Foto: manos de Sixta Tzanahua Caquehua, tejedora nahua de la Sierra de Zongolica en Veracruz.
Hilado de lana con malacate
La lana de oveja fue una de las materias primas traídas a América desde Europa durante la colonia. Algunos de los pueblos originarios que existían en México, en ese momento adoptaron esta nueva influencia y la convirtieron en parte de su identidad. Desde entonces los procesos tradicionales para obtener un textil de lana florecieron sobre todo en los climas altos, en donde la lana sirve para cubrirse del frío o la lluvia.
Hoy en día, algunos pueblos aún conservan esta rica tradición textil llena de conocimientos ancestrales transmitida de generación en generación.
En México existía, desde tiempos precolombinos, el uso del malacate con el que se hilaba el algodón y en las zonas frías se mezclaba con pelos de conejo, conocido en algunos lugares como “tochomitl”. Suponemos que cuando estas hilanderas conocieron la fibra de lana, debieron saber que podía hilarse de igual forma que ellas lo hacían con el algodón.
A diferencia de la técnica europea de hilado con rueca, el hilado con malacate fue mucho más aceptado entre las comunidades por la facilidad de elaboración, transportación y la familiaridad que ya tenían con dicha herramienta.
El hilado con malacate es uno de los procesos tradicionales que se lleva a cabo después de la reproducción de ovejas, la esquila, el vareado y el cardado (estos dos últimos sólo en algunas regiones). Después de esto la fibra de lana de oveja es transformada por las manos del hilandero, acomodando o “peinando” las fibras hacia un sentido y sometiéndola a un proceso de torsión con una mano, mientras con la otra mano hace girar sobre una base o “jícara” el malacate, “haciéndolo bailar“, como suele decirse en las comunidades de México.
Lo que se obtiene de este proceso es el resultado del perfeccionamiento a través del tiempo de esta técnica, el cual puede ser desde un hilado de lana grueso hasta un hilo de una finura extrema y un calibre perfecto.
El hilado con malacate es entonces, una de las tradiciones textiles de México que mejor se ha conservado, y no sólo eso; es un conocimiento que se ha ido heredando por generaciones a través de los hilanderos que, a lo largo de la historia, han pulido y perfeccionado el dominio del malacate y la transformación de la fibra de lana, mediante un proceso manual que requiere de una sutileza increíble además, de una maestría en el uso y el equilibrio entre estos dos elementos de las tradiciones textiles que se fusionaron, y que hoy en día siguen tejiendo nuestra identidad.
El vídeo que les compartimos a continuación fue grabado durante una demostración de nuestras compañeras Teresa y Alberta de Soledad Atzompa. Veracruz, quienes amablemente nos compartieron sus saberes ancestrales después de un taller que impartimos, al que ellas fueron invitadas. Así, entre la plática o comadreo, como decimos en México, nuestros ojos se deleitaron con el “bailar del malacate”.
Colaborador: Colectivo Tejiendo Nuestra Identidad
Procedencia: Puebla, Mèxico