El pasado 11 de noviembre se llevó a cabo La palabra escrita permanece: conversatorio en torno a los retos de la escritura académica, organizado por el Centro de Escritura del Tecnológico de Monterrey y la Escuela de Humanidades y Educación. Dicho conversatorio tuvo como punto central el debate acerca de si la escritura académica podría considerarse parte de la competencia transversal de comunicación o si forma parte de las competencias disciplinares. Se centró en las siguientes tres preguntas: ¿los diseños curriculares deben prever incluir espacios de alfabetización académica? ¿Los profesores de todas las áreas deben contar con herramientas que faciliten a los estudiantes comprender las reglas de comunicación oral y escrita de una comunidad discursiva específica? ¿Los estudiantes deben hacerse cargo de las dificultades de escritura de manera autónoma?, con la intención de construir un diálogo que permita vislumbrar una panorámica general sobre la función de la escritura académica en la universidad.
El conversatorio contó con la participación de Estela Moyano (pionera en Programas de Escritura en Latinoamérica), Marcela Beltrán Bravo (directora de la Biblioteca de Colecciones Especiales "Miguel de Cervantes Saavedra" del Tecnológico de Monterrey) y Laura Romero Robles (directora de Servicios Académicos de la Escuela de Ingeniería y Ciencias, Campus Monterrey), quienes contaron con la moderación de Robertha Leal Isida, coordinadora nacional del Centro de Escritura del Tecnológico de Monterrey.
A lo largo del conversatorio, Moyano destacó el papel del lenguaje como constructor de pensamiento y del saber , así como la necesidad de comprender los textos para construir nuevo conocimiento en las disciplinas abordadas. Romero enfatizó el desafío comunicativo representado por cualquier investigación y la necesidad de preparar al estudiantado en lectura y escritura especializadas.
Las expertas consideraron de gran importancia la escritura académica y la necesidad de aprender a comunicarse como miembros de una comunidad discursiva. Por esta razón, señalaron, se requiere de un trabajo conjunto entre especialistas del lenguaje y en las disciplinas; se necesita, también, implementar una metodología de trabajo de lecto-escritura de géneros académicos en momentos específicos y durante la formación universitaria. Por último, destacaron la relevancia de los centros de escritura en la formación universitaria, pues estos espacios podrían coadyuvar a concientizar a los estudiantes acerca de la importancia de la retroalimentación y el acompañamiento para obtener mejores textos.