Este patio, influenciado por el estilo herreriano bajo la supervisión de Juan de Herrera sobre Bueras, es más que una estructura arquitectónica. Como núcleo central, sirvió como enlace con diversas instalaciones, desde la Biblioteca hasta la imponente escalera. Representa un testimonio vivo del barroco ornamental del último tercio del siglo XVII, perpetuando su esplendor a lo largo de las generaciones.
El maestro Melchor de Bueras, artífice del patio en 1679, ostentó el título de maestro mayor de las Obras reales a partir de 1690. Su contribución a la Corte de Carlos II marcó uno de los primeros destellos del barroco en esta época. El patio, además de ser el lugar de esparcimiento para los niños, se convierte en un escenario emblemático que acoge actividades diversas, desde conciertos hasta conferencias.
El encantador patio, cuyo lienzo arquitectónico fue tejido entre los años 1679 y 1681 durante el reinado de Carlos II, es una joya concebida por Melchor de Bueras. Este, también responsable de la Puerta de Felipe IV, que encontramos como umbral al parterre de los Jardines de El Retiro, insufló vida a este rincón atemporal de Madrid.
El diseño abraza la estética barroca, el patio se erige como un claustro de líneas inconfundibles. A pesar de su ferviente adhesión a este estilo, se perciben en su estructura rasgos herrerianos, la firma estilística de los Austrias que dejó su impronta en la fisonomía madrileña a lo largo del siglo XVII.
Su planta es cuadrangular y dos niveles superpuestos, el patio despliega su esplendor adornado con un modesto pozo de piedra en su punto central. La planta baja exhibe veinte arcos de medio punto, sostenidos por simples pilastras que, con austeridad, evocan la sobriedad herreriana. La influencia del maestro Juan de Herrera se manifiesta en esta planta, donde la decoración se atenúa, dejando espacio para la elegancia contenida de las molduras lisas.
En el piso inferior, los medallones situados en las piedras clave de cada arco, aunque desgastados por el devenir del tiempo, testimonian con águilas bicéfalas el anagrama JHS, que perdura en algunos de ellos. La planta superior, en cambio, se sumerge en un movimiento más marcado, característico del barroco evolucionado. Los balcones, ricamente enmarcados por una cornisa ornamentada, despliegan una coreografía de molduras quebradas y adornos escultóricos en la culminación, sostenidos por cinco soportes cúbicos.
La cornisa que corona el conjunto, con su profusión de ornamentos, evoca la gracia presente en la Capilla de San Isidro del complejo parroquial de San Andrés. Este es un homenaje al ingenio de arquitectos ilustres como Pedro de la Torre, José de Villarreal y Juan de Lobera.
Vista 360 virtual del claustro:
-En esta página no solo podremos ver el claustro, si no que también podemos visitar virtualmente la capilla, escaleras y museo.-
Galería del claustro: