Pocas veces tenemos noticia de libros que irrumpen en la vida con la elegancia, la profundidad y la luz como lo ha hecho El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Esta ventana abierta a la historia del libro es ya un fenómeno editorial de proporciones descomunales. Su autora, experta filóloga y gran contadora de historias, nos arrastra con pasión en un recorrido histórico por la vida de decenas de personajes que han marcado la historia de este artefacto superviviente que atraviesa milenios: el libro.
Convocados por la Cátedra Alfonso Reyes y en colaboración con el Congreso Vox Orbis y el programa Pasión por la lectura, Irene Vallejo y Juan Luis Cebrián, –reconocido periodista español– sostuvieron una conversación en torno a El infinito en un junco. En su introducción al evento, la Dra. Marcela Beltrán reflexiona sobre el papel del lector: “Qué somos los lectores y las lectoras sino cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel”, dice. Y, sí, Vallejo consigue con este libro dejarnos marcados con cada palabra, con cada historia.
En la conversación, Cebrián cuestiona a Vallejo sobre algunos personajes clave de la historia del libro; esta historia que empezó a escribirse en papiros obtenidos del corazón viviente de los juncos que crecían a las orillas del Nilo. En ese corazón palpitante se empezó a plasmar el instrumento más poderoso que existe: el verbo. Y es así que durante una hora reflexionamos sobre el empeño civilizador de la palabra y la forma en la que los libros transformaron el destino de la humanidad.
Escuchamos en esta conversación sobre Aristóteles, uno de los primeros grandes bibliófilos; sobre Alejandro Magno y su gran obra, la biblioteca de Alejandría; sobre Platón, que recogió en sus libros las enseñanzas de su maestro, Sócrates que había renunciado a la escritura; sobre los fabulosos libros de Ovidio. También conocimos la historia del gran fuego que provocó Eróstrato y que redujo a nada el papiro que Heráclito habría regalado a la diosa Artemisa. Y, entre otros nombres, surge el de Homero; esa voz compuesta de muchas voces; esa voz que acompañó al gran Alejandro en sus batallas, quien llevaba siempre consigo un libro de la Odisea.
Irene Vallejo hace énfasis en el papel fundamental de las mujeres en la historia del libro. Safo fue la única que se abrió paso en el canon de la literatura griega, pero hay muchas más mujeres de las que imaginamos. Una de las aspiraciones de El infinito en un junco, dice su autora, es devolver a esas mujeres al lugar en el que siempre debieron estar. Nos recuerda, por ejemplo, a Enheduanna, la primera persona, no solo primera mujer, que firma un libro –1,500 años antes de Homero–; y a Aspacia, que, a decir de Platón, escribía los discursos de Pericles. Desde entonces, la voz de las mujeres suponía resistencia y subversión.
Esta conversación sin duda nos dejó una valiosa invitación abierta: reflexionar sobre el libro, que “supone una gran victoria frente al olvido y la destrucción”.