Por: Ivonne Mandujano
Celaya, Gto. Enero de 2026
La alumna María del Carmen Hernández Rodríguez, octavo de la Licenciatura en Pedagogía, enfrenta jornadas extensas, desgaste emocional y un panorama laboral incierto mientras se prepara para egresar en los próximos meses en la ciudad de Celaya, Guanajuato. A través de su experiencia, reflexiona sobre los sacrificios personales, los aprendizajes fuera del aula y la falta de reconocimiento que existe hacia la profesión docente en México.
El último año de la Licenciatura en Pedagogía representa una etapa decisiva, pero también una de las más demandantes para quienes la cursan. Para esta alumna, cada día implica enfrentarse no solo a clases y proyectos, sino también a una realidad que pocas veces se visibiliza dentro del sistema educativo.
“Es muy difícil, porque diariamente vemos los contras de ser un egresado de la Licenciatura en Pedagogía, ya que tenemos una baja probabilidad de obtener una plaza y más dificultades para conseguir trabajo”, expresa la estudiante. Aun así, asegura que la cercanía de la graduación se convierte en un impulso para continuar. “El saber que ya solo faltan algunos meses para graduarme motiva el querer prepararme un poco más, aunque es un proceso bonito, pero a la vez muy complicado”.
El sacrificio personal se intensificó durante el periodo de prácticas profesionales, cuando su rutina diaria comenzaba antes del amanecer y terminaba entrada la noche. “Salía de mi casa a las cinco de la mañana y regresaba alrededor de las siete de la noche, porque vivo lejos de la universidad y estaba realizando mis prácticas”, relata.
Este ritmo de vida tuvo consecuencias emocionales y familiares. “Fue un proceso muy duro, ya que me distancié de mi familia, tenía que hacer proyectos, prepararse para exámenes y no dormía bien”, comenta. Sin embargo, reconoce que la experiencia dejó aprendizajes profundos: “Al final fue algo satisfactorio, ver que podía dar mucho de mí; me formé en cuestión de disciplina”.
Más allá de los contenidos académicos, la alumna destaca que algunos aprendizajes sólo se adquieren fuera del aula. “La empatía y la sensibilidad ante las realidades de los demás, especialmente de los más pequeños, se aprenden cuando estás en contacto con personas y situaciones reales”, afirma, subrayando que la educación va más allá de transmitir conocimientos.
Respecto a su futuro profesional, la estudiante admite que sus expectativas laborales son limitadas. “Son muy bajas, ya que se les brinda mejor atención a egresados de otras instituciones”, comenta. Ante este escenario, ha optado por continuar su preparación académica mediante estudios de posgrado.
Finalmente, una de las reflexiones que más marcó su formación fue conocer el bajo presupuesto destinado a la educación en el país. “Es triste saber que solo se asigna el 4.3 % de los recursos financieros a la educación, cuando debería ser una prioridad para todos los mexicanos”, concluyó.
Referencia
Entrevista directa a la alumna María del Carmen Hernández Rodríguez de Octavo año de la Licenciatura en Pedagogía.