Ya sea en un país como el nuestro, donde los estrategas del marketing político han logrado con éxito sostener la simpatía de la mayoría de la población hacia la figura del presidente Nayib Bukele y su gobierno, pese a medidas controversiales, como en otras naciones del mundo, es evidente el adormecimiento colectivo.
“Antes se decía que el cuarto poder eran los medios de comunicación, pero para mí hay un quinto poder que son ahora mismo las redes sociales”, afirmó el escritor y militar español Pedro Baños, especialista en geoestraegia internacional, al referirse al problema desde la perspectiva del conflicto Rusia-Ucrania y la participación de Estados Unidos y la OTAN.
En esos espacios es “en donde actúan, y de manera cada vez más activa, tanto los ejércitos como los servicios de inteligencia, precisamente para intentar imponer sus narrativas y también para condicionar a todos los usuarios. Pensemos que cada día en el mundo se conectan a alguna red social más de 4.000 millones de personas, por tanto, el interés en condicionar a todas esas personas es masivo”, agregó.
¿Vivimos en una aldea global ya en todos los sentidos?, preguntó el Diario de Ávila, de España, y él contestó: “Totalmente, queramos o no estamos completamente entrelazados unos con otros, sólo pensemos en lo que significa algo tan sumamente novedoso y que nunca había existido como es esta hiperconexión que permiten los medios, lo cual hace que estemos viviendo lo que sucede en la otra punta del planeta prácticamente como si lo tuviésemos aquí al lado”.
A la vez, hay que tomar en cuenta, según él, que “también hay otra característica novedosa que es lo que yo denomino la aceleración de acontecimientos, que vemos que todo se precipita y, por tanto, es muy difícil hacer un pronóstico a medio plazo porque se puede cambiar de la noche a la mañana”. Y, para el caso, nadie pensaba que Rusia iba a invadir Ucrania y ocurrió… “o pensábamos que en ese caso de producirse sería algo muy corto que se resolvería en días, y llevamos prácticamente un año”.
A partir de la aventura de la guerra a lo largo de la historia, “pues no aprendemos nada porque los seres humanos al final estamos sometidos o condicionados por nuestras pasiones, nuestras emociones, nuestros pecados capitales, y uno de ellos clarísimamente es el ansia de poder”, advirtió Baños, para quien un estratega lee a Maquiavelo, y luego reinterpreta y actualiza sus consejos en la obra El Príncipe.
Lamentó el experto español que muchos de sus conciudadanos avalan un involucramiento mayor de su país en la guerra en Ucrania, dado que no conocen los horrores de la guerra, ante lo cual “los ciudadanos tenemos que exigir que no nos lleven a aventuras bélicas que en muchos casos no tienen nada que ver con los intereses de verdad de nuestro país ni de nuestros conciudadanos. Ahí tenemos que ser muy exigentes, y tenemos que tener los ojos muy abiertos, porque nunca ha sido tan fácil como ahora convencernos y manipularnos”.
También, lamentó que en la sociedad contemporánea se ha instalado un “estado de apatía” en beneficio de las élites, una falsa democracia, que “en realidad es una ilusión de democracia la que estamos viviendo, precisamente por esa capacidad de condicionarnos no solamente ya a través de los medios de comunicación tradicionales, sino muy especialmente a través de las redes sociales”, dijo.
Baños añadió: “Hay que pensar que la televisión convencional, y eso lo podemos ver en las estadísticas del año 2022, se ve cada vez mucho menos, y que sobre todo los más jóvenes lo ven todo a través de las redes sociales y de otras plataformas, y por lo tanto ahí hay un interés masivo para condicionar a las poblaciones a través de esos nuevos medios”.
Por otro lado, señaló la presencia del miedo como recurso que se utiliza desde el poder, y que “es uno de los mejores sistemas para controlar a las poblaciones, porque cuando tú tienes miedo y alguien te ofrece que, a cambio de cederle tu libertad y tu seguridad, o al menos una parte de ellas, él te garantiza que va a acabar con eso que a ti te produce miedo, evidentemente te entregas a él en cuerpo y alma”.
“El miedo ha sido tradicionalmente un gran controlador social, lo sigue siendo, y además hoy se utiliza con gran maestría”, sentenció Baños.
Baños consideró: “Lo primero es que tenemos que ser muy críticos, dudar de toda la información que nos llega, intentar abastecernos de información de fuentes muy variadas, porque la crítica es al final la que nos ha hecho sabios, como decía Descartes. También hay que tener en cuenta que cuando hay una noticia que nos emociona mucho debemos dudar de ella porque a lo mejor es totalmente intencionada; y asimismo, debemos ser conscientes de que no podemos perder nuestros valores fundamentales, en el sentido de que en una democracia los ciudadanos debemos ser los que llevemos la batuta, y para llevar la batuta lo que tenemos es que empezar por elegir a verdaderos líderes que se preocupen por la sociedad, que no se preocupen por su propia supervivencia o la de su partido político, porque necesitamos al mejor al timón de nuestra nave, una nave que si no puede correr el riesgo de chocar contra los arrecifes”.
Para profundizar más sobre el recurso del miedo, creo importante exponer algunas reflexiones del profesor argentino Federico del Rey Lennon que en el ensayo “Credibilidad, miedo y comunicación”, incluido en la última edición de la revista académica Comunicación y Hombre (Madrid, 2023), sostiene que las noticias dramáticas, que instalan la sensación de miedo, siempre apuntan a un culpable.
“Este sujeto es presentado como una persona abyecta, cruel, egoísta, insensible, las más de las veces fea y, en todos los casos, muy distinta al ciudadano común que recibe la información. Y son estos sujetos malvados los que son transformados en chivos expiatorios, tanto por la opinión de los expertos panelistas de programas de opinión de TV y radio como por la palabra de los influencers, que pueblan los medios sociales digitales, y así se instalan los culpables de los miedos en la conversación popular que circula por las redes sociales”, afirma.
“Se los acusa de ser en gran parte los responsables de todos los temores de la sociedad, ya sean éstos producto de la naturaleza o de las anomalías de la salud corporal. Y esos influencers, sostiene Han (2022), son ‘venerados como modelos a los que seguir. Ello dota a su imagen de una dimensión religiosa’, por lo cual se los cree con la fuerza de la fe”, añade.
De acuerdo con el académico argentino, el advenimiento del a sociedad mediática, la hegemonía de la TV y el poder de la imagen, la digitalización, la sociedad en red y el mundo virtual desideologizó a la sociedad y le impuso nuevos códigos. De esa forma, existe un mapa prefabricado de la sociedad contemporánea donde la incertidumbre, la volatilidad de todo lo material nos coloca en la plataforma del riesgo permanente.
Según él, “Para poder llegar a este nuevo auditorio, sobrecargado de información, los medios digitales se ven empujados a destruir el discurso racional determinado por la cultura del libro y producen una mediocracia, como la denomina Han (2022). Se entremezclan así los contenidos en formatos divertidos, lúdicos, la teatralización de la política, en la que importa más la perfomance del actor que el contenido, y la comunicación afectiva”.
El ciudadano en general, pues, es presa fácil de los encantadores de serpientes.
Son conclusiones a las que arribó el comunicólogo boliviano Adalid Contreras Baspineiro, de la Fundación Latinoamericana Communicare, en su ensayo “De las redes a las (trans)mediaciones”, incluido en Saberes y Diálogos. Revista Boliviana de Estudios en Comunicación, en su última edición.
“En estos tiempos, la comunicación gana sentido en su capacidad para contribuir al encuentro desde las fragmentaciones, generando espacios para estar juntos, compartiendo, conviviendo. Y, en cualquier circunstancia, comunicación es la construcción, de/construcción y re/construcción de sentidos de sociedad, de cultura, de política y de espiritualidad”, agrega.
Según el autor, la cartografía comunicacional se ha complejizado y es necesario mantener las brújulas para orientar los recorridos por los mapas desde los medios a las mediaciones y desde las redes a las transmediaciones, antes que los robots y los algoritmos, que no tienen corazón, nos impongan sistemas de valores contabilizados en likes y no en sentipensamientos.
El ensayo, cuyo título y contenido expresan el homenaje del autor a la obra del maestro Jesús Martín Barbero, se propone recuperar la capacidad de pensar y hacer comunicación desde las mediaciones, en clave digital, en una transición de las redes a las transmediaciones o de la conectividad a la comunicación.
En esta oportunidad, de la amplitud del ensayo referido, he escogido una parte de las transiciones que se están dinamizando con la comunicación digital, en específico las transiciones culturales y políticas, los nuevos patrones de consumo y resignificación en contextos de polarización a fin de apreciar el fenómeno desde nuestra experiencia cotidiana.
A partir de la llegada de internet, los nuevos nativos en el planeta son digitales y el funcionamiento y desarrollo de las redes sociodigitales se da en estructuras compuestas por personas con intereses o valores comunes que se conectan desde distintos puntos de forma instantánea y modificando las formas tradicionales de comunicación y relación con su realidad.
“Las generaciones anteriores a la Web, a la que acabamos integrándonos no sin nostalgias por la era pre-digital, nos socializábamos presencialmente con la prensa, la radio y la televisión cumpliendo roles de receptores conceptualmente pasivos y en realidad activos, con capacidad de resignificar los mensajes”, afirma Contreras Baspineiro.
El autor nos ilustra sobre el nuevo panorama a partir de lo digital. A continuación, un resumen de sus palabras:
Para comprender las articulaciones entre comunicación, cultura, sociedad y política, es necesario considerar que en el consumo contemporáneo, como dice Carlos Scolari “las audiencias, con el permiso de Zygmunt Bauman, se han vuelto líquidas”, puesto que cada consumidor elige qué ver, sin someterse a la oferta del medio, optando por temas, medios, dispositivos y modalidades como los streaming, descargas, podcast, Tik Toks y otros. Así es este mundo de ahora, donde ya no es el medio el que une las individualidades, sino una narrativa, una historia que puede circular en Youtube, o en WhatsApp, o un blog, o se puede descargar para verla en el ordenador, o conseguir el link para verla en imagen, o escucharla en audio, o leerla, con la posibilidad de repetirla, si se quiere, o frenarla a medio recorrido, rebobinarla o (des)arreglarla.
En la era digital las prácticas colectivas dan paso a accesos y apropiaciones individuales por las facilidades técnicas de consumo particularizado con el celular, tablets y ordenadores. El sujeto es el ser individual y no el comunitario. La radio o la televisión, operando como íconos de la reunión familiar, son figuras cada vez más lejanas o focalizadas en acontecimientos especiales como un buen partido de fútbol o una noticia importante. En los años precedentes, el consumo colectivo connotaba un interés creado también colectivo y un diálogo colectivo sobre un tema compartido.
Políticamente, el procedimiento dominante con las tecnologías digitales es el politainmet, anglicismo compuesto por la politic o política y el entertainment o entretenimiento, por lo que se podría asumir que se trata de un quehacer de la política siguiendo las reglas del espectáculo y la popularidad. Conocido también como la política pop, se explica en tres dimensiones: i) en el traslado de la política a los sets de los medios masivos, y ahora a los espacios digitales, amoldándose a sus lenguajes de infoentretenimiento; ii) en la cultura del espectáculo; y iii) en la ralentización conceptual sobre el sentido del populismo.
Estamos hablando de sistemas de infoshow político, término que se le atribuye a Gianpiero Mazzoleno, quien argumenta que existe una tendencia a tratar con los cánones de la popularidad a hechos, actores, procesos, acontecimientos y palabras de la política que tradicionalmente se desarrollaban en núcleos especializados, acercándolos a los vericuetos de la vida cotidiana y a los enjambres mediáticos, en un proceso en el que la política y la cultura popular, la información y el entretenimiento, lo cómico y lo serio, lo real y lo surrealista, se unen en una especie de matrimonio entre la política y la televisión, y que provocan el efecto sound bites, a través del cual se intercalan “fragmentos de declaraciones, frases de efecto de este o aquel exponente político, citas breves que encajan a la perfección con el ritmo apremiante de las noticias televisivas”.
En esta relación, la televisión descubre que la política puede crear nuevas audiencias, entre nichos de mercado y jugosos ingresos, mientras que los políticos se dan cuenta que pueden llegar gustosamente a un amplísimo número de personas en diferentes contextos; y establecen un acuerdo de mutua conveniencia. El requisito para que esto funcione radica en que los políticos y la política se adapten a la lógica de la masividad, es decir de la popularidad combinada con los gustos, adoptando los lenguajes y estilos de entretenimiento, levedad, sensacionalismo, paternalismo y banalización a los que acuden los medios de comunicación y las redes sociodigitales ganados por afanes mercantiles.
A esta cultura Gilles Lipovetsky denomina “cultura mundo”, que Vargas Llosa dice que aborrega al individuo y lo hace reaccionar de manera gregaria en una cultura del entretenimiento con recursos fabricados para la conquista de audiencias, ubicando posiciones de privilegio en el rating, socio principal del mercado, quien fija los valores de la sociedad en la civilización del espectáculo. En estas sociedades la primacía la tiene la diversión, la publicidad se convierte en el elemento ordenador de las conductas sociales y la trivialización gana estatuto estratégico en las campañas electorales.
En este ambiente, la organicidad social se hace con productos culturales fabricados por las industrias de la diversión para hacer olvidar todo aquello que perturba, angustia, convoca, genera criticidad, moviliza y dinamiza la exigibilidad de derechos. Con la masificación del consumo, las sociedades viven momentos de evasión y búsqueda de placer, como escapatorias de las preocupaciones y responsabilidades. Dada esta situación, distintos procesos electorales transcurren sin conocerse las apuestas de sociedad o programas de gobierno, de manera tal que los votos se licúan entre opciones que rebotan entre la simpatía y la antipatía que provocan los candidatos, los líderes y las organizaciones políticas.
Así dadas las cosas, y en línea de coherencia en esta tendencia, el campo político es ocupado por artistas, cantantes, presentadores de televisión, futbolistas influencers, opinólogos, empresarios y otros personajes populares que son elegidos no tanto por sus aptitudes en la política, sino por su reconocida presencia pública o posicionamiento, eclipsando en lugar y estilos que por siglos habían ocupado los intelectuales, los doctorcitos, los líderes sindicales, los políticos y los referentes éticos de una sociedad, a no ser que éstos se acomoden a los parámetros gustosos de show, demostrando sus habilidades para el baile, el canto, la cocina, los deportes y otros menesteres que operan como carnadas para captar votos.
Esta reflexión lleva a la consideración de otro referente de la “cultura pop”: el populismo que, en su acepción más general, se refiere a la tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. Sin entrar en disquisiciones conceptuales, es menester aclarar que en la “cultura pop” no rigen las concepciones que consideran el populismo como una ideología que opone pueblos e élites con insurgencias sociales en la perspectiva de transformación del bloque histórico de poder. Tampoco se explica en los regímenes nacionalistas que proponen el desarrollo industrial con sustitución de importaciones. Por el contrario, su realización se produce en su sentido peyorativo que enfatiza en los líderes caudillistas, así como en el sentido degradante que identifica populismo con demagogia.
En definitiva, la combinación entre el poder de la imagen y la personalización de los liderazgos en la política cambia las formas de comunicación y las dinámicas de las organizaciones políticas. Se sacrifica en valor de las ideologías y de las militancias a cambio del espectáculo. El fin principal de la política ya no parece ser la construcción de formas de poder, sino la atracción de electores, el posicionamiento de líderes que asemejan superhéroes más que conductores políticos o el sostenimiento del posicionamiento de los poderes en sistemas de campaña publicitaria permanente.
En contextos de polarización como los que vivimos, los grupos políticos y ciudadanos están instalados en polos opuestos, con ideologías, orientaciones, actitudes, opiniones e intervenciones encontradas. Estas relaciones se alimentan de recursos poco comunicacionales avivados en tiempos de cultura digital. Uno de estos recursos, frecuentes en las redes sociodigitales, son los haters o discursos de odio, de enemigos, de odiadores, dirigidos a marcar acentuando las diferencias, para lo que no se limitan esfuerzos en ofender degradando a los oponentes. En línea con esta práctica desregulada de toda norma que sostienen las libertades de opinión y expresión, así como el derecho a la información y la comunicación, se naturalizan mecanismos dolosos como los fake news o mentiras comunicadas en sistemas de postverdad, así como desinformaciones intencionalmente expuestas para hacer daño.
Consejo: Haga una reflexión profunda sobre su realidad y note las coincidencias.
Las estrategias de marketing político afloran exitosas por parte de los expertos en la venta de ilusiones, tal cual régimen que impera, mientras la generalidad del sistema mediático nacional persiste, además de extender sus vías info-comunicacionales serviles, en la construcción de una agenda que excluye los temas que son de suma importancia para la sociedad.
Son artefactos que se han tecnificado a lo largo del siglo pasado y que se muestran mucho más sofisticados con la presencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la sociedad contemporánea. Lastimosamente, han usurpado el verdadero sentido que debe tener la democracia a través del debate de ideas y el ejercicio de la libertad.
De esa manera, se torna de sentido común, malicioso por supuesto, hacer creer a la colectividad que lo más importante son los niveles de aceptación/rechazo que revelan los resultados de sondeos y encuestas de opinión cuando en general son producto de estrategias de marketing político que implican manipulación deliberada por grupos de poder.
En ese sentido, nos ilustran los académicos argentinos Federico Rey Lennon y Alejandro Piscitelli Murphy sobre lo que llaman repercusiones sociopolíticas profundas de las encuestas de opinión, dada la tergiversación presente que impone la narrativa de equiparar los resultados de esos estudios con la participación democrática.
“Frecuentemente, los gobiernos justifican sus decisiones con el paraguas de los resultados de un sondeo. En lugar de hacerlo –conforme a la clásica concepción de la responsabilidad delegada al representante-, con base en una argumentación racional, un debate plural y unos dictámenes de especialistas que legitimarían provisionalmente una actuación más adelante ratificada o no en las urnas”, advierten.
Que más ejemplo de eso que la forma instituida en El Salvador, donde el presidente Nayib Bukele toma como base de sus actuaciones el hecho de sacar resultados positivos en cuanto a su imagen frente a sectores de oposición, además de lucir como éxito de su gestión la implementación del régimen de excepción y saborear su reelección.
En la actual coyuntura nacional, los resultados de las encuestas indican una imagen favorable del presidente Nayib Bukele -sostenida en el tiempo- con un promedio de no menos de 8.0 puntos, según las evaluaciones de la Universidad Francisco Gavidia. Y en las de la Universidad Centroamericana (UCA) más o menos ha ido igual.
Bukele se da el lujo de publicitar en las redes sociales que incluso en las encuestas “de la oposición”, según sus palabras, ha ganado el mandado. Hay otros temas, como la implementación fallida de la criptomoneda ante los cuales no da su brazo a torcer, incluso responde con decisiones a vista de muchos hasta temerarias.
A la vez, el presidente y su gobierno se caracterizan por ser de lo más cerrados en las últimas décadas con déficits manifiestos en niveles de transparencia y acceso a la información pública, que se suman a una relación amigo/enemigo con otros sectores, en especial de la oposición o de instancias de la sociedad civil ante quienes no hay posibilidades de encuentro.
Como nos dicen Rey Lennon y Piscitelli Murphy, con una apertura “ganarían la racionalidad y la transparencia sin que se resintiera la legitimación popular, con la ventaja añadida de que dicha ratificación popular se produciría tras la nada desdeñable ventaja de conocer los resultados de la decisión y poder identificar sin género de dudas a los auténticos responsables de la misma, castigándolos o premiándolos con el voto, en consecuencia”.
“En lugar de tan idílico proceso es corriente que los gobiernos establezcan en pequeños cenáculos o think tanks la decisión privada de hacer algo, congelando la publicidad de sus intenciones hasta poder contar con los resultados de una encuesta que sirvan para traspasar a un pueblo desinformado la responsabilidad de la medida”, agregan.
Obviamente, ese tipo de actitudes desde el poder es parte del diseño del marketing político, implementado por esos expertos de la oscuridad que incluso se llenan los bolsillos con fondos públicos, sin que den cuenta de ello, y que en la política contemporánea han optado por la vía del populismo como forma de gestión gubernamental, más allá del pensamiento ideológico.
Pero el cuadro quedaría incompleto sin que hagamos referencia a la forma en que son tratados estos temas a través de la generalidad del sistema mediático nacional, a la vez condimentado por las explosiones emocionales en las redes sociales, factor insoslayable en la sociedad contemporánea y que también se incluye en las estrategias del marketing político.
“Los medios de difusión suelen servir, tal vez de manera inconsciente, de acrítico altavoz de esas maquinaciones de laboratorio. Muchas veces los medios de difusión se contentan con la escueta noticia de los datos de una encuesta, induciendo a pensar que dicho dato es mucho más significativo que las argumentaciones no difundidas de las partes en conflicto”, señalan los catedráticos argentinos.
Y agregan: “Los periodistas no suelen corroborar la metodología aplicada en una encuesta, la más de las veces porque desconocen las reglas básicas del método científico”. A la cola hay otras condicionantes que se dan en las coberturas de los resultados de estudios demoscópicos que han suplantado el ejercicio de la democracia.
Nos recuerdan Rey Lennon y Piscitelli Murphy algunas de las mencionadas repercusiones sociopolíticas profundas de las encuestas de opinión pública:
Estímulo del pesimismo democrático. La política democrática se basa en la creencia de que las preferencias del público no están prefijadas de antemano: el pueblo es capaz y libre de cambiar sus opiniones, puede ser persuadido y también está abierto a la educación política. Por eso, uno de los peores enemigos de estas creencias básicas es el determinismo, el pensar que no vale la pena discutir nada, ya que la gente, reacia a cambiar o ir en contra de sus intereses, votará siempre en función de ellos y no variará su postura. Efectivamente, ese determinismo que lleva implícito un pesimismo o escepticismo acerca del diálogo público y la conveniencia de la discusión racional de distintas posturas es consustancialmente contrario a la vida democrática.
Fomento del populismo y del “cortoplacismo”. El incremento de las políticas populistas en los países democráticos guarda estrecha relación con la obsesión por las encuestas. Subir o bajas cinco puntos en el “barómetro de popularidad” es considerado como un auténtico éxito o desgracia política. Los medios de difusión se extienden en el comentario de estas cifras y los políticos parecen modificar declaraciones y actuaciones en función de cómo les vaya en esos “barómetros”. En tales circunstancias la política populista es la tentación más cercana. No perder puntos de “imagen” a corto plazo se convierte en una cuestión más importante que cumplir un programa de gobierno legitimado en las urnas, ya que los logros de esto sólo se verían a largo plazo. Por lo mismo, cualquier posibilidad de medidas racionales para resolver con profundidad problemas públicos está descartada si desde el primer momento no resulta popular.
El diálogo sustituido por el control de los sondeos. Dadas las similitudes formales con el ejercicio del voto, la encuesta puede convertirse en un medio de asociar los ciudadanos a las decisiones colectivas. Tal situación, según los defensores de las encuestas, puede instaurar un diálogo colectivo enteramente nuevo. Otros, en cambio, ven en ello un peligroso modo de pseudoparticipación, supresor a la larga de los mecanismos elementales del sistema democrático.
Romper ese círculo vicioso es un desafío y conlleva la toma de consciencia y participación de todos los sectores de la sociedad salvadoreña, inmersa –como tantas- en lo que llaman algunos “degeneración populista” y manoseada por los titiriteros del marketing político.
Son preocupantes las cifras que arrojó el diagnóstico del Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (OUDH) sobre Libertad de Prensa y Acceso a la Información Pública en 2021 que revelan el incremento de acciones contra periodistas y la cerrazón de las instituciones a revelar información como nunca antes desde los Acuerdos de Paz, firmados en 1992.
En ese sentido, sobre la libertad de prensa ha habido restricciones al ejercicio periodístico, ataques, limitantes al acceso a la información pública y el espionaje de periodistas. Se contabilizan en el período 219 agresiones y en ese universo se identifican 102 restricciones al ejercicio periodístico, las limitantes de los periodistas frente a las fuentes que se niegan a dar información.
“Esto está relacionado directamente, precisamente, a cómo la información se ha venido centralizando; es decir, que se tiene que contar con el aval, se tiene que contar con el permiso sobre todo de la Secretaría de Prensa o de Comunicaciones, para emitir una declaración, para emitir un pronunciamiento, en caso contrario, la información se está negando”, advirtió el investigador Diego Manzano.
“Y también observamos cada vez con mayor fuerza y, según lo expresado por algunos y algunas periodistas, precisamente este temor de las fuentes a hablar; es decir, que hay muchas fuentes en esta posibilidad de trasladar alguna información prefieren no hacerlo por el temor a experimentar alguna represalia, ya sea de carácter físico o el despido que podría darse”, agregó.
Se unen los discursos de odio, especialmente a través de las redes sociales como “linchamiento digital”, la intimidación e incluso ataques físicos a periodistas por parte de agentes del Estado.
A la par, ha habido un retroceso en el acceso a la información pública a través de los portales de transparencia de las instituciones estatales. Con datos, según el OUDH, son 19 instituciones públicas las que reprobaron el cumplimiento de la información oficiosa para la ciudadanía, tal como lo demanda la Ley de Acceso a la Información Pública. La Asamblea Legislativa cuenta con la menor nota.
“Hay un mayor índice de reserva; es decir, que existen bastantes dificultades para obtener datos institucionales, hay una falta de actualización de portales y esto está afectando la posibilidad de construir notas, informar a la sociedad, precisamente, y al mismo tiempo existe una discrecionalidad en los criterios”, especialmente criterios políticos, señaló Manzano.
En otra oportunidad, he advertido que los encontronazos de algunos medios y periodistas con el gobierno de turno y la institucionalidad cooptada, que se suman a la batalla de ciudadanos y troles en las redes sociales, nos debe llamar a la reflexión sobre el papel trascendental del derecho a la información y a la comunicación en la sociedad.
Hay que tolerar la existencia de espacios mediáticos que hurgan sobre la cosa pública, el ejercicio del poder y las verdaderas intenciones de los que ejercen el poder.
Dentro de la democracia burguesa es necesario hablar de una democracia mediática que abre el espacio a una especial e inédita legitimidad de los periodistas, basado en la distinción entre la atribución nominal del poder (el pueblo) y el ejercicio de ese poder (las élites elegidas por la gente).
De esa forma lo señala el profesor español Javier del Rey Morató, que agrega: “El contribuyente y titular del poder y de la información se asoma a los medios de comunicación, desde los cuales los periodistas le ofrecen un relato sobre comportamientos y decisiones relacionadas con ese poder cuya titularidad ostenta”.
Para la consolidación de la democracia ante la huella autoritaria y despótica del poder, que incluso nos llevó a una guerra civil, urge el papel crítico de la prensa más allá de sus líneas editoriales –en general, conservadoras- que, por supuesto, hay que demandarles también responsabilidad y comportamiento ético de cara a los ciudadanos.
En una sociedad que se dice democrática, formalmente de corte liberal, una de las formas de constatar su fortaleza es la existencia de medios y periodistas comprometidos con la profundización de esa democracia que demanda diálogo social y plural. Sin duda, la herramienta idónea es periodismo responsable y ético, a la vez que perfectible.
Además de escudriñar el ejercicio del poder, favorecer el debate sobre los temas de interés público y aclarar el rumbo de las sociedades, en el marco del ejercicio democrático, el periodismo honesto debe preocuparse por ser exacto, justo e incluyente. Y no puede caer en el error de sacrificar los postulados éticos en la carrera por la primicia ni por intereses espurios.
Las sociedades actuales necesitan más que nunca el papel escrutador de los periodistas, para acercar a los ciudadanos a los temas de interés público y el ejercicio del poder que constitucionalmente les pertenece, ya que los funcionarios son servidores públicos que tienen que dar cuenta de sus actos. Por supuesto, es imprescindible el desarrollo democrático.
Por otro lado, traigo a colación otra reflexión que he hecho con anterioridad sobre no caer en la ilusión de creer que las redes sociales por sí pueden suplantar el espacio de los periodistas y de los medios, para una discusión racional sobre los problemas que aquejan a la sociedad, aunque coadyuven a la discusión pública.
Al respecto, tomé en cuenta lo dicho por el comunicólogo argentino José Luis Orihuela: “la red política por excelencia debería ser el parlamento, no una plataforma tecnológica privada de San Francisco”. Lamentablemente, “los políticos y los periodistas han convertido a Twitter en un monstruo fuera de control que amenaza la calidad de la vida democrática y privatiza espacios de conversación que deberían seguir siendo públicos”.
Orihuela advirtió en esa ocasión que la crisis de confianza que rodea a la clase política y a los estamentos del gobierno “no está generada por las redes sociales sino por la corrupción, el cortoplacismo, el partidismo y la manifiesta ineficacia de los partidos y del gobierno para resolver los problemas reales de los ciudadanos”. Eso sí, “las redes funcionan como un altavoz del descontento popular y como una correa de transmisión de los eslóganes de los partidos y del gobierno para resolver los problemas reales de los ciudadanos”.
El problema es que, como en el caso salvadoreño, “cuando el poder no permite preguntas en las ruedas de prensa o solo usa las redes para hacer propaganda o para resolver rencillas tácticas con sus oponentes, entonces se le están sustrayendo debates esenciales a la ciudadanía. No resulta extraña, por tanto, la crisis reputacional de la política, pero se trata de un problema que no tiene soluciones tecnológicas”.
“Ahora de lo que se trata no es de demonizar a la tecnología ni de pretender un retroceso imposible a etapas anteriores, sino de establecer mecanismos de compensación para que la velocidad no altere la calidad de los procesos de toma de decisiones en todos los niveles de nuestra vida, también en el ámbito político y periodístico”, según él.
“No podemos seguir funcionando a golpe de mensajes instantáneos o de tuits, por más virales que sean o se fabriquen”, agrega.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
“El populismo estrecha y erosiona la esfera pública, rechaza la deliberación que es consustancial a la democracia, y desfigura la diversidad propia de los medios de comunicación en una sociedad plural. El populismo se apuntala en los medios, pero se revierte contra ellos cuando no le favorecen”, afirma el experto Javier Trejo Delarbre, en el libro Pensar lo público desde la comunicación (México, 2022).
“El populismo usufructúa e incluso ensancha el espacio público, pero elude la esfera pública, la abomina y en cuanto puede, la debilita”, añade. Y, el colmo, los medios de comunicación colectiva tradicionales han cedido, en gran medida y por varias razones, su función mediadora a las descargas emocionales que transitan por las redes sociales, con lo que alimentan la depravación del espacio público.
La esfera pública es el ámbito de la vida social en el que se puede formar algo que se acerque a la opinión pública y que en el intercambio variado de razones e ideas en ella se asienta la democracia, mientras en el espacio público encontramos los diversos contenidos (informaciones, entretenimiento, publicidad, propaganda, etc. y también memes, tuits, ultrajes, etc. en la red).
“El populismo aprovecha e incluso ensancha el espacio público, en detrimento de la esfera pública. Maleable y escurridizo desde el análisis conceptual, al populismo difícilmente se le puede caracterizar”, según el autor, pero tiene estos rasgos: el caudillismo de un líder carismático, dice ser representante de “el pueblo”, encarna el interés popular, se coloca por encima de las leyes e instituciones, confronta con quienes no lo respaldan, dice ser víctima de gobiernos anteriores y compañía, y polariza a la sociedad.
“El dirigente populista aprovecha las instituciones de la democracia, pero desconfía de ellas. Llega al poder cuando gana una elección, pero una vez que se encuentra allí prefiere la llamada ‘democracia directa’ en frecuentes ejercicios de consulta a sus seguidores. Los destinatarios de sus arengas son los grupos que lo respaldan.”
“El populismo no es una ideología, ni una posición política. Se trata de un estilo autoritario, personalista y pragmático de ejercicio del poder. No implica un programa de gobierno específico, ni política pública alguna.”
“El populismo no es una forma de gobierno, pero sí supone una concepción patrimonialista del ejercicio del gobierno: que el poder político esté al servicio de los intereses, la causa y los requerimientos que el líder populista estime pertinentes. Además, el populismo se traduce en una relación autoritaria entre el gobernante y la sociedad.”
“El populismo erosiona a la democracia y, si no encuentra resistencia suficiente, puede reemplazarla. Las modificaciones legales para que los líderes populistas se reelijan, la desaparición de los congresos para que no le hagan sombra al poder del líder, o la postergación de elecciones, son prácticas de experiencias políticas en diversos países.”
En cuanto a lo mediático, a los problemas de la ausencia del periodismo profesional y la concentración de medios en pocas manos, gubernamentales o privadas, que espectacularizan los asuntos públicos, se suma la presencia de las redes sociales donde el populismo encuentra un terreno propicio a la polarización que produce.
“Con la expansión de Internet y sus afluentes, y por diversas causas, la prensa sufre una crisis que terminará por transformarla de manera radical. La prensa, lo mismo en papel que en medios electrónicos o en línea, ha perdido la centralidad que tenía y las redes sociodigitales no cumplen con aquellas viejas funciones ordenadoras del intercambio racional en nuestras sociedades”, advierte Trejo Delarbre.
La gravedad del caso es que la idoneidad de las redes sociales para el mensaje populista va más allá del formato, ya que los contenidos que ofrecen son organizados por algoritmos que seleccionan textos, imágenes o videos de acuerdo con preferencias de los usuarios, que quedan aislados y expuestos solo a informaciones que coinciden con sus inclinaciones alejándolos de la conversación con los demás.
“(...)Si dependemos de redes sociodigitales en donde únicamente miramos los contenidos que colocan nuestros amigos o seguidores (que suelen tener puntos de vista similares a los nuestros) y sobre todo si la jerarquización de los contenidos que esas redes nos muestran replica lo que ya hemos preferido, tendremos apreciaciones sesgadas y fregmentarias de esos temas”, sentencia el autor.
Trejo Delarbre hace una lista de las implicaciones que derivan de la relación medios-populismo y de manera resumida las coloco a continuación:
Los líderes populistas son noticia. Los medios difunden noticias y los líderes populistas lo son. Al propalar lo que dicen y hacen, los medios contribuyen a magnificar la presencia pública de esos líderes. No se les puede reprochar a los medios profesionales que reseñen los acontecimientos públicos, pero se les puede exigir que lo hagan con rigor crítico y con marcos de referencia analíticos.
Encubrimiento de la retórica maniquea. La cultura mediática, afianzada en el espectáculo, no acostumbra a privilegiar las razones ni la deliberación. El estilo populista intensifica la simplificación del lenguaje y las narraciones, propicia las descripciones emocionales y expande una concepción polarizada, y, así, empobrecida de la realidad.
Los medios quedan encasillados como parte del establishment. Las empresas mediáticas, que mientras más ascendiente y recursos técnicos tienen, requieren mayor inversión financiera y alcanzan más influencia, son parte del poder económico y hacen política de muchas maneras. Pero entre ellas hay matices, trayectorias y prácticas que las distinguen a unas de otras. Cuando el líder populista ubicado en el poder político descalifica en bloque a todos los medios que no se ciñen a su agenda o a su estilo comunicacional, reduce los márgenes de la libertad de expresión.
El populismo exalta a las redes sociodigitales hasta que dejan de favorecerle. Al líder populista le entusiasma la comunicación directa que entabla con sus seguidores a través de mecanismos como Twitter o Facebook porque no hay intermediarios y sus mensajes no pasan filtro ni enmarcamiento algunos. Sin embargo, las posibilidades de interacción que ofrecen tales redes no le interesan. Por lo general el líder populista no contesta las réplicas a sus tuits.
El populismo entorpece el acceso a la información. Al líder populista no le interesa la investigación periodística porque devela inconsistencias de su propia política, salvo cuando muestra los abusos de gobernantes anteriores.
Personificación excesiva. El populismo concentra todos los recursos políticos, incluso los mediáticos, en torno al individuo. “El pueblo soy yo”, proclama el líder de ese corte.
Medios públicos instrumentalizados. El populismo identifica lo público con su propia causa y, por lo tanto, con el interés del líder. La idea de lo público como las actividades o los servicios cuya provisión es garantizada por el Estado pero que no funcionan con criterios políticos porque se encuentran entre los requerimientos básicos de la sociedad, es reemplazada por la apropiación y el control directo por parte del gobierno.
Teorías de conspiración. Las fabulaciones no son noticia, salvo cuando tienen consecuencias relevantes o las dicen personajes destacados. Las noticias son los hechos, no las suposiciones. Los medios profesionales no tendrían por qué difundir mentiras, pero si quien las dice es el líder populista entonces son asuntos de interés público y han de ser publicadas, por muy descabelladas que sean.
Antiintelectualismo. El populismo desdeña el pensamiento, pero sobre todo el pensamiento complejo. El líder populista aborrece a los intelectuales, excepto cuando lo enaltecen y justifican.
Constricción del debate público. Improperios y simplismo, polarización, personificación excesiva, versiones falsas… Estos recursos del populismo desembocan en el rechazo a la deliberación.
El problema del populismo en las sociedades contemporáneas es profundo y multicolor. Amerita que haya esfuerzos alternativos por la concientización política ciudadana, potenciados por la alfabetización mediática y la alfabetización digital, a fin de no seguir creyendo que los pajaritos vuelan porque tienen motorcito en el trasero.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
De ninguna manera se pretende sentenciar que el periodismo ha dejado de ser una herramienta necesaria para construir ciudadanos críticos, empoderados y educados en torno al derecho a la comunicación e información, ya que sería caer en un error, sino que es urgente ir aceptando que ha dejado de tener el monopolio del quehacer comunicativo.
La profesora argentina Adriana Amado afirma que “los medios son los que menos lo entienden, después vienen los periodistas de más de treinta años y después vienen los periodistas millennials vocacionales o millennials por edad (…) los medios son la institución más conservadora de siempre. De hecho, nunca los medios van a la vanguardia, los medios son eco de las tendencias sociales y siempre lo han sido”.
“Lo que pasa que en una época en que los cambios son tan rápidos y entramos en una vorágine porque la información 24/7, ese ritmo sin parar y sin centro, lo que hace es acelerarlos a la máxima potencia y después se hace el periodismo más antiguo”, agrega la investigadora de comunicación pública que cree que hay que asumir los desafíos, para un periodismo acorde a los tiempos.
Según la profesora Amado, el periodismo es una profesión muy fuerte compuesta por individuos muy frágiles –los periodistas- y “en esa fragilidad es que el periodista sufre todas las tensiones de un sistema que está en transformación (…) es como que tenemos un individuo sometido a grandes tensiones sin asistencia médica”, un personaje precarizado y mucho más que en otras profesiones.
El periodismo ha dejado de tener el monopolio de la comunicación y la información, ya que los ciudadanos hacen uso de su derecho a informar y opinar, especialmente en las redes sociales, incluso los mismos medios de comunicación se ven en la necesidad de contar con esos recursos para exponerlos a través de sus productos informativos, aunque es imprescindible la verificación.
Durante la pandemia por el COVID-19 hemos apreciado la forma en que médicos especialistas fueron materia central en la información de periodistas y ciudadanos, al grado que muchos pasaron de ser entrevistados por los medios a crear sus propios espacios en esos medios o desde la red de internet. Es una información valiosa por fuera de un periodismo chapado a la antigua.
Por su parte, el periodista y profesor venezolano Andrés Cañizález asegura que “el poder mediático ya no es lo que era en América Latina. Los medios tradicionales han perdido influencia en la definición de la agenda y las decisiones políticas, así como relevancia social. Si bien algunas empresas que venían de la tradición analógica lograron dar el salto de forma exitosa al mundo digital, lo cierto es que pasaron de ser voces usualmente poderosas y solitarias en sus países a estar insertas ahora en una suerte de torre de babel”.
“Ya no tienen ni la exclusividad en la emisión, ni el dominio del mercado. Han pasado a ser un referente más en un mundo polifónico que es la forma en cómo podrían caracterizarse hoy las comunicaciones masivas, dada la proliferación de emisores, la multiplicación de plataformas para el consumo de noticias o dedicadas al ocio, junto a interacciones directas que difuminan o borran lo que fueron las fronteras tradicionales entre emisores y receptores, en las que se basó el modelo analógico de décadas atrás”, agrega.
Cita Cañizález el informe de la Séptima Conferencia Ministerial Latinoamericana sobre la Sociedad de la Información, de 2022, que estima que la tasa de crecimiento anual del capital invertido en emprendimientos digitales ha sido del 53% en la región, a la vez que –según estudios académicos- entre 2010 y 2014 se creó el 74% de los medios nativos digitales de referencia en América Latina y el Caribe.
Según el periodista y profesor venezolano, al contrario de Europa Occidental, donde se han desarrollado experiencias exitosas (aun con bemoles) de medios públicos, la tendencia predominante en el siglo XX en la región fue el establecimiento de monopolios y duopolios privados que terminaron dominando ampliamente el mercado, cercaron a sus posibles competidores y gozaron de interlocución exclusiva con el poder político.
“En décadas anteriores el poder de los consorcios mediáticos mediatizaba (valga la redundancia) al poder político”, señala Cañizález que menciona a Televisa, en México; Venevisión, en Venezuela; y al grupo Clarín, en Argentina. “Son estampas de un pasado reciente, pero sin duda una fotografía del ayer. Es cosa del pasado el poder del cual gozaron los medios del mainstream económico y cultural para modelar y construir la agenda política”.
Recuerda cuando Hugo Chávez, en Venezuela, sacó del aire en mayo de 2007 al canal RCTV, con el argumento que se había vencido la concesión, pero que fue sin duda una decisión política: “El antes y después que simbolizó Chávez fue el de un presidente que podía gobernar polarizando a la sociedad y enfrentando a los medios masivos de comunicación”, sentencia.
“Los cambios que han tenido y que tienen lugar están representados en los triunfos electorales de figuras como Pedro Castillo en Perú, Nayib Bukele en El Salvador o Gabriel Boric en Chile, que simbolizan nuevas tendencias. Se puede alcanzar el poder, hoy, sin tener el respaldo y la maquinaria de los medios masivos, incluso se puede alcanzar el triunfo teniendo en contra al aparato mediático convencional”, afirma Cañizález.
Consigna que “detrás de sus triunfos, sin duda, está el hastío de esas sociedades, el cansancio ante una clase política que se desconectó de las demandas sociales, por decirlo fácil y rápido. Sin embargo, refleja una nueva realidad, este poder político emergente no está en deuda con el sistema mediático, al menos a simple vista. Los latinoamericanos apoyan hoy en menor medida a la democracia, según los estudios del Latinobarómetro, que también dejan al desnudo lo que se cataloga de ‘autoritarismo difuso’, el creciente apoyo a un gobierno no democrático si éste ‘resuelve los problemas’”.
El periodista y profesor venezolano señala tras visitas a México y Argentina, y su intercambio con diversos colegas, las siguientes tendencias que, si bien son generales, tienen particularidades en América Latina:
El consumo de información y el tiempo al ocio sucede más en un Smartphone que en la pantalla de televisión.
Los quioscos de prensa –en los países en los que aún sobreviven- comercian chucherías y otras bagatelas ante la ausencia de clientes que masivamente acudan a comprar el diario como otrora.
El latinoamericano promedio entiende que lo que está en internet es gratis. En la región no hay una tradición fuerte de pagar suscripciones por contenidos mediáticos, la excepción está en los casos de contratar el servicio que provea TV por cable o pagar por el propio acceso a internet.
Cañizález cita al Instituto Reuters para el Periodismo: “se prevé como tendencia global una mayor virtualización de los medios de comunicación, tanto en la experiencia de cara al público como en sus dinámicas internas de trabajo con el creciente cierre de salas de redacción y periodistas trabajando desde casa o remotamente. Los medios en general deberán apostar por sus reinvenciones, y en el caso de varios países latinoamericanos, esto tendrá que ocurrir con un clima económico deprimido y en algunos casos con un poder político adverso”.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
En el caso salvadoreño, somos testigos de la cada vez mayor confrontación con periodistas por parte del presidente Nayib Bukele, miembros del gabinete de gobierno, así como posturas muy disparatadas que se destilan desde la presidencia y diputados oficialistas de la Asamblea Legislativa.
Sin embargo, hay que señalar que ninguna de estas acciones es fortuita, sino más bien puede englobarse en una bien pensada acción política que cae como “anillo al dedo” por las características de la sociedad contemporánea, tan proclive a lo emocional y enemiga del razonamiento. Recordemos aquello de que hay que darle cebo al pez.
El camino lo tienen asegurado con las redes sociales donde se da pauta al discurso oficial, con la consiguiente descarga irracional que ha llegado incluso a contaminar al sistema mediático tradicional, ya que éste palpa cada mensaje 24/7. A la vez, es preocupante de cara al ejercicio profesional, la proliferación del seudoperiodismo en la red. Y, por si fuera poco, desde el gobierno se utilizan los medios oficiales, radio, televisión y un periódico, como caja de resonancia.
Se agrega, como refuerzo, el decreto que sustenta el actual Estado de excepción, donde se advierte a los periodistas y población en general a no exponer ninguna marca o discurso de los integrantes de las bandas criminales dentro de lo que llaman “guerra contra las pandillas”. Es tan elástico que las interpretaciones al respecto están a la orden del día.
Para sustentar el hecho de que vivimos en una sociedad emocional y mediática, el agrónomo y economista español Jorge Jordana nos ilustra: “A las generaciones anteriores a los ´millennials’, los que reteníamos datos en la memoria, nos satisfacía leer periódicos serios en lo que las verdades se razonaran y argumentaran adecuadamente. Evidentemente comprábamos más los que tenían una línea editorial más acorde con nuestros posicionamientos, pero ‘disfrutábamos’ con su lectura”.
“Aunque hoy sean digitales, nos siguen gustando este tipo de periódicos, pero las generaciones mayores estamos en trance de una paulatina desaparición. Los periódicos que mantienen el ‘formato’ antiguo están condenados a la desaparición: Todos los días van muriendo sus consumidores y no nace ninguno”, agrega Jordana en un reciente artículo en la web española Disidentia. “Por el contrario, las nuevas generaciones se abastecen de la levedad: frases hechas transportando verdades, semiverdades o falsedades, envueltas en brevedad, constancia repetitiva, movimiento, imágenes, colores y emociones; muchas emociones”, afirma.
Según el autor español, ahora y cada vez de forma más clara por la ausencia de datos en la memoria, la mayoría de las decisiones sociales se toman por razones emotivas o sentimentales. Por ejemplo, las causas que motivaron la elección del presidente Donald Trump en Estados Unidos, el incremento de los extremismos políticos, el florecimiento del nacionalismo, etcétera.
“Las sociedades están perdiendo la inteligencia y, con ella, la capacidad de comprender y exigir comportamientos y valores que refuercen el “capital social” y el espíritu crítico, único criterio que puede aproximar a la verdad”, advierte Jordana, “Cuando empiezan a estar influidas mayoritariamente por mensajes restringidos a 280 caracteres, los cimientos de la propia sociedad se tambalean. En eso estamos”.
En ese sentido, de acuerdo con el autor español, con la llegada de las redes sociales tal vez algunos pensaron que iba a ser un nuevo canal para transmitir verdades, pero las personas ya no “compran” los razonamientos o la información argumentada que hay que analizar y contrastar mediante nuestro espíritu crítico.
“Demasiado esfuerzo y, además, como ya no hay datos, no se puede contrastar: nos limitamos a aceptar y reenviar la mayor parte de lo que nos mandan ‘nuestros nodos’ informativos, seleccionados por nosotros mismos o por algún algoritmo tecnológico, que va reforzando nuestro vínculo emocional con ese nodo creativo. Esa es la información que nos gusta, la que más ‘clicks’ recibe el emisor, por lo que adquiere más publicidad y rendimiento económico”, añade.
Concluye Jordana: “El secreto de los nuevos medios de comunicación descansa en halagar las emociones de los individuos y, como la mentira permite más libertad creativa, es la que impera en la sociedad”.
Nayib Bukele, en El Salvador; Donald Trump, en Estados Unidos; Jair Bolsonaro, en Brasil; Manuel López Obrador, en México, entre otros, lo han tenido y lo tienen bien claro. Han conectado a través de lo emocional sacando lucro al desencanto ciudadano con los políticos, la imposición del populismo que agrada a las masas y la fabricación de la imagen del mesías salvador del pueblo.
Pese a este sombrío panorama, que insisto no solamente es acá, sino alrededor del planeta, lo peor sería caer en la resignación frente al fenómeno expuesto y vale la pena recordar que nos asiste a los ciudadanos en general y periodistas en particular, demandar la libertad de prensa si asumimos que vivimos en una sociedad democrática, aunque defectuosa y hasta fallida, y que es necesario cambiar con el aporte de la función social de los periodistas.
Pero cuando nos referimos a la difícil situación de la libertad de prensa, en el marco del derecho a la información y del derecho de información, también hay que tomar en cuenta la forma precaria en que se desenvuelven los periodistas por intereses mercantilistas o ideológicos. Es sumamente importante para la sociedad que los periodistas no sean marionetas de intereses espurios de políticos o empresarios mediáticos que responden a componendas con sectores de poder.
Lamentablemente, en gran parte de los periodistas aún no se toma en serio la necesidad de que haya reflexión constante sobre esas condiciones precarias en que se trabaja en el sistema mediático nacional, peor cuando se estima que es urgente que los periodistas tengan una legislación que garantice la libertad de prensa a la luz de los derechos humanos.
Por eso es loable que, con anterioridad, la Mesa de Protección a Periodistas y Trabajadores de Medios Relacionados con la Información, donde está la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), propuso una ley a fin de proteger a los periodistas y comunicadores, aunque los anteriores diputados se hicieron lo desatendidos (incluidos los que ahora se dan golpes de pecho y dicen apoyar a los periodistas) y que en el actual período los del oficialismo la enviaron al archivo.
Hay que considerar que muchas naciones en el mundo cuentan con el estatuto de protección del periodista y vale recordar al diputado francés Emile Brachard que, en 1935, apoyó la sanción del estatuto para defender al periodista frente a las empresas periodistas, gobiernos de turno y sectores de poder que caen en la tentación de vulnerar los derechos de los periodistas.
“El periodista desempeña en la sociedad un papel principal, representa una parte de las fuerzas sociales que emanan de la opinión, influye en la política, en las ideas, en las costumbres, y sin embargo no tiene fuerza para defenderse a sí mismo”, advirtió en aquella oportunidad Brachard ante una situación que persiste en el caso salvadoreño.
Para una verdadera libertad de prensa, aunque moleste a las autoridades de turno, a los políticos en general y a muchos empresarios mediáticos, son necesarios: la apertura a la pluralidad para la construcción de una agenda que posibilite la participación de todos; la lucha por la integridad profesional de los periodistas; la creación de observatorios de medios; el compromiso de políticos y empresarios en no entorpecer el trabajo periodístico. Además, la promulgación del estatuto profesional del periodista y una legislación moderna sobre comunicación; el fomento de la auto-crítica de los medios y la crítica de la ciudadanía sobre dicha práctica; la construcción de ciudadanía como eje primordial de la práctica periodística; colocar a la ética como eje central del trabajo periodístico; y la lucha por la dignificación del periodista.
Y el hecho de que hay que tener bien claro que el problema de la libertad de prensa y la comunicación social en cualquier país, no solamente concierne a los medios de comunicación, editores, periodistas, académicos, etc., sino a toda la sociedad en un enfoque integral que parte del reconocimiento al ciudadano como titular del derecho a la comunicación y la información.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Existen diversas estrategias en que el poder captura los medios. Una de las más estudiadas es la capacidad de las elites mediáticas de concentrar medios en relación a la economía vertical del sector infocomunicacional: prensa, radio, televisión, agencias de publicidad. De ahí se deriva, la concentración horizontal en relación a otros negocios con lo que aseguran el control informativo a favor de sus industrias. En otra etapa de la historia, la relación de poder se relacionó con la captura del Estado a partir de la relación de las élites mediáticas en ascenso al poder político, el caso más significativo fue el expresidente Elías Antonio Saca, que como propietario del Grupo SAMIX, se convirtió en presidente de ASDER, posteriormente de la ANEP, llegando a presidir el partido ARENA, con quien alcanzó la presidencia de la República.
Las otras estrategias de captura de medios se pusieron de manifiesto en Latinoamérica a partir de la alternancia de gobiernos progresistas. Diversos estudios en Argentina y Brasil expresan cómo la falta de un sistema de medios afines a la ideología de gobierno, o vistos como una oposición política a un proyecto de transformación social anti neoliberal, condujo a controlar el discurso dominante a través de la pauta publicitaria. La alianza entre los dueños de la empresas mediáticas y gobiernos pautaron un cese de hostilidades a cambio de paquetes publicitarios, incluso superiores a los de anteriores gobiernos afines. El Salvador no fue la excepción, principalmente durante el gobierno del expresidente Mauricio Funes. La estrategia fue funcional para lograr gobernabilidad en los primeros años de gestión, hasta que las relaciones se deterioran y Funes hace un giro para la construcción de su propio grupo mediático, y su propio programa de radio comprando espacios de difusión con fondos de la Presidencia. La comunicación política de los gobiernos no debería ser un problema si se considera la transparencia en el manejo de los fondos públicos, en este caso flujos de capital invertidos para la interpretación de la realidad desde la visión de los gobiernos.
Hasta la llegada del FMLN al Ejecutivo, el sistema de medios estaba concentrado en los principales grupos mediáticos. 2 grandes grupos en televisión (TCS y Megavisión), pero con el primero por encima del 60 % de concentración de audiencia y mercado. Luego emerge un tercer competidor que apareció en la escena a finales del gobierno de Mauricio Funes. El magnate Ángel González, quien después de la millonaria compra de canal 12, 11 y radio Sonora, surge como grupo que se perfila dominante. Sin duda el grupo de Ángel González es fuerte en Latinoamérica, pero aún dista de serlo en El Salvador, pero es lo suficiente para reconvertir el mapa de medios. En radio son 5 grupos: SAMIX, Radio Corporación, Corporación Radio Stereo, Grupo Megavisión, Corporación KL. De estos, el primero, Grupo SAMIX, se publicitará con más del 50 % de la audiencia, según mediciones de rating, luego de fortalecerse con la compra de radios de transmisión nacional justo después del final del periodo presidencial de Elías Antonio Saca, adquiridas a Andrés Rovira, ex gerente de YSR, canal 2, y posteriormente primer presidente del partido GANA.
El mapa de medios cambió significativamente con la incorporación de nuevos actores: canal 29 Gentv, TVX, los medios del grupo Orbita y el periódico digital La página.com, estos últimos propiedad de Jorge Hernández, en lo que significó una apertura al pluralismo de medios del sector privado. Sin embargo, en El Salvador, el sistema de medios siguió estando ligado al poder, sea empresarial o de elites partidarias, que dista de lo que demandan los indicadores de desarrollo mediático, UNESCO que establece un equilibrio entre medios públicos, privados y ciudadanos para una pluralidad y diversidad de los medios de comunicación social, igualdad de condiciones económicas y transparencia en la propiedad.
Por lo mismo, desde El Estado, la deuda histórica es que los medios que utilizan una fracción del espectro radioeléctrico de uso oficial, no han logrado conformar un sistema de medios públicos, más o menos independiente del gobierno, ante la ausencia de una ley que los regule. En este caso nos referimos a Radio El Salvador, Televisión El Salvador, Radio Cuscatlán, todos en el Órgano Ejecutivo. No son las únicas frecuencias oficiales, hay otras utilizadas por la iglesia o fundaciones, inicialmente otorgadas en comodato. Las mencionadas son las explotadas con fines gubernamentales.
Otra reconfiguración surge a finales del 2018 con una serie de condenas por corrupción y lavado de dinero que comenzaron a mover el rostro del sistema de medios. La condena de Elías Antonio Saca condujo a la Fiscalía a la extinción de dominio de sus bienes. El Consejo Nacional de Administración de Bienes, abreviada como CONAB, es la entidad administrativa que mandata el Romano VI de la Ley Especial de Extinción de Dominio (LEDAB), administrar los bienes incautados. En aquel momento, el presidente del CONAB y ministro de Seguridad expresó que respetarían la estabilidad laboral y la línea editorial del medio. También, la captura de Jorge Hernández por defraudación al fisco en modalidad de evasión de impuestos, así como lavado de dinero al servicio de Saca, condujo a la extinción de dominio del grupo Orbita TV y La Pagina.com. El mismo camino tuvo, el cierre de Canal GenTV, medio oficial del partido FMLN, por quiebra financiera y el vínculo de la frecuencia con su propietario Jorge Hernández.
Ahora el panorama cambia para el actual gobierno, tras la alternancia en el poder con el triunfo del presidente Nayib Bukele, de la mano del partido GANA y el control de la mayoría en la Asamblea Legislativa en la alianza del partido GANA y el partido Nuevas ideas. Sus estrategias publicitarias y la acumulación de medios con el relanzamiento de los medios oficiales y la creación de nuevos con una inversión pública sin precedente, pone en evidencia la nueva reconfiguración del poder de medios en El Salvador.
El poder político del presidente Nayib Bukele, a través del Ejecutivo, y su extensión en la Asamblea Legislativa con el partido Nuevas Ideas, le permite expandir el control de medios que, si bien son del Estado, son manejados desde la comunicación política del gobierno. De esta manera, el grupo mediático vinculado al presidente aglutina 2 canales de televisión de cobertura nacional, 3 radios de cobertura nacional, 1 periódico impreso. Y se suman los medios por extinción de dominio manejados desde el ministerio de Gobernación. Es el caso de Grupo Samix, gerenciado por Salvador Alas (La Choly), ex comisionado presidencial de la juventud; y se suma Orbita TV. En estos grupos son 2 periódicos digitales, 1 canal de televisión nacional y digital, 4 radios nacionales, 6 radios regionales, 6 radios locales.
Ningún grupo mediático privado en El Salvador ha tenido tanto; ni en la historia de El Salvador, ningún presidente ha poseído semejante poder en sus manos, ni ha existido una inversión publicitaria tan alta para pautar en los medios privados, suficiente para influenciar la agenda informativa de sus programas informativos y de opinión. Por tanto, el presidente tiene en sus manos una gran responsabilidad en la democratización de la comunicación. Según la Relatoría de Libertad de Expresión de la CIDH, cuando
“[los] medios son controlados por un reducido número de individuos, o bien por sólo uno, se está, de hecho, creando una sociedad en donde un reducido número de personas, o sólo una, ejercen el control sobre la información, y directa o indirectamente, la opinión que recibe el resto de las personas”.
Esta discusión del control de los medios en manos privadas ha estado presente en décadas, incluso antes de la guerra, y después de los Acuerdos de Paz, el debate se amplificó con el surgimiento de los medios ciudadanos que se materializó en la reforma a la ley de telecomunicaciones, en 2016, con el reconocimiento de los medios comunitarios sin fines de lucro.
Incluso, vale la pena recordar que el único presidente que tuvo tanto poder mediático, de acuerdo a su época, fue Maximiliano Hernández Martínez, quien en su escalada en 1942 implementó un reglamento de medios limitativo de la libertad de expresión. Hernández Martínez fue derrocado en 1944, y su reglamento se convirtió en bandera de lucha de la entonces recién fundada gremial de medios, ASDER, quienes se aglutinaron a favor de un sistema de medios privado, concentrado y excluyente, aun hasta la actualidad.
Pensar los medios es reconvertir el poder de los mismo, ahí es en donde los derechos humanos hacen énfasis. El presidente tiene en sus manos la capacidad de darle poder al Pueblo construyendo un nuevo ecosistema de medios con un claro enfoque al interés público, pero primero debe sanjar la brecha que separa los medios gubernamentales de los medios públicos, como lo establece la Relatoría de Libertad de Expresión:
“los medios públicos puedan realmente cumplir su función “debe tratarse de medios públicos independientes del Poder Ejecutivo” y “verdaderamente pluralistas; universalmente accesibles; con financiamiento adecuado al mandato previsto por la ley; y que contemplen mecanismos de rendición de cuentas y de participación de la comunidad en las distintas instancias de producción, circulación y recepción de contenidos.”
Superado este aspecto, el otro reto que tiene el presidente es disponer de la infraestructura establecida de los medios recuperados, resultado de condenas por acto de corrupción, y utilizar la infraestructura de las radios y la televisión extintas a los antiguos dueños con sus frecuencias propiedad del Estado para abrir concursos, a fin de fomentar nuevos proyectos de radio y televisión comunitarias sin fines de lucro.
El escenario que se le presenta al presidente Nayib Bukele como un Estadista es heredar una nueva correlación de poder de los tres sectores: público, privado con fines comerciales y ciudadanos sin fines de lucro, para profundizar en la democracia a través de la libertad de expresión y la pluralidad de medios. Así como pinta el panorama actual dista del discurso mediático del Ejecutivo de no ser, ni hacer lo mismo de siempre.
El ejercicio del poder y el hacer de lo político, en general, en consonancia con los intereses ciudadanos es materia sumamente importante y tiene que ser reivindicado por el trabajo comunicativo también a partir de los intereses de las mayorías, máxime en medio de la emergencia por la pandemia del COVID-19 y el autoritarismo creciente en la sociedad.
Como nos muestra la profesora universitaria argentina María Cristina Mata, especialista en comunicación ciudadana, popular y alternativa, es imprescindible, sin embargo, que se cambie el sentido dominante que ve a la comunicación como una gama de estrategias de producción y emisión de mensajes, y a la política como una estructura institucional formal.
Mata nos recuerda al también argentino Sergio Caletti que en relación con comunicación y política “señalaba que una de las dificultades para pensar críticamente las vinculaciones y entrecruzamientos entre los fenómenos comunicacionales y políticos era la naturalidad misma de esos cruces aunada a la persistencia de una ‘concepción en última instancia técnica de la comunicación y la política’”.
Según Mata, esa persistencia se refleja en las numerosas producciones que se interrogan acerca del modo en que la comunicación –en términos de tecnologías y estrategias- afecta a la política en términos de actividad institucionalizada: “Así proliferan los estudios que culpan a medios y tecnologías del deterioro de la política convertida en espectáculo o entretenimiento o, en las antípodas, los que auguran avances democratizadores y participativos gracias a las redes y la interactividad.”
En la actual coyuntura política nacional, esas concepciones erradas sobre comunicación y política encuentran cauce dado, por un lado, una cobertura periodística que margina en gran medida los derechos ciudadanos, aunque los medios reivindican ser vigilantes del poder, ya que las agendas se concentran sobre todo en temáticas que reflejan las preocupaciones o intereses de otros grupos de poder tradicionales.
Y, por otro lado, la política como ejercicio, desde del poder o desde los que se denominan sectores políticos de oposición, también se concentra en élites que representan intereses de grupos que no reflejan en sus prácticas actuaciones en consonancia con la participación ciudadana y, por ende, en sus agendas se vislumbran en gran parte intereses particulares.
Para el caso, el gobierno de turno no muestra voluntad por ser transparente en la toma de decisiones que afectan a las grandes mayorías. El bitcóin se impuso igual como pasó con la dolarización. Ahora dicen preparar una reforma de las pensiones, sin someterla a consulta de las mayorías sólo de sectores afines al oficialismo, a lo que se suma la reserva de todos los gastos que se ejecutan.
Sin embargo, las prácticas reñidas con la transparencia, la reserva de gastos, el sometimiento de otras esferas del Estado a intereses del partido gobernante o sectores políticos y económicos del poder real también lo hemos visto a lo largo del ejercicio del poder en la sociedad, igual pasó en los cuatro gobiernos de ARENA y dos del FMLN. La diferencia con el gobierno de Nayib Bukele es que estos gobiernos recientes tuvieron tacto en guardar la apariencia de respetar la institucionalidad.
Las mismas prácticas encontramos en los medios tradicionales de comunicación colectiva. Realmente, no es cierto que estén totalmente abiertos a la participación ciudadana, en detrimento del derecho a la información y la comunicación de los ciudadanos. Basta ver, oír o leer sus propuestas periodísticas, para comprobar que gran parte de sus agendas temáticas y sus actores priorizan los intereses de sectores políticos y económicos privilegiados.
Cuando hablan de política, por ejemplo, su eje de actuación va en dirección de reivindicar la existencia de una democracia hueca, elitista, alejada de los intereses de las mayorías, que se configura en aparentar una separación de poderes que siempre ha estado “pegada con saliva” y que, por cierto, es uno de los reclamos que le hacen al gobierno de turno que cada vez ha caminado en dirección a la concentración del poder con el alineamiento de otras instituciones del Estado. La reivindicación de la democracia para la gente no está en los discursos mediáticos.
En cuanto a lo económico, es de señalar, por ejemplo, el caso de las pensiones. Desde los medios tradicionales el discurso privilegiado es el de sectores económicos relacionados con la banca y las AFPs, a lo que suman a economistas que han sido asalariados o son asalariados de esos mismos sectores económicos dominantes. Las voces ciudadanas, que merecen ser escuchadas porque sufren la imposición de pensiones de hambre, son invisibilizadas.
Precisamente, es en ese horizonte de las mayorías populares que nos alecciona la profesora María Cristina Mata: “No es posible superar esas perspectivas restringidas y dicotómicas si se opera con concepciones instrumentales de la comunicación y la política”.
“El horizonte se modifica, en cambio, cuando además de tener en cuenta las dimensiones institucionales de la política –sus organizaciones, sus momentos de deliberación y decisión-, la pensamos como esfera y práctica de la vida colectiva en la cual se diseñan y discuten los sentidos del orden social, es decir, los principios, valores y normas que regulan la vida en común y los proyectos de futuro”, expone la autora.
Y agrega: “Y se modifica cuando, sin negar sus dimensiones operativas, pensamos la comunicación como esos complejos intercambios a través de los cuales los individuos y grupos sociales producimos significaciones en permanente tensión y confrontación. Es en ese tipo de nociones que se sostiene la sexta tesis de aquel texto de Caletti, que afirmaba que la comunicación constituye la condición de la política en un doble sentido: porque no puede pensarse el quehacer de la política como discusión de ideas sin actores que discutan, y porque no puede pensarse esa práctica en términos de construcción de proyectos de futuro sin la colectivización de intereses y propuestas.”
En ese sentido, frente a las tentaciones autoritarias de los políticos, es loable que los diversos sectores asuman su papel de críticos del ejercicio del poder que concentra las facultades que reparte, al menos, la democracia liberal que –a medias, en nuestro caso- posibilita cierta convivencia; sin embargo, reivindicar de ahí la democracia para las mayorías es la condición fundamental y eso implica participación ciudadana. No hay que caer en espejismos, mucho menos en la instrumentalización de parte de sectores políticos y económicos privilegiados.
La profesora Mata señala la importancia de comprender la articulación de comunicación y política que “se produce hoy en un espacio público constituido tanto por lo que yo he llamado ‘la plaza’, es decir, los espacios tradicionales de agregación y acción colectiva –espacios que van adquiriendo nuevas formas con el paso del tiempo-, y ‘la platea’, es decir, las prácticas mediáticas que se sostienen en nuestra condición de públicos de medios y usuarios de tecnologías de información y comunicación”.
“Ese espacio público mediatizado es uno de los ámbitos principales donde se dirimen hoy las luchas por el poder político, las luchas por la conducción de la sociedad, que no son independientes del poder comunicativo-cultural, es decir de la posibilidad de construir ideas hegemónicas. Una posibilidad en la que intervienen decididamente los dispositivos técnicos que permiten la aparición y representación mediática de temas y actores”, añade.
Nos recuerda la profesora Mata el carácter histórico de las mayorías populares en su lucha por hacerse ver y oír en el espacio público, en ese marco se sitúa la larga tradición de medios populares, alternativos y comunitarios construidos desde la necesidad y vocación de recuperar la capacidad y legitimidad de expresarse, tanto para minorías excluidas, pero también para las mayorías desposeídas de las condiciones necesarias para acceder a medios y tecnologías.
“En todos esos casos es posible reconstruir discursos y prácticas que identifican claramente intereses antagónicos y sus consecuentes justificaciones ideológicas: es decir, intereses encontrados que afirman o niegan la universalidad de los derechos a la comunicación. Y es ahí donde la articulación comunicación-política se revela con inédita potencia, socavando como nunca antes aquellas alardeadas nociones de independencia y objetividad de los medios que integran los sistemas masivos de comunicación”, advierte Mata.
Y le pone la tapa al pomo: “Más allá de las características particulares de cada uno de nuestros países, la existencia de situaciones monopólicas u oligopólicas que lejos de disminuir se acrecientan con los procesos de desarrollo y convergencia tecnológica, produce efectos bien conocidos: agendas únicas, voces concentradas, insuficientes espacios para la expresión y representación de diferentes actores y sectores sociales y políticos”.
“Pero, además, esas empresas que buscan acaparar para sí los derechos a la comunicación que son del conjunto de la sociedad, no encubren ya sus motivaciones y estrategias en las luchas por el poder. De manera desembozada intervienen como un actor político que propone ideas y proyectos, que convoca a participar o a abstenerse de hacerlo, que denuncia o apaña a personajes políticos o empresariales, que promociona candidatos o los estigmatiza, que enjuicia a los movimientos sociales que confrontan el orden establecido, que juzga a la mismísima justicia aunque ella –en muchos de nuestros países- no sea precisamente aquella dama ecuánime con ojos vendados, sino un instrumento más de construcción de inequidad”.
Allá, pues, cada uno de nosotros si cedemos a los cantos de sirena tan frecuentes en la sociedad.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
En ese sentido, sobre la formación de opinión pública y su relación con la información/comunicación, algunos especialistas advierten que los públicos de sociedades mediatizadas y con presencia de las nuevas tecnologías, tienen muy en común observar el ejercicio del poder que apela al mundo de las emociones más que a una visión crítica de la realidad.
El hecho de que el presidente Nayib Bukele juegue a través de las redes sociales con que es el “dictador de El Salvador” o “el dictador más cool del mundo mundial” precisamente responde a esa lógica imperante en la sociedad contemporánea, situación que lo mantiene en la conversación cotidiana directa o a través de lo mediático, extendida a las redes sociales.
Y, claro, a un guión fabricado con anterioridad. Otros casos son, por ejemplo, Donald Trump, en Estados Unidos; Jair Bolsonaro, en Brasil; Manuel Andrés López Obrador, en México; Rafael Correa, en Ecuador; Nicolás Maduro, en Venezuela; Vladimir Putin, en Rusia; y un largo etcétera. Por supuesto, cada quien lo hizo/lo hace a partir de intereses de grupo.
Nos recuerda el profesor universitario argentino Carlos Fernando De Angelis, autor del libro Nueva opinión pública: Política y sociedad (Editorial Teseo, 2021), que el fenómeno se inserta dentro de la opinión virtual, una cuarta etapa de la formación de opinión pública, surgida hacia fines del siglo XX y que se expresa principalmente en las aplicaciones de las tecnologías de la info-comunicación.
“Se trata de comunidades, foros y espacios de publicaciones de ideas como periódicos online (con la participación del electorado), blogs, redes sociales, periodismo ciudadano, entre muchas otras. La opinión virtual se caracteriza por relaciones despersonalizadas, muchas veces anónima, con la desaparición de los límites entre lo público y privado”, afirma De Angelis.
“Se desata allí una puja entre múltiples actores por hacerse oír en espacios globalizados. La renovación permanente de formatos en el ámbito virtual haría que cualquier descripción se vuelva obsoleta en poco tiempo”, dice el autor para ilustrar esa etapa donde imperan las descargas emocionales, en cualquier dirección, que también son correspondidas con descargas irracionales.
Y orienta: “La opinión virtual subsume a las otras tres etapas en su formato. Circula información especializada de pago para públicos específicos (propia de la etapa ilustrada), una extendida militancia social y política que se expresa en las redes (opinión gritada), y técnicas buscan sondear, “extraer” o “minar” la opinión pública inscripta en los sistemas virtuales (opinión sondeada)”.
En El Salvador, somos testigos del derroche emocional a través de las redes sociales, privilegiadas en su relación información/comunicación por el presidente Nayib Bukele como también por sus seguidores activos o detractores también activos, que incluso –en alguna medida- condicionan la cobertura inmediata de los medios de comunicación tradicionales. Ante la mirada optimista de los que secundan la democratización de la información/opinión por la presencia de las nuevas tecnologías o, al contrario, la mirada pesimista que insiste en la banalización del ejercicio de la libertad en detrimento de la perspectiva crítica del conocimiento, para el caso la circulación constante de la falsedad, el acoso y la descalificación.
Creo importante traer a colación algunos datos arrojados por la reciente encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana (UCA) sobre la recepción de medios de comunicación social en la sociedad, para establecer los espacios que son fuente principal de la información sobre lo que publica Bukele que es vista, oída o leída por los salvadoreños.
Cuando le preguntaron a los encuestados con qué frecuencia lee, ve o escucha información sobre las acciones y el quehacer del Gobierno que publica el presidente Nayib Bukele, las respuestas fueron: siempre (35.8%); una o dos veces por semana (26%); rara vez (27.5%); y nunca (10.7%).
¿Y qué medio es el que más utiliza…? La respuesta de los que leen, ven o escuchan información sobre el quehacer del Gobierno que publica el presidente Nayib Bukele: periódicos impresos (1.8%); radios (2.6%); televisión (36.5%); periódicos digitales (2.7%); redes sociales (54%); y otro (2.4%). Acá es bueno resaltar el dominio de las redes sociales junto a la televisión, el predominio de lo emocional es evidente.
De los periódicos que utiliza, pero solo de los que privilegian los impresos: Diario El Salvador (33.3%); El Diario de Hoy (19%); periódico Mi Chero (14.3%); periódico Más! (14.3%); La Prensa Gráfica (9.5%); Diario El Mundo (4.8%); y no recuerda el nombre del periódico impreso (4.8%). No está de más consignar el consumo mayoritario del periódico oficial, así como de los rotativos sensacionalistas.
Para los que tienen como medio a la radio están, por ejemplo, las emisoras más escuchadas: YSKL La Poderosa (20%); Nacional (16.7%); y La Chévere (13.3%). También se puede decir que el consumo de radios es dominado por una radio muy complaciente con el gobierno, otra que es una radio oficial del gobierno y la que está en control del Estado por la corrupción del ex presidente Tony Saca.
En cuanto a los que privilegian la televisión: los Canales 2, 4 y 6 de TCS suman (54.8%); Canal 12 (16.1%); Canal 10 (12.2%); y Canal 21 (9.5%); entre los principales. Por supuesto, la hegemonía es de los canales comerciales que hacen negocio con el gobierno y la llevan en paz, a lo que se suma el propio canal oficial.
En el consumo de los medios digitales como opción, que representa (2.7%) se reparten los primeros lugares: El Faro (29%); El Diario de Hoy (19.4%); La Prensa Gráfica (12.9%); y Diario El Salvador (9.7%). Como se nota, los tres primeros con una política editorial en abierta disputa con el gobierno de Nayib Bukele, más la versión digital del periódico oficial.
En las redes sociales, los consultados que privilegian esos espacios: Facebook (85.2%); Twitter (11.9%); e Instagram (2.9%). Los de la categoría de ese otro medio de comunicación: You Tube (96.3%); e Internet/Google (3.7%). De hecho, la red social más representativa de lo informativo sale en un lejano segundo lugar, mientras el dominio es de la red social miscelánea.
En general, pues, son las redes sociales –y no las que abundan en información periodística-, así como la televisión comercial que hace negocios con el gobierno de Nayib Bukele –y claro, lo trata con algodones- las que consultan los salvadoreños, para estar “informados” del quehacer oficial, a eso se suman otras radios y televisoras privadas que están siendo administradas por el Estado en casos judiciales abiertos por corrupción y que son espacios que más que información destilan propaganda oficial.
Lamentablemente, las opciones alternativas no son mayoritarias en el consumo de medios y es bueno recordar el fracaso de la iniciativa sobre los medios públicos, durante el gobierno de Mauricio Funes, del FMLN, que pretendía que tanto la radio Nacional, la radio del ejército, como el Canal 10 dejaran de ser espacios explotados propagandísticamente por el gobierno de turno. Al contrario, que pasaran a ser espacios de la sociedad civil, con autonomía, a fin de hacer valer el derecho a la información y la comunicación, pero que nunca prosperó en la Asamblea Legislativa. Al final, fue abandonada por los respectivos gobiernos del FMLN por miedo al empoderamiento ciudadano, algo que ahora la oposición a Bukele demanda a los cuatro vientos. Qué ironía.
El colmo de los colmos es que en el gobierno de Bukele se ha potenciado el papel propagandístico de Radio Nacional y el Canal 10, con el Noticiero El Salvador, así como con recursos públicos se sacó el Diario El Salvador, en una asociación mero enredada para evitar su fiscalización desde la Corte de Cuentas de la República, aunque de todos es conocido la inoperancia de la misma por la prostitución de los políticos.
En conclusión, la lucha por el control emocional desde los actores políticos está a la orden del día y en El Salvador es una de las acciones 24/7 –como le gusta decir al mandatario y sus funcionarios- del gobierno si no veamos la conquista de espacios informativos, entre ellos los de los mismos medios tradicionales, que no dejan ni un instante de reproducir lo que se dice en las cuentas de redes sociales oficiales, en especial la de Bukele. El presidente lo sabe y solamente le pone cebo al pez.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Existen diversas estrategias en que el poder captura los medios. Una de las más estudiadas es la capacidad de las elites mediáticas de concentrar medios en relación a la economía vertical del sector infocomunicacional: prensa, radio, televisión, agencias de publicidad. De ahí se deriva, la concentración horizontal en relación a otros negocios con lo que aseguran el control informativo a favor de sus industrias. En otra etapa de la historia, la relación de poder se relacionó con la captura del Estado a partir de la relación de las élites mediáticas en ascenso al poder político, el caso más significativo fue el expresidente Elías Antonio Saca, que como propietario del Grupo SAMIX, se convirtió en presidente de ASDER, posteriormente de la ANEP, llegando a presidir el partido ARENA, con quien alcanzó la presidencia de la República.
Las otras estrategias de captura de medios se pusieron de manifiesto en Latinoamérica a partir de la alternancia de gobiernos progresistas. Diversos estudios en Argentina y Brasil expresan cómo la falta de un sistema de medios afines a la ideología de gobierno, o vistos como una oposición política a un proyecto de transformación social anti neoliberal, condujo a controlar el discurso dominante a través de la pauta publicitaria. La alianza entre los dueños de la empresas mediáticas y gobiernos pautaron un cese de hostilidades a cambio de paquetes publicitarios, incluso superiores a los de anteriores gobiernos afines. El Salvador no fue la excepción, principalmente durante el gobierno del expresidente Mauricio Funes. La estrategia fue funcional para lograr gobernabilidad en los primeros años de gestión, hasta que las relaciones se deterioran y Funes hace un giro para la construcción de su propio grupo mediático, y su propio programa de radio comprando espacios de difusión con fondos de la Presidencia. La comunicación política de los gobiernos no debería ser un problema si se considera la transparencia en el manejo de los fondos públicos, en este caso flujos de capital invertidos para la interpretación de la realidad desde la visión de los gobiernos.
Hasta la llegada del FMLN al Ejecutivo, el sistema de medios estaba concentrado en los principales grupos mediáticos. 2 grandes grupos en televisión (TCS y Megavisión), pero con el primero por encima del 60 % de concentración de audiencia y mercado. Luego emerge un tercer competidor que apareció en la escena a finales del gobierno de Mauricio Funes. El magnate Ángel González, quien después de la millonaria compra de canal 12, 11 y radio Sonora, surge como grupo que se perfila dominante. Sin duda el grupo de Ángel González es fuerte en Latinoamérica, pero aún dista de serlo en El Salvador, pero es lo suficiente para reconvertir el mapa de medios. En radio son 5 grupos: SAMIX, Radio Corporación, Corporación Radio Stereo, Grupo Megavisión, Corporación KL. De estos, el primero, Grupo SAMIX, se publicitará con más del 50 % de la audiencia, según mediciones de rating, luego de fortalecerse con la compra de radios de transmisión nacional justo después del final del periodo presidencial de Elías Antonio Saca, adquiridas a Andrés Rovira, ex gerente de YSR, canal 2, y posteriormente primer presidente del partido GANA.
El mapa de medios cambió significativamente con la incorporación de nuevos actores: canal 29 Gentv, TVX, los medios del grupo Orbita y el periódico digital La página.com, estos últimos propiedad de Jorge Hernández, en lo que significó una apertura al pluralismo de medios del sector privado. Sin embargo, en El Salvador, el sistema de medios siguió estando ligado al poder, sea empresarial o de elites partidarias, que dista de lo que demandan los indicadores de desarrollo mediático, UNESCO que establece un equilibrio entre medios públicos, privados y ciudadanos para una pluralidad y diversidad de los medios de comunicación social, igualdad de condiciones económicas y transparencia en la propiedad.
Por lo mismo, desde El Estado, la deuda histórica es que los medios que utilizan una fracción del espectro radioeléctrico de uso oficial, no han logrado conformar un sistema de medios públicos, más o menos independiente del gobierno, ante la ausencia de una ley que los regule. En este caso nos referimos a Radio El Salvador, Televisión El Salvador, Radio Cuscatlán, todos en el Órgano Ejecutivo. No son las únicas frecuencias oficiales, hay otras utilizadas por la iglesia o fundaciones, inicialmente otorgadas en comodato. Las mencionadas son las explotadas con fines gubernamentales.
Otra reconfiguración surge a finales del 2018 con una serie de condenas por corrupción y lavado de dinero que comenzaron a mover el rostro del sistema de medios. La condena de Elías Antonio Saca condujo a la Fiscalía a la extinción de dominio de sus bienes. El Consejo Nacional de Administración de Bienes, abreviada como CONAB, es la entidad administrativa que mandata el Romano VI de la Ley Especial de Extinción de Dominio (LEDAB), administrar los bienes incautados. En aquel momento, el presidente del CONAB y ministro de Seguridad expresó que respetarían la estabilidad laboral y la línea editorial del medio. También, la captura de Jorge Hernández por defraudación al fisco en modalidad de evasión de impuestos, así como lavado de dinero al servicio de Saca, condujo a la extinción de dominio del grupo Orbita TV y La Pagina.com. El mismo camino tuvo, el cierre de Canal GenTV, medio oficial del partido FMLN, por quiebra financiera y el vínculo de la frecuencia con su propietario Jorge Hernández.
Ahora el panorama cambia para el actual gobierno, tras la alternancia en el poder con el triunfo del presidente Nayib Bukele, de la mano del partido GANA y el control de la mayoría en la Asamblea Legislativa en la alianza del partido GANA y el partido Nuevas ideas. Sus estrategias publicitarias y la acumulación de medios con el relanzamiento de los medios oficiales y la creación de nuevos con una inversión pública sin precedente, pone en evidencia la nueva reconfiguración del poder de medios en El Salvador.
El poder político del presidente Nayib Bukele, a través del Ejecutivo, y su extensión en la Asamblea Legislativa con el partido Nuevas Ideas, le permite expandir el control de medios que, si bien son del Estado, son manejados desde la comunicación política del gobierno. De esta manera, el grupo mediático vinculado al presidente aglutina 2 canales de televisión de cobertura nacional, 3 radios de cobertura nacional, 1 periódico impreso. Y se suman los medios por extinción de dominio manejados desde el ministerio de Gobernación. Es el caso de Grupo Samix, gerenciado por Salvador Alas (La Choly), ex comisionado presidencial de la juventud; y se suma Orbita TV. En estos grupos son 2 periódicos digitales, 1 canal de televisión nacional y digital, 4 radios nacionales, 6 radios regionales, 6 radios locales.
Ningún grupo mediático privado en El Salvador ha tenido tanto; ni en la historia de El Salvador, ningún presidente ha poseído semejante poder en sus manos, ni ha existido una inversión publicitaria tan alta para pautar en los medios privados, suficiente para influenciar la agenda informativa de sus programas informativos y de opinión. Por tanto, el presidente tiene en sus manos una gran responsabilidad en la democratización de la comunicación. Según la Relatoría de Libertad de Expresión de la CIDH, cuando
“[los] medios son controlados por un reducido número de individuos, o bien por sólo uno, se está, de hecho, creando una sociedad en donde un reducido número de personas, o sólo una, ejercen el control sobre la información, y directa o indirectamente, la opinión que recibe el resto de las personas”.
Esta discusión del control de los medios en manos privadas ha estado presente en décadas, incluso antes de la guerra, y después de los Acuerdos de Paz, el debate se amplificó con el surgimiento de los medios ciudadanos que se materializó en la reforma a la ley de telecomunicaciones, en 2016, con el reconocimiento de los medios comunitarios sin fines de lucro.
Incluso, vale la pena recordar que el único presidente que tuvo tanto poder mediático, de acuerdo a su época, fue Maximiliano Hernández Martínez, quien en su escalada en 1942 implementó un reglamento de medios limitativo de la libertad de expresión. Hernández Martínez fue derrocado en 1944, y su reglamento se convirtió en bandera de lucha de la entonces recién fundada gremial de medios, ASDER, quienes se aglutinaron a favor de un sistema de medios privado, concentrado y excluyente, aun hasta la actualidad.
Pensar los medios es reconvertir el poder de los mismo, ahí es en donde los derechos humanos hacen énfasis. El presidente tiene en sus manos la capacidad de darle poder al Pueblo construyendo un nuevo ecosistema de medios con un claro enfoque al interés público, pero primero debe sanjar la brecha que separa los medios gubernamentales de los medios públicos, como lo establece la Relatoría de Libertad de Expresión:
“los medios públicos puedan realmente cumplir su función “debe tratarse de medios públicos independientes del Poder Ejecutivo” y “verdaderamente pluralistas; universalmente accesibles; con financiamiento adecuado al mandato previsto por la ley; y que contemplen mecanismos de rendición de cuentas y de participación de la comunidad en las distintas instancias de producción, circulación y recepción de contenidos.”
Superado este aspecto, el otro reto que tiene el presidente es disponer de la infraestructura establecida de los medios recuperados, resultado de condenas por acto de corrupción, y utilizar la infraestructura de las radios y la televisión extintas a los antiguos dueños con sus frecuencias propiedad del Estado para abrir concursos, a fin de fomentar nuevos proyectos de radio y televisión comunitarias sin fines de lucro.
El escenario que se le presenta al presidente Nayib Bukele como un Estadista es heredar una nueva correlación de poder de los tres sectores: público, privado con fines comerciales y ciudadanos sin fines de lucro, para profundizar en la democracia a través de la libertad de expresión y la pluralidad de medios. Así como pinta el panorama actual dista del discurso mediático del Ejecutivo de no ser, ni hacer lo mismo de siempre.
De esa forma nos ilustra la historiadora y politóloga venezolana Ruth Capriles, investigadora del Centro de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Católica Andrés Bello, en su ensayo “Democracia líquida pospandemia” en la última edición de la Revista Comunicación, de la Fundación Centro Gumilla, desde una perspectiva crítica y alternativa.
“En la esfera política que aquí me ocupa, la prospectiva indica un crecimiento desmedido del poder de los Estados, la llegada del Big Brother Orwelliano. Solo llega con 60 años de retraso, multiplicado como en perverso juego de espejos por cuanto autócrata decida transitar algunas de las conocidas desviaciones de la democracia. Se espera, sí, el brote incontenible del populismo, nacionalismo, autoritarismo, mesianismo, imperialismo, etcétera”, advierte la especialista.
Más adelante, se pregunta: “¿Qué haremos nosotros frente a tales situaciones esperadas de control social? La respuesta es bastante evidente: los ciudadanos del mundo también navegan en esas tendencias tecnológicas, pueden usarlas para su propia protección; mejor aún, pueden usarlas para controlar a su vez a los gobiernos”.
En ese sentido, nos habla sobre la llamada e-democracy, democracia digital, o democracia líquida, descripción apropiada y dominante en blogs y plataformas de usuarios de la tecnología blockchain como una oportunidad real de acción ciudadana, gracias a esa tecnología que modificará, cuanto menos, el modus operandi de la política que también tendrá su modificación de la forma política de la democracia.
Sin duda, habrá que hacer los cambios pertinentes para superar la forma de democracia actual.Según Capriles, con la dupla pandemia-cuarentena se ha instalado el control del Estado sobre las personas y de esa forma las nuevas tecnologías –que antes usábamos para el desarrollo personal- ahora son también instrumentos de un experimento global de control de masas que, si bien ya se sabía desde antes, ahora es clave en el mundo.
“El Estado y los gobiernos, justificados por la razón de salud pública, pueden añadir las nuevas tecnologías de vigilancia y control a las viejas prácticas del uso de la violencia legítima para confinar la población a discreción” –advierte-, “una situación inestable por las extremas dificultades que tendrán los mismos Estados para soportar todo el peso que les deja esta pandemia”.
Y remata: “Para gobiernos ya autoritarios, la oportunidad es máxima pues el control sanitario instala de manera justificada la vigilancia permanente, la conscripción masiva de poblaciones, la gente en casa, la ocupación de las calles por las fuerzas armadas, con carta abierta para detener a todo transeúnte. Es la situación perfecta para ejercer absoluto control; ya no solo sobre los comportamientos sino hasta pensamientos y deseos de las personas que se lo cuentan todo en medios digitales. El miedo al contagio se añade al miedo al tirano, pero el miedo al contagio supera, incluso justifica el control estatal”.
Entrando en materia de la democracia líquida, la especialista venezolana expone, entre otras, la siguiente interrogante: ¿Estamos entonces destinados a sucumbir a las tendencias de control del Estado, la pérdida total de nuestra privacidad, la conversión de todos los pobladores del mundo en sujetos con un chip implantado que monitorea su salud y reacciones emocionales?
La democracia líquida es un método de votación digital (tecnología blockchain), según reseña Capriles, que permite al votante consignar su voto directamente sobre asuntos públicos de su interés o delegar un representante específico para cada uno o varios asuntos. El sistema garantiza idoneidad y efectividad del voto y permite el control sobre el resultado.
“No necesita un ente electoral central para garantizarlo ni mediarlo; es un instrumento en manos de la ciudadanía y controlado por la misma cadena incorruptible y sumatoria de la voluntad de los ciudadanos”, afirma la autora, “Por eso se dice que es una nueva forma de democracia: un híbrido entre la democracia representativa y la democracia directa”.
Es representativa porque la persona puede escoger un representante que decida por él sobre las leyes que regirán al Estado, pero también puede retirar en tiempo real esa delegación y decidir directamente en los asuntos públicos. Esto presupone, nos ilustra Capriles, una forma distinta del vínculo de representación; no la elimina, la modifica al pasar la potestad de decisión a los ciudadanos.
“Es corolario inevitable de esa teoría que los ciudadanos con las nuevas tecnologías podrían exigir mayor participación sobre las leyes de un parlamento o incluso sobre las decisiones ejecutivas (municipales, regionales, presidenciales), pero también sobre los organismos internacionales que influyen en la vida de los habitantes del planeta”, afirma la especialista venezolana.
“No tengo dudas de que esos cambios vendrán, pero también sé que será lentamente, tras mucha resistencia. El control político será compartido si, y solo si, la ciudadanía se activa para seguir avanzando hacia la distribución democrática del poder”, agrega.
Nos explica Capriles que la tecnología Blockchain es una base digital que almacena información en una red grande de usuarios, pública pero descentralizada. La información, cada transacción de un usuario en una red, es almacenada en un “bloque” engarzado en la cadena o base de datos. En el caso electoral, cada bloque contendría el voto en la cadena formada por todos los votos, siendo la misma cadena, inalterable, la garantía del voto total o resultados de la votación.
Prosigue que una vez verificado el voto por el usuario y la información del votante es verificada respecto al REP digital, el block recibe el código criptográfico, entre en la cadena y se vuelve público para todos los conectados en la red. De esa forma, cada usuario podría conocer las decisiones de votantes anteriores (la cadena hacia atrás) y la adición de cada nuevo voto. Así, cada voto es almacenado en un bloque de la cadena (blockchain), siendo la misma cadena, y la imposibilidad de alterar las transacciones, la garantía del voto total o resultados de la votación.
Las ventajas de esta propuesta son, en primer lugar, un mayor control ciudadano sobre el gobierno y los grupos de interés; en segundo lugar, que ayudaría a elevar la confianza en la efectividad del voto y aumentaría la participación ciudadana; en tercer lugar, haría más difícil el uso indebido de la influencia y el lobbying de grupos de interés; y, en cuarto lugar, la delegación en expertos y personas de confianza contribuiría a producir votos informados y racionales.
Capriles concluye –resumido en este texto: 1. Las proposiciones de la democracia deliberativa y digital muestran cuando menos que, con la participación activa de los ciudadanos, hay vías para reformar la democracia, limitar sus excesos, resaltar sus virtudes y atenuar sus debilidades, incluso bajo el vigilantismo y control gubernamental que según los expertos globales será tendencia pospandemia. 2. La reforma de la democracia para adaptarse a la modernidad líquida y ofrecer soluciones a las exigencias por una teoría revolucionaria de pensamiento global pospandemia. 3. La mayor resistencia al cambio puede esperarse de los actores políticos. No solo son las formas políticas de larga duración, los políticos son actores sociales más resistentes al cambio; se apegan a las fórmulas que les han permitido ejercer el poder. 4. Para salir del presente es necesario ver y prever el futuro. En los últimos 21 años, nos hemos acostumbrado a experimentar la política como una guerra permanente y fratricida de todas las instituciones del Estado contra los ciudadanos. Conviene refrescar que eso no es la política. La política es un orden de autoridad que se justifica y legitima solo por cumplir la función de producir el bien común. La política no es para aniquilar a los ciudadanos o someterlos a la voluntad de los líderes; el espacio de la política es donde los líderes sirven al bien común.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Más allá de los especialistas que se dividen a favor o en contra de la divisa del imperio norteamericano o, en el caso de la moneda virtual, se muestran optimistas o pesimistas, el común denominador de los ciudadanos mantiene preguntas más que certezas sobre ambos eventos que marcaron la vida cotidiana, como en el caso de la dolarización, o lo que de seguro será la caja de sorpresas que depara el bitcóin.
En este caso utilizo la expresión (in)conveniente en dos sentidos: primero, que no nos conviene como ciudadanos que los temas de interés público sean espectacularizados al mejor estilo de los reality shows; y segundo, que sí conviene a los intereses mercantiles y políticos-ideológicos que mueven a los medios de comunicación esa perversión de lo que debe ser la cobertura periodística profesional.
Y, claro, estos son temas que sirven de ejemplo para evidenciar una práctica nefasta como común que caracteriza mucho al trabajo informativo.
Nos recuerdan los profesores españoles Emelina Fernández Soriano y Juan Torres López que la Real Academia da al término espectáculo tres posibles connotaciones muy significativas: atraer la atención; inducir deleite, asombro, dolor u otros afectos, más o menos vivos o nobles; y causar escándalo o gran extrañeza.
“Eso quiere decir que el espectáculo es siempre un producto, la consecuencia provocada, conscientemente buscada y resultado de una estrategia específicamente diseñada y puesta en acción”, afirman los intelectuales mencionados en su artículo de opinión “El negocio de idiotizar”, publicado en la revista virtual Ctxt Contexto.
“Los contenidos de los procesos de comunicación que se conciben para ser espectáculos han de tener, pues, una factura determinada y singular que debe responder a la intención con que se crea. Para atraer la atención, el espectáculo en el medio de comunicación debe ser impactante, inmediato y veloz, carente de complejidad y lo más superficial posible para que sea percibido con la menor inversión de tiempo y reflexión”, sostienen.
En nuestra memoria quedaron registradas las “bondades” que ofreció la derecha gobernante de aquel entonces cuando metieron el dólar -sin consulta- con el despertar amargo que significó el manejo de la moneda norteamericana y la desilusión de tener que gastar en dólares, mientras los sueldos quedaron en colones. De los dieces o pesetas pasamos a que lo mínimo fue pagar una “cora” por producto.
Y todo ese proceso bendecido a través del discurso mediático dominante que en la actual coyuntura se divide entre quienes alaban la llegada del bitcóin o la desaprueban, medida que lamentablemente se maneja dentro de la espectacularización mediática que irrumpe en contra o a favor de la postura oficial que nos vende un nuevo paraíso. ¿Entiendes el proceso?
“El espectáculo desnaturaliza la comunicación porque solo fluye de un lado a otro y distrae. Relaja, en todos los sentidos del término, el cuerpo y nuestro cerebro. Nos hace idiotas en el sentido griego de la palabra (quien se aleja de sí mismo y de la polis) y en el latino (persona sin educación e ignorante) porque nos ensimisma y aísla del contexto en que se desenvuelve y explica nuestra experiencia”, advierten los profesores Fernández Soriano y Torres López.
“Y todo ello resulta especialmente trascendente cuando lo que convierten los medios en espectáculo es el debate político. Entonces, este se escenifica y se construye artificialmente, deja de ser un diálogo natural o un reflejo veraz y espontáneo de lo que ocurre fuera.” –agregan- “Se modela y se perfecciona estratégicamente y, por tanto, se redibuja y reconstruye. El ‘paquete’ del debate político convertido en espectáculo es banal y a ser posible entretenido, bipolar, superficial, nunca en profundidad, provocado, anecdotizante y emotivo, buscando, sobre todo, el impacto emocional a fuerza de promover artificialmente el choque, el desencuentro y la contienda”.
Según los autores, la tendencia hacia el predominio del espectáculo en la producción de los medios es la consecuencia de convertir la comunicación en una mercancía que hay que rentabilizar, procurándose una demanda lo más amplia y fidelizada posible, lo que solo se puede conseguir recurriendo a contenidos planos que puedan ser susceptibles de atraer a cualquier tipo de consumidores.
“Es decir, ofreciendo contenidos no sutiles, susceptibles de ser asumidos sin distinción ni criterio, superficiales. Y ha sido la oferta masiva de ese tipo la que ha creado su propia demanda porque, al difundir esos contenidos, conforma también al tipo de sujeto social que los prefiere, un ser cada vez más aplanado y vacío, conformista, que rehúye las verdades incómodas o todo aquello que ponga en cuestión su esqueleto normativo particular”, agregan.
Concluyen los profesores españoles que “Si de verdad queremos vivir en democracia hay que garantizar que la población delibere en condiciones de auténtica libertad y eso significa que hay que impedir que el debate político se prostituya, como ocurren cuando se convierte en espectáculo que, en lugar de promover el conocimiento y la capacidad efectiva de elección, siembra la confusión y aviva el fuego del enfrentamiento e incluso del odio civil.”
Y añaden: “Es imprescindible que los medios públicos se conviertan en el espacio natural de estos debates, quizá la forma más auténtica de mostrar que se encuentran realmente al servicio del interés general. Pero también hay que exigir que el debate que se desarrolla en los medios privados sea plural, reflexivo, ciudadano y no cainita, formativo y habilitador de la capacidad de preferir y decidir auténticamente en libertad”.
En ese sentido, el también profesor español Carlos Álvarez Teijeiro señala que los medios de comunicación se habrían convertido en deficientes gestores del espacio público, al grado de hacer por completo imposible el progreso del discurso público de la democracia.
Las razones que expone el maestro son en primer lugar, la proliferación de seudoacontecimientos o acontecimientos mediáticos; en segundo lugar, la cobertura trivial de la vida política, social, cultural y económica; y, en tercer lugar, la progresiva conversión de la información y de la educación en entretenimiento, siguiendo la implacable lógica del capitalismo.
“El desafío del siglo XXI es que los medios se muestren como lugares privilegiados para ayudar a las audiencias a que definan sus papeles ante sí mismo y ante los demás. A eso se añade la capacidad institucional de los medios para convertirse en foro de encuentro, diálogo, argumentación y debate, en el seno de la historia y aspiraciones éticas que entienden el periodismo como gran conversación del conjunto de la sociedad”, afirma Álvarez Teijeiro.
“Se trata de comprender que la calidad de la vida democrática depende, en gran parte, de la calidad del sistema de medios y tecnologías de la comunicación que la hacen posible. Y de que tal calidad es difícilmente alcanzable si los medios no son capaces de destinar recursos a reflexionar sobre la responsabilidad que les confiere ocupar un lugar de privilegio en la definición y gestión del espacio público”, añade.
Y concluye: “Los poderes y las capacidades que las nuevas tecnologías ofrecen a los medios de comunicación son poderes y capacidades éticamente neutros hasta que se les otorga un sentido preciso, y valdría la pena completar la metáfora del cuarto poder con la clara conciencia de que el poder de los medios es también, y sobre todo, el poder de servir”.
Hay que trascender, pues, del ser idiota que produce la espectacularización mediática. Vaya reto.
Por Alberto Araujo Funes.Docente del Departamento de Periodismo.
Que fue EUA. Que fue China. Que fue accidente. Que fue por consumo de animales exóticos. Que la Fundación Bill Gates es responsable porque hizo un simulacro de pandemia en octubre de 2019 (justo un mes antes de Whuan). Que es para que los negocios digitales exploten su potencial (y está pasando: Amazon, Netflix, Zoom, comida a domicilio vía internet, etc.). Que es otra manera de querer dominar el mundo. Y a esto se agrega un largo etcétera. Lo que sea, esta es la tercera guerra mundial. Y sin balas.
Quizá dentro de 50 años se sepa realmente la verdad. Por el momento nos queda adaptarnos a la nueva vida: sin tocarse, sin toser, sin acercarnos, sin estar en grupo, sin vida social, etc.
Definitivamente este evento nos ha cambiado la forma de ver la vida, mucho más de lo que pudo haber hecho la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Mucho más de lo que pudo haber hecho el “sagrado libro” en todos estos siglos. Y lo más interesante: lo estamos viviendo.
Y como institución educativa, a la UES le toca romper todos los paradigmas de la enseñanza superior, para meterse de lleno a lo que, por muchos años, la docencia se ha negado aceptar: las nuevas tecnologías. Porque con esta “pandemia” esas tecnologías vinieron para quedarse.
Vamos por partes. Los estudiantes
No es lo mismo enseñar en un aula de cuatro paredes con “fichas amarillas”, que enseñar en un aula virtual, sin paredes ni límites, y querer seguir enseñando con esas mismas fichas amarillas.
No es lo mismo un “estudiante tradicional”, al que se le acostumbró a tenerlo sentado 4 o 5 horas-nalga en un salón de clase de cuatro paredes, y que viene con esa forma de enseñanza desde primaria, a tener un estudiante “nativo digital”, o al menos un estudiante “inmigrante digital”, aprendiendo con esas mismas tecnologías.
Tampoco es lo mismo tratar de formar a un estudiante “inmigrante digital”, que no es ni “tradicional” ni “nativo”, con esas mismas fichas amarillas en un aula virtual.
Si buscamos el concepto de “nativo digital” en la red de redes, nos encontramos con algunas definiciones como: “nativos digitales” es el término que describe a los estudiantes, menores de 30 años, que han crecido con la tecnología y, por lo tanto, tienen una habilidad innata en el lenguaje y en el entorno digital.
Por el momento, en nuestro país, esos nativos digitales no han entrado a la formación universitaria, y si los hay, son escasos. Y debemos entenderlo desde el punto de vista de ser un país mal llamado de “tercer mundo”. No hay acceso a la tecnología como otros países desarrollados, pero sí se tienen jóvenes universitarios con algunas de esas características, pero se consideran “inmigrantes digitales”[2].
Probablemente en otros países, un alto porcentaje de esas personas menores de 30 años, ya son realmente “nativos digitales”. En El Salvador podríamos decir que apenas vamos iniciando. Y pongo un ejemplo. Los chicos que ahora están en primaria, tercer ciclo, bachillerato, y que están desarrollando sus actividades académicas en línea, ya son “nativos digitales” en un 80 o 90%.
Si vemos su manera de estudiar, notamos lo siguiente: respetan horarios, se conectan a la red inmediatamente, tienen comunicación con sus compañeros en línea y vía teléfono para compartir su aprendizaje. Están en constante consulta entre ellos mismos para sacar adelante sus tareas. Comparten información. Son “multitarea”.
Y algo muy interesante: generalmente no consultan al maestro, porque sencillamente este maestro NO es “nativo digital”. Este maestro se tuvo que adaptar a las nuevas condiciones para poner el material didáctico en línea. Lo que indica que no necesariamente está haciendo lo correcto para la formación del joven.
Estos nuevos usuarios, los “nativos digitales”, enfocan su trabajo, el aprendizaje y los juegos de nuevas maneras: absorben rápidamente la información multimedia de imágenes y videos, igual o mejor que si fuera texto; consumen datos simultáneamente de múltiples fuentes; esperan respuestas instantáneas; permanecen comunicados permanentemente y crean también sus propios contenidos.
No hay necesidad de enseñarles a usar esa tecnología porque ya son parte de la misma.
Son de una generación que ha crecido inmersa en las nuevas tecnologías, desarrollándose entre equipos informáticos, videoconsolas y todo tipo de equipos digitales, convirtiéndose los teléfonos móviles, los videojuegos, Internet, el email y la mensajería instantánea, en parte integral de sus vidas y en su realidad tecnológica.
Navegan con fluidez; tienen habilidad en el uso del ratón; tienen habilidades para escribir sin ver el teclado; utilizan reproductores de audio y video digitales a diario; toman fotos digitales que manipulan y envían; y usan, además, sus ordenadores para crear videos, presentaciones multimedia, música, blogs, etc.
A los nativos digitales les encanta hacer varias cosas al mismo tiempo: son multitarea. Afrontan distintos canales de comunicación simultáneos, prefiriendo los formatos gráficos a los textuales. Utilizan el acceso hipertextual en vez del lineal. Funcionan mejor trabajando en red. Y prefieren los juegos al trabajo serio.
De esta manera, se puede decir que los casi 60 mil estudiantes de la UES no son “nativos digitales”. Un alto porcentaje, me atrevería a decir un 80 o 90%, son “Inmigrantes digitales”. Es decir, aquellos que les ha tocado adaptarse a las tecnologías, como muchos profesores nativos de máquinas de escribir que se tratan de adaptar a la computadora. Estos inmigrantes digitales, son jóvenes, y no tan jóvenes, que se han adaptado a la tecnología y hablan o tratan de hablar su idioma con un “acento diferente”.
Entre “nativos digitales” e “inmigrantes digitales”, hay algunas diferencias que debemos tomar en cuenta para formarlos:
Los inmigrantes tienen la tendencia de guardar en secreto la información (el conocimiento es poder). Los nativos, por el contrario, comparten y distribuyen la información con naturalidad, debido a que para ellos la información es algo que debe ser compartido.
Para las inmigrantes es un desorden caótico abordar procesos de forma paralela. En cambio, para lo nativos, ellos tienen la capacidad natural de abordar procesos de forma paralela.
Los inmigrantes suelen ser reflexivos, por lo tanto, más lentos. Los nativos son capaces de tomar decisiones de forma rápida, sin pensarlo mucho, y en ambientes complicados.
Con respecto a los juegos electrónicos, los juegos de los inmigrantes eran lineales, en funcionamiento y objetivos. Para los nativos son más complejos, implicando la participación y coordinación de más jugadores. Además, los nativos crean sus propios recursos: herramientas, armas, espacios, universos, etc., apropiándose de la tecnología, además de utilizarla.[3]
Los docentes
Ahora la pregunta para los casi 2500 docentes de la UES: ¿Estamos preparados para todo esto? ¿Estamos realmente preparados para este tipo de estudiante, el “nativo digital”? O por lo menos: ¿Estamos preparados para atender al estudiante “inmigrante digital”? ¿Estamos realmente capacitados para atender estudiantes en línea?
Definitivamente que no. Si seguimos creyendo que las fichas amarillas son la “panacea” de la formación profesional, no vamos a llegar a ningún lado. Si creemos que sólo lo que el docente dice en el aula es lo que necesita conocer el estudiante en su formación, estamos equivocados.
Como docentes estamos mal porque queremos estar así. Oportunidades para capacitarnos hemos tenido, lo que falta es que cada uno de nosotros nos quitemos ese orgullo de ser el “maestro” para aceptar que todos somos ignorantes, pero en diferentes temas.
La mayoría de profesores somos de la generación BABY BOOMERS, o por lo menos la mayoría pertenecemos a esa generación que apareció entre los 1949-1968. Aquellos que nacieron en la Guerra Fría, la guerra de Vietnam, la guerra civil en España, la guerra de Corea, la revolución cubana, etc. Y crecimos con esa efervescencia “revolucionaria” del cambio. Eso sí, sin tecnología. A lo mucho, la radio casetera, la cámara fotográfica de rollo y la máquina de escribir.
Otros forman parte de la generación X, entre 1969-1980, quienes encontraron en los juegos de pinball, atary, etc., el impulso al desarrollo de las tecnologías.
Los otros, y son varios, que no quieren retirarse, forman parte de la generación silenciosa, aquellos que nacieron entre 1939-1948, que crecieron con la segunda guerra mundial y no quisieron volver a vivir otra guerra. Con muchas carencias económicas.
Si comparamos esas generaciones de profesores con los estudiantes de generaciones recientes como los “millenials”, o generación Y, aquellos que están entre 1981-1994, quienes aparecieron junto al boom del internet y las nuevas tecnologías, con la transición de lo análogo a lo digital, existe un enorme abismo.
También los de la generación Z, 1994-2010, herederos de las dos anteriores y con gustos más refinados y que creen que se van a comer el mundo. Ya no digamos con los que vienen empujando fuerte, los nativos digitales, la generación T, 2010-2025, serán los que dominarán el mundo[4].
Encontramos enormes diferencias. Porque aquello que conocíamos como libro en papel, ahora es digital. Aquello que conocimos como cinta magnética o casete, ahora es digital, radio en línea. Aquello que conocimos como televisión análoga, ahora es digital, televisión en línea, música en línea… educación en línea.
Como dato curioso, por no decir penoso, se han dado oportunidades para aprender las nuevas tecnologías, de aprender esta nueva forma de enseñar en línea, ya sea de manera formal o informal.
De manera informal es más penoso, porque se han ofrecido esas oportunidades sin ser “extranjero” ni “especialista con cartón”, y los “eruditos” de la enseñanza creen que no van a aprender nada de un “bicho” que en algún momento fue su alumno. De manera formal, no hemos hecho el esfuerzo de participar cuando se convocan cursos, porque no lo consideramos importantes, debido a que “ya somos docentes universitarios y eso no es para nosotros”, como justificando que no queremos tener más carga laboral.
Hay que reconocer que la UES ha hecho el esfuerzo de planificar, organizar cursos de aprendizaje de las nuevas tecnologías. Pero también debemos criticar que ese esfuerzo debió venir junto a la obligación que como docentes tenemos de actualizarnos. La UES debió planificar de mejor manera esas oportunidades para que todos en su momento, debimos haber participado en esas capacitaciones, para no estar a estas alturas “tapando huecos”, simulando aprendizajes virtuales, aprendiendo en la emergencia junto a los estudiantes.
Igualmente, debió ser la corporación UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR ejemplo para otras instituciones educativas de nivel superior en el campo tecnológico y científico. Pero no ha sido así.
Es lamentable que en plena pandemia queremos aprender lo que pudimos haber aprendido desde el primer día que la UES nos creó una cuenta de correo institucional, en los inicios de este siglo XXI. Definitivamente NO ESTAMOS PREPARADOS, ni los de la generación X, ni los Baby Boomers, mucho menos la generación silenciosa. Con esta emergencia, “¡nos agarraron en curva!” Y lo más grave es que como docentes, algunos sólo hemos adaptado contenidos a lo virtual sin valorar las condiciones reales de nuestros estudiantes, ni las propias. Creemos que, si como docentes “estamos bien”, también los estudiantes “están bien”, tecnológicamente hablando. Y NO ES CIERTO.
La Universidad
Este grupo de personas dispares es el que tenemos en nuestra Universidad, nuestro universo universitario. Profesores con escaso o casi nulo conocimiento tecnológico. Que se resiste a entrar a este cambio. También los hay aquellos que quieren tener una oportunidad para demostrar que se puede enseñar de otras maneras, que se pueden adaptar a los cambios. Y aquellos que ya vienen con el chip incorporado de cambiar. Tres generaciones de personas enseñan en la Universidad: Generación Silenciosa, Generación Baby Boomers y Generación X. Habría que investigar qué porcentaje representan. Me atrevería a decir que los Baby Boomers dominan ese porcentaje.
Sin embargo, la institución, que siempre ha sido parte de aquel eslogan “Hacia la libertad por la cultura”, se queda atrás por varias razones. Una, quizá la principal, por intereses políticos. Es evidente que en muchas ocasiones la enseñanza universitaria se sacrifica para satisfacer intereses políticos.
Es injusto ver laboratorios, equipos y mucha infraestructura con deficiencias, cuando los intereses políticos se satisfacen sin un análisis real de la necesidad que la Universidad de El Salvador tiene para mejorar la formación profesional.
Es cierto que somos la única Universidad estatal, es cierto que aún se ve a la UES como la primera en formación profesional, pero nos quedamos cortos cuando se nos compara desde el punto de vista formativo y académico. Atrás quedaron los años en que la UES tenía presencia a nivel nacional, no sólo en lo académico, sino también en lo científico, en lo social, en lo político, en lo cultural, etc. Hoy, ni siquiera tenemos presencia con esta emergencia nacional. Y si la tenemos, es negativa.
Y con la enseñanza, estamos peor. La pandemia nos vino a evidenciar la falta de preparación que la UES tiene ante estas situaciones. La educación virtual es una realidad, en la UES algunos creen que eso no es posible. Otros creen que, con tener una computadora en el escritorio, “ya está resuelto el problema de la formación universitaria”, y muchas veces ni siquiera sabemos para qué sirven los programas que la computadora tiene.
Mientras sigamos pensando en resolver problemas políticos y no académicos, ni un curso, ni un diplomado, ni estudios de posgrado, servirán para sacar adelante esta Universidad. Sobre todo, en tiempos como estos, en los que llevar las cosas a “la carrera” no nos lleva a nada.
Hace falta que, como corporación universitaria, las autoridades sienten cabeza y se den cuenta de la precariedad en la que nos encontramos como comunidad universitaria. Hay que ver cómo se le soluciona la situación al docente. Hay que ver cómo se le soluciona la situación al estudiante. No se trata sólo de organizar diplomados a la ligera para un pequeño número de docentes, cuando la cantidad de los mismos sobre pasa los 2 mil.
Tampoco se trata de utilizar las necesidades universitarias en campañas electoreras y “ofrecer” soluciones “virtuales” para mejorar la enseñanza y formación académica. Es lo peor que se puede hacer en estos tiempos de pandemia.
Lo cierto de todo esto, es que la pandemia vino a sacar lo más humano o lo más mezquino que como personas tenemos.
Resumiendo
Es necesario entender que no estamos preparados, ni como docentes, ni como Universidad. Y las autoridades deben estar claros de eso para no usar esta situación para fines políticos. Es urgente atender a todos los estudiantes universitarios con estas deficiencias. Eso sí, podemos valorar estos elementos para tomar conciencia y arrancar de alguna manera:
La generación silenciada son los SUPERVIVIENTES que no quieren complicarse la vida.
Los Baby Boomers son los “REVOLUCIONARIOS”, que creen que las cosas pueden cambiar.
La generación X es EMPRENDEDORA, que pueden tener decisión e iniciativa para realizar acciones que son difíciles o entrañan algún riesgo.
Los Millenials son AMBICIOSOS, porque ambiciona conseguir riqueza, poder o fama.
La generación Z es INCONFORMISTA, porque no está de acuerdo con los valores establecidos o no se adapta a ellos[5].
Seamos creativos y dejemos el orgullo y la arrogancia a un lado para comenzar a aprender para poder enseñar mejor.
GLOSARIO MILLENIAL PARA BABYBOOMERS QUE QUIEREN SOBREVIVIR:
AFK:
Del inglés away from the keybord (lejos del teclado). Se utiliza para informar desconexión de cualquier dispositivo con Internet.
BUG:
Expresión que hace referencia a un error de software o a un fallo en un programa.
FAIL:
Fallo. Equivocarse. Lo usan cuando alguien intenta hacer algo sin mucho éxito.
GAMEPLAY:
Vídeos en los que se observa una partida subida por un jugador. De este término derivan otros como gameplayers y gamers. Estos últimos son los jugadores de partidas que luego se suben a esta red social.
GG:
Son las siglas de "good game" (buena partida). Se suele utilizar antes de iniciar partidas en juegos online.
HYPE:
Estrategia publicitaria que consiste en generar expectativas para dar emoción a algo, independientemente de que las merezca o no.
LOL:
Acrónimo de procedencia anglosajona que significa "Laughing out loud", "Laugh out loud" o también "Lots of laughs", que traducido al español significa reírse en voz alta o reírse a carcajadas. De aquí se deriva LMAO, del inglés "laughing my ass off", es decir, partirse el culo de risa.
MOBA:
Acrónimo de "multiplayer online battle arena". Juegos en los que distintos jugadores despliegan personajes con características únicas para enfrentarse por equipos en un mapa cerrado.
MOD:
En el argot gamer se utiliza para referirse a las modificaciones realizadas en un juego alterando los paisajes, los personajes, la personalidad de estos y todo lo susceptible de ser personalizado.
OMG:
Acrónimo de Oh My God. Palabra Millennial que expresa un estado de asombro o sorpresa.
OUTFIT:
tomada del inglés para describir el conjunto de ropa, la vestimenta de otra persona.
RANDOM:
cuando algo es random es que se produce de forma aleatoria, al azar. Lo utilizan para describir una situación o un encuentro que fue casual, raro o inesperado.
ROLEAR:
Interpretar un personaje en un juego.
SKIN:
Parecido a mod pero, en este caso, sin suponer una modificación del juego, sino sólo en la forma en que el gamer aprecia un personaje, las armas que porta o un paisaje, sin que exista una modificación real.
SPOILER:
contar algún hecho relevante de lo que pasa en una serie o en una película antes de que el resto lo haya visto. La serie de Perdidos o Juego de Tronos encabeza la lista de spoilers.
TROLL:
Usuario que se dedica a crear controversia en las redes sociales publicando un mensaje provocador o fuera de lugar. Muchas veces escriben cosas negativas o sin sentido sobre algún famoso o marca.
YASS:
una forma de prolongar el yes. Un ‘Sí’ muy contundente y expresivo.
YOLO:
sinónimo del ‘carpe diem’ y el ‘tempus fugit’. Yolo (You only live once), un acrónimo para recordarte que disfrutes del momento y de la vida. Siglas inglesas que significan "you only live once" (sólo se vive una vez).[6]
Alberto Araujo Funes, Docente del Departamento de Periodismo.
[1] https://www.lavanguardia.com/cribeo/fast-news/20200224/473737677165/una-teoria-conspiracion-asegura-epidemia-coronavirus-no-casualidad-covid-19-pandemia-salud-china.html
[2] https://www.marcprensky.com/writing/Prensky-NATIVOS%20E%20INMIGRANTES%20DIGITALES%20(SEK).pdf
[3] http://ceur-ws.org/Vol-318/Garcia.pdf
[4] https://www.clarin.com/entremujeres/baby-boomers-generacion-millennials-centennials-generacion-perteneces_0_ByLAxzpEW.html
[5] https://www.elperiodico.com/es/extra/20191010/guia-generacion-perteneces-millenial-baby-boomer-categorias-edades-7625427
[6] http://www.davidtomas.com/2019/04/20-palabras-que-solo-entenderas-si-eres-millennial/
Por: Guillermo Mejía (*)
Esa precisamente es la condición de “no-ciudadanía”, como nos ilustra la periodista y catedrática argentina María Cristina Mata, es decir, “el emblema de quien prácticamente ha perdido el derecho a tener derechos” y que, desde lo comunicativo, aparece en los espacios mediáticos como sujeto de necesidad con sus quejas y llanto.
En esa condición, los ciudadanos (no-ciudadanos) solamente sirven de pretexto más que de sujetos activos de un proceso que les corresponde por derecho en cuanto supuestamente viven en una sociedad que se perfila como democrática y en constante cambio, así de la guerra a la paz y luego a la crisis del sistema de partidos con la decadencia de las principales fuerzas políticas.
La opción sería que la población ciudadanizara los procesos electorales, tal como se estima en las democracias modernas a fin de hacer partícipe de dichos procesos a las bases militantes y ciudadanía en general. Se correspondería con aquello de que el soberano es el pueblo y el que elige, pide cuentas y reconoce al que le sirve desde el poder.
En ese sentido, ciudadanizar las elecciones no significa que vengan partidos políticos cascarones –como vimos en esta ocasión- a enlistar a personas que por intereses particulares se inscribieron en las filas partidarias y que después fueran bendecidas por las cúpulas o dueños de esos partidos. En otras palabras, es un proceso que debe comenzar en las bases y con la ciudadanía.
Tampoco se trata de la manipulación de los recursos del Estado, para una campaña propagandística en particular, tal como vimos en el caso del gobierno del presidente Nayib Bukele con su partido Nuevas Ideas. Mucho menos invertir fondos públicos en medios estatales para hacer campaña electoral como ocurrió con Canal 10 y Diario El Salvador.
Para ciudadanizar los procesos electorales también es necesario ciudadanizar la comunicación. Es decir, empoderar al ciudadano para que participe activamente en los procesos comunicativos a fin de que sea interpelado y de esa forma recupere el control de la agenda temática superando la idea tradicional de que lo público es sinónimo del Estado como si no fuese la persona el eje de la acción política.
Entonces, una perspectiva ciudadana de la política y la comunicación implicaría que los partidos políticos ya no impongan candidaturas, sino esas candidaturas se construyan desde la ciudadanía con las personas idóneas y también se elaboren programas de gobierno que reflejen los intereses de la colectividad.
Los periodistas deben involucrar al ciudadano en los procesos electorales completos, no solamente encantarlo para que emita el voto. Es necesario que el ciudadano se encuentre con los candidatos para que discutan sobre temas de gobierno más allá de los temas de campaña; es decir, trascender de las arengas o las camisetas al debate ciudadano.
La periodista colombiana Ana María Miralles, experta en comunicación y ciudadanía, afirma que en la actualidad “la máxima aspiración que tiene la población es que los candidatos no sean ladrones, sin darnos la oportunidad de analizar a fondo cada una de sus intenciones o propuestas; es decir, partir del candidato y averiguar quiénes son sus aliados”.
En ese sentido, Miralles insiste en que “se necesita ciudadanizar la política y politizar la ciudadanía”… en otras palabras “somos los ciudadanos los que debemos rescatar la palabra política”.
Vale la pena traer a colación, las reflexiones del comunicador y catedrático boliviano Carlos A. Camacho Azurduy sobre la necesaria participación ciudadana en y desde los medios de comunicación social a través del establecimiento de grandes foros democráticos. Por un lado, que ofrezcan información noticiosa de calidad y promuevan en los ciudadanos la educación para la recepción.
De esa forma, para el autor gestar ciudadanía es “asumir un compromiso social y político por la transformación gradual” de la forma en que se vive en la sociedad, bajo la ausencia de participación y pobreza generalizada, a la vez ejercer, mantener y estimular la conciencia cívica de que todos somos libres e iguales ante la ley.
“Además, construir ciudadanía es favorecer la participación activa de la gente en la edificación y transformación de la sociedad en la que viven conforme a sus necesidades e intereses. Lo anterior implica la conducción a un entorno democrático favorable en el cual las personas, tanto individual como colectivamente, puedan ampliar y desarrollar sus capacidades”, señala Camacho Azurduy.
Dado el abandono de las entidades estatales y los partidos políticos de la formación de una cultura política ciudadana, es necesario asumir el reto desde los medios masivos –independientemente de su naturaleza- en línea de fomentar y viabilizar los procesos de democratización de la comunicación y, por ende, de la sociedad.
Tomando en cuenta la propuesta de la UNESCO, Camacho Azurduy nos recuerda que la democratización de la comunicación comprende una serie de estrategias encaminadas a que el individuo pase a ser un elemento activo (interlocutor) y no un simple objeto de la comunicación aumentando su participación, lo que conducirá al incremento de la variedad de mensajes intercambiados y de representación social en los mismos.
“Al tener voz y representatividad públicas en los medios, las personas adquieren poder (empoderamiento), protagonismo y legitimidad social que facilitan la incorporación de sus temáticas-problemáticas en la agenda pública (lo que es común a todos en la construcción y transformación social), facilitando la toma de decisiones y acciones colectivas sobre las mismas”, afirma el autor boliviano.
Hay que salir del canto de sirenas de “tu arma es el voto”, sin que exista verdadera participación ciudadana en la gestación y conducción de los procesos electorales, basta observar el papel precario del Tribunal Supremo Electoral integrado por los mismos representantes de los políticos en contienda cuando ahí lo que se necesita son representantes de los ciudadanos.
Difícilmente, los intereses creados de los mismos partidos políticos permitan un mejor desempeño de ese tribunal, por cuanto sus representantes andan en busca de sacar ventaja en nombre de sus patrocinadores, como ocurre también con los otros representantes que están integrados en partidos o son parte de grupos de intereses particulares.
Hemos observado un proceso electoral en la condición de no-ciudadanía, relegados a la simple emisión del voto, carentes de información de calidad y, en esta ocasión, atrapados en el pleito (bajero, por cierto) entre “bukelianos versus anti-bukelianos” sin comprender el fenómeno político, menos conocer “la mano que mece la cuna”.
A las triquiñuelas políticas se sumó la forma tradicional de abordar el proceso electoral que resultó poco interesante para los ciudadanos (no-ciudadanos, en este caso), porque mucha de la cobertura y la agenda estuvo marcada por la dicotomía Bukele-antiBukele, lo que permitió incluso casos de mala praxis periodística por desinformación o sesgo informativo.
En serio, es tiempo de ciudadanizar la política y la comunicación.
(*) Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Por Guillermo Mejía
Para enriquecer la temática es valioso traer a cuenta las ideas del maestro argentino Silvio Waisbord, de la George Washington University, autor del ensayo “¿Es válido atribuir la polarización política a la comunicación digital? Sobre burbujas, plataformas y polarización afectiva”, publicado en la Revista de la Sociedad Argentina de Análisis Político.
“El populismo ha sido una tendencia descollante en la política mundial en décadas recientes justamente cuando la polarización se volvió marca importante de la política”, advierte el catedrático, “No hay región del mundo que haya sido inmune a la insurgencia populista. El populismo se convirtió en uno de los desafíos más claros para la democracia en tanto es un fenómeno político masivo (…)”
Según el autor, el populismo es un movimiento político “al borde del liberalismo”, ya que cuestiona principios esenciales de la democracia liberal, por ejemplo, división de poderes, mecanismo de crítica, rendición de cuentas y transparencia, libertad de expresión y participación. Aunque aclara que hay populismos “suaves” e “intensos”.
Además de atacar elites definidas, “se encarna en liderazgos carismáticos y demagógicos empecinados en debilitar cualquier forma de control que puede poner cortapisas a la acción ejecutiva. Entiende al estado de forma caudillista donde el patronazgo y el nepotismo es común frente a los intereses del personal burocrático y técnico y la posición de los expertos”, precisa.
“Basado en estos principios y visión de la política, el populismo es proclive a la polarización. Esto se debe no solamente a su continua visión del ‘otro’ como enemigo, sino a entender la política en términos estrictamente definidos, sin grises ni acuerdos posibles. Esto resulta en el constante fomento retórico de divisiones y en la defenestración de la oposición”, agrega.
La polarización quita incentivos para la negociación y el compromiso –según advierte-, y pone al populismo donde solamente puede cumplir sus objetivos gozando de absoluto apoyo parlamentario o contraviniendo reglas establecidas y principios constitucionales.
¿Por qué negociar con quien se demoniza?, se pregunta. “Esta situación fácilmente se convierte en la ausencia de consenso, la parálisis política, la exacerbación de prejuicios y odios, y el fortalecimiento de actitudes extremas”, responde el también investigador y columnista sobre temas de comunicación.
El populismo y la comunicación
La visión populista se mantiene dentro de la comunicación a través de dos aspectos importantes de la comunicación política, de acuerdo al catedrático argentino, medios afines y leales, y las narrativas maniqueas.
Waisbord hace los siguientes planteamientos:
Uno: El populismo contemporáneo emergió y se consolidó en la fragmentada ecología informativa de medios modernos y medios digitales. Por una parte, el populismo precisa un sistema de medios leal a su visión política, que incansablemente profundice divisiones, cante loas al talento infinito del Líder Adorado, y satanice al maléfico enemigo. Los medios ideológicamente afines son puramente instrumentales en tanto son entendidos como esenciales para apuntalar identidades afirmadas en torno a la polarización afectiva y la deslegitimación del Otro. Necesita colonizar tanto medios tradicionales como digitales. Precisa un collar de medios incondicionales, partidarios, ideológicos, sesgados abiertamente, que martillen los mismos mensajes sincronizados con las intenciones oficiales. No precisa la represión absoluta o la extinción de medios adversos, por más que en algunos casos, como en Europa del Este, Filipinas, y América Latina, el populismo en el gobierno haya tenido ese objetivo, una vez que fracasó su intento de conquistar a sus adversarios a través de recursos legales, la compra, y la presión. Se apoya también en dinámicas de medios sociales tanto para la difusión de mensajes oficialistas y personalistas como para la agregación de simpatizantes en grupos abiertos o cerrados.
Dos: Experiencias populistas sugieren que la polarización es un proceso esencialmente “desde arriba” por parte de elites que aprovechan situaciones de crisis políticas, parálisis y descontento para identificar ejes diferenciables y ahondar divisiones. En este sentido, miembros de la elite política o políticos surgidos por fuera de la política utilizan hábilmente estructuras comunicacionales para su mensaje polarizante. Son quienes insisten con claves de divisiones mediante la retórica contra los grupos de poder, con el objetivo de sembrar y/o cosechar odios y descontento contra la política y sus instituciones. Cuando las elites políticas están divididas en cuestiones fundamentales, hay posibilidades para que miembros o hábiles outsiders, con capital económico, político y/o mediático, activen la polarización. La polarización dentro de las elites causa la polarización pública, o en determinados segmentos a través de exposición mediática y discursos públicos. Las elites políticas, incluidos los candidatos insurgentes, son influencers claves que direccionan y traccionan la polarización en tanto gozan de amplia cobertura mediática o acceso directo (en medios sociales) a millones de seguidores. Son quienes hábilmente insertan temas divisorios que anclan identidades políticas. Estos temas varían principalmente según el populismo adquiera carácter de derecha o izquierda. Para la derecha contemporánea, los temas polarizantes son esenciales en la “guerra cultural” -identidad blanca, inmigración, minorías, nacionalismo, globalismo. Para la izquierda, son las cuñas temáticas como oligarquía, poderes internacionales, neoliberalismo, nacionalismo. No son los medios por sí solos quienes “polarizan”, sino las elites canalizadas por la cobertura mediática, ya sean medios afines ideológicamente o medios “masivos” que vehiculizan sus mensajes. Líderes políticos marcan temas y marcos interpretativos destinados a polarizar. Utilizan la fusión de medios analógicos y digitales para cultivar el culto de la personalidad.
Hay que destacar que –según Waisbord-, la polarización populista funciona de acuerdo con la lógica amigo/enemigo que consiste en agitar la confrontación permanente con determinados actores sociales vistos como “el Otro a derrotar”. Los enemigos, entre ellos los medios, son los que se oponen a la voluntad popular transmutada en el líder, que encarna al pueblo.
“Aprovechan y realzan percepciones hostiles contra determinados medios en el electorado, medios que generalmente tienen posiciones críticas frente a sus candidaturas o gobiernos. Lanzan acusaciones diversas frente a estos medios y utilizan etiquetas como la “prensa mentirosa” y la “prensa foránea” para descalificar su cobertura”, sentencia el autor.
A la par, señala que se tiene a la desinformación como parte central de la estrategia polarizante del populismo, herencia de la propaganda política, y que en el populismo “está engarzada con otros elementos mencionados –la constante profundización de divisiones, el rechazo retórico a cualquier negociación o compromiso, y el martilleo constante de teorías conspirativas”.
Y agrega: “Hay una perspectiva instrumental de los medios ligada a la producción de verdades propias -sentidos que justifican creencias y por lo tanto rechazan cualquier versión alternativa. La obsesión por reforzar narrativas de legitimidad desecha datos inconvenientes y se basa en conocimientos y hechos a medida de los intereses oficiales y las convicciones existentes entre sus seguidores”.
Pero aclara: “Sería equivocado omitir el hecho de que, así como el populismo polariza debido a su propia visión de la política, la oposición contra el populismo tiende a generar dinámicas similares en su frontal “resistencia”. La concepción de la política como amigo/enemigo no es exclusiva del populismo, sino que es adoptada por sus adversarios que insisten con mantener un único eje divisorio político-mediático en su furibunda oposición y resistencia”.
Entre otras conclusiones, Waisbord afirma que la polarización desincentiva el tipo de periodismo equilibrado, amplio, comprehensivo, que cubra temas y ofrezca perspectivas por fuera de la férrea lógica bipartidaria o el maniqueísmo ideológico, así se promueve una diversidad limitada y se debilita los espacios para la expresión de la diversidad. Y se refuerza la desinformación en tanto expone a los públicos a visiones filtradas por intereses estrechos. Al contrario, una visión dialógica y pluralista de la comunicación, que sirva para amortiguar los embates de la polarización, enfrenta notables dificultades estructurales históricas y contemporáneas.
Explica el profesor argentino que las razones son varias: la economía política de los medios, la debilidad inexorable del periodismo como gatekeeper común y dominante, la proliferación de opciones informativas, y la disrupción de la ecología mediática fraccionada en múltiples esferas digitales.
Para Waisbord, solamente queda analizar opciones alternativas, desde una perspectiva que entiende la polarización mediática-comunicacional como problemática para la democracia, en tanto socava las bases para la negociación y el reconocimiento de las múltiples diferencias de la vida pública.
(*) Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Por Guillermo Mejía
La comisión legislativa encargada del estudio y dictamen del anteproyecto al final se tiró la pelota sin que se concretara el esfuerzo del gremio de prensa, con lo que se demostró no solo el menosprecio hacia tan importante trabajo en función social, sino que en el país se imponen intereses particulares de políticos y mercaderes que hacen usufructo del derecho a la comunicación e información.
Desde la Mesa de Protección a Periodistas y Trabajadores de Medios Relacionados con la Información, donde está integrada la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), se ha insistido en la creación de ese instrumento titulado Ley Especial para la Protección Integral de Personas Periodistas, Comunicadoras y Trabajadoras de la Comunicación y la Información.
Reza el anteproyecto que a los periodistas se les busca “garantizar su prevención, protección y resguardo ante cualquier tipo de vulneración, agresión o atentado que ponga en riesgo su vida, integridad, seguridad y goce de sus derechos relacionados al ejercicio de la labor periodística o comunicacional”, en un contexto en que reina la tirantez en las relaciones de parte de la prensa con el gobierno de turno.
Es obvio, sin embargo, el conflicto de interés que sufren los políticos de los diferentes partidos, para quienes es mejor tener un cuerpo de prensa desprotegido y a expensas del vaivén de decisiones corporativas –en sintonía con los que ejercen el poder- que una prensa que demande acceso a la información pública y devele los entretelones de los gobernantes de turno.
Es de señalar que muchas naciones alrededor del mundo cuentan con el estatuto de protección del periodista y vale recordar al diputado francés Emile Brachard que en 1935 apoyó la sanción del estatuto para defender al periodista frente a las empresas periodistas, gobiernos de turno y sectores de poder que caen en la tentación de vulnerar los derechos de los periodistas.
“El periodista desempeña en la sociedad un papel principal, representa una parte de las fuerzas sociales que emanan de la opinión, influye en la política, en las ideas, en las costumbres, y sin embargo no tiene fuerza para defenderse a sí mismo”, advirtió en aquella oportunidad Brachard ante una situación que todavía persiste en el caso salvadoreño.
En otras ocasiones he considerado que uno de los derechos ausentes de los Acuerdos de Paz firmados entre el gobierno de entonces y la izquierda el 16 de enero de 1992 en Chapultepec, México, es el de la comunicación entendiéndose éste como conjunto de facultades inherentes al ser humano como ser sociable, para intercambiar y poner en común diversas formas de mensajes.
Si bien en el discurso dominante se insiste en la evolución del sistema de comunicación colectiva como señal inequívoca de avance del proceso democrático, a partir del proceso de paz, no es tan cierta esa pretensión en cuanto muchas falencias del sistema se mantienen invariables. El riesgo de eternizar esas condiciones de los que tienen en sus manos el sistema mediático continúa, porque por un lado no hay una atención como corresponde de parte del Estado en su obligación por el cumplimiento de ese derecho, mientras el poder económico excluye impunemente a amplios sectores y ejerce censura.
Hay que agregar el hecho que el avance tecnológico mediático se pretende vender como muestra de democracia comunicativa, así como la dispersión y sometimiento a intereses corporativos e ideológicos del cuerpo de prensa en general, que se ve preocupado más por aspectos tecnocráticos que por la reflexión y la lucha por los derechos ciudadanos.
La sociedad salvadoreña no puede caer en el espejismo que porque algunos medios de comunicación social tradicionales están en abierto conflicto con el gobierno de turno significa a todas luces que el ejercicio profesional del periodismo ha mejorado. En la mayoría de casos son más bien expresiones políticas de intereses corporativos que jalan agua para sus propios molinos. Sin duda, en menor cuantía, hay que destacar también que existen algunos espacios informativos que trabajan fuera de esa lógica del poder.
Ante las actuales circunstancias en que se ve inmersa la actividad periodística hay que insistir en la necesidad de la apertura a la pluralidad, para la construcción de una agenda que posibilite la participación de todos; la lucha por la integridad profesional de los periodistas; la creación de observatorios de medios; el compromiso de empresarios y políticos en no entorpecer el trabajo periodístico.
Además, la promulgación del estatuto profesional del periodista y una legislación moderna sobre comunicación; el fomento de la auto-crítica de los medios y la crítica de la ciudadanía sobre dicha práctica; la construcción de ciudadanía como eje primordial de la práctica periodística; colocar a la ética como eje central del trabajo periodístico; y la lucha por la dignificación del periodista.
La otra deuda de los diputados salientes es la no aprobación de la ley referida a la creación de los medios públicos, cuyo anteproyecto fue presentado durante el primer gobierno del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), aunque resultó irónico y trágico que esa “idea subversiva” también era temida al interior del gobierno de Mauricio Funes porque necesariamente podría empoderar a la ciudadanía. Qué vergonzantes.
Mejor una sociedad mansa y más si esa sociedad es mensa. Con lo que se puede advertir el menosprecio al derecho ciudadano por parte de los políticos, sin importar sus posturas ideológicas, al grado que -en lugar de medios públicos- el gobierno de Nayib Bukele optó por remozar el canal 10 y creó el Diario El Salvador, con fondos públicos, para enfilarlos en su ofensiva mediática. Qué oportunistas.
También hay que decir que en el pleito de los diputados con Bukele, la Asamblea Legislativa saliente sacó un informe sobre los ataques del gobierno a los medios y a los periodistas, luego del trabajo de una comisión especial que documentó algunas quejas de los colegas. Claro, una medida política coyuntural, ya que, al final, ni la ley especial de protección a los periodistas ni la de creación de medios públicos fueron aprobadas. Qué mezquinos.
En síntesis, ni los políticos, ni las corporaciones están interesados en ese tipo de esfuerzos que irían en beneficio de los periodistas y ciudadanía en general, y si a la Asamblea Legislativa saliente le temblaron las manos para promulgar esas leyes tan importantes y necesarias, pues la nueva Asamblea Legislativa -a la orden de Bukele- ni en sueños se echará ese trompo a la uña.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Por Guillermo Mejía
Son los aportes del investigador y autor español Israel Márquez en el ensayo “‘Homo Screen´’: El humano pantallizado”, aparecido en la revista especializada en sociedad y nuevas tecnologías Telos, que hace énfasis en que nuestra era está dominada por pantallas, pantallas de diversos tipos y tamaños, pantallas públicas y privadas, pantallas verticales y horizontales, etcétera.
“Las pantallas se ha convertido en el dispositivo técnico que todos compartimos, y mediante el cual nos relacionamos, comunicamos y trabajamos. Las pantallas son hoy nuestro marco común, la puerta que abrimos diariamente para experimentar nuestra cotidianidad y acceder a distintos tiempos y lugares, pasados, presentes y futuros”, afirma el autor.
De esa forma, encontramos –junto a las pantallas de cine y la televisión- los modelos sobre los que hemos construido el concepto e imaginario de pantalla: pantallas de PC, pantallas de ordenadores portátiles, pantallas de videoconsolas portátiles, pantallas de teléfonos móviles, pantallas de reproductores de música portátiles, pantallas de tabletas, en fin.
“Esta multiplicación de pantallas ha cambiado profundamente el significado y alcance de esta palabra, pues una pantalla es hoy tanto la tradicional pantalla cinematográfica que miro cuando voy al cine, como la pantalla del tren en el que viajo, la pantalla de ordenador con el que trabajo, o la pantalla del teléfono móvil con la que escribo y me comunico con mis amigos”, explica Márquez.
En ese sentido, además de que la pantalla admite una pluralidad de significados, también admite una pluralidad de usos sin precedentes en su historia: Con la pantalla se puede ver una película o un programa de televisión, también jugar a un videojuego, escuchar música, hacer fotografías, grabar vídeos, escribir mensajes, realizar llamadas, difundir noticias, entre otras posibilidades.
“La pantalla del teléfono inteligente es hoy una auténtica pantalla-convergente en cuyo espacio tenemos a nuestra disposición todos los avances comunicativos de la historia del ser humano, dispuestos para ser activados y utilizados en cualquier momento”, afirma el investigador español.
Como la pantalla es ahora parte de nuestra identidad y de nuestro ser social, según Márquez, es oportuno señalar que se “está dando lugar a la emergencia de un nuevo tipo antropológico, una especie de ‘homo screen’ –si se nos permite la expresión- que tiene en el dispositivo pantalla un elemento fundamental de su ser y estar en el mundo”.
Así, si a lo largo de los siglos hemos conocido expresiones como ‘homo ludens’, ‘homo sacer’ u ‘homo faber’ –y otras más recientes como ‘homo videns’ u ‘homo sampler’-, “¿por qué no hablar, en este siglo XXI marcado por una explosión sin precedentes de pantallas, de un nuevo ‘homo screen’ u ‘homo pantalicus caracterizado por su estrecha relación y dependencia de la pantalla como parte integral de su vida cotidiana?”, se pregunta.
Recuerda que la “condición pantallológica” del ser humanos ha sido anticipada por diversos autores a lo largo del siglo XX, pero no ha sido hasta la generalización durante el nuevo milenio de las pantallas de ordenadores portátiles, tabletas y sobre todo de teléfonos inteligentes que la emergencia de este ‘homo screen’ se ha hecho plenamente visible en nuestras sociedades.
En conclusión, a decir del autor, “de tanto ver y manipular pantallas el ser humano he terminado ‘pantallizándose’, fundiendo sus manos, sus ojos y su cerebro (…) en esas pantallas móviles y estáticas, públicas y privadas, verticales y horizontales, por las que se mueve, incansable, durante su rutina diaria y su tránsito por este (y otros) mundos”.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Por Roberto Pérez
Trataré en estas palabras de contextualizar el trabajo desde mi punto de vista. Considero que cada vez es más necesario pensar la región centroamericana como un todo geopolítico. No sólo por la globalización o la internacionalización de las economías, sino por los enormes vínculos históricos, ni se diga la movilidad migratoria y las coaliciones entre élites políticas que se integran alrededor del istmo. Nuestros lazos son tan fuertes que los balances políticos de un país son rápidamente reflexionados en el otro. Sus corredores e imaginarios por décadas se mueven en alianzas que se auto determinan e implosionan en nuestros vecinos. Desde vínculos familiares, hasta la fundación de partidos políticos fuera de las fronteras de incidencia, los esfuerzos revolucionarios y las uniones conservadoras se encuentran y se conflictúan en una integración que se legitima en cada ciclo histórico.
Desde pensar en una Mesoamérica hasta la integración de Centroamérica, los Estados poco han hecho para superar los flujos de información entre las naciones. De hecho, lo que sabemos de la región se conoce por la mediación de países externos a la región. Podría argumentarse la emergente influencia de medios digital, pero aun en esos espacios hay límites asimétricos en la interacción con los públicos. Esta correlación de información no es sólo un problema del ejercicio hegemónico y contra-hegemónico, es problema de dependencia y dominación política que se expresa en todas las esferas socioeconómicas y socioculturales. De ahí que pensar como centroamericanos es más difícil que pensarse como latinoamericanos, por lo mismo su integración se vuelve prioritaria en temas económicos y poco visibles en temas sociales y culturales.
Para repensar la región es necesario pensar en la infocomunicación y el rol que ésta adquiere frente a las débiles democracias en estos momentos de ciberesfera pública, expuesta a las diferentes formas de capturas: económica, regulatoria y de clientelismo mediático. Los nuevos roles de los medios tradicionales y su convergencia digital, como empresas privadas, trascienden en la región a través de actores importantes capaces de influir en las decisiones electorales como el caso de Ángel González, propietario de un sistema de medios presente en todos los países de la región. Por eso, la información es relevante para pensar el poder, la democracia y la identidad dentro de contextos de innovación o dependencia tecnológica. Es cierto que el modelo económico infocomunicacional no es de las economías emergentes más poderosas, pero sí son necesarias para el resto de economías dentro la cuarta revolución industrial, que pone en marcha un nuevo capitalismo cognitivo. Ya lo advierte Alex Segovia (2005) en el estudio sobre poder económico integrado en la región y Benedicte Bull (2016) en la reconfiguración de las élites en la región, o Robinson (2011) con los estudios comparados de los nuevos movimientos sociales en Centroamérica.
La influencia de la investigación norteamericana, europea y algunos pocos esfuerzos desde el sur latinoamericano, han influenciado la región, pero de la misma manera, no han servido para despertar en la academia, representada en las Facultades, escuelas, departamentos de Ciencias de la Comunicación en el istmo, el interés para integrar la investigación con estudios transversales. Al girar la mirada en este punto nace la iniciativa de organizar las universidades a través de la FELAFACS, desde donde los intereses del sector privado y público convergen para problematizar el campo de la comunicación. FELAFACS Centroamérica comenzó a reactivarse hace unos 10 años para conectar sinergias alrededor de la discusión del rol, las funciones, la producción infocomunicacional en la región. No es cierto que la academia ha sido indiferente a las complejidades de la profesionalización de periodistas y comunicadores en contexto. Por el contrario, los encuentros han permito contactar con los intereses comunes para el intercambio de estudiantes, docentes, investigadores con temas afines. Esto no ha sido fácil.
Recuerdo que desde hace tres años hice un llamado para buscar pares investigadores con el objetivo de articular investigación en economía política de la información, la comunicación y la cultura. Con ese tema, elaboré una revisión para una ponencia en el III Congreso Centroamericano de Comunicación, organizado en El Salvador en 2016; la iniciativa permitió elaborar una mesa para el congreso, pero sólo asistimos cuatro salvadoreños, no todos relacionados con la economía política. Sin embargo, el esfuerzo fue bueno, debido a que la revisión me llevó a observar que no existe suficiente investigación desde este enfoque, pero existen grandes coincidencias entre los trabajos de El Salvador y Costa Rica. Posteriormente en 2017, viajé a Quito al Congreso de la Unión Latinoamericana de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura, ULEPICC, en donde presenté resultados sobre la configuración de grupos de poder mediáticos y sus efectos en la estructura social. Mi objetivo era encontrarme con los colegas centroamericanos. Tal fue mi sorpresa al descubrir que fui el único representante de la región. Esta realidad no es única en estos debates de integración de trabajos de investigación. Aun, por más, la integración académica entre México y Sudamérica es muy alta, pasando por en medio la región centroamericana con poca participación. Era el momento de preguntarse qué pasaba entre nuestras universidades públicas y privadas. Esa pregunta, ya la habían hecho los organizadores de los encuentros y los congresos de la FELAFACS muchos años antes y los resultados fueron pocos, pero evidente la necesidad.
En este 2019, en el III Encuentro Centroamericano de Facultades y Escuelas de Comunicación, FELAFACS, Chiriquí, Panamá, en la que tuve la oportunidad de ser invitado a participar con una ponencia sobre “Democratización de los medios de comunicación. La deconstrucción de los modelos comunicativos convencionales”. Durante las jornadas volví a comentar la necesidad de crear un corredor para la investigación del poder y la configuración de los grupos económicos y sus consecuencias en las democracias de la región. Repensar los medios es repensar desde la deconstrucción de los imaginarios del desarrollo y la construcción de medios otros para el equilibrio de poderes, la identidad y una nueva economía. El resultado fue algo que ya había observado antes, las universidades públicas de Costa Rica y El Salvador mostraban avances importantes en el tema. En muy poco tiempo, durante el Encuentro, pudimos intercambiar información y enfoques para la configuración de una red de investigación en Centroamérica. Y no fuimos los únicos. Al cierre de la jornada de dos días se organizaron tres redes: libertad de expresión y ciudadanía comunicativa; género y comunicación; tecnología y comunicación.
Posteriormente, en el IV Congreso Centroamericano de Comunicación, durante la inauguración del evento el 30 de julio, con el tema “Retos de la Investigación” la ponencia de la Doctora Patricia Vega, fundadora del Centro de investigación en Comunicación, CICOM, de la Universidad de Costa Rica (UCR), dio un panorama importante y alentador para la región. Entre sus resultados observó que desde 1980 a 2019 ha existido un avance importante en los países en la publicación indexada de estudios en comunicación. Los porcentajes de cada país son interesantes para la reflexionar la academia: Costa Rica 31%, Guatemala 16 %, Nicaragua 14%, El Salvador 14%, Panamá 13%, Honduras 12%. Los resultados son la tendencia sobre 277 publicaciones en revistas internacionales de Latinoamérica. Los textos evidencian una gama de problemáticas desde la cultura, el poder y la tecnología, las discusiones sobre estas realidades están latentes en la radiografía sobre la producción, usos y consumo de los medios.
Entre el Encuentro y el Congreso realizados en la ciudad de Chiriquí, en la Provincia de David, Panamá, el balance fue positivo. Sí, es un comienzo, pero también es el primer esfuerzo de investigación en la comunicación colaborativa propia de la región centroamericana (y Caribe) que permitirá aproximaciones de problemáticas como las mencionadas al inicio de este artículo. Permite que los centroamericanos nos pensemos y abre las puertas a romper los desequilibrios del poder / saber, desde donde se nos dice que hacer y se nos imposibilita la construcción de pensamientos otros. Es la emergencia de nuevos actores de la academia para la construcción de una sociedad del conocimiento con justicia global social. Pero, a mi ver, es también la posibilidad de romper el cerco de conocimientos que interrumpen la integración real de Centroamérica como confluencia de saberes e identidades comunes.
En 2020, el reto es realizar el IV Encuentro en El Salvador y tener como anfitriona a la Universidad de El Salvador. Estos esfuerzos recaen en la Directora Titular Región Centroamérica de FELAFACS, Licda. Arely Franco, actual Jefa del Departamento de Periodismo de la UES. Y aún más, para 2021 la cita es el V Congreso Centroamericano de Comunicación, a realizarse en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). En ambas universidades públicas de la región se encarnará si la planificación da resultado al presentar las primeras investigaciones colaborativas en las tres redes de investigación. Las cartas están echadas.
Roberto Pérez, Docente del Departamento de Periodismo.
Por Carlos Cruz
El Informe MacBride de 1980 señaló que “los derechos humanos no pueden existir sin la libertad de palabra, de prensa, de información, y de reunión. La transformación de esas libertades en un derecho individual o colectivo más amplio a comunicar es un principio evolutivo en el proceso de democratización”. Asimismo, enfatiza que las necesidades de “una sociedad democrática en materia de comunicación deben quedar satisfechas mediante la formulación de derechos específicos tales como el derecho a ser informado, el derecho a informar, el derecho a la protección a la vida privada y el derecho a participar en la comunicación pública, que encajan todos ellos en el nuevo derecho a comunicar. En vísperas de lo que cabría calificar de una nueva era en materia de derechos sociales, todas las implicaciones del derecho a comunicar deben ser el objeto de un minucioso análisis”. (MacBride, 2005)
Para tener un contexto, destacar que el Informe MacBride, también conocido como "Voces Múltiples, Un Solo Mundo", es un documento de la Unesco publicado en 1980 que fue redactado por una comisión presidida por el irlandés Seán MacBride, ganador del premio Nobel de la Paz. El objetivo de este instrumento era analizar los problemas de la comunicación en el mundo y las sociedades modernas, particularmente con relación a la comunicación de masas y a la prensa internacional, y entonces sugerir un nuevo orden comunicacional para resolver estos problemas y promover la paz y el desarrollo humano.
Aunque hay un avance destacable con las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs), los retos siguen presentes. Estados, instituciones públicas y privadas, e incluso los mismos medios de comunicación siguen violentando o restringiendo los derechos a Libertad de Expresión y Libertad de Prensa. ¡Esto es preocupante! ¿Por qué?
Las funciones básicas de los medios de comunicación son informar, orientar, educar y entretener.
Pero a estas se suman otras, entre las cuales se pueden destacar: Servir a la sociedad y fiscalizar la administración pública.
Para comprender la función de “servir a la sociedad”, se puede hacer memoria de cuando ocurren tragedias medioambientales, son los medios de comunicación quienes contribuyen a visualizar las zonas afectadas, así como sus necesidades prioritarias. A la vez ayudan a transmitir orientaciones del gobierno y entidades de protección civil a la población.
Fiscalizar la administración pública es importante, porque los medios de comunicación deben ser los ojos y la voz de la sociedad, pues esta debe conocer lo que los funcionarios de turno hacen con el dinero de sus impuestos y recursos del país.
Por esto, cobra importancia la implementación de la investigación periodística y la actitud del medio de comunicación de mantenerse firme en la denuncia sin doblegarse hasta confirmar que se haya hecho justicia. Al menos ese debería ser “el deber ser”. No obstante, ejercer la investigación periodística ha cobrado la vida de varios periodistas en países como México donde los grupos delincuenciales tienen un alto nivel de criminalidad e impunidad, incluso con la participación de algunos funcionarios del Estado.
Recientemente en El Salvador los medios de comunicación El Faro y Revista Factum se vieron restringidos en su ejercicio periodístico por parte del gobierno en turno, justo el día en que se hizo el anuncio oficial de la creación de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIES).
Sobre este hecho, el procurador adjunto de Derechos Civiles de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, Carlos Rodríguez, enfatizó: "La equidad en dar información, en brindar espacios para rendir cuentas y para informar a la población sobre las cuestiones que se están desarrollando en el ejercicio de la función pública, es una obligación de cada Estado y particularmente del gobierno salvadoreño”.
Ante este hecho vale reflexionar que la crítica periodística hacia las gestiones públicas no es un tema nuevo, se ha mantenido en gobiernos anteriores como garantía del derecho a la comunicación, libertad de expresión y prensa. “El periodismo es crítico o no lo es”, no se trata de hacer las preguntas que la fuente, en este caso el funcionario, quiere que se le hagan; sino de hacer preguntas que respondan inquietudes que pueden ser de interés para la sociedad o sobre aspectos que la sociedad ignora.
Un funcionario no debe negarse a la auditoría social, pues debe recordar que es un empleado público y que el pueblo es su empleador. Por quien y para quien debe gobernar. Solo si se garantiza el cumplimiento del derecho a la comunicación, la libertad de expresión y prensa se podrá hablar de un El Salvador democrático. Permitir la violación de estos, debería asustar a la población, pues sería el rumbo a una sociedad donde impera la censura y el sesgo informativo fomentado por el Ejecutivo.
Díez, Mercè, Becerra, Martín, Fernández Alonso, Isabel & Moragas Spà, Miquel de. (2005). El Informe MacBride, 25 años después: contexto y contenido de un debate inacabado, Dialnet. Recuperada en septiembre 6, 2019, del sitio Web temoa: Portal de Recursos Educativos Abiertos (REA) en http://temoa.tec.mx/es/node/477316
Carlos Cruz, Docente del Departamento de Periodismo.
Por Guillermo Mejía
“El nuevo mundo ya no está en esta Asamblea General, sino en el lugar a donde irá esta foto, a la red más grande del mundo, donde miles de millones de personas están conectadas prácticamente todo el tiempo y casi en todas las facetas de la vida”, dijo Bukele frente al asombro de quién sabe cuánta gente.
Pero, para ser justos en la medida, también es pertinente decir que el presidente no solo descansó su estrategia mediática en las redes sociales, sino que cargó un grupo de periodistas de esos “medios obsoletos” que lo siguieron a cada paso, al igual que a su esposa Gabriela y su hija Layla.
Los acontecimientos que han dado mucho de qué hablar en la sociedad salvadoreña, dan pie para reflexionar acerca de los nuevos escenarios políticos que se han abierto con la presencia de las redes sociales en la vida cotidiana, desde las visiones optimistas o del encanto hasta las pesimistas o demonizadoras de las nuevas tecnologías.
El especialista argentino Luciano Galup, que ha escrito el libro “Big data & política” (Penguin Random House, 2019), considera que en sí no son las redes sociales las que han provocado el descrédito de las instituciones, al grado que han prosperado propuestas autoritarias al mejor estilo de Donald Trump en Estados Unidos o Nayib Bukele en El Salvador.
“(…) no son las redes quienes debilitaron a las instituciones tradicionales, me parece que tiene que ver con una etapa política, económica, más vinculada a la globalización y a la etapa del neoliberalismo de los últimos 30 años”, contestó Galup en una entrevista reciente con el periódico argentino elciudadanoweb.com
“Y las redes sociales se insertan en ese contexto y no son las que polarizan a las sociedades. Sí, obviamente, contribuyen a acelerar esa polarización, a darle combustible, pero lo que termina dividiendo y generando esas polarizaciones son las exclusiones, las injusticias y los grandes segmentos de la población que están excluidos de la economía y de la política”, añadió.
Sin embargo, aclaró que no es cierto que las redes sociales han generado mayor participación y democratización en la sociedad actual, ya que históricamente estuvimos polarizados, inundados de información falsa: “Las redes reproducen jerarquías, diferencias y desigualdades, no son una profundización de la experiencia democrática, ni mucho menos”.
Una mirada de lo que es vivir la política en nuestra sociedad la ha dado Alvaro Rivera Larios, intelectual salvadoreño residente en España, quien comentó precisamente en las redes sociales que se ha puesto de moda burlarse de la pobreza argumentativa de los simpatizantes del presidente Bukele sin considerar que es reflejo de “nuestra cultura política”.
“En vez de la burla fácil, habría que intentar comprender ‘las estructuras’ que llevan a los nayilibers hasta esos juicios que producen rubor. Al igual que las maras, los nayilibers son síntomas de nuestra sociedad y nuestra cultura. Sus pendejadas pertenecen a un horizonte que entre todos hemos engendrado”, afirmó.
“Hay que salvarse de ese partidismo fácil en que muchos ‘pensantes’ han caído y que los hace verse como muy inteligentes y ver a los otros como muy pendejos. Mejorarán de verdad, cuando comprendan que el suyo es también un marco interpretativo pendejo”, agregó Rivera Larios en un reflexión titulada “Semos pendejos”.
“Dichas luminarias antibukelianas están presas de un juego amigo-enemigo que es como la otra cara del juego de Bukele y sus nayilibers”, sentenció Rivera Larios.
“Hay que salirse de este juego y no perder el tiempo burlándose de lo que es fácil burlarse. Hay que dirigir nuestras energías a la construcción de nuevas formas de hacer política y a la construcción de nuevos sujetos políticos que puedan realizar esas nuevas formas de hacer política”, concluyó.
En síntesis, qué importa volverse viral en las redes sociales.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Los MOOCs:
En primer lugar, hay que dejar claro que el desarrollo de las asignaturas tiene una duración corta. En el caso del Departamento de Periodismo el ciclo académico es de 16 semanas. Previo a iniciar con este, cada docente se ve en la necesidad de actualizar, descartar y ajustar el contenido a impartir. El tiempo es una gran limitante para la formación de nuevos profesionales.
El resultado del proceso antes mencionado se presenta como el programa de estudios de la materia, el cual se busca desarrollar a totalidad. Claro, hay que tener en cuenta que, en el camino, algún tema deberá ser abordado con mayor o menor tiempo debido a la misma capacidad del estudiantado de asimilar el contenido con facilidad o no.
Aun así, hay contenido que debería enseñarse, pero dado el tiempo limitado no puede incorporarse. Y es aquí donde es importante tomar en cuenta el uso de los MOOCs, acrónimo en inglés de Massive Online Open Courses (o cursos online masivos y abiertos) que ofrecen diferentes plataformas que trabajan de la mano con universidades y centros de formación con prestigio en su materia.
Estos MOOCs suelen ser de corta duración, entre 4 a 6 semanas, con una inversión de 20 a 30 horas de estudio asincrónico. Es decir, que el estudiante inscrito puede ajustar su tiempo libre. Además, actualmente hay una variedad de cursos que se acoplan a las necesidades de estudiantes y profesionales.
Citando ejemplos, en la plataforma miriadax.net actualmente se está desarrollando el curso New Media, cuyo contenido contempla: Paradigma actual del consumo mediático; Los retos del periodismo multimedia; Periodismo y Redes Sociales; Nuevas narrativas y nuevos formatos del periodismo digital; Nuevos modelos de negocio y análisis de medios actuales. Este MOOC está orientado a estudiantes de periodismo, profesionales que ya ejercen y por supuesto, a docentes en la materia.
Aunque la mayoría de MOOCs son gratuitos, sus certificaciones suelen ser de dos tipos: Certificado de participación (gratis sin méritos académicos) y Certificado de superación (con reconocimiento de la universidad o centro de formación tras revisar el rendimiento y cumplimiento de las actividades del curso). Este último, como es de imaginar tiene un costo accesible.
Por tanto, ya no hay excusas para decir: “Eso no me lo enseñaron, nunca vi ese tema”. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos ofrecen un abanico de oportunidades para nuestro desarrollo profesional y constante enriquecimiento de conocimientos. Basta con reconocer la necesidad de ser autodidacta y aprovechar los recursos disponibles en internet, pues aún la mejor universidad del mundo no logra impartir todo el contenido que desearía y los estudiantes necesitan en un periodo corto por asignatura.
Enlaces a miriadax.net: https://miriadax.net
Curso New Media: https://miriadax.net/web/new-media
Carlos Cruz, Docente del Departamento de Periodismo.
Reacio a entrevistas cara a cara con medios de comunicación, Bukele ha convertido las redes sociales en su atrio y el Facebook Live en su área de confort. Ahí donde no hay espacio para repreguntas y lo único que lee son adulaciones, el próximo presidente de la república volvió a sentarse hace unos días para criticar a los medios de comunicación.
“La libertad de expresión no solo es para ellos, es un derecho de todos. Así como ellos tienen derecho de criticarnos, nosotros también tenemos derecho de criticarlos a ellos”, cuestionó el futuro presidente. El mismo que se niega a revelar los nombres de su gabinete, el mismo que se ha rodeado de asesores de “los mismos de siempre”, el mismo que no ha revelado qué acuerdos hubo con GANA para correr con ese partido en la elección, el mismo que desvía la atención cada vez que puede de los temas que debería y no quiere responder. Qué bueno que reconozca el derecho a ser criticado; le falta responder a éstas dando las explicaciones que debe dar como mandatario y no desviando la atención hacia otros temas.
Unos días antes de dicho FB Live del futuro presidente, Revista Factum publicó un editorial titulado “No le tema al periodismo, presidente”. Una defensa del oficio desde los hechos ocurridos luego de los Acuerdos de Paz, incluida la aceptación de que la publicidad está dinamitando la profesión: “El modelo draconiano que existe en el país, en el que las comisiones que se llevan las agencias de publicidad alcanzan hasta el 25% del precio del anuncio, ha resultado mortal para la salud financiera de estas empresas, que no paran de despedir reporteros, editores, diseñadores, fotógrafos, vendedores, desde mediados de la década pasada. (Nayib Bukele conoce bien este modelo: uno de los principales negocios de su familia ha sido, de hecho, la publicidad). Es cierto: los intereses políticos y económicos de los anunciantes más importantes de esos medios han influido en gran medida en sus agendas noticias y posturas editoriales”, decía el editorial.
Ahí pretendo hacer una pausa en la reflexión. Porque cierto es que Bukele gusta de la banalización de toda discusión que lleve hacia la reflexión crítica de su futuro gobierno, pero creo que tarde o temprano los medios de comunicación (sobre todo los tradicionales) deben verse el ombligo y hacer una autocrítica para entender qué nos están vendiendo como periodismo. Y porqué.
El descrédito de la mayoría de los medios de comunicación tradicionales no se ha producido únicamente porque apareciera un populista de escuela, como lo es Nayib, sino que los propios medios han propiciado la erosión de su credibilidad con acciones criticables y oscuras a todas luces. Y no es que no sean conscientes de ello.
Hay buen periodismo en El Salvador. Sí. Por medio de él nos hemos enterado de temas que han marcado la agenda nacional, como el pacto entre el gobierno de Mauricio Funes y las pandillas para reducir homicidios, o el pago de sobresueldos en todas las gestiones presidenciales desde la de Armando Calderón Sol (ambos en El Faro), o la utilización de posiciones en los ministerios para favorecer negocios personales (casos de Miguel Lacayo y Luis Cardenal, ambos publicados en LPG), entre muchos otros. Pero en algún momento del camino, medios que eran referentes perdieron el rumbo.
Hemos pasado de medios que en algún momento cuestionaron si el gabinete de Francisco Flores era nombrado por capacidad o por compadrazgo a medios que se bajaron los pantalones durante dos años para favorecer abiertamente con su cobertura al candidato de ARENA en la última elección presidencial.
Y pese a ello, continúan produciendo buenos materiales periodísticos. El lío es que se meten zancadilla ellos mismos. Qué bueno ver investigaciones y encontrar que José Luis Merino, dirigente del FMLN, posee toda una red de testaferros que le permitiría lavar dinero; que Guillermo Gallegos recibió finiquitos exprés de la Corte de Cuentas. Pero un par de minutos después ves a estos mismos medios compartir textos (no les llamemos noticias, por favor) sobre “el bikinazo del día” o las ya populares (sabrán ellos si por visitas o por parodiadas) historias de personajes de la farándula de la televisión y radio local. Matan la seriedad del oficio.
Soy un purista. Sí. Creo que el periodismo se debe hacer de manera seria. Entiendo que existen las secciones informativas y que hay otras que pretenden entretener, pero no creo que el papel ni el internet aguanten con todo con tal de ganarse un par de clicks.
Ese “par de clicks” es otra de las piezas del descrédito de los medios. Por eso convendría que se vieran al espejo esas jefaturas y se preguntaran porqué les importan tanto las cifras, tanto la cantidad de visitas al sitio y tanto la cantidad de veces que una nota recibe click. Que la estrategia sea “subir una nota pegadora” para levantar la cantidad de visitantes al sitio suena a cualquier cosa, pero no a periodismo.
Es peor cuando la estrategia raya la estupidez. Los mismos medios que publican una buena investigación sobre 569 violadores sexuales que salieron libres desde 2016 y ya nadie busca son los mismos que después ordenan a sus redactores multimedia y de papel que ninguna de las notas de Tony Saca mencionen que fue presidente por el partido ARENA. Hacerlo así es insultar al lector, que no es tonto; y escupir al cielo solo para que el garzo caiga en el rostro.
Reducir el trabajo de la web a producir números, clicks y visitas al sitio pone a los medios de comunicación tradicional al mismo nivel que los sitios de noticias falsas que tanto odian. Sitios que se dignan a hablar de su alcance porque piensan que, si más gente los lee, más ciertas serán las mentiras que cuentan. De calidad de periodismo no hablemos, que ni por cerca.
Por ello es que resulta importante el ejercicio de la autocrítica. El reconocido periodista colombiano Javier Restrepo decía que los periodistas somos personas “constantemente al borde de un ataque de ego” pero no podemos permitir que sea éste el que domine nuestra agenda. Ahora que un populista ocupará la banda presidencial, varios medios de comunicación deberían verse al espejo y preguntarse: fiscalizarán a Bukele porque es el presidente y, como tal, está obligado a la transparencia en el ejercicio de sus funciones; o lo fiscalizarán porque le ganó la presidencia al hijo del dueño del supermercado que más les pauta publicidad en el diario.
Y al otro lado del espejo, lo mismo. Nayib fue elegido presidente no para vivir en Twitter ni para verse cool en Facebook Live, sino para resolver problemas de país. Y para ello tiene que dar la cara, no solo mostrarla en selfies. Que haya medios que publiquen porquerías no lo obliga a solo hablar de ello, de la misma manera que estas no desacreditan las preguntas válidas que los medios tradicionales desean hacerle. Porque las respuestas que Nayib Bukele le debe a la sociedad ni siquiera son sobre temas sin relevancia. Los medios, y buena parte de la sociedad, nos interesamos por conocer de dónde salió el financiamiento de su campaña, qué acuerdos tuvo con GANA y quiénes estarán en su gabinete. Eso a lo que él llamó “el pelo en la sopa”.
Debería entender Bukele qué significa la metáfora, en realidad. Si te avisan que tenés un pelo en la sopa das las gracias porque evitan que te lo metas a la boca. A menos que lo hagas con pleno conocimiento e intención.
Denni Portillo, Docente del Departamento de Periodismo.
“Los textos más pausados y pensados, también a menudo más extensos –en los que una tesis se desdobla en párrafos argumentales, ejemplos, estudios, consecuencias lógicas y conclusiones-, nos son frecuentes en Twitter y Facebook. Ni los límites de extensión en la primera ni la dinámica en ambas lo permiten”, afirmó hace poco el escritor argentino-canadiense Alberto Manguel.
“Y es que las redes obedecen a una lógica de la ocurrencia y no a una de debate sustancial. Hay una paciencia en el desarrollo de los textos de largo aliento (no todos y no siempre) que implica un valioso ejercicio intelectual que corre el riesgo de perderse con la brevedad ingeniosa y la inmediatez que recompensan las redes sociales”, escribió en The New York Times.
“Este no es, o no quiere ser, un lamento nostálgico por el pasado”, agregó Manguel, “pero sí un llamado de atención sobre los riesgos que entrañan las formas de comunicación que caracterizan nuestro siglo: la brevedad y la falta de argumentación puede reducir la conversación a una frase tuitable. ¿Qué peligros hay en una sociedad de lectores de formas tan sucintas, a menudo vehementes y generalmente escasas de argumentos y datos verificados? Los 280 caracteres que permiten los tuits pueden simplificar la complejidad de una reflexión y, por lo tanto, empobrecer el debate público”.
Según el autor, las reglas retóricas en las redes sociales han masificado la tendencia al desarrollo de argumentos remplazado por el filo de la condensación, frases muchas veces ingeniosas pero casi siempre vacías o triviales, al grado que el prestigio de la labor intelectual se ha erosionado y se ha tendido a desdeñar los ejercicios que implican pensar y argumentar.
Manguel pone como ejemplos de esas prácticas preocupantes en la política a algunos presidentes como el estadounidense Donald Trump, el mexicano Andrés Manuel López Obrador y el brasileño Jair Bolsonaro: “Estos políticos han sabido entender bien la dinámica del lenguaje de las redes: menos propuestas estructurales y más declaraciones lapidarias”, sentenció.
Y agregó: “Sus discursos incitan a la reacción irreflexiva y visceral de los ciudadanos y menosprecian la labor analítica de sus críticos, a los que llaman ‘fifis’ o ‘enemigos del pueblo’. Estos gobernantes populistas se benefician del empobrecimiento del debate público que las redes facilitan: la crítica se debilita, el debate se dispersa. Como el eslogan del franquismo: ‘¡Muera la inteligencia, viva la muerte!’”.
Qué decir en El Salvador. Por lo que venimos observando desde antes del triunfo del presidente electo Nayib Bukele, éste ha privilegiado las redes sociales para dirigirse al conglomerado y, a su favor, encender la confrontación con sus adversarios y parte de los periodistas a quienes acusa de andar en el búsqueda de “el pelo en la sopa”.
La estrategia de marketing político diseñada incluye que sus oponentes y los periodistas molestos caigan en su tela de araña para desatar, con frases contundentes y que apelan a la irracionalidad, la furia de su ejército de seguidores dispuestos a destruir a quien se atreva a criticar la figura de su líder.
¿La solución? Manguel no cree necesario abandonar las redes sociales, pero sí retomar la lectura: leer ficción, leer periodismo, leer más. Pero no solo eso: debemos evitar la tentación de reproducir la dinámica de las redes sociales que funciona a partir de la indignación y el instinto en los debates de nuestra vida política, económica y social. Manos a la obra, pues.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
La cita anterior es del conocido “gurú” de la ética periodística en Latinoamérica, quien ha expresado que un periodista se vincula a tres palabras: verdad, responsabilidad e independencia.
Pero, ¿se apegan los periodistas actuales a estas características? Muchos críticos y analistas de la comunicación dirán que no (siendo pesimistas), otros dirán que sí (el optimismo ciego) y otros serán audaces al reconocer que es el conflicto que actualmente se vive: ser ético o no.
Partiendo de la vinculación que Restrepo hace del periodista con la verdad, es fundamental recordar uno de los principios del periodismo: la veracidad. Por ende, no cabe la idea de publicar noticias basadas en rumores, información falsa o tergiversada para lograr beneficiar a un sector, grupo o persona concreta. Pero, en la actualidad con las redes sociales y nacimiento de nuevos sitios informativos la realidad es otra.
A diario, son muchas las Fake News (noticias falsas) que se viralizan infoxicando al lector conformista, aquel que no analiza las fuentes de información ni es capaz de leer entre líneas para evitar dejarse manipular. Este se limita a compartir el contenido, muchas veces con solo leer el titular de una publicación. ¿Pero, son los lectores responsables de la pérdida de veracidad informativa?
Respondiendo esa pregunta, la respuesta es NO en primera instancia; ya que es el periodista quien tiene la responsabilidad de trabajar apegado a la verdad e informar sobre hechos comprobables de interés social. Parte del ejercicio periodístico enfatiza la necesidad de comprobar la información y contrastar fuentes para ello.
Sin embargo, actualmente, los medios de comunicación en su soporte digital compiten en una lucha sin cuartel por obtener el mayor número de visitas, clic y reacciones en su contenido. Esto tiene una conversión directa en la venta de publicidad, que es sin duda una fuente de ingresos fundamental para dichas empresas.
Así, la dirección de los medios obliga a que los comunicadores se amolden a una producción constante de contenido, perdiendo en el proceso la calidad periodística que otorga el proceso de verificación y contraste de información. Ser los primeros en publicar un hecho, es la meta que los jefes de prensa enfatizan a sus periodistas. Con esto se deja de lado la responsabilidad con la sociedad misma, la cual está adicta al flujo de contenido viral que no presta atención a la calidad del mismo.
Ante este panorama poco alentador la esperanza son los medios alternativos. Esos que parecen un mito, pero que realmente existen y sobreviven a veces con muchas dificultades. Esto a consecuencia de la búsqueda de independencia, esa que ahora no disfrutan la mayoría de periodistas en los medios; ya que ir en contra de la línea editorial del medio y la ideología de los dueños trae como resultado el despido y cierre de oportunidades laborales.
Las universidades tienen como reto el fomentar la ética periodística en los profesionales en formación, despertar la autocrítica del ejercicio del periodismo en la actualidad, pero sobre todo encender en los nuevos comunicadores el deseo a crear proyectos alternativos de difusión de información a partir del uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Solo así, podría retomarse la afirmación de Javier Darío Restrepo que “un periodista se vincula a tres palabras: verdad, responsabilidad e independencia”.
Carlos Cruz, docente Hora-Clase del Departamento de Periodismo.
Es el acercamiento a lo que queda de las promesas fallidas “tecnodemocratizantes” a lo largo del siglo XX, como lo estima el académico español Carlos Alvarez Teijeiro, que con cita de Neil Postman dice: “los medios, despóticamente sometidos al imperativo supraideológico del entretenimiento, sólo sean capaces de evitar el totalitario infierno orwelliano (la prisión de la cultura y la cultura como prisión)”.
Lejos queda la comunicación colectiva como posibilidad de diálogo y encuentro social, donde los ciudadanos utilizando su raciocinio emprendieran la toma de decisiones desde lo público y conveniente para la sociedad. Y el sistema mediático asumiera los retos que señala una perspectiva ético-moral humanista que, por ende, girara alrededor del sujeto social como protagonista.
Al comparar a las sociedades pre-industriales, industriales y post-industriales, se estima que la última se basa en los servicios, donde no cuenta la fuerza bruta, o la energía, sino la información. El principio energético del funcionamiento de la sociedad es la información. Los medios de comunicación son uno de los principales agentes de creación, reproducción y distribución de información y conocimiento.
La “sociedad de masas” aparece con los siguientes rasgos –a decir de Daniel Bell: “En la estructura social, el divorcio de la familia del sistema ocupacional, la progresiva especialización, la diferenciación de funciones, la multiplicación de las colectividades, las jerarquías, la formalización de las normas y la extensión del universalismo; y en el terreno cultural, la secularización de las creencias, el énfasis sobre la experiencia individual, la búsqueda de novedades y sensaciones y el sincretismo de doctrina y forma”.
Pero, según Alvarez Teijeiro, la preponderancia del papel asumido por los media puede llevar a creer de manera simple que los problemas principales con que se enfrenta la distribución de información y conocimiento en esta sociedad son tecnológicos o económicos, mas Bell aclara que los problemas son de orden político.
La dimensión política de los problemas puede comprenderse a partir de la importancia de la participación como principio axial de la vida política.
Como sociedad hedonista, individualista e intimista, la posmoderna ha desplazado la “moralidad de la bondad” por una “moral de la diversión”. De lleno, la sociedad occidental carece al mismo tiempo de civitas, la disposición espontánea a sacrificarse por el bien público, y de una filosofía política que justifique las reglas normativas de las prioridades y asignaciones de la sociedad, de acuerdo con Bell.
En cuanto a las características mediáticas de la sociedad posmoderna, se concluye que los medios de comunicación ocupan un lugar privilegiado en la esfera pública, y es de tomar muy en cuenta los fenómenos de opinión pública derivados de la “democracia de los sondeos” con lo que “(…)la democracia no estaría sino descomponiéndose desde adentro”.
Según Alvarez Teijeiro, los medios pasaron a convertirse en “no-lugares”, porque se convirtieron en deficientes gestores del espacio público hasta hacerse imposible el progreso del discurso público de la democracia y pueden caracterizarse de la siguiente manera: La proliferación de pseudoacontecimientos o acontecimientos mediáticos; la cobertura trivial de la vida política, social, cultural y económica; y la progresiva conversión de la información y de la educación en entretenimiento siguiendo la implacable lógica del capitalismo.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Es el acercamiento a lo que queda de las promesas fallidas “tecnodemocratizantes” a lo largo del siglo XX, como lo estima el académico español Carlos Alvarez Teijeiro, que con cita de Neil Postman dice: “los medios, despóticamente sometidos al imperativo supraideológico del entretenimiento, sólo sean capaces de evitar el totalitario infierno orwelliano (la prisión de la cultura y la cultura como prisión)”.
Lejos queda la comunicación colectiva como posibilidad de diálogo y encuentro social, donde los ciudadanos utilizando su raciocinio emprendieran la toma de decisiones desde lo público y conveniente para la sociedad. Y el sistema mediático asumiera los retos que señala una perspectiva ético-moral humanista que, por ende, girara alrededor del sujeto social como protagonista.
Al comparar a las sociedades pre-industriales, industriales y post-industriales, se estima que la última se basa en los servicios, donde no cuenta la fuerza bruta, o la energía, sino la información. El principio energético del funcionamiento de la sociedad es la información. Los medios de comunicación son uno de los principales agentes de creación, reproducción y distribución de información y conocimiento.
La “sociedad de masas” aparece con los siguientes rasgos –a decir de Daniel Bell: “En la estructura social, el divorcio de la familia del sistema ocupacional, la progresiva especialización, la diferenciación de funciones, la multiplicación de las colectividades, las jerarquías, la formalización de las normas y la extensión del universalismo; y en el terreno cultural, la secularización de las creencias, el énfasis sobre la experiencia individual, la búsqueda de novedades y sensaciones y el sincretismo de doctrina y forma”.
Pero, según Alvarez Teijeiro, la preponderancia del papel asumido por los media puede llevar a creer de manera simple que los problemas principales con que se enfrenta la distribución de información y conocimiento en esta sociedad son tecnológicos o económicos, mas Bell aclara que los problemas son de orden político.
La dimensión política de los problemas puede comprenderse a partir de la importancia de la participación como principio axial de la vida política.
Como sociedad hedonista, individualista e intimista, la posmoderna ha desplazado la “moralidad de la bondad” por una “moral de la diversión”. De lleno, la sociedad occidental carece al mismo tiempo de civitas, la disposición espontánea a sacrificarse por el bien público, y de una filosofía política que justifique las reglas normativas de las prioridades y asignaciones de la sociedad, de acuerdo con Bell.
En cuanto a las características mediáticas de la sociedad posmoderna, se concluye que los medios de comunicación ocupan un lugar privilegiado en la esfera pública, y es de tomar muy en cuenta los fenómenos de opinión pública derivados de la “democracia de los sondeos” con lo que “(…)la democracia no estaría sino descomponiéndose desde adentro”.
Según Alvarez Teijeiro, los medios pasaron a convertirse en “no-lugares”, porque se convirtieron en deficientes gestores del espacio público hasta hacerse imposible el progreso del discurso público de la democracia y pueden caracterizarse de la siguiente manera: La proliferación de pseudoacontecimientos o acontecimientos mediáticos; la cobertura trivial de la vida política, social, cultural y económica; y la progresiva conversión de la información y de la educación en entretenimiento siguiendo la implacable lógica del capitalismo.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Por Carlos Cruz
Sin embargo, este proceso se ha vuelto complejo por una serie de situaciones; desde el claro intento de bloqueo hacia la participación de uno de los actuales candidatos a la presidencia, pasando por la cancelación de partidos menores hasta la polémica del principal partido de derecha en casos de corrupción y desvío de fondos del Estado durante sus pasadas gestiones en el Ejecutivo.
No obstante, ante este panorama no puede negarse el papel fundamental de la comunicación para generar la opinión pública, tanto a favor como en contra de los candidatos en contienda. Y es aquí, donde es necesario recordar la vigencia del Experimento de Sherif, uno de los experimentos sociales realizados en 1954, que aborda la generación de prejuicios sociales y su uso aplicado en la manipulación de un amplio sector de la población de una nación.
Experimento de Sherif
“El experimento del punto luminoso de Muzafer Sherif tuvo como fin el estudio de la conformidad psicológica. Fue diseñado para medir hasta qué punto un participante, al pedírsele que resolviera un problema difícil, compararía (y adaptaría) su respuesta a la de los demás participantes (un tipo de conformidad llamado influencia social informacional). El experimento consistía en la proyección de un punto luminoso en una sala oscura. La prueba demuestra que cada individuo por separado ve el punto a una distancia concreta, mientras que, al consensuar con el resto de miembros del grupo, la opinión se unifica. Así, se puede observar que la opinión personal de los participantes se adapta a las opiniones generales del grupo. Esto explica cómo es que una población entera, a pesar de la evidencia en contra, puede llegar a sostener una idea distorsionada y creer que es real”. [1]
Lo anterior cobra fuerza, en el contexto informacional actual donde en El Salvador se da una infoxicación a cargo de múltiples sitios web que se encargan de generar noticias falsas (Fake News), con el objetivo de atacar la imagen de algún candidato a la presidencia y a la vez realzar la figura del “candidato idóneo” con el cual simpatiza el medio. ¿Pero esta situación siempre se ha dado motivado por la pauta publicitaria y la compatibilidad ideológica, qué es lo preocupante entonces?
No es un misterio que los medios de comunicación privada primordialmente son empresas, las cuales buscan su subsistencia y generación de ganancias a través de la venta de espacio publicitario y posibles convenios con sectores de poder afines en ideología. La situación se complejiza gracias al impacto de las redes sociales. El nuevo paradigma político es innegable, para muestra en Brasil, el uso de las redes sociales fue determinante para concluir con la elección de Jair Messias Bolsonaro como nuevo presidente y el retorno de la derecha al poder.
Es entonces que surge la necesidad de generar espacios de análisis político sobre quiénes son los candidatos a la presidencia y sobre todo el de revisar punto por punto las propuestas de campaña; ya que a diario medios digitales tienden a compartir literalmente las mismas notas e imágenes, con leves cambios a veces, dejando en evidencia la producción y distribución de contenido tendencioso que solo busca elevar la opinión pública a favor de uno y en contra del resto de participantes.
Debe recordarse que los medios de comunicación tienen el compromiso de informar, orientar, educar y entretener. Pero en el panorama político actual, se incumple el primero desde la visión objetiva; lo cual se complica más con la constante aparición de nuevos medios cuya esencia son las “fake news” al servicio de uno u otro sector partidario.
Por ello es importante que, hoy más que nunca, desde las instituciones que forman periodistas se enseñe, promueva y enfatice la necesidad de ejercer la ética periodística y el compromiso social que se deriva del carácter humanista del periodismo. No debe pasarse por alto que, la comunicación es un arma poderosa que ha servido a lo largo de la historia de la humanidad para la instalación de doctrinas; cuyo culmen ha sido la transformación de los sistemas políticos y modelos económicos, aunque en gran medida al servicio de grupos oligárquicos.
Si no se toma consciencia del compromiso que el periodismo implica, surge la pregunta cuya respuesta es incierta y temible. ¿A quién elegirá el pueblo salvadoreño como su nuevo presidente? ¿Seguirán los sectores pobres votando por un partido de ricos que ha hecho uso indebido de los fondos del Estado? ¿Seguirán muchos creyendo en los cambios? ¿O la mayoría creerá ciegamente en la figura de un salvador, motivados por el descontento partidario?
Carlos Cruz, docente del Departamento de Periodismo.
[1] ICONOCLASTA. (2017). El Experimento de Sherif. ICONOCLASTA, 15-16.
Por Guillermo Mejía
Así resume la comunicóloga venezolana, Migdalia Pineda, de la Universidad del Zulia, los nuevos tiempos que vivimos a partir de la propuesta teórica del filósofo francés, Jean-Francois Lyotard, que junto a otros autores ha desarrollado pensamiento frente a la crisis de una racionalidad que se sustentó en la razón científica y técnica para dominar el mundo.
En consecuencia, según señala Pineda, el posmodernismo pretende recuperar, por un lado, el sentido de la palabra, del lenguaje y, por el otro, la dimensión ética y ontológica del progreso material y económico. De modo que con la deconstrucción se busca invertir el sentido, o producir un desplazamiento del conocimiento exacto, técnico y científico hacia los problemas de la intersubjetividad del sujeto (conocimiento y comunicación).
“De las significaciones sociales, partiendo de la base de que es en el lenguaje, en el referente lingüístico, donde la complejidad humana se hace presente con su desorden y su caos; y que es más enriquecedor para el hombre vivir en un contexto de las certidumbres del discurso científico con sus verdades inamovibles”, agrega.
De acuerdo con la profesora Pineda, de hecho desde la década de los 80 del siglo pasado, el posmodernismo comienza a proponer nuevas teorías en el campo de la física, la astronáutica, la historia, la pintura, la literatura y la medicina para interpretar los profundos cambios sociales, culturales, políticos, tecnológicos y científicos de la época contemporánea.
“Y para los inicios del Siglo XXI, se convierte en una revolución cultural, filosófica, de contexto y carácter histórico, en la cual la humanidad perfila otras maneras de entenderse a sí misma en medio de fuertes luchas de regiones, provincias y pueblos por la autodeterminación y la autonomía cultural y política; así como en medio de fuertes cambios científicos y tecnológicos que hacen surgir una sensibilidad social y cultural más hedonista, y un nuevo paradigma tecnológico sustentado en la imbricación de los medios de masas y las tecnologías digitales y virtuales (…)”.
La maestra venezolana dice que los enfoques posmodernos señalan la necesidad de repensar “lo técnico”, para avanzar en una deconstrucción de la tecnología, que ahora adquiere un lugar central no en las relaciones de producción sino en las de reproducción simbólica. Las tecnologías de la información y la comunicación plantean grandes interrogantes sobre la función de las “máquinas” en lo contemporáneo.
“Unas máquinas que hacen posibles intercambios simbólicos con otros en un tiempo y un espacio no lineal, no geográfico, sino virtual, reticular, global, que han revertido los lenguajes, las palabras y los roles de los sujetos dialogantes, y que han introducido elementos de mayor desorden, caos e incertidumbre que las máquinas exactas de la sociedad industrial”, añade Pineda.
En suma, de acuerdo con ella, las tecnologías digitales han supuesto cambios fundamentales en las formas de escritura lineal y analítica de la palabra impresa, con sus modalidades del hipertexto, el multimedia, la virtualidad y las redes, y con ello contribuyen a la conformación de un nuevo tipo de pensamiento, denominado como pensamiento sintético no tan racional sino intuitivo y abierto.
Algunas de las explicaciones que las nuevas tecnologías requieren “no podrán ser ofrecidas a través de los enfoques de las disciplinas científicas tradicionales, cuyos conceptos, categorías y base epistemológica no podrían dar cuenta de la complejidad del mundo posmoderno y los intercambios significativos que a través de dichas tecnologías establecen los hombres entre sí e incluso con las máquinas”.
De modo que el pensamiento complejo y la transdiciplinaridad que lo acompaña emerge, pues, como el modo de acercamiento a la realidad actual para entender los cambios, la pérdida de los centros y de los discursos institucionalizados como verdaderos y en su lugar aparece la inestabilidad de los discursos, la relatividad de las teorías, la inseguridad de los sabido, y la diversidad y la diferencia comienzan a pugnar por llegar a ser valores culturales reconocidos, de acuerdo con Pineda.
Luego responde: “Es evidente, que con este cambio de época, la comunicación parece ocupar un lugar transversal en todos los órdenes de la vida social y con ello los problemas del sentido, de las significaciones, del intercambio simbólico”.
“En consecuencia, el estudio de los procesos de comunicación, de sus bases teóricas, tiene que rescatarse para ayudar a conformar otras explicaciones, conceptos y categorías que den cuenta de los profundos cambios que están ocurriendo en la actualidad. Se trata de volver al pensamiento teórico, a la reflexión epistemológica que haga posible la construcción de una episteme de conocimiento de lo social y lo histórico diferente a la de la modernidad y su racionalidad instrumental”, agrega.
Pero “volver a la teoría no significa para nada retornar a un modo de conocimiento contemplativo, alejado de lo real, de lo histórico, del contexto y de lo cotidiano, sino a un modo de conocimiento que se confronte de forma permanente con los hechos, con la vida misma y que asume que el hombre con su potencialidad de pensar, conocer y dialogar es el sujeto protagónico del proceso de conocimiento por encima de los métodos y técnicas institucionalizadas”, señala Pineda.
“Un modo de conocimiento que revalorice los enfoques holísticos, integradores y cualitativos, que proponga opciones metodológicas más flexibles y adaptables a los cambios del mundo real vivido, para llegar a nuevas combinatorias y entrecruces de disciplinas que nos ayude a consolidar un pensamiento más heterodoxo que el de la modernidad”, explica la profesora venezolana.
Guillermo Mejía, docente del Departamento de Periodismo.
“Si te atreves a enseñar, no dejes de aprender”
John Cotton Dana
Pero, ¿será realmente culpa exclusiva de los alumnos una situación como esa? ¿Podrá atribuírsele ese resultado a la profesora? ¿Tendrá algún grado de responsabilidad la institución universitaria? Claro está que responder a cada una de éstas y otras interrogantes vinculadas con el quehacer académico puede ameritar una investigación que ayude a vislumbrar lo que sucede en nuestro ámbito universitario, pero en esta ocasión al menos vale la pena hacer algunas aproximaciones al respecto a través de este ensayo crítico.
Para comenzar, a fin de elaborar este ejercicio me pareció pertinente consultar a un grupo de colegas profesores y profesoras de la Licenciatura en Periodismo respecto a la forma cómo llevan a cabo su práctica docente. La muestra estuvo conformada por un 20% de la planta docente actual del Departamento de Periodismo (22 profesores en total, de los que 5 tomaron parte de la muestra: una Maestra, un Doctor y tres Licenciados, todos con más de 15 años de experiencia docente).
De acuerdo con los resultados obtenidos en la consulta, el 100% de ellos realiza pruebas diagnósticas al comenzar cada ciclo académico, con el propósito de establecer los conocimientos previos de sus alumnos y tomar eso como base y punto de partida, sobre todo a fin de no repetir contenidos. También se puedo establecer que todos utilizan diferentes recursos pedagógicos para impartir sus clases, aunque la mayoría son usuales (presentación en power point, textos, ejercicios prácticos), así como la proyección de vídeos y algo más reciente es el empleo de un aula virtual, aunque este tipo de recurso no vuelve semi-presencial la asignatura, ya que se utiliza simplemente como complemento de la clase en el salón.
Asimismo, los docentes valoraron que el uso de tales recursos permite que los estudiantes asimilen mejor la información, aunque uno de ellos indicó que eso también depende del interés que el alumno demuestre en la instrucción que se le brinda, así como que tenga interés por la lectura y participe en lo que se hace en la clase.
De igual manera se percibió que el 20% de los profesores consultados modifica los recursos pedagógicos con frecuencia, dada la naturaleza predominantemente práctica de las asignaturas y por el hecho de las nuevas tendencias y situaciones que surgen en el entorno, sobre todo en lo que respecta al uso de tecnologías de la información y comunicación y la forma de hacer periodismo, que ha ido cambiando con el tiempo, lo que les ha llevado a procurar conocer qué hay de nuevo en el ámbito social; incluso un maestro dijo que procura generar nuevas prácticas (por ejemplo, el uso de redes sociales).
Aunque todos ellos estiman que resulta factible poder implementar cambios en la metodología de trabajo, considerando las diferentes capacidades y aptitudes del estudiantado para adecuar tales recursos según sus necesidades, parece una acción que resulta difícil de poder concretar, tomando en cuenta que no reciben capacitaciones de forma regular y consistente, ni tampoco nuevos recursos tecnológicos o bibliográficos para desempeñar su labor docente.
Este último aspecto es uno de los más importantes, dado que al hablar de efectuar la práctica docente se puede argumentar que no se trata meramente de una simple acción que lleve a un maestro a planificar su clase para luego impartirla y en algún momento evaluar los conocimientos adquiridos por los estudiantes, ya que en realidad la práctica educativa universitaria implica compartir conocimientos que contribuyen a la formación profesional del estudiantado, misma que les permitirá desempeñarse posteriormente en el ámbito laboral en el que se inserten.
Entonces, ¿en qué debe pensarse para que el proceso de enseñanza-aprendizaje se vuelva efectivo y eficiente y cumpla con su verdadero cometido?
Evidentemente no se trata de una preocupación reciente. Ballesteros Regaña, Cabero Almenara y López Meneses (2009), indican que desde la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción (UNESCO, 1998), entre otros aspectos, ya se cuestionaba tanto los modelos como las estrategias educativas, especialmente en lo relativo a la transmisión de conocimientos por parte del profesor, el aprendizaje memorístico por parte del alumno y su control a través de exámenes.
Tal como señalan estos autores, aunque no se puede negar que el aprendizaje memorístico aún tiene vigencia, no es menos cierto que también se debe dar paso a nuevos modelos y estrategias de enseñanza que permitan al estudiante ser el protagonista de su propia formación, lo que no siempre sucede en el ámbito universitario actual.
De hecho, tal como lo expresa una frase célebre de Ortega y Gasset, “hacer cambios en las universidades, es como remover cementerios”, dando a entender que a pesar que estas instituciones son productoras de ciencia y conocimiento, no siempre son capaces de aplicar innovaciones en las formas en las que se enseña, dificultando así la manera en que el alumnado aprende y más aún para adquirir experiencias nuevas y relevantes que sean de utilidad en su posterior práctica profesional, una vez que se han graduado.
De ahí que precisamente la referida Declaración sobre la Educación Superior de la UNESCO (1998) considere necesario implementar métodos educativos innovadores, sustentándolo en los cambios continuos que se producen en el mundo y con base a lo cual “las instituciones de educación superior deben formar a los estudiantes para que se conviertan en ciudadanos bien informados y profundamente motivados, provistos de un sentido crítico y capaces de analizar los problemas de la sociedad” (Artículo 9).
Entre otros aspectos, dicha Declaración plantea que se debe impulsar un cambio curricular, ya que los planes de estudio deben acoplarse a la realidad y cambios que se producen, lo cual, por supuesto incluye no sólo la aplicación de nuevos métodos y distintos planteamientos didácticos y pedagógicos, sino que involucra la formación constante de los docentes encargados de la enseñanza, a fin de garantizar que el aprendizaje sea óptimo y de calidad.
Esto debe estar enmarcado en un enfoque institucional orientado a lograr el cumplimiento de tales objetivos, que incluye el uso de tecnología, la formación continua de los docentes, la renovación de recursos didácticos y pedagógicos, establecimiento de sistemas virtuales, según las necesidades propias de cada entidad universitaria, entre otros aspectos.
Cabe señalar en este punto, que el tema de la innovación educativa universitaria tiene escollos que deben superarse, con la finalidad que la práctica educativa universitaria rinda mejores resultados, por lo que hay que considerar de qué se trata tal aspecto.
Puede entenderse el concepto de innovación educativa como el “cambio deliberado y permanente en el tiempo que introduce modificaciones significativas en el sistema de transferencia de conocimientos, actitudes, valores y destrezas, actuando sobre alguno o sobre todos los componentes de la función docente, con el fin de incrementar la calidad de su ser y de su operación (Valenzuela Fuenzalida,1993).
No obstante, este autor considera que no se trata de un componente aislado, sino que la innovación debe ser parte de un proyecto que sea sustentado por un equipo de personas que lo impulsen, pero que a la vez sean respaldados institucionalmente, pues de esa forma podrá ejecutarse, ya que conlleva el compromiso de echarlo a andar.
Claro que cualquier innovación debe plantearse a partir de un modelo educativo y la proyección de un cambio sustantivo; es decir, no bastará con que un docente aplique nuevos elementos en sus clases, lo cual debe entenderse más bien como una modificación o un cambio en el programa de una materia más que como una verdadera innovación, ya que ésta involucra un aspecto más complejo, o sea, integrar tanto la práctica docente, como planes educativos acordes con los cambios que se producen en la sociedad, las tecnologías a disposición y la participación proactiva de los estudiantes, todo ello acorde con el entorno social en el que se desenvuelven.
Aunado a lo anterior, cabe considerar que la innovación que pueden llevar a cabo en algún momento determinado los docentes universitarios no debe estar aislada de un asesoramiento pedagógico como tampoco se debe olvidar la articulación entre la teoría y la práctica como dinamización de las innovaciones en el aula universitaria (Lucarelli, 2003).
Así, parece factible considerar que la innovación no debe verse desde un solo ángulo o punto de vista, sino que involucra una práctica educativa orientada a mejorar la enseñanza con un propósito específico, aunado a ello tiene que ser reflexiva y producto de una buena planificación, a fin que logre los resultados proyectados.
Hay que considerar que parte de esa innovación en la educación superior debe buscar un crecimiento sostenido de parte de los estudiantes, cuyas expectativas tienen que ser tomadas en cuenta y considerar que el papel que tiene la educación superior es crucial para buscar soluciones a los problemas sociales; en otras palabras, debe tratarse de un aprendizaje significativo que conlleve al estudiante a ser no sólo más autónomo, sino que hay que brindarle herramientas que le ayuden a comprender, analizar, valorar, cuestionar los contenidos y no sólo memorizarlos para una evaluación, que, dicho sea de paso, no es la única ni la mejor forma de evaluarlos, incluso hay que ser innovadores en la forma de evaluación.
Por ejemplo, un punto de partida es valorar que el proceso de enseñanza-aprendizaje no se limita a lo que ocurre cotidianamente dentro de un salón de clase, pues puede trabajarse con el estudiantado fuera de éste, utilizar otro tipo de metodología (aprendizaje basado en casos o en problemas, entre otros).
Por todo esto, se puede decir que la práctica educativa universitaria debe ser innovadora y enfocarse como una actividad que se tiene que fortalecer y ejecutar. Aunque se sabe que la mayor dificultad que se tiene para lograr algo como eso, y a la que implícitamente se refiere la frase de Ortega y Gasset ya citada, es la actitud de los maestros y maestras que se resisten al cambio, no por ello hay que dejar de insistir.
Al respecto, el Jefe del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador, Oscar Wuilman Herrera señala que la innovación educativa ha sido una estrategia utilizada en formatos educativos con intención de romper las tradiciones y buscar alternativas distintas a la costumbre, para generar mejores procesos de aprendizaje, con alternativas diferentes y un poco más vinculadas con la experiencia de los sujetos (en entrevista realizada el 4 de junio de 2018).
En otras palabras, se refiere a que los educandos deben ser formados para ser aptos y competentes, pero la universidad tiene la dificultad de poder cambiar las estructuras tradicionales de enseñanza, incluyendo el “comodismo” al que tienden a aferrarse los docentes cuando ya dominan ciertos contenidos y terminan repitiéndolos, a pesar que ya estén desfasados.
Esto evidencia que hay que marcar un punto de inflexión y buscar hacer las cosas de una forma diferente, lo cual requiere que se produzca una cualificación de los docentes, que ya no se vea de menos al estudiante y propiciar cambios positivos que se conviertan en una verdadera innovación de la práctica educativa universitaria.
“El educando no debe ser un simple oyente que acumula datos que transmite el profesor, que no discute, no investiga, no crea, se robotiza, que no desarrolla su personalidad y que por el contrario desarrolla su incapacidad de pensar, sentir y actuar”. (Calero Pérez, 40)
Así pues, innovar la práctica educativa universitaria no se trata de una mera acción loable de parte de los docentes –independientemente de su área de conocimiento y desempeño- el querer implementar formas diferentes de trabajo en aras que el estudiantado adquiera conocimientos, sino más bien de elaborar un proyecto educativo mediante el cual se produzca una coherencia entre la enseñanza, el aprendizaje y la forma cómo se evalúa a los estudiantes, dejando constancia que lo más importante de este proceso es garantizarles la aprehensión de un producto educativo útil y de calidad, lo cual se logrará en la medida que aceptemos el reto de propiciar cambios reales y sustantivos que se requieran para alcanzar ese objetivo.
Después de todo, el primer requisito para tener éxito con una innovación es no ver en el cambio una amenaza, sino una oportunidad potencial (Calero Pérez, 2012). Si la tenemos ante nosotros, no hay por qué desperdiciar la ocasión, sino más bien ser creativos y aprovechar al máximo el potencial del estudiantado, con lo que incluso se puede llegar a superar en un mediano plazo los malos resultados que actualmente estamos observando, mismos que deben dejar de intentar “arreglarse” mediante reglamentos, como se viene ejerciendo en la práctica desde hace algunos años en la institución que tenemos como nuestra Alma Máter.
Concluyo opinando que para mí la mejor forma de ayudar al estudiantado en su proceso de formación profesional es enseñarles no lo que les resulte más fácil ni ir readecuando la legislación universitaria para que aprueben sus cursos a como dé lugar, sino diseñar un proyecto educativo que sea tan innovador como factible y de utilidad, porque a la larga eso sí constituiría un aporte productivo desde nuestra práctica docente hacia la sociedad salvadoreña.
Referencias bibliográficas
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Cáceres Ramírez, Orlando. ¿Qué es un ensayo crítico? Disponible en: https://www.aboutespanol.com/que-es-un-ensayo-critico-2879515 2017.
Calero Pérez, Mavilo. Creatividad, reto de innovación educativa. Alfaomega Grupo Editor. México, 2012. Centro Interuniversitario de Desarrollo (CINDA). Innovación en la Educación Universitaria en América Latina. Modelos y Casos. Chile, 1993.
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Páginas web
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https://prezi.com/trft_3cwx5yb/concepto-la-practica-educativa/
Instrumentos de investigación
Entrevista Maestro Oscar Wuilman Herrera, Jefe del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador. Entrevista personal. 4 de junio de 2018.
Cuestionario Instrumento de Consulta a Docentes de Periodismo. Producción propia. Aplicado entre el 4 y el 8 de junio de 2018.
Instrumento de Análisis de Datos del Instrumento de Consulta a Docentes de Periodismo. Producción propia. Realizado el 9 de junio de 2018.
Referencias de práctica docente propia. Profesora Universitaria III, T.C. Departamento de Periodismo de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador. A la fecha, Catedrática de Política Regional Contemporánea (3er. Año) y de Producción de Noticieros para Radio (5to Año). Experiencia docente de 20 años, con desempeño en diferentes cursos de la malla curricular de la Licenciatura en Periodismo.
Arely Franco Ramos, Jefa del Departamento de Periodismo.
Por Roberto Pérez
El espacio por años ha beneficiado al sector privado, en donde las consultas a la ciudadanía para democratizar el espectro radioeléctrico como derecho humano no han pasado de ser simples demandas sin la correlación para ser consideradas. Dedicaremos unas palabras a comprender los problemas inherentes que conlleva el internet en estos tiempos con relación al uso público del espectro radio eléctrico.
Cada vez más la necesidad de ancho de banda en un espectro de uso limitado obliga a la UIT a disponer de franjas originalmente destinadas a la televisión para liberar espacio en beneficio de la transferencia de datos móviles dentro del expansivo mercado de las telecomunicaciones. Por ejemplo, ya entrado el siglo XXI, las corporaciones de televisión mexicana provocaron un escándalo mediático cuando la UIT aprobó el uso del espectro de la banda 2.5 Gigahertz para uso de la banda WSA para datos, obligando a desplazar a otra banda la señal de microondas de las cadenas televisivas. El caso en El Salvador también llamó la atención precisamente de la gremial ASDER en defensa de sus intereses más fuertes con TCS cuando se dictaminó el uso de la banda de los 700 Mhz por donde transitan los canales del 49 al 69 de la banda UHF. Dicha banda será utilizada para el internet 4G LTE. Después de la aprobación, SIGET no ha liberado la banda. Es suficiente sintonizar los canales para comprobarlo. Llama la atención que las empresas de telefonía cobran por una señal que no opera, sin que el reglamento de la SIGET contenga artículos sancionatorios. Para el futuro, siguiendo esta lógica, se prevé que el internet desplazará el espectro radioeléctrico reservado para la radio y la televisión por un servicio de datos a través del internet de pago. El discurso de las empresas mediáticas que consideran la tv y radio gratuita, como su servicio público, eventualmente irá desapareciendo, diluyéndose en el entramado negocio que representa el internet, a través del negocio de compra y venta de datos.
Esta nueva lógica mediática ha conllevado a incursionar en la convergencia digital que implica un desplazamiento de los medios tradicionales analógicos hacia modalidades virtuales en internet, lo cual mantiene en incertidumbre a las principales corporaciones mundiales, quienes trabajan para estar en la mejor posición de preferencia de las audiencias. Ante una amplia gama de flujos de contenido, las audiencias son cada vez más móviles y sus prácticas de consumo cambian generacionalmente hacia dispositivos de lectura multimedia. Por ejemplo, en la encuesta de propósitos múltiples en El Salvador se puede ver como la tendencia en hogares para aparatos de reproducción está en clara transición (VER TABLA 1).
Frente a este nuevo escenario, quienes han logrado avanzar hacia alguna modalidad de convergencia digital en El Salvador es la TV desde streaming web con aplicaciones como TCS go o Megavisión go. En la radio, el grupo Samix incursiona con su aplicación Grupo Samix app. De ahí una variedad de radios web, streaming, entre ellas las radios comunitarias aglutinadas en ARPAS. Toda esta dinámica implica un flujo de negocios de consumo de datos, por lo que alguien debe pagar, aunque no necesariamente el usuario final. Una tendencia cada vez más evidente al observar la evolución histórica del consumo de medios a través de aparatos de recepción nos indica que en El Salvador las audiencias se desplazan hacia la televisión, la computadora y los dispositivos móviles, abandonando gradualmente los aparatos de radio y equipos de sonido. El límite de posesión de aparatos eléctricos, entre ellos el internet, está determinado por la disponibilidad de hogares con servicio eléctrico. En el caso de El Salvador ese límite es de 96.0 % de la población total,según datos de la CEPAL 2016. Para visualizar mejor esta tendencia se comparte la siguiente tabla (VER TABLA 2).
En palabras de Manuel Castelles, podríamos decir que El Salvador progresivamente se va introduciendo en la “sociedad red” conectada en lo local y global. Como consecuencia, el flujo de contenidos está principalmente dominado por las agendas internacionales y pone en evidencia las debilidades de una cultura local con pocas defensas de su identidad nacional. Si acaso, una defensa a la cultura industrializada de bienes simbólicos nacionales, aquellos no rentables poco pueden sostenerse en el tiempo, a menos que existan grupos en resistencia. En la sociedad red circula una gran cantidad de contenidos en una hiper ciber esfera que por mucho tiempo se consideró menos concentrada y con mayor flujo de información entre audiencias prosumidoras para construir una comunicación menos centralizada. Sin embargo en El Salvador el acceso a la conectividad dentro de esa ciber esfera aún es muy limitada. Según lo expresa la siguiente tabla, la brecha entre rural y urbano parece indicar que sigue reproduciéndose la tendencia de acceso a medios heredada por medios tradicionales. De la misma manera, buena parte de esta debilidad histórica se encuentra en la ausencia de políticas públicas relativas al acceso, flujo de contenidos y en el consumo y producción de medios no mediados solo por lo económico. (VER TABLA 3).
Al igual que en los medios tradicionales, la lógica del mercado como mediadora social sigue el mismo rumbo desde donde las posibilidades del mismo están influenciadas por el nivel de poder económico adquisitivo de los municipios, como ya lo he escrito en otros estudios.[1]
En ese panorama, los medios tradicionales nacionales dominantes dentro de la economía de consumo, parecen estar en desventaja frente a la influencia de penetración de medios internacionales. Si bien, para las audiencias, lo local sigue siendo una cuota importante de consumo, lo global penetrar en una cultura que se ve desplazada por las industrias creativas de otras latitudes, en buena medida por los sesgos que la internet a través de los operadores de plataformas, impone a unos países, entre ellos El Salvador, a quienes plataformas como Facebook aún no les permiten monetizar según número de interacciones.
Estas plataformas responden a los principales dominadores del mercado mundial de las cada vez menos esperanzadoras nuevas economías que por hoy es un negocio de 3.9 trillones de dólares, en valor accionario, con un flujo de capital de 23.8 billones en 2016, según datos recabados por Marcos Dantas (2017)[2] a través de IDATA y COM. Las corporaciones están concentradas en el grupo GAFA (Google, Amazón, Facebook y Apple), toda propiedad del sistema financiero mundial.
Dentro de ese nuevo escenario concentrado de las economías centralizadas y dependientes, cabe preguntarse por las capacidades de adaptación de los medios tradicionales nacionales. Ese panorama frente a la convergencia digital pasa por los flujos de información que son rentabilizados económicamente a través de las plataformas más poderosas a nivel mundial, como lo advertía tempranamente Dominique Wolton (2000)[3]. Es así como los medios dominantes salvadoreños se ven en desventaja ante la presencia de otros que multiplican sus interacciones a través de postular mejor en el mercado. De pronto contenidos nacionales son mejor rentabilizados con mayor eficiencia económica a través de medios internacionales. Pese a ello, se puede observar como en el caso nacional, la televisión con aplicaciones como TCS go y Megavisión go, se preparan para la televisión móvil. En el caso de la radio, su aplicación grupo radial SAMIX está en la vanguardia de la convergencia digital, sin dejar de lado el posicionamiento de una buena cantidad de radios web, radio vista que intentan competir en una internet cada vez más desigual.
El principal contraste para comprender el fenómeno lo representa la institucionalización de los medios de comunicación comunitarios sin fines de lucro en 2016. La primera reforma de ley que reconoce el tercer sector de la comunicación en Centro América es un avance importante en la democracia de la región. Sin embargo, poco impacto puede representar frente a una audiencia tendiente a relacionarse con las plataformas que posibilita el internet. Se puede suponer que el internet en la sociedad red abre un panorama de transmisión y recepción global que supera los límites de potencia de transmisión de las frecuencias de los medios tradicionales estructurados escasamente como medios nacionales, regionales y locales. En la sociedad red, los medios convergentes superan sus limitantes territoriales. Esta posibilidad, nos hizo hacernos una pregunta de trabajo para una investigación que se realizará en el 2019: ¿las nuevas plataformas de la radio convergente evidencian flujos de información en los receptores que posibilitan relaciones de poder más democráticas?
A priori, los obstáculos para comprobar si se pueden construir relaciones más simétricas entre el consumo de las audiencias enfrentan una serie de problemas. Entre ellos la desregularización del internet. Como ejemplo, en diciembre de 2017, Donald Trump derogó la normativa de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), promovida por Barack Obama que defendía la Neutralidad de la red. El diario El País, de España, la consideró un internet para ricos y pobres, debido a que sin esta normativa, los proveedores de internet podrán vender una transferencia de datos más rápida a plataformas con alto poder adquisitivo, mientras aquellas sin capacidad deberán conformarse por viajar en red más lenta. Con la neutralidad de la red, existía una única velocidad. Este proceso de desregularización de la comunicación y las telecomunicaciones comenzó con Ronald Reagan, quien consideró en aquel entonces, como hoy Trump, que las normativas solo bloqueaban el “desarrollo” del mercado. Semejante planteamiento neoliberal, en aquel entonces, derivó en una alta concentración y centralización de las empresas mediáticas en Estados Unidos, lo cual sirvió de modelo para las reformas a las leyes en el mundo. En el caso salvadoreño la Ley de telecomunicaciones en 1997.
La ley salvadoreña sí consideró el internet, de la cual se desprendió su reglamento. Sin embargo, solamente se dedica a normar la vía de adquisición de banda y algunas disposiciones técnicas. De ahí que el internet en El Salvador sea una de las menos reguladas del sector, sin tomar en cuenta su impacto en las industrias de la conciencia y sus consecuencias en la cultura, información y la comunicación. Ahora nos enfrentamos a problemas que comienzan a debatirse en estas épocas de post verdad, face news, medios falsos, que al parecer comienzan a ganarle la credibilidad, ya cuestionada, a los medios tradicionales, dentro de una sociedad cada vez más simulada…, al parecer sin poder detener su avance.
Proponemos, para comenzar, discutir los “Estándares para una Internet Libre, Abierta e Incluyente”[4] propuesta por la relatoría especial para la libertad de expresión, de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH 2016) que pone en evidencia la necesidad de normar aquellas prácticas que nos alejan de la posibilidad de considerar el internet como derecho humano y no sólo como una vía para el mercado. El resultado sería construir políticas públicas para la comunicación, la información y la cultura. La deuda sigue pendiente, incluso con los medios tradicionales. Repensar la comunicación on line nos llevaría a proponer la necesidad de construir una red pública y ciudadana por donde se pueda acceder sin la mediación omnipresente del capital. No es imposible, si se considera que el estado salvadoreño es copropietario de la Redca, la red de interconexión eléctrica centroamericana por donde también transita la fibra óptica de telecomunicación.
Entonces, sirvan estas palabras no para descartar las posibilidades del internet. Sin duda, el anhelo es potenciar sus capacidades. Por hoy, aún queda mucho por recorrer antes de celebrar. En el camino, mientras nos dedicamos a recoger y emocionarnos por algunos pocos productos de la cosecha, vale la pena preguntarse, si no nos hemos ilusionado como lo hizo la sociedad al inicio de la radio y la televisión hasta llegar a la desilusión; sería mejor advertir la desilusión para corregir y llegar a la emoción de que en realidad la internet llegó para pluralizar los discursos, pluralizar la cultura, visibilizar la escala de color en nuestra pieles y ver la naturaleza por encima de la modernidad. En fin, este es un llamado a despertar de este sueño inducido.
Roberto Pérez, Docente del Departamento de Periodismo.
[1] PÉREZ, Roberto (2013): “Estructura de la radiodifusión salvadoreña”, Revista La Universidad No. 21, abril – junio, p. 171 – 213, San Salvador, El Salvador.
[2] Ver Marcos Dantos y su ponencia en el X congreso de ULECPIC 2017 “A internet realmente existe” disponible en http://marcosdantas.com.br/conteudos/2017/07/28/a-internet-realmente-existente-entre-o-capital-financeiro-e-a-regulacao/ , revisado el 19 de mayo de 2018.
[3] Ver Dominique Wolton (2000): Internet, ¿Y después? Una teoría crìtica de los nuevos medios de comunicación. Editorial Gedisa, España.
[4] “Estándares para una Internet Libre”, Abierta e Incluyente disponible en http://www.oas.org/es/cidh/expresion/docs/publicaciones/internet_2016_esp.pdf, revisado el 10 de junio de 2018.
Por Guillermo Mejía
Según el columnista español Juan Soto Ivars, autor del libro “Arden las redes”, los algoritmos de Instagram, Facebook y Twitter “ahondan la división creando islas ideológicas cerradas donde los usuarios tienden a recibir solamente opiniones políticas afines” e informaciones –reales o falsas- que corroboren sus prejuicios.
“Trump se ha aprovechado de la poscensura, un fenómeno nuevo y peligroso, producto de nuestro tiempo, que surge de la alineación de las redes sociales, la crisis de credibilidad de la prensa y una combinación de corrección política y guerra cultural”, dice Soto Ivars.
“La poscensura genera linchamientos, pero sobre todo destruye la posibilidad de un debate racional, y crea las condiciones perfectas para que un discurso como el de Trump tenga credibilidad”, agrega.
En ese sentido, la poscensura es un “sistema represivo que no requiere leyes ni estado censor, y que impone sus prohibiciones infundiendo el miedo a ser catalogados como traidores”: Los izquierdistas tienen miedo de que una multitud les llame machistas, racistas u homófobos, mientras que los derechistas temen etiquetas como buenista, relativista o progre.
“La poscensura mata el debate racional y exacerba los insultos y las acusaciones”, señala el autor español. A partir del fenómeno, se entiende el éxito de las posiciones radicales y el desmérito de la sutileza, y se comprende el hecho de que pese a los ataques de la izquierda haya salido victorioso el ahora presidente de Estados Unidos.
Soto Ivars nos ilustra:
“Los progresistas políticamente correctos y los puritanos conservadores tienen en común la alergia a la libertad de expresión de sus adversarios. Los izquierdistas imponen sus trigger warmings (avisos de que un texto contiene expresiones potencialmente ofensivas para las minorías), y los conservadores llevan a los tribunales a quienes mancillan los símbolos nacionales.”
“Unos construyen eufemismos para los negros o los enfermos y se los imponen al resto, mientras que otros logran que un pitido sustituya la palabra fuck en la televisión. Unos consiguen que se expediente a un profesor que cuestionó la existencia de la cultura de la violación, mientras que otros logran el despido de Ward Churchill de la Universidad de Colorado porque sugirió que el 11-S fue consecuencia de los ataques norteamericanos contra países musulmanes.”
Soto Ivars considera que la hiperconexión de las sociedades democráticas nos ha sumido en una guerra intransigente de puntos de vista, en una batalla cultural de batallones líquidos, a los que uno se adscribe sin más compromiso que la necesidad de que el grupo le dé la razón, a lo que se une la prensa irresponsable.
Así: Las redes sociales se han convertido en un canal por el que la ofensa corre libremente hasta infectar a los periódicos, la radio y la televisión, mientras las masas exigen –según se sientan afectadas- recortar la libertad de expresión.
Por ende: El proceso nos hace a todos menos libres por miedo a que una multitud de desconocidos venga a decirnos que somos malas personas. A medida que la ofensa se vuelve libre, el pensamiento se acobarda.
Al final: La concepción clásica de la censura requería un poder totalitario y unas leyes que la sustentasen, pero lo que Soto Ivars llama «poscensura» es un fenómeno desordenado de silenciamiento en medio del ruido que provoca la libertad.
Guillermo Mejía, Docente del Departamento de Periodismo.
Por Arely Franco Ramos
¿Y a dónde acudimos para aprender? La respuesta inmediata es la escuela y se asume que ésta es la que media para alcanzar ese objetivo, sin cuestionar si realmente tiene la capacidad y condiciones óptimas necesarias para lograrlo.
Al respecto, durante una conferencia ante un auditorio de educadores, Miguel Ángel Santos hace algunos señalamientos puntuales en cuanto al quehacer de las escuelas como instituciones responsables de la educación. En el vídeo “La Escuela que Aprende” se recogen esos argumentos y a partir del cual se tiene la base de este ensayo académico.
Para comenzar, diría que enseñar no es una tarea fácil e incluso según lo planteado por Santos, no es culpa únicamente de un estudiante el dejar de acudir a una escuela, sino que también inciden otros factores, uno de los cuales tiene que ver con la forma como se enseña. Podría suponerse que, para cualquier maestro o maestra, el interés primordial de la enseñanza debería ser enfocarse en el contenido que le transmite al alumnado; sin embargo, eso no es tan cierto, pues tal como expone Santos, existe una obsesión por los resultados y la eficacia con la que el profesor imparte su curso, que en el proceso de enseñanza se dejan de lado aspectos tanto o más importantes para el estudiante, que derivan en el fracaso del aprendizaje.
Por ejemplo, si lo que se pretende es que el estudiante pase un curso, no basta con exigirle que se prepare para un examen leyendo exhaustivamente y memorizando información que sin duda olvidará al cabo de varios días tras el examen; en cambio, si el maestro tiene un acercamiento a ese aprendiz, conoce sus destrezas y habilidades, utilizará un método de enseñanza que le permita no sólo comprender los contenidos que se le transfieren, sino que llegará a ser capaz de ponerlos en práctica de manera efectiva.
Santos argumenta que un maestro debe tener la capacidad de cuestionarse a sí mismo qué tipo de profesor es, qué tipo de estudiante quiere formar, en lugar de reprocharle un mal resultado o echarle en cara al alumno que es un inútil bueno para nada. De la forma cómo tratemos a los estudiantes, depende mucho el resultado que obtendremos en el aula y fuera de ella.
Hay que considerar –según este pedagogo- que hay académicos que llevan un largo tiempo en la instrucción y después de tanto, ya no sólo no se preocupan por aprender algo nuevo que puedan aplicar con sus estudiantes, sino que provocan que éstos también se estanquen. Santos argumenta “sin formación pedagógica de un profesor, no hay posibilidad de formar buenos estudiantes”. Por supuesto, no se trata de culpar de un fracaso académico exclusivamente a los chicos y chicas, sino de identificar qué estamos haciendo con ellos y cómo trabajamos, para determinar si somos co-responsables de un mal resultado.
Entonces ¿cómo animar o provocar que los alumnos no sólo estén por obligación en los salones para recibir clases, sino que realmente tengan el interés y el entusiasmo por estar ahí?
Según Bazarra, Casanova y García Ugarte (2005) cualquier didáctica a la hora de relacionar a alumno-profesor-realidad no debe quedarse en un simple aprendizaje de técnicas, sino que quiere ser un espacio de reflexión. Es decir, ya no basta con el sistema tradicional de pararse al frente y explicar sin parar los temas que demanda el programa de una asignatura. Estos autores también señalan que la función primordial de la educación (…) no está en aprender datos, sino en que el conocimiento se transforme en sabiduría, en vida, en experiencia que nos permita rozar, de vez en cuando, la felicidad como sociedad y como individuos. (2005:61)
Asimismo, coinciden con Santos en cuanto que plantean al profesor por qué merece la pena aprender lo que enseñamos. A mi vez, esto me da la pauta para cuestionarme si en la Universidad de El Salvador realmente estamos haciendo bien las cosas y cumpliendo adecuadamente con la responsabilidad que tenemos ante nosotros de formar mentes jóvenes.
Sin duda, hay que formar nuevas actitudes en el profesorado para lograr nuevas capacidades y optimizar el aprendizaje. En el caso de Santos, hace reflexionar a quienes se dirige acerca del absentismo en escuelas de España, pero en la experiencia de nuestro país en general y de la UES en particular, se debe analizar tanto el alto grado de reprobación como las bajas notas, que incluso han llegado a propiciar que se reglamente una serie de acciones que más que nada buscan que los alumnos aprueben a como dé lugar, aunque no se esté atacando el problema de fondo: los contenidos y metodologías de enseñanza son inadecuadas e incluso hasta obsoletas.
Precisamente, Santos enumera las dificultades que impiden mejorar la escuela: la rutina, la burocracia, el pesimismo, las malas condiciones de trabajo, el individualismo, la meritocracia, la rabia y la fagocitosis, aunque llama la atención la última que menciona, el desamor. Es que, en realidad, si la tarea de enseñar no se realiza por convicción, interés y pensando en que lo que se enseña es adecuado y sobre todo que le será de utilidad en su vida al estudiante, no se debería ser docente.
Un profesor debe ser creativo, innovar y sacar a relucir no sólo lo mejor de sí, sino también encontrar el talento de sus alumnos, en vez de hacer que lean a la fuerza, sin agrado ni comprensión. Eso es a todas luces inútil.
Para concluir, vale la pena recalcar lo que manifiesta Sanches Rossini (2008): el profesor debe tener deseo y placer al transmitir la herencia cultural y, también amor, tanto por el conocimiento como por los alumnos.
Está claro, la educación no se trata del simple acto de transmitir conocimientos, sino de compartirlos a fin que puedan aplicarse eventualmente en un contexto real. Para ello, existen nuevas alternativas para aprender y para enseñar, y todo está en buscarlas y tener el valor de aplicarlas. Tal como señala Ferreiro Gravié (2009), la finalidad de los nuevos ambientes de aprendizaje es optimizar los componentes del proceso de aprendizaje-enseñanza, tanto los personales (aquellos que tienen que ver con el maestro y los educandos), como los componentes no personales (recursos de todo tipo, entre ellos el empleo de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones).
Sólo al vislumbrar la necesidad del cambio, el proceso educativo podrá tomar un rumbo distinto: la observación propia del docente hacia la forma como trabaja que lo conduzca a la implementación de otro tipo de estrategias para perfeccionar lo que se enseña y la forma cómo se hace. No sólo los estudiantes, también la escuela debe aprender.
Bibliografía
Bazarra, Lourdes; Casanova, Olga y García Ugarte, Jerónimo. Ser profesor y dirigir profesores en tiempos de cambio. Narcea, S.A. de Ediciones. Segunda Edición. Madrid. España, 2005.
Ferreiro Gravié, Ramón. Nuevas Alternativas de Aprender y Enseñar. Aprendizaje cooperativo. Editorial Trillas. México. Reimpresión, 2009.
Sanches Rossini, María Augusta. Educar es creer en la persona. Narcea, S.A. de Ediciones. Madrid. España, 2008.
Santos Guerra, Miguel Ángel. La Escuela que Aprende. Vídeo consultado el 7 de marzo de 2018. Disponible en https://www.youtube.com/watch? v=Icb_SbeIGys
Arely Franco Ramos, Jefa del Departamento de Periodismo.
Por: Iván Alexander Hernández Serrano
Resumen:
Periodismo y Literatura en el Periódico
La simbiosis entre estas manifestaciones textuales no es nada nueva. Durante el transcurso del siglo XX, los estudiosos han mostrado divergencia en cuanto a las diferencias y relaciones existentes entre literatura y el periodismo. Algunos estudiosos ven las diferencias desde una óptica tradicional, como Mar de Fontcuberta para quien la principal diferencia entre periodismo y literatura es que el primero tiene la misión de explicar la realidad desde los hechos, y segunda, explicar realidades desde la ficción. Sin embargo, la misma autora reconoce que hay periodistas que construyen su información de la realidad a partir de técnicas extraídas de la novela. La autora ha pasado por alto que también hay escritores que construyen sus relatos a partir de la historia que escriben los informadores. (Fontcuberta, 1993,pág.94)
La vinculación del quehacer periodístico y literario siempre ha sido un hecho palpable en la realidad de la construcción del texto como artefacto cultural. Muchas veces se les negó al texto periodístico las propiedades internas para obtener, no la categoría de obra de arte, sino por lo menos de validez estética tildándole de pseudo literatura. Si consideramos la literatura como un texto que, dentro de los límites de una cultura(o varias), que sea capaz de cumplir una función estética, no podemos encerrarla a los cánones literarios tradicionales y menos a los dogmas estéticos de elite. Toda literatura es una producción textual con múltiple codificación: además de la lengua natural, intervienen los códigos culturales; ideología, el estilo y el género, entre otros.
Sin embargo, es normal que muchos autores consideren la literatura como una obra donde predomine la función estética. René Wellek y Austín Warren creen que “lo mejor es no considerar literatura más que las obras en que predomine la función estética, aunque cabe admitir la existencia estilística y la composición en las obras que persiguen un fin distinto, no estético, como los tratados científicos, disertaciones filosóficas, discursos políticos” y también en el periodismo (Wellek y Warren, 1966, pág.30).
Los textos periodísticos como producto mass mediático en su inicios históricos no nacen con ostentaciones estilísticas elevadas, inicialmente hay que considerar que no están confinados a ser leídos por estrictos públicos letrados, sino por las masas, en el sentido de grandes conglomerados urbanos, justo en el sentido que Ortega y Gassete lo refleja en “La Rebelión de las Masas”(Ortega, 1929 ).
Desde esta perspectiva más amplia, el texto periodístico no tiene inconveniente para formar parte de la literatura. Escritores como García Márquez afirman que el periodismo puede utilizar ciertos recursos que legitiman la verosimilitud de la historia que se narra: “A un escritor le está permitido todo, siempre que sea capaz de hacer lo creer. Eso, en general, se logra mejor con el auxilio de ciertas técnicas periodísticas, mediante el apoyo en elementos de la realidad inmediata”. (García Márquez, 1982).
Los textos periodísticos de La Unión que acá se analizan están construidos con un lenguaje novedoso para su época valiéndose figuras de lenguaje y otros recursos como la construcción psicológica de los personajes de las noticias, casi a un nivel de novela policiaca. Aunque en este periódico salvadoreño de finales de siglo XIX manifieste un marcado uso de las técnicas y recursos literarios, es evidente que para muchos lectores y estudiosos el fantasma que separa la literatura del ejercicio periodístico como manifestación artística compleja aún no se desvanecerá.
Desde una clasificación tradicional la literatura es una triada complementada con la lírica y la dramática. Claro que durante buena parte del siglo XX y e inicios del XIX pueden encontrarse expresiones experimentales de periodismo poético o incluso lirico en algunos casos con una función más satírica.
Aplicando el paradigma novelesco de principios del siglo XX, el periodismo puede utilizar cinco de los aspectos básicos de la estructura narrativa: historia, personaje, trama, patrón y ritmo.
La historia es la columna vertebral de los textos narrativos, sean periodísticos o no. Esta arista convergente entre literatura y periodismo, relata hechos en un orden coherente; y dada una historia, tienen una audiencia que quiere saber que sigue bien que paso antes. En las notas de crímenes de La Unión la historia no está atada a una narración estrictamente lineal, los autores utilizan saltos de tiempo al pasado y al futuro (Flashback y Flashforward) para generar un gancho de atracción de la atención hacia los antecedentes y los precedentes.
Los personajes en las notas de crímenes de La Unión son hombres y mujeres reales pintadas detalladamente con las palabras de los “reportes”, envueltos generalmente en historias de romance. La trama en estas historias tiende a tener nudos sinuosos que el lector se ve obligado a desenredar hasta las últimas entregas de las crónicas. El patrón de las redacciones emergen de forma evidente en la lectura: asesinatos viles, eficacia policial y desengaños amorosos. El ritmo de las noticias presentadas esta guiado por un lenguaje fluido pero no coloquial, se ve pausado entre publicaciones, con la idea que el lector asuma un hábito casi cotidiano de lectura de los hechos.
La idea de fusionar la práctica periodística con la literaria no es nueva. Daniel Defoe en su Diario del año de la peste (1722) construye su relato en base a entrevistas de los supervivientes, y datos estadísticos de la epidemia de peste que arrasó Londres y otros países europeos en 1665, sumando a la veracidad un enorme valor literario. El escrito por entrega se considera el antecedente directo de la “novela reportaje” en el periodismo. Defoe, en su publicación La Revista introdujo la novela, dándole forma de noticia y más tarde comenzó la primera serie con clásica Robinson Crusoe.
El tratamiento literario de La Unión en caso de Bernarda Ángel, noveliza el texto con una construcción extensa, rica en datos e investigación realizada por “los reporters”. Casi setenta años después de la extinción de La Unión este tipo de ejercicio periodístico se manifestaría como una tendencia en la literatura estadounidense, por ejemplo Truman Capote, con A sangre Fría, una obra insigne de la literatura contemporánea, va más allá de la narración de un asesinato del que los medios de comunicación informaron de manera superficial abriendo la puerta un nuevo género literario al que Capote llamaría «Non Fiction Novel», que lleva al máximo consecuencias la aplicación de técnicas literarias en el reportaje.
La cotidianidad y las fuentes judiciales en la construcción de la prosa periodística
El periodismo tradicional de la post-independencia en Centro América se expresaba principalmente como una construcción discursiva de facciones de poder conducidas generalmente por personajes letrados de la elite intelectual y política, el más ejemplifícate de los casos José Cecilio del Valle. Esta herencia periodística se mantuvo muy arraigada en la configuración del mensaje de los medios impresos del siglo XIX.
El concepto de noticia, tal cual se consensa en la actualidad, no se establecía, el carácter de tribuna de ideas y promoción política era el predominante.
El periódico La Unión marcó una ruptura en el discurso periodístico de finales de siglo XIX y marca los antecedentes del discurso informativo literario que se consolidarían en el siglo XX. Auspiciado por el General Francisco Menéndez, La Unión nace como un aparato mediático, mitad independiente mitad oficial, Menéndez un unionista centroamericano liberal claramente impulsó este periódico como una herramienta del ideal unionista. En ese afán de reflejar unidad y e involucrar a intelectuales de la región siendo presidente de El Salvador, Menéndez convoca en 1889 al joven poeta Rubén Darío para dirigir la publicación diaria.
Por esos años uno de los principales periódicos de la época era El Pabellón Salvadoreño, sin embargo esta no era una publicación del todo diaria, y junto con otros impresos aún seguían cargando el lastre heredado del periodismo de independencia y de guerra tras la fractura de la Federación Centroamericana.
Por su parte, La Unión destaca por ser un periódico de publicación diaria, este tipo de tiraje y los personajes inmersos en su producción evidentemente dio paso a otra lógica de construcción discursiva, donde la cotidianidad retomaba valor, donde las instituciones más próximas al lector (policía, vecinos, alcaldes y artesanos eran fuentes de noticia. Se comienza a construir un discurso periodístico de la cotidianidad auxiliándose de recursos estilísticos propios de la literatura pero inmersos en los distintos géneros periodísticos, especialmente la crónica. Sus escritores descubren una mina literaria en los hechos judiciales.
Sin embargo se puede decir que las alegorías y exaltaciones políticas no desaparecen de las páginas del periódico, aun se expresaban en alguna forma, a pesar de la subvención política se presentaron secciones innovadores en el medio, incluso haciendo uso de cables telegráficos y entrevistas como recursos informativos.
Con el crecimiento urbano de fines de siglo XIX la cantidad de lectores debía crecer y las necesidades de información de las comunidades urbanas, especialmente la de san Salvador, crecían y obligaba a la construcción de un texto periodístico más complejo.
Así la cotidianidad y especialmente los crímenes se ponen en centro discursivo y estilístico de La Unión.
Los crímenes de la vida cotidiana comienzan a salir a la luz para el lector, con abundancia de historias romancescas. Como lo expresaría La Unión bajo la firma seudónima de “Flirt” en la crónica de Un Drama en Guayabal: “la vida ordinaria es fecunda en sucesos que casi siempre pasan ignorados para la generalidad” (La Unión, 13 de noviembre 1889).
Se introducen de manera firme con La Unión el uso de las fuentes judiciales, policía, tribunales expedientes como insumos para la construcción de los textos periodísticos.
Como bien lo apunta el mismo autor Flirt que al registrar y remover expedientes y procesos podemos encontrar una “huella dramática, comienzo de una novela, el esbozo de un cuadro trágico” (La Unión, 13 de Noviembre de 1889).
Evidentemente a finales de siglo XIX aún no podemos hablar de una consolidación de la industria editorial en El Salvador, los grandes periódicos comerciales aun no surgían, ningún otro mass media se vislumbraba próximo en el horizonte, por lo tanto era totalmente entendible que una publicación como La Unión se convirtiera en el referente de la lectura dramática basada en hecho reales que mantuviera captiva la atención de los lectores.
Las crónicas y notas de sangre de La Unión vendrían a ser las raíces genealógicas de llamada nota roja y el periodismo judicial. Evidentemente también esta producción de literatura periodística no está exenta de vicios, que, a lo mejor, en su época no fueron considerados como tales, me refiero al sensacionalismo. Es evidente que en las publicaciones también encontramos de forma insipiente el germen del sensacionalismo matizado e inmerso en los recursos narrativos propios de la literatura. Se manifiesta un sistemático discurso de los detalles de los actos sádicos, las historias se tiñen de sangre, cadáveres y mutilación, trasportados creativamente por figuras literarios.
Si hacemos una pausa y revisamos los titulares de La unión entre 1889 y 1890: “El Crimen de Guayabal”, “Un Suicidio en San Vicente”; “Horrible Asesinato, una mujer asesina, feroz y ladrona”, “Asesinato de Damiana” o “La víctima dormida, el cadáver, despedazado a machetazos y arrastrado” encontraremos mucha semejanza con ciertos tópicos periodísticos del siglo XXI durante el año 2015 como las encontradas en la sección Sala Negra del periódico digital El Faro: “La Policía masacró en la finca San Blas”, “Gracias por no matarnos”, “Más represión, más asesinatos, más armas, más reclutamientos” o bien en El Diario de Hoy : “Matan a niño que vendía agua en bolsa con su madre en La Unión”.
Fuentes invisibles y reflexiones ético-jurídicas
En buena parte de las líneas anteriores se han presentado las virtudes estilísticas y de técnicas de recolección de información de las notas pero también se debe señalar las debilidades de los textos de La Unión que acá se analizan.
En buena parte del contenido de estos textos sobre crímenes de La Unión hay una subjetivación extrema en la presentación del mensaje, por ejemplo se introducen en momentos sobre reflexiones de tipo ético y jurídico, cayendo por momentos es los juicios morales, juzgando previamente tanto a víctimas como a victimarios. Las noticias se vuelven así en espacios donde se desarrollan condenas extrajudiciales, se condena a luz de la opinión pública, claro está que esta no es una práctica exclusiva del periódico que en está ocasión analizamos, fue y es una práctica recurrente en todos los mass media ligadas al ejercicio del periodismo. Se encuentra la falta de identificación de algunas fuentes, uso de calificativos, frases peyorativas y la especulación de los hechos sobre la base de imaginación de los redactores.
La ambigüedad de las fuentes se expresa en frases como “declaración de dos jovencitos y de los vecinos”, o “según se sabe” frases que no abonan a la concreción e identificación de la fuente, lo cual supone una especulación del redactor.
Recursos narrativos en La Unión
Los texto de estos crímenes y hechos de sangre recurren al uso de figuras literarias como la metáfora por citar un ejemplo en el caso de Bernarda Ángel : “era el cocodrilo que preparaba su presa” o en caso del Crimen de Guayabal “el monstruo de los celos duerme en sueño de fatiga”. Si bien es verdad que no hay un uso excesivo de figuras literarias, la metáfora, junto con la símil y la sinécdoque.
Las notas si recurren a la descripción como recurso de ofrecer contextos físicos y detalle al lector, se describen por ejemplo los ambientes infraestructurales y contextos sociales de los personajes de las publicaciones. Tal es caso de las publicaciones sobre Bernarda Ángel hay una detallada descripción de los entornos y condiciones de vida de la implicada en el crimen, tanto en su hogar como en la cárcel.
Las firmas con pseudónimos como recursos de la crónica satírica también se encuentran las publicaciones como un recurso deliberado estilístico y para llamar la atención del lector. Firmas como las de “Puck”, “Flirt”, y el más sobresaliente “El Capitán Fracasa” en cuyo inicio el mismo redactor afirma: “se inaugura esta columna satírica sobre la información judicial firmada por el pseudónimo El Capitán Fracasa, esta sección se suspenderá números más adelante”.
La literatura cuenta con técnicas narrativas que perfectamente se pueden utilizar en el periodismo. Luego de las lecturas de las publicaciones de La Unión, se confirma el uso de seis de estos recursos: evocación, invocación, escena, grotesca, parodias, feísmos, elementos oníricos y monólogo.
Conclusiones
En los textos de La Unión analizados existe un eje informativo sobre el cual gira la información y el estilo: el interés humano, especialmente por los personajes cotidianos.
La propuesta de redacción de La Unión es pionera y emblemática para su época, es perfectamente periodismo con aspiraciones literarias, esto no solo responde a su vinculación editorial con personajes de letras, ni solo se puede a tribuir a la dirección de Rubén Darío, más bien a toda una corriente emergente de expresión periodística más elaborada y refinada a nivel de recursos de redacción.
El caso de los crímenes y hechos de sangre en el periódico La Unión hay una evidente aproximación a los géneros de la novela policiaca y el periodismo judicial moderno.
A pesar de las intensiones de depuración estilística de los textos de crónicas de sangre de La Unión, estas también están impregnadas de morbo, creando así de los hechos de sangre y hechos de sangre un gancho para capturar a los lectores de la época, este recurso sensacionalista lo podemos encontrar replicado en la presan actual, aunque con distinta calidad estilística.
Muchos estudiosos de las letras y el periodismo hemos dejado pasar estas publicaciones a la vista de los procesos investigativos académicos. Publicaciones como La Unión son una mina para analizarse desde distintas miradas: la periodística, literaria, histórica y sociológica entre otras; es importante apuntar la pupila académica hacia estas publicaciones y analizarlas minuciosamente nos revelarían muchos procesos culturales de nuestra sociedad.
Fuentes consultadas:
-Periódico La Unión notas de 1899-1990
Beristáin, Helena. Diccionario de retórica y poética, Argentina,
Editorial Porrúa, 1995.
- De Fontcuberta, Mar.La noticia Pistas para percibir el mundo,
Barcelona, ediciones Paidos, 1993.
- Wellek, René y Warren, Austin. Teoría literaria, México,
Editorial Gredos, 1966.
- García Márquez, Gabriel. Por la libre obra periodística IV,
Santa Fé de Bogotá; Grupo Editorial Norma, 1999.
-García Márquez, Gabriel. El olor de la guayaba (Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza), Barcelona, 1982)
Ortega y Gassete, José. La Rebelión de las Masas. Editorial Piados, España.1978 versión del original de1929.
Iván Alexander Hernández Serrano, docente del Departamento de Periodismo.
Por: Guillermo Mejía
De todos es conocido que los espacios mediáticos están contaminados de posverdad en línea de imponer visiones de mundo y es precisamente con las nuevas tecnologías que prolifera un seudo periodismo –que lamentablemente contamina hasta los medios considerados más serios- en un sinsentido que va en detrimento del derecho a la información.
El Salvador no es la excepción. Aparte de las formas antiéticas e inmorales que proliferan en la mayor parte de medios de comunicación social por intereses particulares –sean políticos o comerciales- existe una gama de espacios dizque independientes o que se amparan en ser expresiones de periodismo digital, pero lo que menos trabajan es información fidedigna.
Más que indagar sobre el fondo de los casos de corrupción en los gobiernos de los últimos 25 años, que comparten los partidos Arena y Fmln, nos encontramos con una plataforma mediática donde se conjugan medias verdades, medias mentiras, derroches emocionales, en fin, una cadena de acusaciones y justificaciones de acuerdo a intereses determinados.
Por otro lado, la violencia social, que se enfoca sobre todo en el fenómeno de las pandillas, se aborda desde la superficialidad donde roba espacio el discurso oficial que pretende imponer el exterminio como forma de solución de un problema tan complejo, al gusto de lo que la gente quiere oír, y cargado a partir de que estamos en una año pre-electoral.
Solamente desde voces y espacios marginales se escucha la denuncia de que subsistimos en una Estado criminalizado, que no tiene mucho que envidiarle a un Estado fallido, donde la institucionalidad está prostituida y se sostiene bajo directrices de personajes contaminados en el pasado reciente con hechos de corrupción, triquiñuelas electorales y menosprecio por la ciudadanía.
La transparencia y acceso a la información, por ejemplo, son palabras vacías.
“La posverdad es el mejor caldo de cultivo para la mentira instrumentalizada al servicio del juego sucio. Y no es verosímil creer que con el juego sucio ni la libertad ni la convivencia ni el progreso puedan salir beneficiados. Al contrario, no hay libertad que no descanse en la protección de la verdad, ni convivencia posible si la verdad no es respetada, ni progreso real sin verdades contrastadas”, dice el abogado español Miquel Roca Junyent.
“Ciertamente, la verdad puede ser poliédrica; puede tener muchas caras. Pero cada una de estas se construye desde la ambición de respetar la verdad. Puede ser interpretada de formas diversas, pero se busca hacerlo desde la fidelidad a la verdad. La posverdad neglige la verdad, no la interpreta, simplemente la considera irrelevante. Cree que puede prescindir de ella”, agrega.
Bill Kovach y Tom Rosenstiel en su libro “Los elementos del periodismo” afirman que en los últimos trescientos años, los profesionales de la información han desarrollado un código no escrito de principios y valores que configuran la actividad informativa. El más importante de esos principios es el siguiente: La primera obligación del periodismo es la verdad.
“El deseo de que la información sea fiel a la verdad es elemental. Puesto que las noticias son el material que utiliza el ciudadano para informarse y reflexionar sobre el mundo que le rodea, su cualidad más importante consiste en que sean útiles y fiables”, nos dicen, “El deseo de la verdad es básico, y tan poderoso que todas las pruebas indican que, además, es innato”.
La posverdad se combate con el compromiso con la verdad. Y ese compromiso no puede verse sin sustancia, pues pasa por la responsabilidad, en especial con los públicos que son los dueños o titulares de la información. Ya no es tiempo ni de periodistas estrellas, ni de consumir cualquier producto como informativo.
Desde los periodistas y los medios de comunicación debe haber un compromiso ético moral con un tratamiento adecuado de la información, de la separación de la información de otros intereses que vayan en detrimento de la ciudadanía que tiene derecho a estar informada de manera adecuada y suficiente.
Y, uno de los retos más sentidos, esa ciudadanía cada vez tiene que corresponsabilizarse también con su derecho a la información –y a la comunicación- frente a las tropelías del seudo periodismo que le apuesta a la posverdad por intereses particulares; es decir, hacer valer su voz como titulares de esos derechos.
Los periodistas y los medios de comunicación también necesitan del esfuerzo y acompañamiento ciudadano, puesto que los problemas del periodismo no pueden verse independientes de la sociedad en que se desarrolla. Una ciudadanía crítica, empoderada, coadyuva a cualificar ese periodismo tan necesario en toda sociedad que se dice democrática.
Guillermo Mejía, docente del Departamento de Periodismo.
Anónimo.
Las denuncian provienen de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), así como del Colectivo de Mujeres Periodistas, Comunicadoras y Trabajadoras de la Información, quienes registran al menos 170 despidos entre el 15 de abril y el cuatro de mayo pasados, situación que, aunque no es nueva, preocupa.
Entre los casos denunciados se encuentran despidos en Telecorporación Salvadoreña (TCS), el canal Gentevé del partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) y el periódico La Prensa Gráfica donde se argumenta que obedece a problemas económicos y procesos de reestructuración empresarial.
“Para nosotras, estos nuevos despidos son de mucha preocupación pues es un claro indicador de la situación de inestabilidad laboral a la que nos enfrentamos como gremio y las condiciones de vulnerabilidad que vivimos”, señaló el Colectivo de Mujeres Periodistas, Comunicadoras y Trabajadoras de la Información.
“Consideremos necesario enfatizar en que las mujeres periodistas y comunicadoras, además de esto, también estamos expuestas a otras vulneraciones a nuestros derechos”, agregó la organización.
Según las denuncias, se llega al colmo de que no se entregan las indemnizaciones a los despedidos como reza la ley, sino que tienen que acudir al ministerio de Trabajo e incluso a los tribunales correspondientes, generando todo tipo de costos, además de que existen empresas que se apropian de las cuotas del seguro social y de las afps.
“Desde este colectivo preocupa que cada vez es más evidente la precariedad en la que están laborando el gremio periodístico y afines a la comunicación. No hay estabilidad, no se respetan horarios ni prestaciones, pero sí se les exige indiscriminadamente”, afirmó el colectivo de mujeres que demanda la intervención de las autoridades respectivas.
Ante situaciones como las denunciadas, desde la Mesa de Protección a Periodistas y Trabajadores de Medios Relacionados con la Información, donde está la APES, se ha insistido en la creación de una ley especial que sea aprobada por la Asamblea Legislativa a fin de proteger a los periodistas y comunicadores.
En esa misma dirección, se considera que en el espacio mediático son necesarias la apertura a la pluralidad, para la construcción de una agenda que posibilite la participación de todos; la lucha por la integridad profesional de los periodistas; la creación de observatorios de medios; el compromiso de empresarios y políticos en no entorpecer el trabajo periodístico.
Además, la promulgación del estatuto profesional del periodista y una legislación moderna sobre comunicación; el fomento de la auto-crítica de los medios y la crítica de la ciudadanía sobre dicha práctica; la construcción de ciudadanía como eje primordial de la práctica periodística; colocar a la ética como eje central del trabajo periodístico; y la lucha por la dignificación del periodista.
Por: Guillermo Mejía
Esas son las conclusiones del experto en ética periodística, el colombiano Javier Darío Restrepo, durante su intervención en la Universidad de Chiclayo, en el Perú, donde habló sobre la corrupción como desafío para la prensa latinoamericana en momentos en que esa lacra desmorona los ya desprestigiados sistemas políticos de la región.
“La corrupción para nosotros puede ser un tema de denuncia que nos convierte, a la vez, en jueces y brillantes defensores de la honestidad, algo así como superhéroes… como veremos ni la una ni la otra son las respuestas que la prensa debe darle a este mal social de la corrupción”, dijo Restrepo.
Según el maestro, los periodistas deben ir más allá del simple registro noticioso, pues son responsables del potencial educativo y de la influencia que tienen sobre la sociedad; es decir, tienen una permanente creación de conciencia de las personas por medio de la información. Aunque, hay que decirlo, mucha prensa solamente le interesa crear consumidores acríticos.
“Limitarnos a contar la historia de cada día es un pobre objetivo profesional y una vergonzosa manera de apreciar esta profesión”, sentenció. “¿Acaso lo que se espera de la prensa y lo que ella puede hacer es solamente entrevistar y reportar, pero no influir?, ¿nos hemos convencido, acaso, de que no podemos cambiar algo en materia de corrupción?”, preguntó.
Sin embargo, aclaró que el periodista no debe caer en la instrumentalización por parte de políticos y gobernantes que ven en la corrupción ajena un argumento de ataque a sus contrarios, quienes, a su vez, se defienden de la misma manera, de modo que a la gente sólo le queda concluir frustrada que todos son corruptos y no hay nada que hacer en la sociedad.
“Convertir la corrupción en arma de los políticos para atacar a los contrarios es una forma de banalización que condena a la sociedad a convivir y aceptar como rutina cultural las prácticas de los ladrones y estafadores… esta es una forma de legitimación”, afirmó Restrepo, lamentablemente la prensa ha sido un actor cómplice.
La sociedad necesita que los periodistas indaguen en el pasado de los casos de corrupción, el papel de la institucionalidad, los controles, el sistema de contratación, la participación ciudadana frente a esos hechos en el antes y el ahora de los eventos, en fin, hasta plantear el futuro del hecho de corrupción.
“El futuro del hecho, a su vez, provee temas y subtemas: ¿de seguir como están los controles y las obras públicas a qué se expone la ciudadanía? En manejo de los dineros públicos, en calidad de las obras y, sobre todo, en el impacto de la confianza pública. Debe incluirse una visión futurista sobre las consecuencias de ese deterioro progresivo de la confianza pública que previene la corrupción”, remarcó.
Por otro lado, lamentó que el proceso de asimilación de la corrupción se intensifica en los consumidores especialmente con la información digital que es muestra de información condensada bajo titulares que pretende resumir hechos sin análisis, sin pluralidad ni diversidad de fuentes, y sin mayores esfuerzos para analizar ni para hacer una mirada crítica.
“He descrito una generalizada incapacidad crítica como consecuencia de la mala utilización de una ambiciosa tecnología. Utilizada torpemente crea una ciudadanía vulnerable a la corrupción, porque la incapacita para el pensamiento crítico, para dudar y hacerse preguntas”, advirtió Restrepo.
“A medida que la tecnología reemplace nuestras capacidades: la memoria, el análisis, la investigación, crecerá una sociedad inerme ante la ofensiva de los corruptos”, sentenció el maestro colombiano.
Guillermo Mejía, docente del Departamento de Periodismo.
Por: Elmer Machuca
El 1 de marzo de 1926 se constituyó la primera radio de El Salvador y Centroamérica llamada A.Q.M., siglas del nombre del Presidente de la República, Alfonso Quiñonez Molina. Se instaló en el Teatro Nacional y su contenido programático fue informativo y musical, con boletines de noticias oficiales del gobierno y propaganda gubernamental.
En 1935 se creó la primera emisora comercial, con el apoyo del entonces presidente salvadoreño general Maximiliano Hernández Martínez. Las siglas de la radio fueron YSP y se llamó “La Voz de Cuscatlán”; su propietario fue Fernando Alvayero Sosa. A partir de ese año, la radiodifusión salvadoreña tuvo carácter internacional.
En YSP se creó el primer espacio informativo “formal” con el nombre “Diario Latino Informa y YSP Transmite”, que contenía informaciones generales, gubernamentales, sociales y comerciales. Hubo otros espacios similares como el denominado “El Gran Diario del Aire”.
En 1936, el general Hernández Martínez, en su carácter de Presidente de la República, llamó a la radio gubernamental YSS “Alma Cuscatleca”.
En 1939 comenzó la apertura de las radiodifusoras. Surgieron las emisoras YSO y YSR que formaban cadenas con YSS y YSP para transmitir programas especiales, como: “Frente Mundial”, “Esto es Guerra” y “Americanos Todos”, producidos por la NBC.
La YSO fue la primera radio en dar cabida a la participación del radioescucha. La participación se inició en enero de 1945 cuando el ferrocarrilero Francisco Dheming habló, por teléfono, sobre los intereses de los trabajadores del ferrocarril.
El 2 de diciembre de 1946 se crea la emisora YSU llamada “Radio Mil Cincuenta”, por Raúl Trabanino. En 1950 se instaló con repetidoras de YSU en San Miguel, Sonsonate y Santa Ana. Fue la primera Cadena de Radio. A finales de 1950 y principios de 1960, YSU adoptó avances informativos desde el mismo lugar de los hechos, vía teléfono, tras los noticieros desde sus estudios. YSU fue la radio en que surgió el comentario crítico con el programa “Pensándolo Bien”, a cargo del abogado Abel Salazar Rodezno, con el seudónimo “Rosendo Maqui”.
Actualmente, la radiodifusión está dirigida a públicos específicos, poblaciones segmentadas que exigen sus gustos con programas musicales, informativos y de entretenimiento. La mayoría de radiodifusoras están asociadas en ASDER (Asociación Salvadoreña de Radiodifusoras), legalmente establecida el 22 de diciembre de 1965.
La tecnología ha hecho avanzar a la radio a la banda FM (frecuencia modulada), con mayor fidelidad, pero las emisoras en AM (amplitud modulada) se han estancado, aunque ha surgido el AM Estéreo, que supera el FM.
Hoy la radio dice ser especializada; Informativa y musical, cultural, religiosa y deportiva o con variada programación.
Elmer Machuca, docente del Departamento de Periodismo.
Por Jorge Alberto García
Pero el asunto que aquí nos interesa es la pedagogía crítica en el salón de clase. Por supuesto que está relacionada a la aplicación de la teoría crítica en educación. Los métodos de enseñanza que aplicamos en el salón de clase, por compromiso social, deben orientarse a formar un ente pensante, crítico y propositivo, un ente de cambio, de transformación, interesado por la búsqueda de una sociedad más justa y humana.
En el salón de clase, retomemos las teorías de Paolo Freire, convirtamos el salón de clase en un lugar donde se respire la libertad de pensar, criticar, interpretar y proponer soluciones al desarrollo social de la nación. Que el estudiante se vuelva generador de cambios, una fuente electromotriz, preocupado y comprometido con los pueblos del mundo.
Nosotros, los profesores, tenemos el papel de crear las condiciones para hacer posible la construcción de conocimientos. Facilitar los procesos, ser los guías y modelos con paradigmas que fortalezcan el cambio. Por lo tanto, en el aula, evitemos caer con paradigmas que abonan a un funcionalismo que mucho daño ha provocado históricamente a nuestra sociedad.
La Universidad de El Salvador siempre se ha caracterizado por ser una institución preocupada por formar profesionales al servicio de la sociedad, profesionales con sentido crítico. Por lo que nosotros, los docentes universitarios, tenemos el deber patriótico de orientar a nuestro alumnado a ser parte de la masa crítica pensante y no masa inerte que solamente está pensando en obtener un empleo y conseguir dinero sin poner atención al cómo.
No importa cuál sea nuestra especialidad, periodistas, ingenieros, arquitectos, abogados, licenciados en inglés, entre otros. Todos estamos socialmente obligados a poner en práctica la pedagogía crítica en el aula. Es nuestro compromiso y hay que hacerlo.
Con la práctica de la pedagogía crítica en el aula, somos partícipes de dotar a nuestra sociedad de herramientas de las cuales carece, herramientas que le permitan tener cultura política, capacidad de discernir sobre los problemas sociales, políticos y económicos del país. Evitar a que venga cualquier demagogo a darle atol con el dedo y que le haga creer que lo hará vivir en el país de las maravillas.
Además, nos permite formar ciudadanos empoderados, decididos a ser parte del cambio social y a romper con los esquemas tradicionales y formales de una democracia representativa de intereses mezquinos de ciertos grupos que se han enquistado en el poder.
La decisión es nuestra, realizar nuestra tarea como docentes con este espíritu o continuar llenando la pizarra o el cuaderno con dictados hasta de dos horas. No sigamos imitando metodologías retrogradas que no van de acuerdo a la enseñanza universitaria.
Jorge Alberto García, docente del Departamento de Periodismo.