Aportes docentes

Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.

Más allá de la foto de Nayib Bukele en las Naciones Unidas

Por Guillermo Mejía

El presiente Nayib Bukele se hizo un selfie y luego reprochó lo obsoleto de las Naciones Unidas en el marco de la revolución que imprimen constantemente las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, hecho que ha dado de qué hablar -a favor o en contra- del mandatario que no se refirió a los problemas cruciales del mundo.

“El nuevo mundo ya no está en esta Asamblea General, sino en el lugar a donde irá esta foto, a la red más grande del mundo, donde miles de millones de personas están conectadas prácticamente todo el tiempo y casi en todas las facetas de la vida”, dijo Bukele frente al asombro de quién sabe cuánta gente.

Pero, para ser justos en la medida, también es pertinente decir que el presidente no solo descansó su estrategia mediática en las redes sociales, sino que cargó un grupo de periodistas de esos “medios obsoletos” que lo siguieron a cada paso, al igual que a su esposa Gabriela y su hija Layla.

Los acontecimientos que han dado mucho de qué hablar en la sociedad salvadoreña, dan pie para reflexionar acerca de los nuevos escenarios políticos que se han abierto con la presencia de las redes sociales en la vida cotidiana, desde las visiones optimistas o del encanto hasta las pesimistas o demonizadoras de las nuevas tecnologías.

El especialista argentino Luciano Galup, que ha escrito el libro “Big data & política” (Penguin Random House, 2019), considera que en sí no son las redes sociales las que han provocado el descrédito de las instituciones, al grado que han prosperado propuestas autoritarias al mejor estilo de Donald Trump en Estados Unidos o Nayib Bukele en El Salvador.

“(…) no son las redes quienes debilitaron a las instituciones tradicionales, me parece que tiene que ver con una etapa política, económica, más vinculada a la globalización y a la etapa del neoliberalismo de los últimos 30 años”, contestó Galup en una entrevista reciente con el periódico argentino elciudadanoweb.com

“Y las redes sociales se insertan en ese contexto y no son las que polarizan a las sociedades. Sí, obviamente, contribuyen a acelerar esa polarización, a darle combustible, pero lo que termina dividiendo y generando esas polarizaciones son las exclusiones, las injusticias y los grandes segmentos de la población que están excluidos de la economía y de la política”, añadió.

Sin embargo, aclaró que no es cierto que las redes sociales han generado mayor participación y democratización en la sociedad actual, ya que históricamente estuvimos polarizados, inundados de información falsa: “Las redes reproducen jerarquías, diferencias y desigualdades, no son una profundización de la experiencia democrática, ni mucho menos”.

Una mirada de lo que es vivir la política en nuestra sociedad la ha dado Alvaro Rivera Larios, intelectual salvadoreño residente en España, quien comentó precisamente en las redes sociales que se ha puesto de moda burlarse de la pobreza argumentativa de los simpatizantes del presidente Bukele sin considerar que es reflejo de “nuestra cultura política”.

“En vez de la burla fácil, habría que intentar comprender ‘las estructuras’ que llevan a los nayilibers hasta esos juicios que producen rubor. Al igual que las maras, los nayilibers son síntomas de nuestra sociedad y nuestra cultura. Sus pendejadas pertenecen a un horizonte que entre todos hemos engendrado”, afirmó.

“Hay que salvarse de ese partidismo fácil en que muchos ‘pensantes’ han caído y que los hace verse como muy inteligentes y ver a los otros como muy pendejos. Mejorarán de verdad, cuando comprendan que el suyo es también un marco interpretativo pendejo”, agregó Rivera Larios en un reflexión titulada “Semos pendejos”.

“Dichas luminarias antibukelianas están presas de un juego amigo-enemigo que es como la otra cara del juego de Bukele y sus nayilibers”, sentenció Rivera Larios.

“Hay que salirse de este juego y no perder el tiempo burlándose de lo que es fácil burlarse. Hay que dirigir nuestras energías a la construcción de nuevas formas de hacer política y a la construcción de nuevos sujetos políticos que puedan realizar esas nuevas formas de hacer política”, concluyó.

En síntesis, qué importa volverse viral en las redes sociales.

Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.

Carlos Cruz Hora-Clase, Docente del Departamento de Periodismo.

Los medios de comunicación deben servir a la sociedad y fiscalizar la administración pública

Por Carlos Cruz

Al hablar del derecho a la comunicación hablamos de la garantía de otros dos derechos específicos que son “Libertad de Expresión” y “Libertad de Prensa”. Y es que van ligados de una forma compleja y necesaria para el desarrollo de una sociedad.

El Informe MacBride de 1980 señaló que “los derechos humanos no pueden existir sin la libertad de palabra, de prensa, de información, y de reunión. La transformación de esas libertades en un derecho individual o colectivo más amplio a comunicar es un principio evolutivo en el proceso de democratización”. Asimismo, enfatiza que las necesidades de “una sociedad democrática en materia de comunicación deben quedar satisfechas mediante la formulación de derechos específicos tales como el derecho a ser informado, el derecho a informar, el derecho a la protección a la vida privada y el derecho a participar en la comunicación pública, que encajan todos ellos en el nuevo derecho a comunicar. En vísperas de lo que cabría calificar de una nueva era en materia de derechos sociales, todas las implicaciones del derecho a comunicar deben ser el objeto de un minucioso análisis”. (MacBride, 2005)

Para tener un contexto, destacar que el Informe MacBride, también conocido como "Voces Múltiples, Un Solo Mundo", es un documento de la Unesco publicado en 1980 que fue redactado por una comisión presidida por el irlandés Seán MacBride, ganador del premio Nobel de la Paz. El objetivo de este instrumento era analizar los problemas de la comunicación en el mundo y las sociedades modernas, particularmente con relación a la comunicación de masas y a la prensa internacional, y entonces sugerir un nuevo orden comunicacional para resolver estos problemas y promover la paz y el desarrollo humano.

Aunque hay un avance destacable con las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs), los retos siguen presentes. Estados, instituciones públicas y privadas, e incluso los mismos medios de comunicación siguen violentando o restringiendo los derechos a Libertad de Expresión y Libertad de Prensa. ¡Esto es preocupante! ¿Por qué?

Las funciones básicas de los medios de comunicación son informar, orientar, educar y entretener.

Pero a estas se suman otras, entre las cuales se pueden destacar: Servir a la sociedad y fiscalizar la administración pública.

Para comprender la función de “servir a la sociedad”, se puede hacer memoria de cuando ocurren tragedias medioambientales, son los medios de comunicación quienes contribuyen a visualizar las zonas afectadas, así como sus necesidades prioritarias. A la vez ayudan a transmitir orientaciones del gobierno y entidades de protección civil a la población.

Fiscalizar la administración pública es importante, porque los medios de comunicación deben ser los ojos y la voz de la sociedad, pues esta debe conocer lo que los funcionarios de turno hacen con el dinero de sus impuestos y recursos del país.

Por esto, cobra importancia la implementación de la investigación periodística y la actitud del medio de comunicación de mantenerse firme en la denuncia sin doblegarse hasta confirmar que se haya hecho justicia. Al menos ese debería ser “el deber ser”. No obstante, ejercer la investigación periodística ha cobrado la vida de varios periodistas en países como México donde los grupos delincuenciales tienen un alto nivel de criminalidad e impunidad, incluso con la participación de algunos funcionarios del Estado.

Recientemente en El Salvador los medios de comunicación El Faro y Revista Factum se vieron restringidos en su ejercicio periodístico por parte del gobierno en turno, justo el día en que se hizo el anuncio oficial de la creación de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIES).

Sobre este hecho, el procurador adjunto de Derechos Civiles de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, Carlos Rodríguez, enfatizó: "La equidad en dar información, en brindar espacios para rendir cuentas y para informar a la población sobre las cuestiones que se están desarrollando en el ejercicio de la función pública, es una obligación de cada Estado y particularmente del gobierno salvadoreño”.

Ante este hecho vale reflexionar que la crítica periodística hacia las gestiones públicas no es un tema nuevo, se ha mantenido en gobiernos anteriores como garantía del derecho a la comunicación, libertad de expresión y prensa. “El periodismo es crítico o no lo es”, no se trata de hacer las preguntas que la fuente, en este caso el funcionario, quiere que se le hagan; sino de hacer preguntas que respondan inquietudes que pueden ser de interés para la sociedad o sobre aspectos que la sociedad ignora.

Un funcionario no debe negarse a la auditoría social, pues debe recordar que es un empleado público y que el pueblo es su empleador. Por quien y para quien debe gobernar. Solo si se garantiza el cumplimiento del derecho a la comunicación, la libertad de expresión y prensa se podrá hablar de un El Salvador democrático. Permitir la violación de estos, debería asustar a la población, pues sería el rumbo a una sociedad donde impera la censura y el sesgo informativo fomentado por el Ejecutivo.

Díez, Mercè, Becerra, Martín, Fernández Alonso, Isabel & Moragas Spà, Miquel de. (2005). El Informe MacBride, 25 años después: contexto y contenido de un debate inacabado, Dialnet. Recuperada en septiembre 6, 2019, del sitio Web temoa: Portal de Recursos Educativos Abiertos (REA) en http://temoa.tec.mx/es/node/477316

Carlos Cruz, Docente del Departamento de Periodismo.

Roberto Pérez, Docente del Departamento de Periodismo.

III Encuentro Centroamericano de Facultades y Escuelas de Comunicación:

Red de investigación en la región centroamericana

Por Roberto Pérez

Dos eventos reunieron a la academia de la Comunicación en Centroamérica: el III Encuentro Centroamericano de Facultades y Escuelas de Comunicación y el IV Congreso Centroamericano de Comunicación, ambos eventos respaldados por la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS). En estos espacios, del 29 de julio al 2 de agosto, se pudo compartir con colegas y estudiantes interesados en la investigación y además puso de manifiesto la necesidad de integrar una labor colaborativa.

Trataré en estas palabras de contextualizar el trabajo desde mi punto de vista. Considero que cada vez es más necesario pensar la región centroamericana como un todo geopolítico. No sólo por la globalización o la internacionalización de las economías, sino por los enormes vínculos históricos, ni se diga la movilidad migratoria y las coaliciones entre élites políticas que se integran alrededor del istmo. Nuestros lazos son tan fuertes que los balances políticos de un país son rápidamente reflexionados en el otro. Sus corredores e imaginarios por décadas se mueven en alianzas que se auto determinan e implosionan en nuestros vecinos. Desde vínculos familiares, hasta la fundación de partidos políticos fuera de las fronteras de incidencia, los esfuerzos revolucionarios y las uniones conservadoras se encuentran y se conflictúan en una integración que se legitima en cada ciclo histórico.

Desde pensar en una Mesoamérica hasta la integración de Centroamérica, los Estados poco han hecho para superar los flujos de información entre las naciones. De hecho, lo que sabemos de la región se conoce por la mediación de países externos a la región. Podría argumentarse la emergente influencia de medios digital, pero aun en esos espacios hay límites asimétricos en la interacción con los públicos. Esta correlación de información no es sólo un problema del ejercicio hegemónico y contra-hegemónico, es problema de dependencia y dominación política que se expresa en todas las esferas socioeconómicas y socioculturales. De ahí que pensar como centroamericanos es más difícil que pensarse como latinoamericanos, por lo mismo su integración se vuelve prioritaria en temas económicos y poco visibles en temas sociales y culturales.

Para repensar la región es necesario pensar en la infocomunicación y el rol que ésta adquiere frente a las débiles democracias en estos momentos de ciberesfera pública, expuesta a las diferentes formas de capturas: económica, regulatoria y de clientelismo mediático. Los nuevos roles de los medios tradicionales y su convergencia digital, como empresas privadas, trascienden en la región a través de actores importantes capaces de influir en las decisiones electorales como el caso de Ángel González, propietario de un sistema de medios presente en todos los países de la región. Por eso, la información es relevante para pensar el poder, la democracia y la identidad dentro de contextos de innovación o dependencia tecnológica. Es cierto que el modelo económico infocomunicacional no es de las economías emergentes más poderosas, pero sí son necesarias para el resto de economías dentro la cuarta revolución industrial, que pone en marcha un nuevo capitalismo cognitivo. Ya lo advierte Alex Segovia (2005) en el estudio sobre poder económico integrado en la región y Benedicte Bull (2016) en la reconfiguración de las élites en la región, o Robinson (2011) con los estudios comparados de los nuevos movimientos sociales en Centroamérica.

La influencia de la investigación norteamericana, europea y algunos pocos esfuerzos desde el sur latinoamericano, han influenciado la región, pero de la misma manera, no han servido para despertar en la academia, representada en las Facultades, escuelas, departamentos de Ciencias de la Comunicación en el istmo, el interés para integrar la investigación con estudios transversales. Al girar la mirada en este punto nace la iniciativa de organizar las universidades a través de la FELAFACS, desde donde los intereses del sector privado y público convergen para problematizar el campo de la comunicación. FELAFACS Centroamérica comenzó a reactivarse hace unos 10 años para conectar sinergias alrededor de la discusión del rol, las funciones, la producción infocomunicacional en la región. No es cierto que la academia ha sido indiferente a las complejidades de la profesionalización de periodistas y comunicadores en contexto. Por el contrario, los encuentros han permito contactar con los intereses comunes para el intercambio de estudiantes, docentes, investigadores con temas afines. Esto no ha sido fácil.

Recuerdo que desde hace tres años hice un llamado para buscar pares investigadores con el objetivo de articular investigación en economía política de la información, la comunicación y la cultura. Con ese tema, elaboré una revisión para una ponencia en el III Congreso Centroamericano de Comunicación, organizado en El Salvador en 2016; la iniciativa permitió elaborar una mesa para el congreso, pero sólo asistimos cuatro salvadoreños, no todos relacionados con la economía política. Sin embargo, el esfuerzo fue bueno, debido a que la revisión me llevó a observar que no existe suficiente investigación desde este enfoque, pero existen grandes coincidencias entre los trabajos de El Salvador y Costa Rica. Posteriormente en 2017, viajé a Quito al Congreso de la Unión Latinoamericana de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura, ULEPICC, en donde presenté resultados sobre la configuración de grupos de poder mediáticos y sus efectos en la estructura social. Mi objetivo era encontrarme con los colegas centroamericanos. Tal fue mi sorpresa al descubrir que fui el único representante de la región. Esta realidad no es única en estos debates de integración de trabajos de investigación. Aun, por más, la integración académica entre México y Sudamérica es muy alta, pasando por en medio la región centroamericana con poca participación. Era el momento de preguntarse qué pasaba entre nuestras universidades públicas y privadas. Esa pregunta, ya la habían hecho los organizadores de los encuentros y los congresos de la FELAFACS muchos años antes y los resultados fueron pocos, pero evidente la necesidad.

En este 2019, en el III Encuentro Centroamericano de Facultades y Escuelas de Comunicación, FELAFACS, Chiriquí, Panamá, en la que tuve la oportunidad de ser invitado a participar con una ponencia sobre “Democratización de los medios de comunicación. La deconstrucción de los modelos comunicativos convencionales”. Durante las jornadas volví a comentar la necesidad de crear un corredor para la investigación del poder y la configuración de los grupos económicos y sus consecuencias en las democracias de la región. Repensar los medios es repensar desde la deconstrucción de los imaginarios del desarrollo y la construcción de medios otros para el equilibrio de poderes, la identidad y una nueva economía. El resultado fue algo que ya había observado antes, las universidades públicas de Costa Rica y El Salvador mostraban avances importantes en el tema. En muy poco tiempo, durante el Encuentro, pudimos intercambiar información y enfoques para la configuración de una red de investigación en Centroamérica. Y no fuimos los únicos. Al cierre de la jornada de dos días se organizaron tres redes: libertad de expresión y ciudadanía comunicativa; género y comunicación; tecnología y comunicación.

Posteriormente, en el IV Congreso Centroamericano de Comunicación, durante la inauguración del evento el 30 de julio, con el tema “Retos de la Investigación” la ponencia de la Doctora Patricia Vega, fundadora del Centro de investigación en Comunicación, CICOM, de la Universidad de Costa Rica (UCR), dio un panorama importante y alentador para la región. Entre sus resultados observó que desde 1980 a 2019 ha existido un avance importante en los países en la publicación indexada de estudios en comunicación. Los porcentajes de cada país son interesantes para la reflexionar la academia: Costa Rica 31%, Guatemala 16 %, Nicaragua 14%, El Salvador 14%, Panamá 13%, Honduras 12%. Los resultados son la tendencia sobre 277 publicaciones en revistas internacionales de Latinoamérica. Los textos evidencian una gama de problemáticas desde la cultura, el poder y la tecnología, las discusiones sobre estas realidades están latentes en la radiografía sobre la producción, usos y consumo de los medios.

Entre el Encuentro y el Congreso realizados en la ciudad de Chiriquí, en la Provincia de David, Panamá, el balance fue positivo. Sí, es un comienzo, pero también es el primer esfuerzo de investigación en la comunicación colaborativa propia de la región centroamericana (y Caribe) que permitirá aproximaciones de problemáticas como las mencionadas al inicio de este artículo. Permite que los centroamericanos nos pensemos y abre las puertas a romper los desequilibrios del poder / saber, desde donde se nos dice que hacer y se nos imposibilita la construcción de pensamientos otros. Es la emergencia de nuevos actores de la academia para la construcción de una sociedad del conocimiento con justicia global social. Pero, a mi ver, es también la posibilidad de romper el cerco de conocimientos que interrumpen la integración real de Centroamérica como confluencia de saberes e identidades comunes.

En 2020, el reto es realizar el IV Encuentro en El Salvador y tener como anfitriona a la Universidad de El Salvador. Estos esfuerzos recaen en la Directora Titular Región Centroamérica de FELAFACS, Licda. Arely Franco, actual Jefa del Departamento de Periodismo de la UES. Y aún más, para 2021 la cita es el V Congreso Centroamericano de Comunicación, a realizarse en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). En ambas universidades públicas de la región se encarnará si la planificación da resultado al presentar las primeras investigaciones colaborativas en las tres redes de investigación. Las cartas están echadas.

Roberto Pérez, Docente del Departamento de Periodismo.