Con la aprobación de la LOE y de los Decretos que la desarrollan, un nuevo concepto, un nuevo "elemento" ha entrado con fuerza en el currículo:
LAS COMPETENCIAS BÁSICAS
¿Son una nueva moda? ¿Algo que ya existía en el currículo de la LOGSE, pero con otro nombre? ¿Otro capricho del legislador, que los profesores tendremos que "meter" en nuestras programaciones? ¿O son, por el contrario, una verdadera novedad que puede facilitar nuestro trabajo y redundar en la calidad de la enseñanza?
Conviene recordar que el concepto de competencia no es nuevo en nuestra reforma educativa. Constituye uno de los pilares básicos en el currículo de la Formación Profesional de la LOGSE ( y ahora de la LOE), el cual parte de un catálogo de unidades de competencia específicamente profesionales, identificadas en el sistema productivo, sobre el que se construye el catálogo de módulos formativos, en sus tres niveles: Programas de Cualificación Profesional Inicial (hasta ahora Garantía Social), Ciclos de Grado Medio y Ciclos de Grado Superior. En la estructura de los Ciclos Formativos se hace además referencia a competencias de carácter más general, que se considera muy relevantes para conseguir una buena inserción en un sistema productivo cada vez más exigente y cambiante, y hacia las que también debe orientarse la formación. Competencias básicas que, en los ciclos formativos, reciben la denominación de capacidades profesionales (en los ciclos derivados de la LOGSE) o competencias profesionales personales y sociales (en los ciclos derivados de la LOE).
Pero ahora también han aparecido las competencias básicas en el currículo del tronco general de la enseñanza obligatoria. Lo hacen, en parte, como consecuencia de las últimas recomendaciones oficiales de la OCDE (Proyecto DeSeCo: "Definición y Selección de Competencias") y del Parlamento Europeo (Resolución de 18 de diciembre de 2006, sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente).
En nuestra opinión las competencias básicas (competencias clave), no son una mera novedad formal, ni mucho menos un capricho del legislador. Creemos que efectivamente pueden ser un poderoso instrumento para mejorar la calidad de nuestro trabajo, y en consecuencia la formación de nuestros alumnos y alumnas. Pero existe, sin embargo un peligro: que adquieran la categoría de los objetivos generales de la educación, a los que todos se refieren pero que casi nadie atiende.
El reto que se nos plantea es el siguiente: ¿Cómo tenerlas en cuenta realmente en nuestras programaciones? ¿Cómo trabajarlas en clase, en las diferentes asignaturas y actividades formativas? En definitiva:
¿Cómo llevarlas a la práctica?