Desde el año 1990 han sido muchos los alumnos que han pasado y siguen pasando por mi aula 42. La enseñanza instrumental llega a ser muy especial por la especificidad de este tipo de enseñanza. Las clases, a parte de las colectivas, son de carácter individual y es en estas circunstancias donde se experimenta como la corriente de conocimiento y aprendizaje va en dos direcciones, del profesor al alumno y del alumno al profesor. Los alumnos reciben clases semanales una media de 6 años, incluso, algunos han estado hasta 10 años, dependiendo si han empezado su enseñanza desde el grado elemental o profesional. El trabajo musical y expresivo que se hace con cada alumno es muy gratificante. Se observa y se trabaja de cerca todo este rico mundo interior que debe salir a la luz para hacerse un buen intérprete. Todo ello hace que se establezcan unos vínculos muy estrechos y entrañables. Se llega a conocer muy bien a cada alumno, porque se vive con ellos desde las etapas más preciosas de la vida, su niñez y adolescencia. Es por esto que no sólo recuerdo el nombre de los casi 150 alumnos que han pasado por mi aula sino también mucho más de ellos. Siento que cada alumno que se gradúa se lleva algo de mí al igual que algo de ellos se queda conmigo para siempre.