TRATAMIENTOS

Los tratamientos psicoterapéuticos que ofrece el Centro de Psicología Global Words, van dirigidos a la población adulta, y son tratamientos individualizados y protocolarizados a partir de las necesidades específicas de cada paciente, adecuando los procesos psicoterapéuticos al ritmo, momento vital y necesidades de cambio que expresa el paciente..

Nuestro exclusivo método psicoterapéutico “GLOBAL WORDS” ofrece la posibilidad que en 10 sesiones, pueda afrontar sus medios, inseguridades, problemas emocionales y existenciales de una forma rápida y económica.

Los trastornos que con más frecuencia tratamos en el Centro de psicología GLOBAL WORDS están relacionados con los estados de ánimo y trastornos de ansiedad de la persona:

· En el caso de la terapia individual con adultos, ansiedad, tristeza, desánimo, apatía, ansiedad, miedos, depresión, trastornos bipolares, baja autoestima, estrés, infelicidad, falta de sentido vital, desmotivación, distimia, inseguridad, timidez, problemas para relacionarse con los demás, trastornos de alimentación, problemas de adaptación al duelo, trastornos sexuales, insomnio, etc.

· Otra área de especialización del centro es la psicoterapia de pareja: pérdida de la seguridad personal, desapego y desamor, ansiedad, falta de plenitud, incomprensión, problemas de convivencia, percepción de insatisfacción con la relación, dificultades en el diálogo y la comunicación, problemas en las relaciones sexuales, etc.

Dentro de este apartado podrá encontrar diversa información sobre aspectos importantes de las terapias, las relaciones de pareja y la necesidad de cambiar para poder mejorar el estilo de vida. Puede clicar encima de las imágenes para leer en formato revista su contenido, o después de las imágenes puede leer DIRECTAMENTE su contenido en esta misma página.

PAREJA Y RELACIONES

Detección de “crisis” en la pareja.

El tema de las “crisis” en las parejas y de qué forma se han de abordar y afrontar genera siempre gan expectación. La proximidad de las fechas navideñas y vacaciones, se pueden hacer más evidentes ciertos signos de crisis en la pareja debido, sobre todo, a la más intensa relación y mayor número de horas de convivencia entre la pareja en este período vacacional. Podemos ilustrar la complejidad de este tema con la consulta que nos ha hecho la Sra. Leticia.

La preocupación de la Sra Leticia es:

“Tengo una hija de 31 años que hace dos años se casó. Rosa se casó muy enamorada pero cada día la veo más desilusionada. ¿Qué puedo hacer para ayudarla? No me atrevo a decirle ni preguntarle nada, por temor a su respuesta”.

Realmente es un tema delicado, pero a la vez Rosa necesita de su entendimiento, respeto y apoyo. En el momento que una pareja decide dar un paso adelante y comprometerse con el matrimonio, o vivir juntos su ilusión es tremenda y las ansias por compartir sus vidas enormes y a su vez se confeccionan muchos proyectos de futuro. Esta fase se llama de “enamoramiento” que una vez efectuado el compromiso se trasforma en la fase de “luna de miel” que puede durar más o menos dependiendo de la complementariedad de la pareja y los roces que puedan aparecer en el día a día. Todo es perfecto, hasta que un miembro de la pareja se replantea y contrasta aquellas ilusiones y proyectos comunes con la realidad de la vida cotidiana. Si el resultado de este replanteamiento del estilo de vida en pareja se aleja mucho de la idea inicial de vida en pareja es habitual que la persona entre en “crisis” y por tanto la pareja también, porque las expectativas no se han cumplido.

Lo importante no es el hecho de que haya crisis en la pareja de su hija, (tarde o temprano aparecen discrepancias y se tienen que detectar y afrontar para poder llegar a un consenso compartido y harmónico según lo que desean los dos miembros de la pareja), sinó el hecho que tenga miedo a afrontar esa crisis por el temor a ser rechazada por parte de su pareja. Es una forma paradójica de actuar. Rosa quiere evitar sufrimiento no afrontando la crisis de pareja mientras que está favoreciendo e incrementando ese malestar y desilusión en la pareja con su misma actitud. Si cuando aparecen signos de crisis en la pareja las señales de alarma no se escuchan es fácil que rápidamente aparezca el desánimo y la desilusión en un primer momento para después convertirse en impotencia y sentimiento de fracaso personal. Rosa se ha de poner a actuar rápidamente y no puede permitirse el lujo de aumentar su crisis. Necesita sacarse la venda de los ojos y conversar con su pareja para poner encima de la mesa el desencanto existente en ella sobre el proyecto común de pareja que hace dos años se comprometieron a empezar.

A Rosa le ayudaría muchísimo poder verbalizar sus sentimientos más profundos e íntimos para poder darse cuenta y tomar conciencia de cómo es realmente su vida y de que manera puede luchar y/o está luchando para que se parezca a su ideal. Si usted ve en Rosa signos de que no quiere hablar del tema no la fuerce pero recomiéndale un buen psicoterapeuta para que trate su ánimo decaído que indirectamente la estará ayudando a tratar su “crisis” y a medida que se conozca más y gane en autoconfianza podrá afrontar su vida de pareja y trabajar para buscar una solución en su relación de pareja.

La comunicación. La asignatura pendiente en las relaciones de pareja.

La comunicación en la pareja es lo primero que se deteriora y se resiente si no se cuida de una forma especial. El discurso o narrativa de la pareja cambia cuando la forma de relacionarse cambia.

Casi todas las parejas que acuden a consulta tienen el denominador común de que sus flujos de comunicación están sesgados. Poco a poco han ido cambiando sus pautas de comunicación hasta llegar a un deterioro y cambios importantes que afectan más allá de la comunicación, afectando la misma relación de pareja. Las parejas creen que conocen como reaccionarán y qué dirán sus parejas si expresan ciertos temores, sentimientos o simplemente ideas y creen que no vale la pena hablar del tema porque se sabe con total seguridad lo que dirá y por tanto es mejor no decir nada.

Esta es una idea irracional, sesgada y distorsionada pero que afecta a muchas parejas. La pareja ha de confiar el uno con el otro, ha de entender que en el marco de la intimidad todo se puede hablar y comentar. Los miembros de la pareja han de poder comunicarse con total libertad y franqueza para que puedan llegar a consensos compartidos y no impuestos por ningún miembro de la pareja. Numerosas parejas que acuden al psicólogo solicitando pautas para “salvar su relación” se sorprenden cuando observan que sus ideas de sobre cuál es el problema de su pareja son totalmente opuestas para cada miembro, y eso que forman parte de una misma pareja. Es evidente pues que la incomunicación está presente en esa pareja y fomentar el diálogo es a su vez la solución a su relación de pareja.

En psicoterapia se utilizan diferentes técnicas para eliminar, reformular y analizar los pensamientos automáticos sobre la relación de pareja y de cada miembro. Se reformulan lo negativo bajo un prisma positivo. Se elaboran diferentes programas de entrenamiento en comunicación y resolución de problemas resaltando la enseñanza de las habilidades de comunicación, subrayando las diferencias de poder que existen en la relación de pareja para que se puedan rectificar e instaurar otro nivel de relación más solidario, equitativo y compartido.

Muchas parejas necesitan de un entorno, pautas y formas diferentes, como las que ofrece la psicoterapia para afrontar las dificultades y volver definir y retomar sus proyectos comunes.

La depresión en la pareja.

En estos últimos años en la forma de hablar se ha sustituido la palabra “tristeza” por “depresión”, restando matices a nuestro vocabulario y a las formas emocionales. A menudo la depresión aparece en la relación de pareja como un síntoma de que algo no va del todo bien. Esta depresión en realidad es tristeza, pero que con el paso del tiempo y de persistir el mismo estilo y forma de compartir la vida se transformará en depresión y fácilmente se cargará la relación de pareja.

La depresión afecta a la propia actitud vital de la pareja. Muchas veces se cree que el “problema”, la “culpa” o la “enfermedad” la padece un miembro concreto de la pareja teniendo éste de superar sus “dificultades” y quedando exento el otro. Pero esta creencia es totalmente falsa. Los síntomas “depresivos” no sólo afectan a una parte de la pareja, afectan a la relación de pareja y por tanto a los dos miembros de la pareja, y la forma de superarla es conjunta.

Mediante un proceso psicoterapéutico se ayuda a evaluar los síntomas que afectan a la relación de pareja: la actitud vital existente en la pareja; las emociones que surgen en la relación de pareja; los pensamientos y las creencias compartidas del sistema de construcción de los miembros de la pareja; los síntomas psicosomáticos; las dificultades de relación y de comunicación… y se potencian cambios significativos a través de pautas concretas de relación y/o expresión emocional ajustadas a las demandas de cada estilo de pareja.

La depresión produce cambios en la vida de la persona y en los tipos y formas de relacionarse; pero en especial en la relación de pareja. La magnitud de los cambios son muy significativos, y a su vez, son indicadores de la calidad de la relación y sobre todo del grado de comunicación en la pareja. Afrontando pronto las dificultades existentes en la relación de pareja haremos que la tristeza de uno de sus miembros no se transforme en depresión y afecte por tanto, a la totalidad de la relación de pareja.

Ruptura de pareja tras las vacaciones.

Las vacaciones ya están aquí. Son unos días muy esperados. Unos días de desconexión, de convivencia, de relax, de viajes, de conocer nuevas personas y/o culturas, de cambios y ruptura de los quehaceres cuotidianos… En definitiva cada persona se construye un significado sobre las vacaciones e intenta aproximar a partir de su propia realidad y necesidades el deseo, es decir lo que le gustaría que fuesen, con sus posibilidades y finalmente lo materializa con acciones concretas, es decir pasa a la acción: comprando billetes de viaje, guías, preguntando a los compañeros/as de trabajo sugerencias, preparando el viaje al pueblo…

Las vacaciones aportan muchos beneficios psíquicos y físicos a las personas, y por tanto son necesarias. La forma de vivir de hoy en día conlleva a veces una relación de pareja que se vuelve superficial y a menudo impide afrontar las necesidades personales. Aquello que se querría comentar y/o solucionar con nuestra pareja, por e el ritmo de vida que llevamos, no podemos hacerlo ya que no nos permitimos introducir cambios a aquello que ha costado tanto organizar como son: el trabajo, la pareja, las actividades de los hijos, el ocio, los amigos… y por tanto el equilibrio es aparente y frágil.

Durante el año vamos tan estresados que no podemos permitirnos el lujo de cuestionarnos nuestro grado de felicidad y bienestar. Pero durante los periodos vacacionales la persona cambia de ritmo de vida y al disminuir el tiempo que dedicamos al trabajo se aumenta proporcionalmente el tiempo de convivencia con la pareja y de contacto con la realidad personal de cada uno. Ese cambio de ritmo de vida da pie a cuestionarse y a buscar nuevas fórmulas de placer y bienestar, que pueden llegar a ser arriesgadas e incluso equivocadas. Durante los periodos vacacionales se aumenta el tiempo de relación y de convivencia (en comparación al resto del año) que pueden hacer que las fricciones aparentes se transformen en enormes impedimentos para la convivencia en pareja y por tanto que lleguen a aparecer replanteamientos de seguir viviendo en pareja. El exceso de relación en vez de fomentar la unión puede ser una fuente de desestabilización en aquellas parejas dónde el deterioro en la comunicación y en la relación no se ha querido afrontar con anterioridad.

En los periodos vacacionales las relaciones de pareja reflejan los estados y formas de relación que existe entre los miembros durante todo el año.

Si la relación de pareja es armónica las vacaciones tenderán a ser un gran periodo para disfrutar, compartir, sentirse amado/a y adentrarse en la construcción de la propia realidad de la pareja.

Si de lo contrario la relación de pareja está en crisis es la peor época ya que el cambio de ritmo en la pareja, el mayor tiempo compartido y los sentimientos verdaderos existentes en la pareja fluyen con más intensidad, pudiendo bloquear la comunicación y el diálogo produciendo un efecto desastroso sobre la convivencia.

Después de los periodos vacacionales muchas parejas se rompen. No pudiendo superar los conflictos existentes entre ellos y que han puesto de manifiesto las vacaciones. Ante esta situación caben cuatro posibilidades: generar una ruptura traumática para todos sus miembros; separarse de mutuo acuerdo, buscar un buen profesional para buscar soluciones y empezar a cambiar las formas de relación y comunicación obstaculizadoras; o hacer que no pasa nada e ignorar lo que está pasando en la pareja hasta el próximo periodo estival.

Si existen conflictos en la pareja cuanto antes se afronten más fácil serán de solucionar; de lo contrario más difícil será su abordaje y requerirá más esfuerzo de sus miembros.

Muchas personas son víctimas de unas formas de relación inadecuadas y les falta herramientas y estrategias para afrontar e integrar esos cambios que se están produciendo en la pareja. Un buen profesional puede facilitarle esas herramientas para superar y afrontar los conflictos que los periodos vacacionales ponen de manifiesto que existe en su pareja.

Si cree que su relación de pareja está en crisis afróntela cuanto antes. Acuda a un profesional, ya que el 80% de las rupturas de producen a consecuencia de los periodos vacacionales. Si su relación está deteriorada y pasa este verano, acudir a un profesional le puede ayudar a mejorar su relación de pareja y a afrontar la realidad de su relación desde otra perspectiva, y por tanto a consolidar la relación de pareja para que el próximo periodo vacacional lo puedan disfrutar juntos.

Crisis de pareja i malestar psicológico.

Muchas veces nos encontramos mal y no sabemos porqué. Empezamos a preguntarnos qué nos pasa y no sabemos encontrar una respuesta que nos tranquilice y nos motive a cambiar.

En el día a día nos percatamos que tenemos cierta apatía, una cierta fatiga, nos encontramos faltos de ilusión y todo se nos empieza a hacer cuesta arriba sin saber por qué.

A menudo no sabemos qué nos pasa, pero otras veces sí que nos damos cuenta que la relación con nuestra pareja ha cambiado y no somos tan felices como antes.

La relación de pareja no la podemos descuidar. Hemos de atenderla y dedicarle tiempo y mimos. Los primeros síntomas que suelen aparecer son la indiferencia, pocas ganas de estar y ver a la pareja, y las pocas ganas de compartir las experiencias del día, que a menudo lo justificamos en qué estoy cansado o he tenido un mal día.

La relación de pareja necesita dedicación, cuidados, atenciones, detalles y mucha, mucha comunicación. No me he repetido al decir dos veces mucha comunicación es un error intencionado para enfatizar lo que a menudo nos hace perder el calor de la pareja.

Cuando nos percatamos que hay indicios que nos hacen pensar que nuestra relación de pareja no va bien nos hemos de poner inmediatamente a abordarlo. No podemos posponer la búsqueda de una solución ya que el tiempo es el peor enemigo de la relación de pareja. El dejar pasar el tiempo pensando que se solucionarán solas nuestras dificultades nos sirve únicamente, para que se fosilicen los sentimientos existentes entre la pareja.

Si la llama del amor se empieza a apagar es necesario luchar con todas las fuerzas para que exista el suficiente combustible que la alimente.

Acudir a un psicólogo puede ayudar a abordar los temas que inciden en la relación de una forma negativa y potenciar la unión de la pareja.

Lo importante no es el hecho de que haya crisis en la pareja sino hecho que se tenga miedo a afrontar esa crisis

La psicoterapia es un proceso de búsqueda de soluciones, y de aproximación a su estado ideal de felicidad. ¿Cada día es igual para ti? ¿Te da miedo cambiar? De ti depende. ¡VIVE libremente!

Estrés en la pareja

Podemos definir el estrés en la pareja como un conjunto de manifestaciones fisiológicas y psicológicas características, que están asociadas a un sobreesfuerzo o gravamen impuesto por el mal funcionamiento de la relación de pareja.

El estrés suele producirse cuando un miembro de la pareja valora las demandas del otro miembro de la pareja como peligrosas o que exceden en sus recursos o necesidades.

Cuando aparece una contradicción entre lo que un miembro pide y el otro está dispuesto a dar aparecen una serie de reacciones psicofisiológicas con el fin de protegernos, ya que se pone de manifiesto y empezamos a ser concientes que hemos de dar una respuesta a nuestra situación actual de pareja, y no estamos dispuestos a asumir ningún riesgo.

Cuando el nivel de cambio necesario es grande existe mayor riesgo de enfermar y de culpabilizar al otro de lo que nos está pasando. Si la persona no empieza a dar respuesta activa a las necesidades de la pareja, la relación se romperá siendo una ruptura traumática.

Si la relación de pareja no es satisfactoria y por consecuente estresante las hormonas se alteran y aparecen síntomas clínicamente significativos de malestar y que distorsionan la relación de pareja.

Los estresantes emocionales que se dan en la pareja son los más importantes y necesarios resolver ya que afectan a la globalidad de la persona y la incapacitan para sentir satisfactoriamente.

Cuando en la pareja aparece el síndrome de adaptación del estrés se produce en distintas etapas:

1.- Reacción de alarma del organismo, (alteraciones endocrinas, del aparato respiratorio y sanguíneo entre otras.) .

2.- Etapa de resistencia, cuando el organismo se adapta y vuelve a aparecer una cierta normalidad en la pareja.

3.- Etapa de agotamiento, donde reaparecen los síntomas característicos de la alarma y se magnifican poniendo en riesgo la relación de pareja.

Si aparecen síntomas de agotamiento es un claro indicador que el cambio es más necesario de lo que la persona cree y es necesario acudir a un buen profesional o separarse.

¿Te amo, o te necesito?

En las relaciones de pareja existen diferentes etapas, momentos y formas de expresar el amor. El pasar de una etapa a otra no significa que ese amor desaparezca, únicamente se transforma. Las relaciones de pareja al igual que las personas necesitan evolucionar, aunque a menudo las evoluciones en el mundo afectivo se viva más en términos de pérdida que de ganancias.

La dependencia afectiva a la pareja, tarde o temprano genera sufrimiento y depresión.

Muchas personas son víctimas de unas relaciones inadecuadas y les falta herramientas y estrategias para afrontar e integrar esos cambios que se están produciendo en la pareja. El miedo a la pérdida de la pareja incapacita, a menudo, a la persona a incorporar cambios, a continuar exponiendo sus puntos de vista, o confiar en el otro, repercutiendo negativamente en las formas de relación y comunicación, generando una distorsión de lo que realmente está pasando en el sí de la pareja. Cuando el amor se transforma en necesidad se genera una dependencia que obliga al que se da cuenta que tenga de asumir una postura sumisa para que la pareja siga unida, con el consecuente esfuerzo, anulación y sacrificio personal que conlleva.

El miedo a la soledad y al abandono contamina el vínculo amoroso de tal manera que la relación se convierte en algo muy vulnerable y patológico.

En la relación de pareja es necesario que exista un espacio de comunicación y entendimiento consensuado entre ambas partes a fin de poder exponer, sugerir y actuar desde la libertad y el respeto.

Es posible amar con independencia y eliminar las ataduras psicológicas y, pese a todo mantener vivo el fuego del amor. Entregarse afectivamente no implica que uno deba desaparecer en el otro, sino integrarse uno en el otro y viceversa.

Existe crisis en la pareja.

En el momento que una pareja decide dar un paso adelante y comprometerse con el matrimonio, o vivir juntos su ilusión es tremenda y las ansias por compartir sus vidas enormes y a su vez se confeccionan muchos proyectos de futuro. Esta fase se llama de “enamoramiento” que una vez efectuado el compromiso se trasforma en la fase de “luna de miel” que puede durar más o menos dependiendo de la complementariedad de la pareja y los roces que puedan aparecer en el día a día. Todo es perfecto, hasta que un miembro de la pareja se replantea y contrasta aquellas ilusiones y proyectos comunes con la realidad de la vida cotidiana. Si el resultado de este replanteamiento del estilo de vida en pareja se aleja mucho de la idea inicial de vida en pareja es habitual que la persona entre en “crisis” y por tanto la pareja también, porque las expectativas no se han cumplido.

Lo importante no es el hecho de que haya crisis en la pareja. Tarde o temprano aparecen discrepancias; es entonces cuando se tienen que detectar y afrontar para poder llegar a un consenso compartido y harmónico según lo que desean los dos miembros de la pareja; sinó el hecho que un miembro de la pareja tenga miedo a afrontar esa crisis por el temor a ser rechazado/a por parte de su pareja, hará que la crisis se engrandezca. Es una forma paradójica de actuar. A veces queremos evitar el sufrimiento no afrontando la crisis de pareja mientras que está favoreciendo e incrementando ese malestar y desilusión en la pareja con su misma actitud.

Si cuando aparecen signos de crisis en la pareja las señales de alarma no se escuchan es fácil que rápidamente aparezca el desánimo y la desilusión en un primer momento para después convertirse en impotencia y sentimiento de fracaso personal.

En estas fechas es importante exponer cuales son los deseos y lo que le gustaría. La pareja no se puede permitirse el lujo de aumentar su crisis para agradar al otro.

El verbalizar los sentimientos más profundos e íntimos ayuda a limar asperezas y darse cuenta de cómo es realmente su vida y de que manera puede luchar y/o está luchando para que se parezca a su ideal.

Pareja y optimismo.

La primera etapa de relación, en el caso de las parejas, se suele caracterizar por el romance. Este estado pasional los enamorados no sólo no se cuestionan las necesidades de los hábitos de su media naranja, por inconvenientes o irritantes que puedan parecer a un observador objetivo, sino que afirman sentirse totalmente en perfecta armonía.

Una vez amainado la tempestad del romance, en las parejas afortunadas el estado pasional se convierte en algo más asosegado y seguro. A medida que pasan los años los vínculos se refuerzan con el cariño, la lealtad, los intereses comunes y la amistad, sin que no sea importante el atractivo sexual, No obstante, la expresión física del amor regular es casi una garantía de continuidad de cualquier relación de pareja.

Todas las relaciones amorosas requieren un alto grado de mantenimiento. Necesitan ser renovadas constantemente para poder responder a las demandas de la convivencia a largo plazo, y para resolver exigencias, tensiones y contrariedades que van apareciendo en el día a día.

Las relaciones de pareja, familiares o de amistad, cuyos miembros utilizan un estilo optimista a la hora de interpretar los sucesos que les afectan, tienden a gozar de mayor estabilidad y perduran más que las uniones en las que predominan el modelo pesimista.

En general las perspectivas optimistas facilitan la estabilidad, mientras que las posturas derrotistas fomentan los conflictos.

Las relaciones estables de cariño no sólo son una fuente de satisfacción en la vida, sino que además un antídoto muy eficaz contra los afectos nocivos de todo tipo de calamidades.

Cuando las parejas están convencidas de que las críticas del compañero/a son intencionadas y no cesarán porque están motivadas por sus necesidades emocionales egoístas o de poder, o por su personalidad, la relación tiene bajas probabilidades de perdurar.

Cuando empiezan a aparecer evidencias que los niveles de tensión entre la pareja aumenta es necesario acudir a un buen profesional para empezar a trabajar y detectar si los elementos de optimismo sano y existente están conservados, para que el equilibrio en la pareja se restituya y no se deteriore más o por el contrario en necesario plantearnos el distanciamiento o la ruptura.

La motivación es lo que nos hace empezar a cambiar. tu psicólogo te hace continuar.

Gestión de conflictos en la pareja.

Lo habitual y sano es que de tanto en tanto vayan apareciendo conflictos entre la pareja y en la vida familiar. El aspecto no tan saludable es que estos conflictos se cronifiquen y alteren la vida cotidiana de la pareja o la familia.

Cuando un conflicto interpersonal se queda sin resolver, alguna gente se “casa” con el conflicto en vez de superarlo y avanzar.

Los conflictos no resueltos por lo común llevan a las parejas a la terapia. Algunos conflictos son producto de visiones distintas del mundo y sólo se podrá resolver en terapia.

A veces un problema es la consecuencia de un conflicto dentro del individuo y afecta negativamente sobre la vida de pareja y este tipo de conflicto también requiere una terapia.

La mayoría de las personas tienen ambos tipos de conflictos: los no resueltos en su interior y en sus relaciones interpersonales. Las parejas actúan para resolver esos conflictos cuando se da una crisis, es decir, cuando el conflicto se vuelve insoportable o se eleva a un nivel inaceptable. La pareja que no hacía nada en común se verá impedida a hacer algo en relación al conflicto, si la esposa tiene una aventura (y el marido se entera) o si el marido gasta demasiado del presupuesto familiar en el bar, ambos se verán incapaces de construir positivamente una solución. La clave pasa por actuar para resolver el conflicto de su matrimonio, y también para desarrollar una nueva relación.

Si una pareja no puede resolver la crisis que los llevó a terapia, uno u otro creará una nueva crisis buscando el divorcio. Cuando emerge la crisis del divorcio, el conflicto social se convierte en legal y algunas cuestiones prácticas requieren negociación.

La necesidad de estar mejor te empuja a cambiar. tu psicólogo te hace continuar.

Pareja y necesidad de cambio.

Cuando algún miembro de la pareja siente que las cosas no van bien empieza un proceso de autodestrucción en la pareja, antes de sentarse a hablar con la propia pareja. Es lo que denominamos una conducta de huida ante el temor que la otra persona no acceda a abordar el conflicto.

Si este proceso de autodestrucción se acompaña por un círculo infernal de celos nos encontramos ante una situación más delicada todavía. Existen parejas que negando los problemas empiezan a desarrollar estrategias de control y celos con la pareja a pensar erróneamente que si intentan controlar a su pareja ella no les dejará o no la perderá.

Cuando los celos o la necesidad de control se transnforman en enfermizos, los celos se convierten en una pesadilla para los que los sufre… y para el que los vive. Signo de pasión para muchos, en exceso muestran el lado más oscuro del desamor. Es una enfermedad que se puede controlar.

“El vicio de la posesión” así lo denominaba Jaques Cardone a los celos, ese estado emotivo ansioso que padecemos cuando queremos a alguien y tenemos miedo a perderlo.

Los celos nos alejan de una relación interpersonal óptima y satisfactoria. Nos obligan a relacionarnos de una forma irracional por los miedos que nos genera, e incluso pueden forzar a algunas personas a despertar la necesidad de imponer y mantener una relación de total sumisión y manipulación distorsionando la realidad de la pareja y sus necesidades. Las personas que lo sufren suelen ser personas apasionadas, ansiosas, y cuando son exagerados, hasta un poco sadomasoquistas y neuróticas.

En la pareja ha de existir la sensación de que la otra persona cree y confía en mí y yo con mi pareja, de lo contrario la relación de pareja está en crisis.

Si una pareja se reprocha situaciones y comportamientos más de dos veces al día es otro de los indicadores que la pareja necesita cambiar los hábitos de relación entre ambos. Si esto sucede en su pareja sería un buen momento para acudir a terapia y no dejar que la relación se deteriore más.

NECESIDAD DE CAMBIO.

Necesito cambiar y me da miedo.

La persona necesita adaptarse a las nuevas situaciones y realidades que en cada etapa nos va ofreciendo la vida, pero a veces nos es más fácil seguir haciendo igual como si no pasase nada.

Cuando algo en nosotros nos hace sentir que no vamos bien o que nuestra vida le falta algo hemos de escuchar esa parte de nosotros que nos está hablando. Esa parte es el corazón y necesita ser escuchado para poder llegar a la plenitud personal emocional y espiritual.

El cambio es una necesidad que el ser humano necesita para crecer y enriquecerse. El cambio es bueno. El cambio nos prepara y nos acomoda a la nueva realidad y rumbo que va tomando nuestra vida.

Hay personas que se resisten a cambiar. Pero en el fondo le es más fácil seguir haciendo y viviendo de la forma como lo han hecho siempre ya que así no es necesario asumir nuevos riesgos y su vida parece más controlada. Pero sólo parece más controlada la realidad es que son esclavos de sus autolimitaciones y se niegan a vivir otra realidad. No se dan permiso para ser otro forma.

Si el problema tiene solución se ha de afrontar lo más rápido posible, ya que de lo contrario se corre el riesgo a que éste crezca demasiado y nos desborde. El hecho de negarlo únicamente nos crea malestar y perturba nuestra manera de afrontar las situaciones. No afrontar una nueva realidad o situación y negar la necesidad de cambio nos repercute negativamente en nuestro estado psicológico, ya que nuestro inconsciente tienen constancia de ello y se manifiesta de una forma coherente al problema.

El poder utilizar correctamente “estrategias de afrontamiento” nos facilita y ayuda a la adaptación a aquellas situaciones y realidades que se van dando en nuestra vida. Pero para ello es necesario querer reflexionar sobre nuestras pautas de comportamiento, nuestros sentimientos y nuestra vida. El hacer un alto en nuestra vida nos ayuda a redefinir, corregir y darnos cuenta de aquellos errores que nos alejan de la felicidad personal y espiritual. La vida es cambio y el cambio es vida. ¿Cada día es igual parta ti? De ti depende. Vive!

Nuevos propósitos. Necesito cambiar.

Cada año antes de las 12 campanadas por nuestra mente pasan un sinfín de propósitos, objetivos y nuevas ilusiones para el año que está a punto de empezar. Dejamos atrás los momentos negativos y nos preparamos para empezar con ganas el próximo año.

Al tomar las uvas el día de fin de año, seguro que ha despertado en ti, alguna vez, esa necesidad de cambiar algunas cosas. Nosotros te podemos ayudar y hacerte el camino más fácil.

La persona necesita ver cómo se van desvaneciendo aquellas cosas que no le gustan y se van trasformando en situaciones más agradables y satisfactorias sus deseos y anhelos. El hecho de que los logros vayan apareciendo en tu vida fortalecen la autoestima y la seguridad personal.

Cuando aparece en la persona el sentimiento de necesidad de cambio es un signo evidente de que su vida necesita cambiar lo antes posible, para que se pueda restablecer la armonía, el equilibrio interno y los sentimientos de satisfacción personal.

Los cambios, o proyectos de cambio, mayoritariamente están focalizados sobre la forma de relacionarnos con los demás, sobre nosotros mismos y las fuentes de obtención de placer.

La salud mental y la satisfacción personal reside en la forma de vivir y la magnitud existente del nivel de congruencia interna entre aquello que creemos que hemos de hacer y aquello que desearíamos estar haciendo.

Cuanto más aproximemos los polos del ser real que nos encontramos ahora con el ser ideal que queremos llegar a ser, mejor nos encontraremos con nosotros mismos y el grado de satisfacción personal será proporcionalmente superior a los intentos de cambio que hagamos.

Trabajar para que los sentimientos más profundos e íntimos se hagan realidad ayuda a limar asperezas y darse cuenta de cómo es realmente tu vida y de que manera puedes luchar y/o estás luchando para que se construya esa nueva realidad.

Cuando vemos que necesitamos cambiar. En ese instante. El pensamiento mágico nos ilusiona y nos prepara para esperar esos cambios que constatamos que son necesarios en nuestra vida para ser más felices, pero en el fondo esperamos que los Reyes Magos nos los traigan.

Pasados los Reyes la persona empieza a ser consciente que es más duro de lo que se esperaba y desiste en sus ansias de cambiar y luchar para ser más feliz.

La persona tiende a repetir los mismos patrones y hasta que un nuevo hábito de conducta no esté instaurado no podrá incorporar repertorios nuevos a los ya existentes. Es decir hasta que no sea consciente que necesita cambiar no empezará a cambiar en el proceso de adquisición de hábitos y por tanto habrá momentos buenos y otros malos, y en el proceso de cambio es cuando un buen profesional de la psicología puede hacer que se instauren con naturalidad y de una forma más rápida que no haciéndolo uno mismo.

La práctica nos demuestra que muchas personas intentan cambiar su vida y ser más felices. Un 85% de personas fracasan al intentarlo solos, ya que los patrones que se desean cambiar están demasiado asimilados y se resisten al cambio debido a los mecanismos inconscientes de placer y por tanto aunque la persona desee cambiar esos mecanismos inconscientes de satisfacción, el mismo inconsciente le hace fracasar en sus intentos.

En los procesos psicoterapéuticos la zona inconsciente se hacen consciente y se amplían los repertorios de conductas aportando mecanismos de gestión emocional en nuestras vidas produciendo una aproximación a los estadios superiores de felicidad, ya que se aproximan el ideal de la persona con la realidad manifiesta.

La psicoterapia es un proceso de perfeccionamiento personal, y de aproximación a su estado ideal de felicidad. ¿Cada día es igual para ti? ¿Te da miedo cambiar? De ti depende. ¡VIVE libremente!

Mi vida necesita cambiar. No puedo esperar más.

¿Cuántas veces nos hemos dicho esta frase? Si han sido muchas es que realmente tenemos una cierta resistencia al cambio. Pero la verdad es que de una forma inconsciente notamos que necesitamos un gran cambio en nuestra vida y nos percatamos, aunque nos cueste reconocerlo.

El romper con la rutina es difícil, pero a la vez desgasta muchísimo las relaciones interpersonales. Puede ser que a veces nos sintamos vacíos, por tal como va nuestra vida, pero la verdad es que entre la pena que sentimos y el vacío que nos da esa vida que llevamos, que nos quedamos con la pena y nos resistimos a luchar para cambiar nuestro mundo.

Si a veces siente, pena, tristeza, desasosiego, inseguridad, ansiedad, ¿no será porque se está dando cuenta que su vida necesita un cambio pero no tiene el valor suficiente para afrontarlo?

¿Hacemos todo lo necesario para estar mejor? ¿Estamos dispuestos a luchar para que nuestra vida sea más satisfactoria y agradable?

Las personas que acuden a terapia, y gracias al Método GLOBAL WORDS, pronto son conscientes que necesitan cambiar pautas de relación, comunicación y acción; y adaptan sus patrones de funcionamiento a las nuevas dimensiones de su realidad, para poder restituir el equilibrio necesario para una forma de vida más saludable a su personalidad y así recuperar el estado de bienestar personal.

Con el Método GLOBAL WORDS, los cambios son rápidos y duraderos si la persona se implica en el proceso. El Método GLOBAL WORDS, es un método sistematizado de búsqueda del sentido de la vida y que ayuda a las personas a confrontar sus pensamientos, emociones y estado físico; en relación a su estado personal, y aporta formas adaptadas a cada necesidad

para establecer una nueva atribución de significado de lo que está pasando en su vida.

MÉTODO GLOBAL WORDS

El método Global Words®, es un método que tras analizar y centrarnos en la problemática del paciente nos permite evolucionar y encontrar soluciones mucho más rápidas y eficaces a la situación de malestar y/o sufrimiento que padece la persona en el momento de acudir a terapia.

La personalización del método a cada paciente nos permite avanzar de una forma muy rápida y sin sufrimiento por parte de la persona que acude a terapia. El paciente evoluciona casi sin esfuerzo, si realmente está comprometido con la terapia y lleva a la esfera cotidiana lo que durante la sesión se trabaja, por lo que es necesario un nivel de implicación en la terapia del paciente.

El programa se estructura en 10 sesiones, permitiéndonos abordar de una forma mucho más eficiente las dificultades de afrontación que muestra el paciente, ante las situaciones de malestar que padece.

Tras la realización de una primera visita diagnóstica y un test de personalidad se abordan las problemáticas del paciente con sesiones de una hora de duración semanal.

Tras las 6-7 sesiones de psicoterapia semanal la persona está preparada para pasar a sesiones quincenales, que en la 8-9 sesión pasan a ser cada tres semanas para finalmente tener una sesión al mes.

Nuestra experiencia nos indica que tras las 10 sesiones psicoterapéuticas el 98% de los pacientes que acuden a nuestra consulta están preparados para afrontar sus temores, ansiedades, estilo depresivo y preocupaciones que les han traído a terapia y por tanto se les da el alta.

Este método eficaz y eficiente centrado en la problemática y carencias personales de cada persona permite optimizar los recursos económicos del paciente, y le aleja de la idea de que un proceso psicoterapéutico es de por vida.

Las personas que acuden a terapia, y gracias al Método GLOBAL WORDS®, pronto son conscientes que necesitan cambiar pautas de relación, comunicación y acción; y adaptan sus patrones de funcionamiento a las nuevas dimensiones de su realidad, para poder restituir el equilibrio necesario para una forma de vida más saludable a su personalidad y así recuperar el estado de bienestar personal.

Con el Método GLOBAL WORDS®, los cambios son rápidos y duraderos si la persona se implica en el proceso. El Método GLOBAL WORDS®, es un método sistematizado de búsqueda del sentido de la vida y que ayuda a las personas a confrontar sus pensamientos, emociones y estado físico; en relación a su estado personal, y aporta formas adaptadas a cada necesidad para establecer una nueva atribución de significado de lo que está pasando en su vida.