"Medí los cielos, y ahora mido las sombras; mi mente estuvo unida al cielo, mi cuerpo descansa unido a la Tierra"
A Johannes Kepler le interesó la astronomía desde pequeño: registró en su diario un cometa y un eclipse lunar antes de los diez años. Siendo profesor en Graz, Kepler desarrolló una teoría de la cosmología que fue publicada en el Mysterium Cosmographicum (El sagrado misterio del cosmos).
Más tarde, trabajó como ayudante de Tycho Brahe, el astrónomo, en su observatorio a las afueras de Praga, heredando su puesto de matemático imperial en 1601.
Allí Kepler preparó horóscopos para el emperador y analizó las tablas astronómicas de Tycho, publicando sus teorías de las órbitas no circulares y la primera y segunda leyes del movimiento planetario, en Astronomia Nova (Nueva Astronomía).
En 1620, la madre de Kepler, una curandera, fue acusada de brujería y encarcelada, y sólo obtuvo la libertad gracias a los esfuerzos legales de Kepler.
Sin embargo, él logró continuar con su trabajo y la tercera ley del movimiento planetario fue publicada en Harmonices Mundi (Armonía de los mundos).
Johannes Kepler buscaba patrones en casi todo. Escudriñando las tablas astronómicas que describían el movimiento serpenteante de Marte proyectado en el firmamento, descubrió las tres leyes que gobiernan las órbitas de los planetas.
Kepler explicó que los planetas siguen órbitas elípticas y que los más distantes giran alrededor del Sol con mayor lentitud.
Además de transformar la astronomía, las leyes de Kepler sentaron las bases para la ley de la gravedad de Newton.
Todos los planetas se mueven alrededor del Sol siguiendo órbitas elípticas, en las cuales el Sol ocupa uno de los focos.
El radio vector que enlaza al Sol con un planeta recorre áreas iguales en tiempos iguales.
Los cuadrados de los periodos de revolución sideral de los planetas (t2) son proporcionales a los cubos de sus distancias medias al Sol (d3).