Junto con su maestro, Sócrates, y su discípulo Aristóteles, Platón escribe buena parte de la obra sobre la que se asienta toda la tradición cultural occidental.
La gran obra de Platón, compuesta por unos treinta volúmenes, escritos en su mayoría en forma de Diálogo, supone una gran novedad en su elaboración lógica y literaria en su época. En ella se establecen las cuestiones básicas y problemas que van a dirigir el pensamiento occidental más allá de su influencia inmediata, que se dejaría sentir tanto entre los paganos (el neoplatonismo de Plotino) como en la teología cristiana, fundamentada en gran medida por San Agustín sobre la filosofía platónica.
Platón nace en Atenas en el año 427 a.c., en una de las familias de la alta aristocracia ateniense. Desde joven parece que su intención fue la de dedicarse a la vida política pero durante el gobierno de los “treinta tiranos” (entre los que se encontraban parientes y amigos suyos), las tropelías cometidas por estos (entre las que se encontraba el intento de involucrar a su maestro, Sócrates, en un asesinato) le hicieron desistir decepcionado. Su “huida” definitiva a la filosofía se produjo tras la muerte de Sócrates (399), y comienza con su refugio en Megara, donde compartirá residencia con Euclides. A la edad aproximada de cuarenta años se embarca hacia Italia, tras visitar Tarento recaba en Sicilia. En la ciudad de Siracusa traba amistad con el joven Dión, cuñado del tirano de la ciudad, Dionisio I “el viejo”. Éste es convencido por Dión para que pusiera en práctica las teorías políticas de Platón. El resultado no pudo ser más decepcionante. Regresa a Atenas hacia el año 387 formando la comunidad filosófica de corte pitagórica conocida como “La Academia”. El periodo comprendido entre la fundación de la Academia y el año 367 (muerte de Dionisio I) es para Platón bastante fructífero pero una invitación de Dión para que Platón volviera a intentar poner en práctica su sistema político hace que éste vuelva a viajar a Siracusa. Al llegar, Platón se encuentra con que el nuevo tirano, Dionisio II “el joven”, acaba de sentenciar a Dión por conspiración y este es enviado al exilio. Platón debe pasar en Siracusa dos años, en contra de su voluntad, que le sirven para reflexionar sobre su sistema filosófico, dotarlo de cierta coherencia y comenzar su trabajo de vejez. Ya de vuelta en Atenas, durante los años siguientes escribe varios de sus diálogos más críticos. Hacia el año 361 Dionisio II escribe a Platón invitándolo para que regresara a Siracusa. Con poca fe, acepta la invitación pero su viaje resulta aún más desastroso que los otros dos. Es retenido como prisionero en Siracusa durante un año. Al regresar a Atenas, dedica el resto de su vida a revisar su obra y escribir algunos de los diálogos más importantes de su obra (Timeo, Leyes...)
La filosofía platónica se sitúa históricamente dentro del periodo en el que se inicia en Grecia una gran crisis en el esplendor de las grandes Ciudades Estado independientes. Estas Ciudades-Estado, de entre las que destacan Atenas, Polis de la que es ciudadano Platón y Esparta, habían expandido su dominio de forma bien diferente.
Esparta estableció su poder a base de conquistas y gobernó bajo un estricto control todos sus dominios. Sin embargo, tras las Guerras Médicas, la unificación de Ática se llevó a cabo pacíficamente con la supervisión ateniense, quien controlaba el comercio impulsando la expansión económica y cultural de la ciudad. El político y legislador Clistenes reformó el sistema político introduciendo el gobierno democrático en Atenas.
Tras un periodo de gran esplendor conocido como “el siglo de Pericles” (480- 404) en el que se forma Platón, las crecientes diferencias y luchas por el poder en el Ática entre Atenas y Esparta acabarán en la guerra del Peloponeso. Este conflicto se prolongará del 431 al 404 ac y dará como resultado la victoria de Esparta al frente de la Liga del Peloponeso.
Esta derrota marcará en buena medida la vida y filosofía de Platón. Esparta disolvió la asamblea y el sistema democrático ateniense e instauró en Atenas un gobierno marioneta conocido como la Tiranía de los Treinta. Según Jenofonte, los Tiranos dictaron leyes prohibiendo «enseñar el arte de la palabra» dirigidas especialmente contra el filósofo Sócrates, iniciando el proceso por el cual éste último fue condenado y ejecutado.
Tras un año de dura represión Trasíbulo restauró en Atenas ciertas garantías democráticas que acabarían en el año 399 con la condena y muerte de Sócrates. La, a tenor de Platón, injusta muerte de Sócrates, llevará a nuestro pensador a dedicar buena parte de su obra, en especial el texto que nos ocupa, a diseñar una forma de organización política que quede libre de las taras de la tiranía, oligarquía y democracia. Formas de gobierno injustas ya que priman el beneficio de unos pocos o unos muchos sobre el de todos.
En el plano cultural, durante el momento de mayor esplendor de la cultura ateniense, el mandato de Pericles, momento que coincide con los años de juventud de nuestro pensador,cabe destacar los siguientes elementos como hitos fundamentales:
En el ámbito de la arquitectura, además de la construcción de la Acrópolis, merecen una especial mención el Partenón y el Erecteión así como la reconstrucción del Templo de Apolo.
El teatro alcanzó su máxima expresión con las obras trágicas de autores como Esquilo quien va a convertirse en el fundador de la tragedia griega mereciendo especial mención Sófocles o Aristófanes.
En escultura debemos destacar a Fidias, cuyas obras decoraron el Partenón, junto a Mirón o Policleto.
En el campo de la historiografía, sobresalen dos nombres fundamentales: Herodoto, considerado padre de la disciplina y Tucídides, considerado también uno de los creadores de la ciencia histórica.
Sin embargo, al final del Siglo de Pericles, momento en el que Atenas alcanza el punto culminante del esplendor descrito, la polis sufrirá una profunda crisis causada por el descontento de las ciudades que formaban parte de la Liga de Delos. Además, en este mismo momento, la recién creada Liga Del Peloponeso comandada por Esparta, inició el periodo de hostilidades que acabaría con la muerte de Pericles y propiciaría el fin de la esplendorosa cultura ateniense de la que uno de los pocos supervivientes será Platón el cual fundará la institución educativa conocida como la Academia.
Será pues este contexto de decadencia y la condena a muerte de Sócrates lo que impulsará a Platón a sentar en su obra las bases de un gobierno justo. En sus reflexiones, las nuevas tendencias culturales que se caracterizan por tratar de alejar lo mundano, la tradición y la naturaleza, para centrarse en el hombre y la Polis son recogidas por Platón, a pesar de que a lo largo de su obra se sigan apreciando el empleo de los mitos y las referencias a divinidades.
Cabe por último destacar la importancia de la generalización del papiro, invento que permitirá la difusión de la escritura para dejar constancia de las teorías o análisis realizados por los pensadores dando lugar a las bases de la cultura escrita europea.
Filosóficamente, durante la vida de Platón los sofistas ocuparon el lugar de los grandes sabios de las Polis. Este grupo de intelectuales fue bien recibido en Atenas tras las Guerras Médicas donde se granjearon una merecida fama como educadores. Entre otras disciplinas, su instrucción se basaba en el arte de la oratoria y el debate público, algo de vital importancia para progresar en la vida política ateniense.
Merecen especial atención dentro de la sofística Hipias, Protagoras y Gorgias quienes eran reconocidos por sus discursos centrados en el lenguaje, antropología y sociología desde una postura relativista tanto moral como política. Se distanciaron rápidamente de los filósofos jónicos ya que la sofística no mostró especial interés por la naturaleza sino que el carácter práctico y ligado a la vida en la Polis de sus estudios produjeron el fenómeno que conocemos como el “giro antropológico” de la Filosofía. No obstante, la lucha por el poder político y la defensa a ultranza del relativismo y sus posturas escépticas provocaron el enfrentamiento con el maestro de Platón.
Sócrates defendía la necesidad de una verdad universal frente a la postura relativista de los sofistas que defendían la imposibilidad de la existencia de verdades universales y eternas. Fruto de estos enfrentamientos y de los sucesivos ataques a los gobernantes de la Polis que salpicaron la vida de Sócrates, este fue condenado y obligado a “beber la cicuta” el año 399 a.c. Dicha muerte fue juzgada por Platón como injusta e interesada, ya que podemos encontrar su origen en una serie de rencillas personales y no en el cumplimiento de un verdadero criterio de justicia universal. Así pues, el sistema ágrafo de Sócrates y su propia idiosincrasia no le permitieron generar un sistema filosófico que apoyado en la objetividad y universalidad de las ideas.
Esta tarea es llevada a cabo por su discípulo Platón que desde la muerte de su maestro va a dedicarse a sentar las bases de un Estado justo. El intento de evitar que una injusticia como la acaecida con la muerte de Sócrates volviera a ocurrir llevo a Platón a buscar soporte para su proyecto en la universalidad de la idea del Bien y la Justicia. El Estado platónico debía comenzar por el reconocimiento de la noción misma de verdad como algo universal y necesario. Con ello, Platón recupera la filosofía de los eleatas, en concreto de Parménides, y al enfrentar este concepto de verdad única y universal a una Physis cambiante y mudable la opone a la de Heráclito y al relativismo sofista.
Con este objetivo, la obra de Platón va a compilar grandes principios de las corrientes filosóficas precedentes como la concepción del Ser como la realidad inmutable; La razón como el auténtico instrumento para el conocimiento; La división del conocimiento en dos tipos la ciencia y la opinión de Parménides y la filosofía eleata. La existencia una Mente o Inteligencia ordenadora encargada de organizar el Cosmos de Anaxágoras. El dualismo antropológico y su teoría del alma así como la gran influencia que tendrá en la obra de Platón la matemática o la teoría de la purificación del alma por medio del conocimiento de los pitagóricos.
1. La naturaleza del alma y su relación con el cuerpo.
Con Platón encontramos de alguna manera el primer gran compilador de las fuentes filosóficas de la antigüedad; Pitagorismo, eleatismo, tradiciones y mitos orientales y un largo etcétera se dan en su obra de forma repetida. En lo que respecta a su antropología Platón continuará con la línea iniciada por su maestro, Sócrates. La máxima platónica bien podría ser en este ámbito aquel “conócete a ti mismo”. Sus contactos con el pitagorismo le harán convencerse de que el ser humano es un compuesto de cuerpo y alma (dualismo antropológico), donde el alma, inmortal, se debe unir de forma “accidental” al cuerpo, fuente de todo mal e ignorancia. Lo que nos hace humanos es el alma, que no es un mero principio vital (psiqué) animador del cuerpo, sino que posee una naturaleza propia e independiente. Es la sede de la actividad intelectual. El fin último del hombre, alcanzar la felicidad, consiste en lograr sustraer el alma a los efectos perniciosos del cuerpo para poder recuperar, tras un periodo de “purificación”, su perfección pretérita. La dualidad enunciada por Heráclito y Parménides es recogida aquí por Platón de forma sutil: el cuerpo (physis), sujeto al cambio, la corrupción, los vaivenes del deseo, es cambiante; el alma, simple, eterna, es totalmente superior al cuerpo. La muerte, acaece al cuerpo no al alma.
Para continuar con el desarrollo de la teoría platónica del alma debemos antes dejarnos claro que en la obra de Platón no encontramos unidad al respecto. En algunos escritos afirma la inmortalidad del alma (Fedón), en otros (Timeo) afirma que las almas fueron creadas por el Demiurgo. Éste, al crearlas, les inculcó la verdad acerca de todas las cosas. Luego, una vez vinculadas al cuerpo, se precipitarían en el olvido.
En definitiva, en la República y Fedro, Platón expone una clasificación del alma en tres tipos (o tres almas), respondiendo a las funciones que desarrolla el ser humano:
- Alma racional: Asentada en la cabeza, en ella reside la capacidad de razonar. La contemplación de las ideas eternas es su meta natural. Parece que este alma, o este tipo, sería la única inmortal.
- Alma irascible: Ubicada en el pecho, sería responsable de actos y afectos “nobles” como el valor, pero también de la ira o la ambición.
- Alma concupiscible: Situada en el vientre regularía las funciones vitales básicas y está completamente dominada por la “bajas pasiones”.
Platón estuvo convencido de que las almas se encontraban sujetas a ciclos de nacimiento (metempsicosis), pero tampoco presenta al respecto una visión unitaria. Sobre el destino de las almas tras la muerte del cuerpo, o su propia muerte, aparecen diversos pasajes en muchos de sus diálogos con un planteamiento igualmente confuso y falta de unidad.
2. El problema del conocimiento y la concepción de la realidad
El proceso de conocimiento en Platón está indisolublemente vinculado a su concepción del alma. Parte de dos supuestos: 1) El alma es eterna y poseedora de toda verdad; 2) El cuerpo es el responsable de la ignorancia que padecemos. Así, el alma separada del cuerpo es plenamente sabia, pero cuando se precipita en un cuerpo se obnubila, padeciendo un hondo olvido. Mientras estemos unidos al cuerpo siempre seremos, en mayor o menor medida, ignorantes. Para lograr salir de esta oscuridad la reflexión será la única posibilidad. La filosofía no es pues el mero acto de saber por saber, sino un medio de salvación. Posee pues una cualidad soteriológica. Se precisa asimismo una vida ordenada y virtuosa, aunque el conocimiento es también necesario para alcanzarla. Conocer no es pues más que el distanciamiento entre cuerpo y alma, que aun poseyendo una naturaleza distinta están obligados a convivir. El destino y la felicidad dependerán de qué polo sea el que domine en cada sujeto; si prima el cuerpo, que nos hará ignorantes y malvados, o el alma, que nos volverá virtuosos. Para que podamos desarrollar un proceso de aprendizaje Platón mantendrá la tesis básica de su maestro: aprender es recordar. Este acto de recordar se denomina anamnesis (reminiscencia) y está estrechamente vinculado a las creencias entorno a la naturaleza del alma. El alma sólo recordará aquello que ya aprendió en una vida separada del cuerpo.
La teoría de la anamnesis considera que las observaciones que realizamos en la experiencia tienen la función de provocar nuestro recuerdo. Se hace pues imprescindible el conocimiento sensible ya que en él se inicia el verdadero conocimiento. El conocimiento sensible carece en sí de valor ya que nos informa de un mundo de apariencias donde, como subrayó Parménides, no es posible la verdad. No obstante, con el paso de los años, Platón va completando y puliendo dicha teoría hasta que en la República da forma definitiva a la misma. Además de ello, la necesidad de mostrar cuál es el proceso de recuperación del saber perdido y, sobre todo, cuáles son las formas de conocimiento y la estructura de la realidad que los ampara, dará como resultado la división del mundo en dos órdenes bien diferenciados: por un lado, el ámbito de lo verdadero (mundo ideal) y por otro el mundo de la apariencia (physis)
Para que todo ello posea un sentido lógico Platón se ve obligado a desarrollar la teoría que conocemos como de las ideas. Éstas son las únicas realidades, responsables de la realidad física, de la que los humanos formamos parte. Se afirma pues con rotundidad la existencia de los seres ideales, éstos, modelos de lo físico, se comportan como arquetipos en base a los que se origina el mundo de lo físico, de lo cambiante. Estos modelos existen en una realidad que recibe el calificativo de “verdadera” ya que es inmutable, eterna... frente a la physis, cambiante, temporal... Lo físico no es más que un reflejo, una copia imperfecta de aquellas realidades, con lo que se torna en “realidad aparente”. Esta apariencia nos imposibilita para el conocimiento verdadero, científico. Lo aparente “participa” de la verdadera realidad, de la esencia de lo real, confiriéndole una estructura, una forma. Lo físico imita a lo ideal. Lo ideal, por su inmutabilidad, es imposible que pueda actuar sobre la materia para conformarla, así, Platón se ve obligado a introducir un ente que ponga en conexión lo ideal con lo material. El Demiurgo, mente ordenadora, a la manera de un escultor, moldea la materia informe “poniendo sus ojos en las ideas”. Este Demiurgo, inteligencia pura, es el responsable de la estructura del universo y de la participación de lo material en lo formal.
En cuanto a la cuestión del conocimiento, si son dos los ámbitos de lo real, dos habrán de ser los tipos de conocimiento. En la República, Platón sugiere para representárnoslo mejor servirnos de una línea. Como todo conocimiento lo es de objetos, y siendo dos los órdenes de los real, dos serán también los tipos de conocimiento.
Mundo Visible (Orden de lo real) Mundo Inteligible
Imágenes Seres Físicos Objetos matemáticos Primeros Principios
___________/_______________________/____________________________/_________________________
Eikasía Pistis Dianoia Noesis
(Imaginación) (Creencia) (Cto. Discursivo) (Inteligencia)
Doxa (Orden del conocimiento) Episteme
El conocimiento, al igual que lo real, posee diferentes grados. Así, podemos distinguir entre el conocimiento sensible (doxa), que versa sobre lo perceptible, y el conocimiento inteligible (episteme), encargado de la “intelección” de los seres ideales. El primero (doxa) podemos subdividirlo en dos clases: la imaginación (Eikasía) que se ocupa de las imágenes: reproducciones. La segunda, creencia (Pistis), responsable del conocimiento de los seres físicos. La doxa es pues un conocimiento supeditado al ejercicio de los sentidos. La episteme, cuyo objeto se encuentra al margen de la experiencia, versa acerca de seres inteligibles (entes matemáticos e ideas) En este caso podemos igualmente dividir dicho orden de conocimiento en dos. Dianoia (conocimiento discursivo), es un saber discursivo, un conocimiento deductivo que parte de hipótesis generales y desciende a la comprensión de lo concreto (matemáticas, música, astronomía) La cima del conocimiento corresponde a la Nóesis, que versa sobre los primeros principios, esto es, ideas.
Tal y como Platón lo entiende, el proceso de conocimiento es ascendente, continuo, y su método es la dialéctica. El concepto de dialéctica complementa, o se sirve de, la anamnesis. Lo cierto es que entre ambos existe un estrecho vínculo ya que una es, al fin y al cabo, la consumación de la otra. El proceso del recuerdo se lleva a cabo a través de la dialéctica. Ésta supone un procedimiento de preguntas y respuestas (“diálogo”) tal como el utilizado por Sócrates para “alumbrar” la mente de los hombres. El método dialéctico permite facilitar el camino para el titánico esfuerzo que supone la intelección de las ideas, proceso para el que además no todos los hombres están dotados. Permite además llegar a descubrir que entre las ideas se da una relación jerárquica, relación que se remata en la cúspide de estas con la idea del Bien. Identificada unas veces con la Belleza o la Justicia, el Bien ocupa el lugar más elevado dentro de la jerarquía de las ideas estableciendo un dominio absoluto sobre todas las demás.
3 Las relaciones entre ética y política.
Podría argumentarse sin temor alguno que el platonismo es, en lo fundamental, un sistema ético y político. Ética y política son prácticamente indiscernibles en Platón, para él no puede haber oposición, sino una relación de continuidad entre las virtudes éticas y sociales (políticas) El “intelectualismo moral” que domina toda su filosofía identifica virtud con conocimiento, apareciendo así como una respuesta a la Sofística. La reflexión de Platón, no sólo en torno al ser humano, sino acerca de la realidad en general, es un esfuerzo por mostrar que el orden de la misma es único. Existen unos modelos únicos, invariables que podemos conocer, y a los que debemos ajustarnos, y que la realidad toda se encuentra bajo el dominio de la idea del Bien.
En varios de sus escritos describe Platón la variedad de formas políticas existentes, pudiendo ser reducidas tosa ellas a dos clases: legítimas e ilegítimas. No obstante es en la República donde encontramos el pensamiento clásico de Platón acerca de la sociedad, pensamiento que influirá de manera decisiva en siglos posteriores. Allí se distinguen cuatro tipos de gobiernos injustos: Platón considera nocivas todas aquellas formas de gobierno donde no se realiza la justicia. Cuando los guardianes usurpan el poder surge un gobierno fundado en el honor. Es belicoso, ambicioso, orgulloso, y el nombre que recibe es la Timocracia. Estos guerreros, aposentados en el poder, se enriquecen debido a la rapiña y dan lugar a la segunda forma ilegítima de gobierno: La Oligarquía. El exceso de riquezas que acumulan los gobernantes puede hacer que la sociedad reclame unos principios de igualdad, naciendo con ello la Democracia. Ésta está abocada al completo desorden que aprovechado por alguien audaz, que se encarna en el poder con el único fin de conseguir beneficio personal, daría lugar a la Tiranía, originando nuevamente una Timocracia y cayendo en un círculo vicioso de difícil solución. Esta visión pesimista encontrará su alternativa en el modelo político propuesto por Platón: en la República nos presenta Calípolis, la ciudad feliz y justa. Basada en la justicia, entendida como armonía, existe en ella una correspondencia entre los ciudadanos y las leyes. Este modelo es resultado de aplicar su teoría del alma a la sociedad, entendiendo así lo social como un sujeto con un alma que debe ser bien controlada.
Entendida de una manera general, la virtud (areté) del ser humano radicará en el equilibrio entre los tres tipos de alma, armonía únicamente posible cuando las almas irracionales se doblegan a la racional. En el plano social ocurre otro tanto, la justicia será el resultante de la armonía entre los diferentes estamentos sociales. Distingue así Platón tres tipos de clases sociales, identificados plenamente con cada tipo de alma:
Tipo de alma Virtud Clase social
- Alma racional....................... Prudencia ................................... Magistrados
- Alma irascible...................... Fortaleza ..................................... Guerreros
- Alma concupiscible ............. Templanza .................................. Artesanos
La justicia, la armonía social, se logra cuando, como en el caso del alma, los tres estamentos sociales se someten orgánicamente al bien social. Las exigencias de la colectividad deben prevalecer sobre los intereses individuales. Los gobernantes deben ser los “mejor preparados”, los más sabios, ya que la justicia descansa sobre la sabiduría y no sobre la herencia o la riqueza. Esta tesis intelectualista, conocimiento es igual a justicia, es imprescindible para la realización social platónica. Lo único que legitima el poder es la sabiduría, de ahí que el gobernante deba ser siempre un filósofo.
Para llevar adelante este plan se torna necesaria toda una regeneración de los valores y las costumbres. Dicha transformación sólo puede llevarse a cabo si se basa en un sistema férreo de enseñanza que haga viable el imperio de las leyes sobre los intereses individuales. Con todo ello, la educación (Paideia) se hace imprescindible para el bienestar social. Platón propone así un modelo de enseñanza común para todos los niños. Más tarde, en función de sus capacidades, se les irá enseñando conforme a sus inclinaciones hacia labores artesanales, guerreras o de gobierno. La eliminación de la propiedad privada para los magistrados y los guardianes (a los artesanos les está permitido poseer bienes materiales y familia) le parece a Platón requisito indispensable para evitar deseos egoístas en las clases que ostentan un mayor grado de responsabilidad política. De la misma manera, la familia queda abolida para estas clases sociales. La familia de los magistrados o los guardianes debe ser la polis, no deben tener preferencias de unas personas sobre otras. Los artesanos sí podrán tener familia dado que eso haría que su trabajo fuera mejor con la finalidad de dotar a esta de los mejores medios. Dicho Estado garantizaría el correcto equilibrio entre las diferentes clases sociales, propiciando con ello que en la polis se diera una organización justa. El buen gobierno estaría garantizado por el intelectualismo moral que ampara el buen hacer de unos gobernantes sólo regidos por su sabiduría, e incapaces por ello de actuar en contra de los intereses de la polis.
Guía de lectura del Libro VI de La República
Introducción a la cuestión 1 parte II
Comparación Platón - racionalismo
Análisis del Mito de la caverna de Platón