Por Robertha Leal Isida
La vida académica institucional va más allá de las aulas y, cada año, algunos profesores deciden dedicar parte de su tiempo a una actividad de gran importancia para que estudiantes, docentes y administrativos puedan ejercer sus funciones en un marco que les permita actuar de manera equitativa y justa; este marco es la legislación académica.
A fin de que las normas que nos rigen sean posibles, se requiere de la interacción entre el senado académico y las facultades; de acuerdo con el Estatuto del Tecnológico de Monterrey, estos dos órganos están constituidos por directores académicos y profesores con contrato por tiempo indeterminado del Tec.
Ser senador o senadora académica es una gran responsabilidad pues su tarea principal es ser voz de la facultad a la que representan; es decir, llevan a las mesas de discusión las necesidades y las percepciones del profesorado, negocian lo que conviene a la mayoría, y comunican anualmente los avances que tuvieron en la agenda acordada. En seguida se comparten los testimonios de dos exsenadoras y dos senadoras.
El Senado para mí representó un espacio de debate sobre los temas actuales de la vida académica; también fue el lugar en el que los representantes deliberan y son escuchados; y esa fue una de las motivaciones para participar en el senado académico, tener la oportunidad de llevar la voz de mis colegas con el fin de influir en el ir y venir de nuestro quehacer diario del profesorado. Sin lugar a dudas, el Senado es un espacio de servicio para los colegas porque todas las voces son escuchadas, lo que en muchas ocasiones cristaliza en acciones que incluso modifican el status quo. El mayor desafío al que me enfrenté consistió en aprender de la experiencia de otros senadores/as más experimentados y lograr capitalizar ese privilegio; mi mayor logro consistió en motivar a mis colegas a participar activamente en el Senado.
El Senado es un espacio en el que se cristaliza el sueño de hacer del Tec un espacio cada vez más justo dentro de un marco legal que siempre se puede mejorar. Cuando decidí postularme como senadora, tenía el deseo de servir a mi comunidad; también, de conocer de primera mano cómo se gestiona y promulga la legislación académica.El Senado es un espacio de servicio: al interior hay distintos comités que trabajan con metas precisas; durante mi estancia, colaboré en el comité del Reglamento de clasificación; además, fui presidenta del Comité del periodo sabático. Ambas tareas fueron desafiantes, pues siempre es necesario tener en mente el bien mayor, no solo el de un grupo. Creo que mi mayor contribución fue lograr un cambio sustancial en el Reglamento de clasificación, lo que ha redundado en ver a mis colegas alcanzar su clasificación.
Para mí ser senadora es una responsabilidad, pero también un privilegio, un ejercicio de ciudadanía. Es una gran responsabilidad, pues las decisiones que se tomen en el Senado tendrán repercusiones en nuestra comunidad. Por otro lado, es un privilegio porque me permite servir y participar con mis conocimientos y experiencia para fortalecer un camino que muchas otras personas han recorrido a lo largo de más de 70 años y que nos hacen ser una institución sólida. Es también un ejercicio de ciudadanía que fortalece en mi persona la profunda creencia en la vida democrática dentro de todas y cada una de las esferas de la vida en común y esta comunidad es, para todos los que en ella participamos, una de las más importantes. Así que me siento muy honrada de ser parte del Senado y de poder ser un puente entre la realidad de la práctica docente y la toma colegiada de decisiones.
El Senado Académico de Profesional representa para mí un espacio para contribuir a que la normativa académica que rige al Tec de Monterrey sea pertinente al contexto y clara para toda su comunidad. Lo que me motivó a ser senadora es dar voz a mis colegas, mi Escuela y mi Campus, ya que a pesar de ser una institución nacional hay cuestiones particulares de cada uno que deben considerarse. El Senado es un espacio de servicio porque allí están las bases que rigen nuestra labor docente y es nuestra responsabilidad contribuir a que sean justas y claras. En el Senado, formo parte de la Comisión de Legislación Académica, en ella se revisan con detenimiento las propuestas previo a su discusión, votación y promulgación en el pleno. Mi mayor logro ha sido plantear argumentos convincentes en las discusiones del pleno que se han visto reflejados en las adecuaciones al Reglamento Académico y al Reglamento de Clasificación Docente.
La Escuela de Humanidades y Educación reconoce el gran trabajo de nuestras senadoras y exsenadoras. Definitivamente, la intención de tender puentes y la convicción de que su participación puede transformar el entorno académico son encomiables. ¡Enhorabuena!