Aportes docentes

Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.

Entre el dólar y bitcóin: La (in)conveniente espectacularización

Por Guillermo Mejía

¿Cuánto comprende la ciudadanía luego de dos décadas de la imposición del dólar como moneda nacional?, ¿cuánto comprende sobre el bitcóin o criptomoneda camino a su entrada en vigencia en septiembre? Al menos, son dos preguntas que surgen en medio del laberinto mediático que más que entendimiento y visión crítica prioriza la espectacularización de la información.

Más allá de los especialistas que se dividen a favor o en contra de la divisa del imperio norteamericano o, en el caso de la moneda virtual, se muestran optimistas o pesimistas, el común denominador de los ciudadanos mantiene preguntas más que certezas sobre ambos eventos que marcaron la vida cotidiana, como en el caso de la dolarización, o lo que de seguro será la caja de sorpresas que depara el bitcóin.

En este caso utilizo la expresión (in)conveniente en dos sentidos: primero, que no nos conviene como ciudadanos que los temas de interés público sean espectacularizados al mejor estilo de los reality shows; y segundo, que sí conviene a los intereses mercantiles y políticos-ideológicos que mueven a los medios de comunicación esa perversión de lo que debe ser la cobertura periodística profesional.

Y, claro, estos son temas que sirven de ejemplo para evidenciar una práctica nefasta como común que caracteriza mucho al trabajo informativo.

Nos recuerdan los profesores españoles Emelina Fernández Soriano y Juan Torres López que la Real Academia da al término espectáculo tres posibles connotaciones muy significativas: atraer la atención; inducir deleite, asombro, dolor u otros afectos, más o menos vivos o nobles; y causar escándalo o gran extrañeza.

“Eso quiere decir que el espectáculo es siempre un producto, la consecuencia provocada, conscientemente buscada y resultado de una estrategia específicamente diseñada y puesta en acción”, afirman los intelectuales mencionados en su artículo de opinión “El negocio de idiotizar”, publicado en la revista virtual Ctxt Contexto.

“Los contenidos de los procesos de comunicación que se conciben para ser espectáculos han de tener, pues, una factura determinada y singular que debe responder a la intención con que se crea. Para atraer la atención, el espectáculo en el medio de comunicación debe ser impactante, inmediato y veloz, carente de complejidad y lo más superficial posible para que sea percibido con la menor inversión de tiempo y reflexión”, sostienen.

En nuestra memoria quedaron registradas las “bondades” que ofreció la derecha gobernante de aquel entonces cuando metieron el dólar -sin consulta- con el despertar amargo que significó el manejo de la moneda norteamericana y la desilusión de tener que gastar en dólares, mientras los sueldos quedaron en colones. De los dieces o pesetas pasamos a que lo mínimo fue pagar una “cora” por producto.

Y todo ese proceso bendecido a través del discurso mediático dominante que en la actual coyuntura se divide entre quienes alaban la llegada del bitcóin o la desaprueban, medida que lamentablemente se maneja dentro de la espectacularización mediática que irrumpe en contra o a favor de la postura oficial que nos vende un nuevo paraíso. ¿Entiendes el proceso?

“El espectáculo desnaturaliza la comunicación porque solo fluye de un lado a otro y distrae. Relaja, en todos los sentidos del término, el cuerpo y nuestro cerebro. Nos hace idiotas en el sentido griego de la palabra (quien se aleja de sí mismo y de la polis) y en el latino (persona sin educación e ignorante) porque nos ensimisma y aísla del contexto en que se desenvuelve y explica nuestra experiencia”, advierten los profesores Fernández Soriano y Torres López.

“Y todo ello resulta especialmente trascendente cuando lo que convierten los medios en espectáculo es el debate político. Entonces, este se escenifica y se construye artificialmente, deja de ser un diálogo natural o un reflejo veraz y espontáneo de lo que ocurre fuera.” –agregan- “Se modela y se perfecciona estratégicamente y, por tanto, se redibuja y reconstruye. El ‘paquete’ del debate político convertido en espectáculo es banal y a ser posible entretenido, bipolar, superficial, nunca en profundidad, provocado, anecdotizante y emotivo, buscando, sobre todo, el impacto emocional a fuerza de promover artificialmente el choque, el desencuentro y la contienda”.

Según los autores, la tendencia hacia el predominio del espectáculo en la producción de los medios es la consecuencia de convertir la comunicación en una mercancía que hay que rentabilizar, procurándose una demanda lo más amplia y fidelizada posible, lo que solo se puede conseguir recurriendo a contenidos planos que puedan ser susceptibles de atraer a cualquier tipo de consumidores.

“Es decir, ofreciendo contenidos no sutiles, susceptibles de ser asumidos sin distinción ni criterio, superficiales. Y ha sido la oferta masiva de ese tipo la que ha creado su propia demanda porque, al difundir esos contenidos, conforma también al tipo de sujeto social que los prefiere, un ser cada vez más aplanado y vacío, conformista, que rehúye las verdades incómodas o todo aquello que ponga en cuestión su esqueleto normativo particular”, agregan.

Concluyen los profesores españoles que “Si de verdad queremos vivir en democracia hay que garantizar que la población delibere en condiciones de auténtica libertad y eso significa que hay que impedir que el debate político se prostituya, como ocurren cuando se convierte en espectáculo que, en lugar de promover el conocimiento y la capacidad efectiva de elección, siembra la confusión y aviva el fuego del enfrentamiento e incluso del odio civil.”

Y añaden: “Es imprescindible que los medios públicos se conviertan en el espacio natural de estos debates, quizá la forma más auténtica de mostrar que se encuentran realmente al servicio del interés general. Pero también hay que exigir que el debate que se desarrolla en los medios privados sea plural, reflexivo, ciudadano y no cainita, formativo y habilitador de la capacidad de preferir y decidir auténticamente en libertad”.

En ese sentido, el también profesor español Carlos Álvarez Teijeiro señala que los medios de comunicación se habrían convertido en deficientes gestores del espacio público, al grado de hacer por completo imposible el progreso del discurso público de la democracia.

Las razones que expone el maestro son en primer lugar, la proliferación de seudoacontecimientos o acontecimientos mediáticos; en segundo lugar, la cobertura trivial de la vida política, social, cultural y económica; y, en tercer lugar, la progresiva conversión de la información y de la educación en entretenimiento, siguiendo la implacable lógica del capitalismo.

“El desafío del siglo XXI es que los medios se muestren como lugares privilegiados para ayudar a las audiencias a que definan sus papeles ante sí mismo y ante los demás. A eso se añade la capacidad institucional de los medios para convertirse en foro de encuentro, diálogo, argumentación y debate, en el seno de la historia y aspiraciones éticas que entienden el periodismo como gran conversación del conjunto de la sociedad”, afirma Álvarez Teijeiro.

“Se trata de comprender que la calidad de la vida democrática depende, en gran parte, de la calidad del sistema de medios y tecnologías de la comunicación que la hacen posible. Y de que tal calidad es difícilmente alcanzable si los medios no son capaces de destinar recursos a reflexionar sobre la responsabilidad que les confiere ocupar un lugar de privilegio en la definición y gestión del espacio público”, añade.

Y concluye: “Los poderes y las capacidades que las nuevas tecnologías ofrecen a los medios de comunicación son poderes y capacidades éticamente neutros hasta que se les otorga un sentido preciso, y valdría la pena completar la metáfora del cuarto poder con la clara conciencia de que el poder de los medios es también, y sobre todo, el poder de servir”.


Hay que trascender, pues, del ser idiota que produce la espectacularización mediática. Vaya reto.


Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.

Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.

La democracia líquida: Respuesta política ciudadana frente a gobiernos autoritarios

Por Guillermo Mejía

Frente a las tentaciones autoritarias y totalitarias de gobiernos en medio de la pandemia por el coronavirus, que imponen sus voluntades incluso con la fuerza militar, los ciudadanos pueden buscar alternativas de ejercer sus derechos sociales, económicos, políticos y culturales, por lo que no es mala idea ver las posibilidades que nos ofrece la democracia líquida o democracia digital.

De esa forma nos ilustra la historiadora y politóloga venezolana Ruth Capriles, investigadora del Centro de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Católica Andrés Bello, en su ensayo “Democracia líquida pospandemia” en la última edición de la Revista Comunicación, de la Fundación Centro Gumilla, desde una perspectiva crítica y alternativa.

“En la esfera política que aquí me ocupa, la prospectiva indica un crecimiento desmedido del poder de los Estados, la llegada del Big Brother Orwelliano. Solo llega con 60 años de retraso, multiplicado como en perverso juego de espejos por cuanto autócrata decida transitar algunas de las conocidas desviaciones de la democracia. Se espera, sí, el brote incontenible del populismo, nacionalismo, autoritarismo, mesianismo, imperialismo, etcétera”, advierte la especialista.

Más adelante, se pregunta: “¿Qué haremos nosotros frente a tales situaciones esperadas de control social? La respuesta es bastante evidente: los ciudadanos del mundo también navegan en esas tendencias tecnológicas, pueden usarlas para su propia protección; mejor aún, pueden usarlas para controlar a su vez a los gobiernos”.

En ese sentido, nos habla sobre la llamada e-democracy, democracia digital, o democracia líquida, descripción apropiada y dominante en blogs y plataformas de usuarios de la tecnología blockchain como una oportunidad real de acción ciudadana, gracias a esa tecnología que modificará, cuanto menos, el modus operandi de la política que también tendrá su modificación de la forma política de la democracia.

Sin duda, habrá que hacer los cambios pertinentes para superar la forma de democracia actual.Según Capriles, con la dupla pandemia-cuarentena se ha instalado el control del Estado sobre las personas y de esa forma las nuevas tecnologías –que antes usábamos para el desarrollo personal- ahora son también instrumentos de un experimento global de control de masas que, si bien ya se sabía desde antes, ahora es clave en el mundo.

“El Estado y los gobiernos, justificados por la razón de salud pública, pueden añadir las nuevas tecnologías de vigilancia y control a las viejas prácticas del uso de la violencia legítima para confinar la población a discreción” –advierte-, “una situación inestable por las extremas dificultades que tendrán los mismos Estados para soportar todo el peso que les deja esta pandemia”.

Y remata: “Para gobiernos ya autoritarios, la oportunidad es máxima pues el control sanitario instala de manera justificada la vigilancia permanente, la conscripción masiva de poblaciones, la gente en casa, la ocupación de las calles por las fuerzas armadas, con carta abierta para detener a todo transeúnte. Es la situación perfecta para ejercer absoluto control; ya no solo sobre los comportamientos sino hasta pensamientos y deseos de las personas que se lo cuentan todo en medios digitales. El miedo al contagio se añade al miedo al tirano, pero el miedo al contagio supera, incluso justifica el control estatal”.

Entrando en materia de la democracia líquida, la especialista venezolana expone, entre otras, la siguiente interrogante: ¿Estamos entonces destinados a sucumbir a las tendencias de control del Estado, la pérdida total de nuestra privacidad, la conversión de todos los pobladores del mundo en sujetos con un chip implantado que monitorea su salud y reacciones emocionales?

La democracia líquida es un método de votación digital (tecnología blockchain), según reseña Capriles, que permite al votante consignar su voto directamente sobre asuntos públicos de su interés o delegar un representante específico para cada uno o varios asuntos. El sistema garantiza idoneidad y efectividad del voto y permite el control sobre el resultado.

“No necesita un ente electoral central para garantizarlo ni mediarlo; es un instrumento en manos de la ciudadanía y controlado por la misma cadena incorruptible y sumatoria de la voluntad de los ciudadanos”, afirma la autora, “Por eso se dice que es una nueva forma de democracia: un híbrido entre la democracia representativa y la democracia directa”.

Es representativa porque la persona puede escoger un representante que decida por él sobre las leyes que regirán al Estado, pero también puede retirar en tiempo real esa delegación y decidir directamente en los asuntos públicos. Esto presupone, nos ilustra Capriles, una forma distinta del vínculo de representación; no la elimina, la modifica al pasar la potestad de decisión a los ciudadanos.

“Es corolario inevitable de esa teoría que los ciudadanos con las nuevas tecnologías podrían exigir mayor participación sobre las leyes de un parlamento o incluso sobre las decisiones ejecutivas (municipales, regionales, presidenciales), pero también sobre los organismos internacionales que influyen en la vida de los habitantes del planeta”, afirma la especialista venezolana.

“No tengo dudas de que esos cambios vendrán, pero también sé que será lentamente, tras mucha resistencia. El control político será compartido si, y solo si, la ciudadanía se activa para seguir avanzando hacia la distribución democrática del poder”, agrega.

Nos explica Capriles que la tecnología Blockchain es una base digital que almacena información en una red grande de usuarios, pública pero descentralizada. La información, cada transacción de un usuario en una red, es almacenada en un “bloque” engarzado en la cadena o base de datos. En el caso electoral, cada bloque contendría el voto en la cadena formada por todos los votos, siendo la misma cadena, inalterable, la garantía del voto total o resultados de la votación.

Prosigue que una vez verificado el voto por el usuario y la información del votante es verificada respecto al REP digital, el block recibe el código criptográfico, entre en la cadena y se vuelve público para todos los conectados en la red. De esa forma, cada usuario podría conocer las decisiones de votantes anteriores (la cadena hacia atrás) y la adición de cada nuevo voto. Así, cada voto es almacenado en un bloque de la cadena (blockchain), siendo la misma cadena, y la imposibilidad de alterar las transacciones, la garantía del voto total o resultados de la votación.

Las ventajas de esta propuesta son, en primer lugar, un mayor control ciudadano sobre el gobierno y los grupos de interés; en segundo lugar, que ayudaría a elevar la confianza en la efectividad del voto y aumentaría la participación ciudadana; en tercer lugar, haría más difícil el uso indebido de la influencia y el lobbying de grupos de interés; y, en cuarto lugar, la delegación en expertos y personas de confianza contribuiría a producir votos informados y racionales.

Capriles concluye –resumido en este texto: 1. Las proposiciones de la democracia deliberativa y digital muestran cuando menos que, con la participación activa de los ciudadanos, hay vías para reformar la democracia, limitar sus excesos, resaltar sus virtudes y atenuar sus debilidades, incluso bajo el vigilantismo y control gubernamental que según los expertos globales será tendencia pospandemia. 2. La reforma de la democracia para adaptarse a la modernidad líquida y ofrecer soluciones a las exigencias por una teoría revolucionaria de pensamiento global pospandemia. 3. La mayor resistencia al cambio puede esperarse de los actores políticos. No solo son las formas políticas de larga duración, los políticos son actores sociales más resistentes al cambio; se apegan a las fórmulas que les han permitido ejercer el poder. 4. Para salir del presente es necesario ver y prever el futuro. En los últimos 21 años, nos hemos acostumbrado a experimentar la política como una guerra permanente y fratricida de todas las instituciones del Estado contra los ciudadanos. Conviene refrescar que eso no es la política. La política es un orden de autoridad que se justifica y legitima solo por cumplir la función de producir el bien común. La política no es para aniquilar a los ciudadanos o someterlos a la voluntad de los líderes; el espacio de la política es donde los líderes sirven al bien común.

Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.

Roberto Pérez, Docente del Departamento de Periodismo.

Gobierno de El Salvador, poder y medios

Por Roberto Pérez

El Salvador experimenta un cambio en la concentración de medios que dista de un pluralismo en la garantía de la libertad de expresión. El gobierno actual aplica diversas estrategias para concentrar el flujo de información y dominar el control del mensaje en una vertiente unidimensional. En este artículo ponemos en contexto el cambio del mapa de poder mediático. Cambios que distan del discurso mediático del Ejecutivo de no ser, ni hacer lo mismo de siempre.

Existen diversas estrategias en que el poder captura los medios. Una de las más estudiadas es la capacidad de las elites mediáticas de concentrar medios en relación a la economía vertical del sector infocomunicacional: prensa, radio, televisión, agencias de publicidad. De ahí se deriva, la concentración horizontal en relación a otros negocios con lo que aseguran el control informativo a favor de sus industrias. En otra etapa de la historia, la relación de poder se relacionó con la captura del Estado a partir de la relación de las élites mediáticas en ascenso al poder político, el caso más significativo fue el expresidente Elías Antonio Saca, que como propietario del Grupo SAMIX, se convirtió en presidente de ASDER, posteriormente de la ANEP, llegando a presidir el partido ARENA, con quien alcanzó la presidencia de la República.

Las otras estrategias de captura de medios se pusieron de manifiesto en Latinoamérica a partir de la alternancia de gobiernos progresistas. Diversos estudios en Argentina y Brasil expresan cómo la falta de un sistema de medios afines a la ideología de gobierno, o vistos como una oposición política a un proyecto de transformación social anti neoliberal, condujo a controlar el discurso dominante a través de la pauta publicitaria. La alianza entre los dueños de la empresas mediáticas y gobiernos pautaron un cese de hostilidades a cambio de paquetes publicitarios, incluso superiores a los de anteriores gobiernos afines. El Salvador no fue la excepción, principalmente durante el gobierno del expresidente Mauricio Funes. La estrategia fue funcional para lograr gobernabilidad en los primeros años de gestión, hasta que las relaciones se deterioran y Funes hace un giro para la construcción de su propio grupo mediático, y su propio programa de radio comprando espacios de difusión con fondos de la Presidencia. La comunicación política de los gobiernos no debería ser un problema si se considera la transparencia en el manejo de los fondos públicos, en este caso flujos de capital invertidos para la interpretación de la realidad desde la visión de los gobiernos.

Hasta la llegada del FMLN al Ejecutivo, el sistema de medios estaba concentrado en los principales grupos mediáticos. 2 grandes grupos en televisión (TCS y Megavisión), pero con el primero por encima del 60 % de concentración de audiencia y mercado. Luego emerge un tercer competidor que apareció en la escena a finales del gobierno de Mauricio Funes. El magnate Ángel González, quien después de la millonaria compra de canal 12, 11 y radio Sonora, surge como grupo que se perfila dominante. Sin duda el grupo de Ángel González es fuerte en Latinoamérica, pero aún dista de serlo en El Salvador, pero es lo suficiente para reconvertir el mapa de medios. En radio son 5 grupos: SAMIX, Radio Corporación, Corporación Radio Stereo, Grupo Megavisión, Corporación KL. De estos, el primero, Grupo SAMIX, se publicitará con más del 50 % de la audiencia, según mediciones de rating, luego de fortalecerse con la compra de radios de transmisión nacional justo después del final del periodo presidencial de Elías Antonio Saca, adquiridas a Andrés Rovira, ex gerente de YSR, canal 2, y posteriormente primer presidente del partido GANA.

El mapa de medios cambió significativamente con la incorporación de nuevos actores: canal 29 Gentv, TVX, los medios del grupo Orbita y el periódico digital La página.com, estos últimos propiedad de Jorge Hernández, en lo que significó una apertura al pluralismo de medios del sector privado. Sin embargo, en El Salvador, el sistema de medios siguió estando ligado al poder, sea empresarial o de elites partidarias, que dista de lo que demandan los indicadores de desarrollo mediático, UNESCO que establece un equilibrio entre medios públicos, privados y ciudadanos para una pluralidad y diversidad de los medios de comunicación social, igualdad de condiciones económicas y transparencia en la propiedad.

Por lo mismo, desde El Estado, la deuda histórica es que los medios que utilizan una fracción del espectro radioeléctrico de uso oficial, no han logrado conformar un sistema de medios públicos, más o menos independiente del gobierno, ante la ausencia de una ley que los regule. En este caso nos referimos a Radio El Salvador, Televisión El Salvador, Radio Cuscatlán, todos en el Órgano Ejecutivo. No son las únicas frecuencias oficiales, hay otras utilizadas por la iglesia o fundaciones, inicialmente otorgadas en comodato. Las mencionadas son las explotadas con fines gubernamentales.

Otra reconfiguración surge a finales del 2018 con una serie de condenas por corrupción y lavado de dinero que comenzaron a mover el rostro del sistema de medios. La condena de Elías Antonio Saca condujo a la Fiscalía a la extinción de dominio de sus bienes. El Consejo Nacional de Administración de Bienes, abreviada como CONAB, es la entidad administrativa que mandata el Romano VI de la Ley Especial de Extinción de Dominio (LEDAB), administrar los bienes incautados. En aquel momento, el presidente del CONAB y ministro de Seguridad expresó que respetarían la estabilidad laboral y la línea editorial del medio. También, la captura de Jorge Hernández por defraudación al fisco en modalidad de evasión de impuestos, así como lavado de dinero al servicio de Saca, condujo a la extinción de dominio del grupo Orbita TV y La Pagina.com. El mismo camino tuvo, el cierre de Canal GenTV, medio oficial del partido FMLN, por quiebra financiera y el vínculo de la frecuencia con su propietario Jorge Hernández.

Ahora el panorama cambia para el actual gobierno, tras la alternancia en el poder con el triunfo del presidente Nayib Bukele, de la mano del partido GANA y el control de la mayoría en la Asamblea Legislativa en la alianza del partido GANA y el partido Nuevas ideas. Sus estrategias publicitarias y la acumulación de medios con el relanzamiento de los medios oficiales y la creación de nuevos con una inversión pública sin precedente, pone en evidencia la nueva reconfiguración del poder de medios en El Salvador.

El poder político del presidente Nayib Bukele, a través del Ejecutivo, y su extensión en la Asamblea Legislativa con el partido Nuevas Ideas, le permite expandir el control de medios que, si bien son del Estado, son manejados desde la comunicación política del gobierno. De esta manera, el grupo mediático vinculado al presidente aglutina 2 canales de televisión de cobertura nacional, 3 radios de cobertura nacional, 1 periódico impreso. Y se suman los medios por extinción de dominio manejados desde el ministerio de Gobernación. Es el caso de Grupo Samix, gerenciado por Salvador Alas (La Choly), ex comisionado presidencial de la juventud; y se suma Orbita TV. En estos grupos son 2 periódicos digitales, 1 canal de televisión nacional y digital, 4 radios nacionales, 6 radios regionales, 6 radios locales.

Ningún grupo mediático privado en El Salvador ha tenido tanto; ni en la historia de El Salvador, ningún presidente ha poseído semejante poder en sus manos, ni ha existido una inversión publicitaria tan alta para pautar en los medios privados, suficiente para influenciar la agenda informativa de sus programas informativos y de opinión. Por tanto, el presidente tiene en sus manos una gran responsabilidad en la democratización de la comunicación. Según la Relatoría de Libertad de Expresión de la CIDH, cuando

“[los] medios son controlados por un reducido número de individuos, o bien por sólo uno, se está, de hecho, creando una sociedad en donde un reducido número de personas, o sólo una, ejercen el control sobre la información, y directa o indirectamente, la opinión que recibe el resto de las personas”.

Esta discusión del control de los medios en manos privadas ha estado presente en décadas, incluso antes de la guerra, y después de los Acuerdos de Paz, el debate se amplificó con el surgimiento de los medios ciudadanos que se materializó en la reforma a la ley de telecomunicaciones, en 2016, con el reconocimiento de los medios comunitarios sin fines de lucro.

Incluso, vale la pena recordar que el único presidente que tuvo tanto poder mediático, de acuerdo a su época, fue Maximiliano Hernández Martínez, quien en su escalada en 1942 implementó un reglamento de medios limitativo de la libertad de expresión. Hernández Martínez fue derrocado en 1944, y su reglamento se convirtió en bandera de lucha de la entonces recién fundada gremial de medios, ASDER, quienes se aglutinaron a favor de un sistema de medios privado, concentrado y excluyente, aun hasta la actualidad.

Pensar los medios es reconvertir el poder de los mismo, ahí es en donde los derechos humanos hacen énfasis. El presidente tiene en sus manos la capacidad de darle poder al Pueblo construyendo un nuevo ecosistema de medios con un claro enfoque al interés público, pero primero debe sanjar la brecha que separa los medios gubernamentales de los medios públicos, como lo establece la Relatoría de Libertad de Expresión:

“los medios públicos puedan realmente cumplir su función “debe tratarse de medios públicos independientes del Poder Ejecutivo” y “verdaderamente pluralistas; universalmente accesibles; con financiamiento adecuado al mandato previsto por la ley; y que contemplen mecanismos de rendición de cuentas y de participación de la comunidad en las distintas instancias de producción, circulación y recepción de contenidos.”

Superado este aspecto, el otro reto que tiene el presidente es disponer de la infraestructura establecida de los medios recuperados, resultado de condenas por acto de corrupción, y utilizar la infraestructura de las radios y la televisión extintas a los antiguos dueños con sus frecuencias propiedad del Estado para abrir concursos, a fin de fomentar nuevos proyectos de radio y televisión comunitarias sin fines de lucro.

El escenario que se le presenta al presidente Nayib Bukele como un Estadista es heredar una nueva correlación de poder de los tres sectores: público, privado con fines comerciales y ciudadanos sin fines de lucro, para profundizar en la democracia a través de la libertad de expresión y la pluralidad de medios. Así como pinta el panorama actual dista del discurso mediático del Ejecutivo de no ser, ni hacer lo mismo de siempre.


Roberto Pérez, Docente del Departamento de Periodismo.