JUANA DE ARCO, La doncella de Orleáns
Juana nació el 6 de enero de 1412 en la localidad francesa de Domrémy, en la región de la Lorena. Era la tercera hija del matrimonio formado por Jacques d’Arc e Isabelle Romeé, unos campesinos de origen humilde. Los d’Arc vivían cómodamente, no eran grandes terratenientes pero su vida discurría de manera apacible en su pequeña aldea, donde eran respetados y queridos. Juana se ocupaba de los rebaños en algunas ocasiones, especialmente cuando se acercaban los soldados borgoñones, aliados de los ingleses. Pero sobre todo, ella se encargaba de tareas domésticas, nunca aprendió a leer ni a escribir. Era apreciada en el pueblo por ser una niña muy devota y amable, cuya meta era no cometer ningún pecado. Le gustaba ir a orar a la Iglesia, recibía con frecuencia los sacramentos, se ocupaba de los enfermos y era particularmente bondadosa con los peregrinos, a los que más de una vez, cedió su lecho. Era hermosa, de ojos profundamente azules y morena cabellera, contextura delgada y frágil, de mejillas sonrosadas, manos curtidas por el trabajo y no muy alta.En aquel entonces, Francia era un país devastado por la guerra de los Cien años, un conflicto armado que enfrentaba a Francia e Inglaterra a causa de las reclamaciones de los monarcas ingleses sobre el trono galo. Buena parte del norte del territorio francés estaba ocupado por los ingleses. En 1425, Domrémy fue saqueado y su iglesia quemada. Ese mismo año, Juana comenzó a escuchar unas misteriosas voces que la exhortaban a hacerse con el mando de las tropas francesas, coronar como rey al Delfín en Reims y expulsar a los ingleses del país. Ella declaró haber visto al arcángel San Miguel, a Santa Catalina y a Santa Margarita.
Al principio las gentes no la creyeron, pero después, ante la insistencia de las voces y los ruegos de la joven, un tío suyo la llevó ante Robert de Baudricourt, capitán de las fuerzas que guarnecían la cercana población de Vaucouleurs. Ella le dijo que Dios la enviaba para llevar un mensaje al Delfín. Aquel veterano guerrero curtido en mil batallas, no podía salir de su incredulidad al escuchar las afirmaciones de una campesina analfabeta de diecisiete años que afirmaba que Dios se valdría de ella para expulsar a los ingleses de Francia y la despachó otra vez para su casa. Juana empezó a ganarse entre las tropas una reputación de persona con poderes mágicos, pues comenzaron a recordarse profecías que hablaban de la llegada de una doncella para salvar a Francia. La muchacha volvió a presentarse ante Baudricourt y éste, ante la noticia de una derrota que Juana le había profetizado, la envió con una pequeña hueste rumbo al cuartel del Delfín en Chinon. Ella y sus seguidores cubrieron una distancia de 700 kilómetros en un tiempo record de once días.La noticia de la venida de Juana de Arco a Chinon había llegado a oídos de la corte del Delfín Carlos que dudaba si tenía que darle audiencia. Tras algunas deliberaciones decidieron recibirla al cabo de dos días. Cuando Juana cruzó el puente levadizo en dirección al Château de Milieu, donde el Delfín tenía la costumbre de celebrar las audiencias, un guardia la increpó diciendo: “ ¿Esa es la doncella?. Si fuera mía una noche dejaría de serlo ”. A lo que ella contestó: “ En nombre de Dios reniegas de él cuando estás tan cerca de la muerte ”. Una hora después el vigilante flotaba ahogado en el agua del foso.
Los consejeros decidieron que el cortesano Gilles de Rais tomara la identidad del Delfín Carlos y éste se ocultara entre la gran cantidad de público asistente al acto. La joven llegó a la sala, que estaba abarrotada y fuertemente iluminada con antorchas, y en vez de dirigirse hacia donde estaba el falso Delfín, guiada por las "voces", se fue directamente a donde estaba el verdadero príncipe disfrazado, que nunca lo había visto, y doblando la rodilla ante él, exclamó: " Dios os dé buena vida, gentil Delfín. En nombre de Dios os pido me deis gente armada y obligaré a los ingleses a levantar el sitio de Orleáns y os llevaré a coronar en Reims, pues es voluntad divina que los ingleses se vayan a su país y que vos seáis rey de Francia ".El Delfín quedó plenamente convencido de que Juana era una predestinada. Sin embargo, tanto la Iglesia como la Corte persistían en la duda y, tras conducirla a Poitiers, se la sometió durante tres semanas a una serie de exámenes por parte de médicos, teólogos y sacerdotes a fin de dilucidar si era una hechicera o una elegida de Dios. La sencillez y rotundidad con la que se expresaba convencieron a los escépticos. Superado el examen, la nombraron capitana de los ejércitos que deberían liberar la ciudad de Orleáns y para ello, el Delfín Carlos le pagó un estandarte y Juana pidió la espada que se encontraba detrás del altar de la iglesia de Santa Catalina de Fierbois, también cerca de Chinon. Ella no había visto nunca la espada, pero las voces que escuchaba le habían revelado su existencia.
A finales de abril de 1429 un ejército de 10.000 hombres partió en dirección a Orleáns con los principales capitanes de Francia: La Hire, Gilles de Rais, Xaintrailles y el duque de Alençon. Juana afrontaba la prueba decisiva que debía confirmar su misión. Si Orleáns caía en manos inglesas sería un golpe decisivo a la moral de Francia, pues la ciudad tenía un valor estratégico añadido y su toma suponía abrir a los ejércitos ingleses el valle del Loira y los principales centros de poder de Carlos VII.Los ingleses, dirigidos por John Talbot y el conde de Suffolk, que descartaban un ataque directo a la ciudad, prefirieron asediar la plaza para rendirla de hambre. Orleáns oponía una encarnizada resistencia liderada por Jean Dunois, conocido como “ el bastardo de Orleáns” por ser hijo ilegítimo de Luis de Orleáns. Dunois convenció a Juana de no atacar directamente a los ingleses y de la necesidad de proteger las provisiones que llegaban por el río para abastecer a una ciudad hambrienta. El viento impedía la llegada de las barcas, ante el nerviosismo de los caballeros franceses. Juana pidió paciencia prometiendo que todo se arreglaría y, de repente, la dirección del viento cambió y las barcas pudieron navegar hasta la ciudad.
Juana entró en la ciudad el 29 de abril de 1429 a lomos de un caballo blanco con su estandarte. Entre el 4 y el 7 de mayo, los franceses recuperaron de los ingleses las guarniciones del fuerte Saint-Loup y Saint-Agustin. Solo con su presencia atemorizaba a las tropas inglesas y era capaz de cambiar el rumbo de la batalla a favor del ejército francés. Era la primera vez en muchos años que los franceses conseguían apoderarse de un puesto inglés. La gran batalla ultimaba sus preparativos. Los capitanes franceses preferían esperar refuerzos para una batalla tan importante, pero Juana se negó sabiendo que sufriría por ello, ya que una profecía había predicho que levantaría el asedio de Orleáns pero sería gravemente herida en el intento.
El 7 de mayo se inició el asalto contra la bastilla de Tourelles con una encarnizada resistencia inglesa. Juana fue herida, una flecha se hundió 15 centímetros en su cuerpo, lloró de dolor pero acabó arrancándola con sus propias manos después de rezar y untar la herida con grasa, rechazando amuletos sanadores que le ofrecían algunos soldados. Se recuperó y volvió a la vanguardia del combate liderando a sus hombres hasta la toma de la fortaleza. Al día siguiente los ingleses de Talbot, desmoralizados, abandonaron el asedio de Orleáns y se retiraron. Juana en solo una semana había conseguido lo que no hicieron los capitanes franceses en seis meses. Estos sucesos fueron considerados como un milagro, los habitantes de Orleáns le abrazaban las rodillas y le pedían que bendijese a sus hijos, y en adelante a Juana de Arco se la conoció como " la doncella de Orleáns".
Tras esta primera victoria, le siguió una triunfal campaña que permitió que el Delfín alcanzara Reims y el 17 de julio de 1429, fuera coronado con toda solemnidad en la catedral como Carlos VII, rey de Francia. Durante la ceremonia, Juana permaneció de pie con su estandarte, junto al rey. Con la coronación de Carlos VII terminó la misión que las voces le habían confiado y también su carrera de triunfos militares. Juana se lanzó audazmente al ataque de París, pero la empresa fracasó por la falta de los refuerzos que el rey había prometido enviar y por la ausencia del monarca. La joven recibió una herida en el muslo durante la batalla y el duque de Alençon tuvo que retirarla casi a rastras. La tregua de invierno que siguió, la pasó en la corte, donde los nobles la miraban con mal disimulado recelo. Cuando recomenzaron las hostilidades, la doncella de Orleáns acudió a socorrer la plaza de Compiegne, que resistía a los borgoñones.
La captura de Juana de Arco por Adolphe-Alexandre DillensEl 23 de mayo de 1430, entró en la ciudad y ese mismo día organizó un ataque que no tuvo éxito. A causa del pánico, o debido a un error de cálculo del gobernador de la plaza, se levantó demasiado pronto el puente levadizo, y Juana, con algunos de sus hombres, quedaron en el foso a merced del enemigo. Los borgoñones derribaron del caballo a la doncella entre una furiosa gritería y la llevaron al campamento de Juan de Luxemburgo, pues uno de sus soldados la había hecho prisionera. Desde entonces hasta bien entrado el otoño, la joven estuvo presa en manos del duque de Borgoña.Ni el rey ni sus compañeros hicieron el menor esfuerzo por rescatarla, sino que la abandonaron a su suerte. Pero, si los franceses la olvidaban, los ingleses en cambio se interesaban por ella y la compraron por una suma equivalente a 23,000 libras esterlinas, actualmente. Una vez en manos de los ingleses, Juana estaba perdida. Estos no podían condenarla a muerte por haberles derrotado, pero como los ingleses y los borgoñones habían atribuido sus derrotas a conjuros mágicos de la doncella, podían acusarla de hechicería y de herejía.
Los ingleses la condujeron, dos días antes de Navidad, al castillo de Rouen. La encerraron, primero, en una jaula de acero porque había intentado huir dos veces; después la trasladaron a una celda, donde la encadenaron a un poyo de piedra y la vigilaban día y noche. La vigilancia por parte de cinco hombres no fue pasiva. Ana de Borgoña, duquesa de Bedford, tuvo que amonestar y suplantar a dos de los hombres, por los intentos de violación a que sometieron a Juana, que hasta aquel momento todavía seguía siendo una doncella, ya que la misma Ana la sometió a un examen médico donde una de las testadoras corroboró su virginidad.
El 21 de febrero de 1431, la doncella compareció por primera vez ante un tribunal presidido por Pierre Cauchon, obispo de Beauvais, un hombre sin escrúpulos que esperaba conseguir la sede arquiepiscopal de Rouen con la ayuda de los ingleses. Se la acusó de pecar por vestir ropas masculinas, de hereje, apóstata, bruja e idólatra. El tribunal, cuidadosamente elegido por Cauchon, estaba compuesto de magistrados, doctores, clérigos y empleados ordinarios. En seis sesiones públicas y nueve sesiones privadas, el tribunal interrogó a la doncella acerca de sus visones y "voces", de sus vestidos de hombre, de su fe y de sus disposiciones para someterse a la Iglesia.Sola y sin defensa, Juana de Arco hizo frente a sus jueces valerosamente y muchas veces los confundió con sus hábiles respuestas y su memoria exactísima. Una vez terminadas las sesiones, se presentó a los jueces y a la Universidad de París un resumen burdo e injusto de las declaraciones de la joven. En base a ello, los jueces determinaron que las revelaciones habían sido diabólicas y la Universidad la acusó en términos violentos.
En la deliberación final, el tribunal declaró que, si no se retractaba, debía ser entregada como hereje al brazo secular. La doncella se negó a retractarse a pesar de las amenazas de tortura. Pero, cuando se vio frente a una gran multitud en el cementerio de Saint-Ouen, perdió valor e hizo una vaga retractación. Digamos, sin embargo, que no se conservan los términos de su retractación y que se ha discutido mucho sobre el hecho. En cualquier caso, Juana había salvado su vida, por el momento, aunque renunciando a todas sus creencias y aceptaba vestirse otra vez con ropas femeninas.La joven fue conducida nuevamente a la prisión, pero ese respiro no duró mucho tiempo. Ya fuese por voluntad propia, ya por artimañas de los que deseaban su muerte, lo cierto es que Juana volvió a vestirse de hombre, contra la promesa que le habían arrancado sus enemigos. Cuando Cauchon y sus hombres fueron a interrogarla en su celda, Juana, que había recobrado todo su valor, declaró nuevamente que Dios la había enviado y que las voces procedían de Dios. Según se dice, al salir del castillo, Cauchon dijo al Conde de Warwick: " Tened buen ánimo, que pronto acabaremos con ella ".
El martes 29 de mayo de 1431, los jueces, después de oír el informe de Cauchon, resolvieron entregar a la doncella al brazo secular como hereje renegada. Al día siguiente, a las ocho de la mañana, fue conducida a la plaza del mercado de Rouen para ser quemada viva. Unas diez mil personas más mil soldados ingleses, todos expectantes, presenciaron su ejecución. Cuando los verdugos encendieron la hoguera, Juana pidió a un fraile dominico que mantuviese una cruz a la altura de sus ojos. Murió rezando. Invocaba al Arcángel San Miguel, al cual siempre le había tenido gran devoción, e invocando el nombre de Jesús tres veces, entregó su alma a Dios. La doncella de Orleáns no había cumplido todavía los veinte años. Sus cenizas fueron arrojadas al río Sena.La leyenda surgió casi de inmediato: unos afirmaban que tras la quema salió volando una paloma en dirección a Paris, otros que su corazón no había sido consumido por las llamas, otros que había sido suplantada por una muchacha parecida para facilitar su huida y permitir su victorioso regreso en una fecha no demasiado lejana y otros hablaban de la repentina muerte de Pierre Cauchon mientras le afeitaban la barba o del final trágico de la mayoría de los jueces.
Nadie, sin embargo, la había apoyado durante el juicio. Nadie que no fuera un antiguo compañero de armas, Gilles de Rais, que incluso planeó el asalto a Rouen con un grupo de mercenarios para rescatarla. Una serie de imprevistos retrasaron la operación y de Rais llegó a Rouen sólo a tiempo de contemplar las cenizas de la pira en la que había ardido Juana.Tarde llegó también el rey Carlos VII, que en 1455 promovió la revisión del proceso. No obstante, el papa Nicolas V se negó a hacerlo aduciendo razones políticas. Un año después, su sucesor, el papa español Calixto III accedió a la demanda tomando como punto de partida una serie de pruebas aportadas por la familia de Juana. Las conclusiones sentenciaron que el juicio de Juana de Arco había sido parcial y debía ser anulado. En 1456, Juana fue rehabilitada y declarados herejes los jueces que la habían condenado. Considerada una mártir y convertida en símbolo de la unidad francesa, fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920, año en que Francia la proclamó su patrona.