problemas sociales; en otras palabras, debe tratarse de un aprendizaje significativo que conlleve al estudiante a ser no sólo más autónomo, sino que hay que brindarle herramientas que le ayuden a comprender, analizar, valorar, cuestionar los contenidos y no sólo memorizarlos para una evaluación, que, dicho sea de paso, no es la única ni la mejor forma de evaluarlos, incluso hay que ser innovadores en la forma de evaluación.

Por ejemplo, un punto de partida es valorar que el proceso de enseñanza-aprendizaje no se limita a lo que ocurre cotidianamente dentro de un salón de clase, pues puede trabajarse con el estudiantado fuera de éste, utilizar otro tipo de metodología (aprendizaje basado en casos o en problemas, entre otros).

Por todo esto, se puede decir que la práctica educativa universitaria debe ser innovadora y enfocarse como una actividad que se tiene que fortalecer y ejecutar. Aunque se sabe que la mayor dificultad que se tiene para lograr algo como eso, y a la que implícitamente se refiere la frase de Ortega y Gasset ya citada, es la actitud de los maestros y maestras que se resisten al cambio, no por ello hay que dejar de insistir.

Al respecto, el Jefe del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador, Oscar Wuilman Herrera señala que la innovación educativa ha sido una estrategia utilizada en formatos educativos con intención de romper las tradiciones y buscar alternativas distintas a la costumbre, para generar mejores procesos de aprendizaje, con alternativas diferentes y un poco más vinculadas con la experiencia de los sujetos (en entrevista realizada el 4 de junio de 2018).

En otras palabras, se refiere a que los educandos deben ser formados para ser aptos y competentes, pero la universidad tiene la dificultad de poder cambiar las estructuras tradicionales de enseñanza, incluyendo el “comodismo” al que tienden a aferrarse los docentes cuando ya dominan ciertos contenidos y terminan repitiéndolos, a pesar que ya estén desfasados.

Esto evidencia que hay que marcar un punto de inflexión y buscar hacer las cosas de una forma diferente, lo cual requiere que se produzca una cualificación de los docentes, que ya no se vea de menos al estudiante y propiciar cambios positivos que se conviertan en una verdadera innovación de la práctica educativa universitaria.

Vale destacar, pues, que:

“El educando no debe ser un simple oyente que acumula datos que transmite el profesor, que no discute, no investiga, no crea, se robotiza, que no desarrolla su personalidad y que por el contrario desarrolla su incapacidad de pensar, sentir y actuar”. (Calero Pérez, 40)

Así pues, innovar la práctica educativa universitaria no se trata de una mera acción loable de parte de los docentes –independientemente de su área de conocimiento y desempeño- el querer implementar formas diferentes de trabajo en aras que el estudiantado adquiera conocimientos, sino más bien de elaborar un proyecto educativo mediante el cual se produzca una coherencia entre la enseñanza, el aprendizaje y la forma cómo se evalúa a los estudiantes, dejando constancia que lo más importante de este proceso es garantizarles la aprehensión de un producto educativo útil y de calidad, lo cual se logrará en la medida que aceptemos el reto de propiciar cambios reales y sustantivos que se requieran para alcanzar ese objetivo.

Después de todo, el primer requisito para tener éxito con una innovación es no ver en el cambio una amenaza, sino una oportunidad potencial (Calero Pérez, 2012). Si la tenemos ante nosotros, no hay por qué desperdiciar la ocasión, sino más bien ser creativos y aprovechar al máximo el potencial del estudiantado, con lo que incluso se puede llegar a superar en un mediano plazo los malos resultados que actualmente estamos observando, mismos que deben dejar de intentar “arreglarse” mediante reglamentos, como se viene ejerciendo en la práctica desde hace algunos años en la institución que tenemos como nuestra Alma Máter.

Concluyo opinando que para mí la mejor forma de ayudar al estudiantado en su proceso de formación profesional es enseñarles no lo que les resulte más fácil ni ir readecuando la legislación universitaria para que aprueben sus cursos a como dé lugar, sino diseñar un proyecto educativo que sea tan innovador como factible y de utilidad, porque a la larga eso sí constituiría un aporte productivo desde nuestra práctica docente hacia la sociedad salvadoreña.

Referencias bibliográficas

  • Barrientos Jiménez, Elsa. Didáctica de la Educación Superior I. Compilación. Unidad de Post Grado de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima, Perú. 2008.
  • Buitrago J., O.E. y Gutiérrez M.C. Los estilos pedagógicos y el mejoramiento de una práctica educativa universitaria. Textos y Sentidos. Universidad Católica de Pereira. Disponible en: http://biblioteca.ucp.edu.co/OJS/index.php/textosysentidos/article/view/2618/2557
  • Cabero Almenara J., López Meneses E. & Ballesteros Regaña C. Experiencias universitarias innovadoras con blogs para la mejora de la praxis educativa en el contexto europeo. Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento. Vol. 6, núm. 2, 2009, 1-14. Universitat Oberta de Catalunya, Barcelona, España. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=78012947003
  • Cáceres Ramírez, Orlando. ¿Qué es un ensayo crítico? Disponible en: https://www.aboutespanol.com/que-es-un-ensayo-critico-2879515 2017.
  • Calero Pérez, Mavilo. Creatividad, reto de innovación educativa. Alfaomega Grupo Editor. México, 2012. Centro Interuniversitario de Desarrollo (CINDA). Innovación en la Educación Universitaria en América Latina. Modelos y Casos. Chile, 1993.
  • UNESCO. Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción. Aprobados por la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior. 9 octubre 1998 (Artículos 9-12). Disponible en: http://www.unesco.org/education/educprog/wche/declaration_spa.htm
  • Lucarelli, E. Pedagogía Universitaria e Innovación. Disponible en: http://www.endipe.pro.br/anteriores/13/paineis/paineis_autor/T402-1.doc
  • Pérez Ornelas, M. Las prácticas educativa y docente en un grupo de profesores universitarios. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos. México. XLVI (2), 99-112. Disponible en: http://www.redalyc.org/html/270/27046182005/

Páginas web

Instrumentos de investigación

  • Entrevista Maestro Oscar Wuilman Herrera, Jefe del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador. Entrevista personal. 4 de junio de 2018.
  • Cuestionario Instrumento de Consulta a Docentes de Periodismo. Producción propia. Aplicado entre el 4 y el 8 de junio de 2018.
  • Instrumento de Análisis de Datos del Instrumento de Consulta a Docentes de Periodismo. Producción propia. Realizado el 9 de junio de 2018.
  • Referencias de práctica docente propia. Profesora Universitaria III, T.C. Departamento de Periodismo de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador. A la fecha, Catedrática de Política Regional Contemporánea (3er. Año) y de Producción de Noticieros para Radio (5to Año). Experiencia docente de 20 años, con desempeño en diferentes cursos de la malla curricular de la Licenciatura en Periodismo.

Arely Franco Ramos, Jefa del Departamento de Periodismo.

Guillermo Mejía, docente del Departamento de Periodismo.

La comunicación en tiempos de pensamiento complejo

Por Guillermo Mejía

Con el aparecimiento del posmodernismo en el Siglo XX, con lo que se puso en entredicho los conceptos de historia como tiempo lineal y de espacio como territorio, la subjetividad del hombre se intenta recuperar a través de una razón dialógica e intercultural y las significaciones sociales se asumen como prácticas de sentido significantes.

Así resume la comunicóloga venezolana, Migdalia Pineda, de la Universidad del Zulia, los nuevos tiempos que vivimos a partir de la propuesta teórica del filósofo francés, Jean-Francois Lyotard, que junto a otros autores ha desarrollado pensamiento frente a la crisis de una racionalidad que se sustentó en la razón científica y técnica para dominar el mundo.

En consecuencia, según señala Pineda, el posmodernismo pretende recuperar, por un lado, el sentido de la palabra, del lenguaje y, por el otro, la dimensión ética y ontológica del progreso material y económico. De modo que con la deconstrucción se busca invertir el sentido, o producir un desplazamiento del conocimiento exacto, técnico y científico hacia los problemas de la intersubjetividad del sujeto (conocimiento y comunicación).

“De las significaciones sociales, partiendo de la base de que es en el lenguaje, en el referente lingüístico, donde la complejidad humana se hace presente con su desorden y su caos; y que es más enriquecedor para el hombre vivir en un contexto de las certidumbres del discurso científico con sus verdades inamovibles”, agrega.

De acuerdo con la profesora Pineda, de hecho desde la década de los 80 del siglo pasado, el posmodernismo comienza a proponer nuevas teorías en el campo de la física, la astronáutica, la historia, la pintura, la literatura y la medicina para interpretar los profundos cambios sociales, culturales, políticos, tecnológicos y científicos de la época contemporánea.

“Y para los inicios del Siglo XXI, se convierte en una revolución cultural, filosófica, de contexto y carácter histórico, en la cual la humanidad perfila otras maneras de entenderse a sí misma en medio de fuertes luchas de regiones, provincias y pueblos por la autodeterminación y la autonomía cultural y política; así como en medio de fuertes cambios científicos y tecnológicos que hacen surgir una sensibilidad social y cultural más hedonista, y un nuevo paradigma tecnológico sustentado en la imbricación de los medios de masas y las tecnologías digitales y virtuales (…)”.

La maestra venezolana dice que los enfoques posmodernos señalan la necesidad de repensar “lo técnico”, para avanzar en una deconstrucción de la tecnología, que ahora adquiere un lugar central no en las relaciones de producción sino en las de reproducción simbólica. Las tecnologías de la información y la comunicación plantean grandes interrogantes sobre la función de las “máquinas” en lo contemporáneo.

“Unas máquinas que hacen posibles intercambios simbólicos con otros en un tiempo y un espacio no lineal, no geográfico, sino virtual, reticular, global, que han revertido los lenguajes, las palabras y los roles de los sujetos dialogantes, y que han introducido elementos de mayor desorden, caos e incertidumbre que las máquinas exactas de la sociedad industrial”, añade Pineda.

En suma, de acuerdo con ella, las tecnologías digitales han supuesto cambios fundamentales en las formas de escritura lineal y analítica de la palabra impresa, con sus modalidades del hipertexto, el multimedia, la virtualidad y las redes, y con ello contribuyen a la conformación de un nuevo tipo de pensamiento, denominado como pensamiento sintético no tan racional sino intuitivo y abierto.

Algunas de las explicaciones que las nuevas tecnologías requieren “no podrán ser ofrecidas a través de los enfoques de las disciplinas científicas tradicionales, cuyos conceptos, categorías y base epistemológica no podrían dar cuenta de la complejidad del mundo posmoderno y los intercambios significativos que a través de dichas tecnologías establecen los hombres entre sí e incluso con las máquinas”.

De modo que el pensamiento complejo y la transdiciplinaridad que lo acompaña emerge, pues, como el modo de acercamiento a la realidad actual para entender los cambios, la pérdida de los centros y de los discursos institucionalizados como verdaderos y en su lugar aparece la inestabilidad de los discursos, la relatividad de las teorías, la inseguridad de los sabido, y la diversidad y la diferencia comienzan a pugnar por llegar a ser valores culturales reconocidos, de acuerdo con Pineda.


¿Qué hacer para abordar la comunicación en la contemporaneidad?, se pregunta la autora venezolana.

Luego responde: “Es evidente, que con este cambio de época, la comunicación parece ocupar un lugar transversal en todos los órdenes de la vida social y con ello los problemas del sentido, de las significaciones, del intercambio simbólico”.

“En consecuencia, el estudio de los procesos de comunicación, de sus bases teóricas, tiene que rescatarse para ayudar a conformar otras explicaciones, conceptos y categorías que den cuenta de los profundos cambios que están ocurriendo en la actualidad. Se trata de volver al pensamiento teórico, a la reflexión epistemológica que haga posible la construcción de una episteme de conocimiento de lo social y lo histórico diferente a la de la modernidad y su racionalidad instrumental”, agrega.

Pero “volver a la teoría no significa para nada retornar a un modo de conocimiento contemplativo, alejado de lo real, de lo histórico, del contexto y de lo cotidiano, sino a un modo de conocimiento que se confronte de forma permanente con los hechos, con la vida misma y que asume que el hombre con su potencialidad de pensar, conocer y dialogar es el sujeto protagónico del proceso de conocimiento por encima de los métodos y técnicas institucionalizadas”, señala Pineda.

“Un modo de conocimiento que revalorice los enfoques holísticos, integradores y cualitativos, que proponga opciones metodológicas más flexibles y adaptables a los cambios del mundo real vivido, para llegar a nuevas combinatorias y entrecruces de disciplinas que nos ayude a consolidar un pensamiento más heterodoxo que el de la modernidad”, explica la profesora venezolana.

Guillermo Mejía, docente del Departamento de Periodismo.


Carlos Cruz, docente Hora-Clase del Departamento de Periodismo.

El rol de la comunicación y las “fake news” en el proceso electoral salvadoreño

Por Carlos Cruz

Actualmente El Salvador vive un periodo de campaña previo a las próximas elecciones presidenciales, a realizarse el 3 de febrero 2019. Un proceso clave para el país, pues, ante la crisis social actual es determinante la elección del candidato más idóneo a ocupar el cargo de Presidente de la República.

Sin embargo, este proceso se ha vuelto complejo por una serie de situaciones; desde el claro intento de bloqueo hacia la participación de uno de los actuales candidatos a la presidencia, pasando por la cancelación de partidos menores hasta la polémica del principal partido de derecha en casos de corrupción y desvío de fondos del Estado durante sus pasadas gestiones en el Ejecutivo.

No obstante, ante este panorama no puede negarse el papel fundamental de la comunicación para generar la opinión pública, tanto a favor como en contra de los candidatos en contienda. Y es aquí, donde es necesario recordar la vigencia del Experimento de Sherif, uno de los experimentos sociales realizados en 1954, que aborda la generación de prejuicios sociales y su uso aplicado en la manipulación de un amplio sector de la población de una nación.

Experimento de Sherif

“El experimento del punto luminoso de Muzafer Sherif tuvo como fin el estudio de la conformidad psicológica. Fue diseñado para medir hasta qué punto un participante, al pedírsele que resolviera un problema difícil, compararía (y adaptaría) su respuesta a la de los demás participantes (un tipo de conformidad llamado influencia social informacional). El experimento consistía en la proyección de un punto luminoso en una sala oscura. La prueba demuestra que cada individuo por separado ve el punto a una distancia concreta, mientras que, al consensuar con el resto de miembros del grupo, la opinión se unifica. Así, se puede observar que la opinión personal de los participantes se adapta a las opiniones generales del grupo. Esto explica cómo es que una población entera, a pesar de la evidencia en contra, puede llegar a sostener una idea distorsionada y creer que es real”. [1]

Lo anterior cobra fuerza, en el contexto informacional actual donde en El Salvador se da una infoxicación a cargo de múltiples sitios web que se encargan de generar noticias falsas (Fake News), con el objetivo de atacar la imagen de algún candidato a la presidencia y a la vez realzar la figura del “candidato idóneo” con el cual simpatiza el medio. ¿Pero esta situación siempre se ha dado motivado por la pauta publicitaria y la compatibilidad ideológica, qué es lo preocupante entonces?

No es un misterio que los medios de comunicación privada primordialmente son empresas, las cuales buscan su subsistencia y generación de ganancias a través de la venta de espacio publicitario y posibles convenios con sectores de poder afines en ideología. La situación se complejiza gracias al impacto de las redes sociales. El nuevo paradigma político es innegable, para muestra en Brasil, el uso de las redes sociales fue determinante para concluir con la elección de Jair Messias Bolsonaro como nuevo presidente y el retorno de la derecha al poder.

Es entonces que surge la necesidad de generar espacios de análisis político sobre quiénes son los candidatos a la presidencia y sobre todo el de revisar punto por punto las propuestas de campaña; ya que a diario medios digitales tienden a compartir literalmente las mismas notas e imágenes, con leves cambios a veces, dejando en evidencia la producción y distribución de contenido tendencioso que solo busca elevar la opinión pública a favor de uno y en contra del resto de participantes.

Debe recordarse que los medios de comunicación tienen el compromiso de informar, orientar, educar y entretener. Pero en el panorama político actual, se incumple el primero desde la visión objetiva; lo cual se complica más con la constante aparición de nuevos medios cuya esencia son las “fake news” al servicio de uno u otro sector partidario.

Por ello es importante que, hoy más que nunca, desde las instituciones que forman periodistas se enseñe, promueva y enfatice la necesidad de ejercer la ética periodística y el compromiso social que se deriva del carácter humanista del periodismo. No debe pasarse por alto que, la comunicación es un arma poderosa que ha servido a lo largo de la historia de la humanidad para la instalación de doctrinas; cuyo culmen ha sido la transformación de los sistemas políticos y modelos económicos, aunque en gran medida al servicio de grupos oligárquicos.

Si no se toma consciencia del compromiso que el periodismo implica, surge la pregunta cuya respuesta es incierta y temible. ¿A quién elegirá el pueblo salvadoreño como su nuevo presidente? ¿Seguirán los sectores pobres votando por un partido de ricos que ha hecho uso indebido de los fondos del Estado? ¿Seguirán muchos creyendo en los cambios? ¿O la mayoría creerá ciegamente en la figura de un salvador, motivados por el descontento partidario?

Carlos Cruz, docente del Departamento de Periodismo.

[1] ICONOCLASTA. (2017). El Experimento de Sherif. ICONOCLASTA, 15-16.