CLEOPATRA, Reina de Egipto
Cleopatra Filopator Nea Thea nació hacia el año 69 a.C., de la unión de Cleopatra V Trifena y Ptolomeo XII, un soberano corrupto y veleidoso, tributario de Roma, a quien se conocía con el sobrenombre de “ Auletes” – es decir, “ el tocador de flauta”- por cuanto le gustaba más entregarse a la música que al gobierno. Con tales referencias, no es de extrañar que fuera derrocado por un levantamiento popular y sucedido por su hija Berenice IV. Ptolomeo pidió ayuda a Roma y, gracias a los buenos oficios de Pompeyo, recuperó el trono perdido. Iniciando esta nueva etapa de su reinado mandando ejecutar a su hija y sucesora.
Todos los testimonios de su tiempo indican que era una mujer muy inteligente y culta. Cuando se presentó en público por primera vez con catorce años, además de su griego vernáculo, ya hablaba egipcio demótico, hebreo, sirio, arameo y algo de latín. Fue educada por un elenco de preceptores griegos y era mujer versada en literatura, música, política, matemáticas, medicina y astronomía.Cuando contaba con dieciocho años de edad, su padre se ahogó en el Nilo. Si bien para poder reinar, Cleopatra hubo de contraer matrimonio con su hermano Ptolomeo XIII, un niño de doce años, como era habitual en las dinastías reales del Antiguo Egipto. No obstante, los compromisos contraídos por el faraón fallecido con Roma imponían como tutor de ambos – apenas unos adolescentes- a Pompeyo, que debió frotarse las manos pensando que, por fin, el Imperio iba a hacerse con su pieza más codiciada: Egipto. No contaba con la capacidad de decisión, la inteligencia y las aptitudes políticas de Cleopatra. Según se dice, la reina dejaba fuera de todas las decisiones a su hermano.
Tuvo fama de poseer modales dulces y refinados y una sugerente voz, cosas que hacían de ella una mujer muy seductora. No hay que negar que la reina de Egipto supo hacer valer sus capacidades seductoras, que cuidó extremadamente su persona con innovadores tratamientos de belleza e incluso con la creación de perfumes. Sin embargo, todo hace pensar que su belleza no fue tanta como se le supone. A través de las monedas acuñadas con su efigie, se la descubre como una mujer de facciones grandes y nariz prominente. La misma que, según parece, hizo decir a Octavio, el único que se resistió a su atractivo: “ Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado ”.Era impulsiva, caprichosa, ingenua, espontánea, apasionada, diplomática y constante. Plutarco dijo de ella: « Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el sonido de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje ».
Políticamente, ella era muy ambiciosa, gobernó con la ayuda de su primer ministro o dioceta y vigiló de cerca a los gobernadores griegos que tenían el control de otras partes del país. Tuvo que hacer frente a una situación delicada porque Egipto se había convertido en país sacudido por los alborotos. Instauró nuevas leyes, devaluó el dinero un tercio para las exportaciones y modificó las leyes religiosas en favor de su propia gente.Al subir al trono intentó solucionar el conflicto existente con Roma. Un año antes habían asesinado a dos hijos del cónsul romano en Alejandría. Para demostrar buena voluntad, la reina entregó a los presuntos asesinos a Pompeyo y también le ofreció soldados egipcios, puesto que el general romano intentaba obtener el poder absoluto de Roma. Su opositor era Julio César.Esta ayuda a Pompeyo no fue apreciada y los enemigos de Cleopatra aprovecharon esta situación para tramar un plan en su contra. La debilidad de la moneda egipcia, las repetidas hambrunas provocadas por una larga temporada de sequías y las revueltas populares que hacían a Roma culpable de la decadencia del reino, consiguieron que el pueblo, acaudillado por el propio Ptolomeo XIII - aliado con otra de las hermanas,Arsinoe - se rebelara y expulsara a Cleopatra del trono acusándola de haberse vendido a Roma. Evidentemente, Cleopatra no se dio por vencida. Exiliada en Siria, reunió a un considerable ejército e intentó invadir Egipto pero no lo logró.
En Roma, tras la guerra civil, Julio César se había hecho con el poder. Consciente del valor estratégico de Egipto como puerta del Imperio al continente africano y a Oriente, decidió viajar a Alejandría con el propósito de arreglar las diferencias entre los Ptolomeos y mantener en el trono a la reina depuesta para asegurar la alianza romano-egipcia.Pompeyo, huyendo de Farsalia, desembarcó en Egipto solicitando ayuda y asilo al faraón. En lugar del refugio buscado encontró la muerte a manos de un enviado de Ptolomeo XIII, quien decidió decapitarlo y enviarle la cabeza a César para así obtener su simpatía. Sin embargo, César lloró la muerte de su rival y yerno, y no miró con buenos ojos el acto del faraón tomándolo como una traición.
César convocó a Cleopatra que pese a desconfiar de sus intenciones accedió a acudir a la cita. Eso sí, exigió que el encuentro fuera secreto y de noche. Y ahí entra la leyenda: parece ser que Cleopatra se presentó ante César escondida entre los pliegues de una alfombra aunque vestida con sus mejores galas, que aquella misma noche tuvieron un apasionado encuentro y que el todopoderoso César, vencedor en mil batallas, perdió una última rendido ante los encantos de la astuta reina.Poco después, un enamorado Julio César dirimía el contencioso fraternal y dinástico reservando para Ptolomeo el gobierno de la isla de Creta, para Arsinoe el de Chipre y reservando el trono de Egipto para su adorada Cleopatra. En Alejandría, los amantes vivieron una etapa de felicidad que no se alteró ni a causa de los repetidos alzamientos de Arsinoe y Ptolomeo, ni cuando un incendio de las naves ancladas en el puerto destruyó la famosa biblioteca.Debido a la muerte de su esposo y hermano, ahogado en el Nilo, Cleopatra fue proclamada reina absoluta de Egipto y César la obligó a casarse con su hermano menor, de tan solo doce años, Ptolomeo XIV.
César dejó tres legiones romanas para proteger Alejandría y emprendió una travesía por el Nilo junto a Cleopatra, a quien pareció la mejor forma de mostrarle la belleza de su país. Hay muy pocos documentos de esta travesía pero aparentemente duró unos dos meses. Pero la travesía terminó, César debió marcharse hacia Hispania en los últimos avatares de la contienda civil. Semanas después de la partida de César, Cleopatra dio a luz al hijo de ambos llamado Cesarión. El niño fue validado rápidamente por los egipcios como hijo de Amon-Ra.
Después de varias luchas en Asia Menor y otras áreas, César volvió a Roma. Y durante el desfile por Roma apareció encadenada y marchando junto a otros prisioneros Arsinoe IV, la hermana de Cleopatra, que no fue ejecutada como la mayoría de los prisioneros sino enviada a Éfeso. César trajo a Cleopatra y a su hijo a Roma y los instaló en uno de sus palacios. Fue recibida con gran pompa y solemnidad ante el recelo del pueblo romano que no compartía el entusiasmo de César por la reina egipcia. Las maneras sociales de la reina no hicieron que la situación mejorara. Cleopatra había comenzado a llamarse la nueva Isis y vivía con gran lujo que destacaba de las costumbres romanas más conservadoras, permaneciendo en Roma cerca de dos años.La adopción legal de Cesarión por César había enfurecido a los romanos, sobre todo porque ya estaba casado con Calpurnia. Muchos pensaron que él planeaba casarse con Cleopatra sin importarle las leyes romanas contra la bigamia y las uniones con los extranjeros que regían en Roma. Cuando César fue asesinado, cosido a puñaladas, por un grupo de senadores, Cleopatra tuvo que regresar precipitadamente a Egipto con su hijo. Antes de irse, pidió a Marco Antonio su protección, un joven al que César ya se la había encomendado.
De nuevo en Alejandría, Cleopatra temió nuevas acciones por parte de su hermano y por recelo a que se repitiera la historia anterior, ahora con Ptolomeo XIV, que ya contaba con quince años de edad, optó por la vía rápida: lo envenenó y lo sustituyó en la regencia por su propio hijo Cesarión, que acababa de cumplir cuatro años.Fue entonces cuando entró en escena un apuesto general romano, antiguo comandante en jefe del ejército de César. Se llamaba Marco Antonio y fue el responsable de perseguir y castigar a los asesinos de su antiguo caudillo. Ejercía el poder en Roma en unión de Octavio y Lépido, y no tuvo idea mejor que demandar el apoyo de la reina de Egipto para vencer a sus opositores políticos, partidarios de la antigua república cesariana.
Cleopatra se vio, de nuevo, en el ojo del huracán de la política imperial. Aunque, como había ocurrido con César, desconfiaba de las intenciones del triunviro, accedió a recibirle en Tarso, si bien una vez más puso condiciones. Eligió como punto de reunión su barco, una nave fabulosa, auténtico palacio flotante que contaba con remos decorados con metales preciosos, jardines a bordo, velas púrpura y todo lujo de comodidades. Y, como era de esperar, el amor no tardó en nacer entre ambos. Aún así, Cleopatra si accedió a dar su apoyo al triunviro romano fue a cambio de que Roma decretase la ejecución de su hermana y rival Arsinoe.Durante varios meses, Marco Antonio y Cleopatra vivieron pletóricamente su amor retirados en Alejandría. Pero, tras el invierno del año 40 a. C., Roma reclamó la presencia de Antonio acusándole de desatender las responsabilidades de gobierno por estar refugiado en los brazos de la que consideraban no tanto la reina de Egipto como su concubina. Es más, una vez en la capital del Imperio tuvo de cumplir su promesa y casarse con Octavia, hermana de Octavio. Entre tanto, sola y despechada, Cleopatra daba a luz dos hijos gemelos de Marco Antonio: Cleopatra Selene y Alejandro Helios.No volvieron a verse hasta cuatro años después cuando, con motivo de una campaña contra los partos, él regresó a Egipto. El amor resurgió de sus cenizas y, olvidando a Octavia –aunque sin repudiarla-, el general romano contrajo matrimonio con Cleopatra, a quien regaló como presente nupcial Chipre, Fenicia y Creta, por lo que consiguió que Egipto volviera a tener una extensión similar a la de los tiempos de los primeros Ptolomeos.
Aquellos fueron, posiblemente, los días más dichosos en la vida de Cleopatra. Nació un tercer hijo, Ptolomeo Filadelfo, y parecía que la felicidad iba a durar eternamente. Sin embargo, el buen nombre de Marco Antonio ya no cotizaba en Roma. El militar victorioso y el político honrado se había convertido, a ojos del pueblo y del Senado, en una marioneta en manos de la reina de Egipto. Se decía que, como César, había sucumbido al misterioso hechizo de la egipcia, quien le había convertido en un hombre amante del placer y del dolce far niente. Un hombre de baja moral que había abandonado a su fiel esposa y a su hijos para estar con la promiscua reina egipcia. Entre todas estas acusaciones, quizás la más grave a los ojos del pueblo fuera la de que Antonio se alejaba de las costumbres romanas y se inclinaba hacia los gustos orientales, un grave crimen para el orgulloso pueblo romano.Frente a él cobraba cada día mayor prestigio la imagen de Octavio, un político trabajador, eficiente y discreto que anteponía los intereses del Estado a los suyos propios. Cleopatra tampoco salía bien librada. Los mentideros políticos romanos la acusaban de brujería, incesto, vida licenciosa y, sobre todo, de no cumplir con sus funciones de aliada sino de actuar contra los intereses de Roma.
El enfrentamiento entre Marco Antonio y Octavio llegó a su punto culminante cuando el primero repudió a su esposa romana Octavia. Su cuñado no tardó en vengar el honor familiar revelando que, en el testamento secreto de Marco Antonio que custodiaban las vestales, se especificaba que Antonio pretendía trasladar la capital de Roma a Alejandría. Poco después, el Senado declaró la guerra a Egipto y destituyó a Marco Antonio de su cargo de triunviro.
Tras unas primeras pero insignificantes victorias, el ejército de Marco Antonio fue derrotado en la batalla de Accio. Un año después, Octavio entró victorioso en Alejandría y Cleopatra intentó seducirle, pero ya sabemos que la nariz de la reina egipcia no fue de su agrado. Días después, convencido por un falso mensaje de la muerte de Cleopatra, Marco Antonio se suicidó arrojándose sobre su propia espada, aunque sería llevado aún con vida ante su amante, muriendo en sus brazos.Su amada no tardó en seguir su mismo camino. Enterada de los planes de Octavio de hacerla prisionera y exhibirla en Roma cargada de cadenas, vistió sus mejores galas y pidió a sus esclavas Iras y Charmion que le trajeran una cesta con frutas y un áspid escondido entre las piezas. Luego, dirigió una misiva a Octavio en la que le comunicaba su deseo de ser enterrada junto a Marco Antonio y abrió la cesta. La mordedura del reptil hizo el resto.