El juego es esencial en la vida de todos los seres humanos, especialmente en la de los niños y niñas. Muchos autores creen que el juego es una actividad natural que se produce de forma innata. A través de él los niños pueden interactuar espontáneamente con otros niños, adultos y su entorno, aprendiendo así a llevarse bien con diferentes personas, comprender y explorar el mundo que les rodea, desarrollar su personalidad, mejorar sus habilidades sociales y la resolución de conflictos; se desarrollan como individuos y como miembros de una comunidad.
El juego se desarrolla en un contexto libre de compromiso. El entorno del juego se convierte en un mundo fascinante, adaptado a los intereses de la mente, el cuerpo y los niños, y envuelto en una atmósfera respirable de ilusión y fantasía.
La diversión es la primera característica del juego, y también una de las características más fundamentales, es decir, el goce que aporta el ejercicio de la función o actividad en sí, independientemente del entorno y el propósito que lo rodea. El ejercicio de funciones como la actividad muscular, la visión o la inteligencia puede provocar placer, y esta es la mejor definición del juego.
La libertad de elección es otra de las características del juego. Todo juego es, en primer lugar y sobre todo, una acción libre; no proviene de condiciones previas, ni se juega fuera de su influencia.
Puesto que el juego se desarrolla en libertad, « no se define por el tipo de actividad acometida sino por la actitud distintiva que toma el que juega hacia la actividad. Lo que cuenta es la actividad misma, más que los resultados
«El niño hace lo que quiere, pero la actividad que desarrolla es gratuita» . Se juega por jugar y para jugar. Es una actividad informal, de libre albedrío . El niño «juega como quiere, independientemente del lugar y del tiempo » . Los actos del juego son gratuitos , incluso cuando se obedece a la necesidad, ya que ésta consiste en reglas producidas o escogidas por el jugador (Anden , 1 3-638)