Impresionante viaje con todos. Los catorce (más Quique en la tripita de Miriam).
La casa fenomenal, espaciosa, y calentita, aunque los del piso de arriba protestaron un poco por el frio.
Tuvimos tertulia musical después de cenar. Fantástica
De camino a la ermita de Hontanares
El sábado, fuimos a la ermita de Hontanares a comer.
Juan llevó los utensilios para hacer barbacoa, carbón, pastillas para encender.
Había llovido, no hacía mucho y nos costó que prendiera bien. Todos echamos una manita.
Nos hicimos fotos graciosas.
Miriam se quedó en el coche con las niñas. El sitio era un poco peligroso para las nenitas.
Fuimos a un mirador un poco más arriba de la ermita desde donde se divisa la meseta.
Cantamos en la ermita de Hontanares varias canciones a la Virgen a catorce voces que supongo que le gustaron un montón.
A mi por supuesto.
Tomamos un cafelito en el bar de al lado de la ermita, desde donde se veían unos paisajes otoñales de pegada.
Fotaca a la salida de la ermita
Fuimos a Riaza a oír la misa del sábado por la tarde.
A la salida de misa
Nos costó un poco encontrar un sitio para comer, porque no conocíamos el lugar.
Hacía frio, pero afortunadamente encontramos un sitio resguardado con sol para comer (se lo pedimos a Alvarito, que no falla).
Debajo del puente romano.
Atardecer en las hoces de Duratón.
Al día siguiente domingo, fuimos a las hoces del río Duratón. Camino sin asfaltar, y el coche de Pablo y Miriam sin rueda de repuesto, un poco angustioso, pero no pasó nada afortunadamente.
Los paisajes eran otoñales, aparcamos, había que andar por un camino hacia las hoces y nos encontramos la ermita de San Frutos.
Vista de la ermita de San Frutos por dentro, no se podía pasar.
Ermita de san Frutos al fondo y en primer plano Begoñita (por si alguien no la conoce)