La cultura olmeca (hombres del País del Hule) ocuparon una zona de unos 18.000 km2 situada en los actuales Estados mexicanos de Tabasco y Veracruz. El país, cálido, húmedo, pantanoso y lleno de bosques, ofrece pocas condiciones para el desarrollo humano. Por eso, la aparición de la élite dirigente estuvo, sin duda, relacionada con el control ejercido por ciertas familias sobre las tierras más fértiles.
La cultura olmeca alcanzó su mayor apogeo entre el 1.200 y el 400 a. C. De esta época datan los importantes centros político-religiosos de San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes. Se trata de pequeños conjuntos urbanos levantados sobre enormes terrazas de arcilla que servían al mismo tiempo como lugar de residencia del grupo dominante y como centro de peregrinación religiosa.
El considerable esfuerzo humano y organizativo requerido por los grandes monumentos exigía una estructura social muy centralizada. Según los testimonios arqueológicos, la cultura olmeca se dividían en dos grupos: el superior, formado por uno o varios linajes (conjunto de familias emparentadas), que monopolizaba el poder político y religioso; y el inferior, que incluía a la mayor parte de la población. El primero, encarnación de la comunidad e intermediario de las relaciones entre los hombres y los dioses, controlaba también la vida económica, pues se apoderaba de los excedentes agrarios, dominaba la actividad artesanal, forzaba a los plebeyos a trabajar en las obras públicas y distribuía a su gusto los productos obtenidos gracias al comercio.
Las creencias religiosas de la cultura olmeca, pilar del poder despótico ejercido por sus gobernantes, se basaba en el culto al jaguar, credo que acaso exigiese la realización de sacrificios humanos. Asimismo, hay evidencias que indican la presencia de otros dioses relacionados con el agua, la vegetación y la muerte; deidades que se extenderán posteriormente al resto de Mesoamérica.
https://lahistoriamexicana.mx/antiguo-mexico/cultura-olmeca