Test Bender-Koppitz
Test Bender-Koppitz
El test fue desarrollado inicialmente por Lauretta Bender en 1938, conocido simplemente como Test Gestáltico Visomotor de Bender. Su intención era medir la percepción visual y las habilidades motoras, así como detectar posibles disfunciones neurológicas. En 1963, Elizabeth Koppitz adaptó el test original de Bender para niños, añadiendo un sistema de corrección e interpretación para la identificación de errores específicos en el dibujo, lo que permite detectar retrasos en el desarrollo y dificultades emocionales.
Nombre: Test Bender-Koppitz
Autores: Lauretta Bender (original) y Elizabeth Koppitz (versión adaptada para niños)
Edades: 5 a 11 años
Duración: Aproximadamente 15 minutos
Materiales: Hojas de dibujo en blanco, lápiz y el set de tarjetas de estímulo (9 figuras geométricas básicas)
Administración: Individual
El test consiste en que el niño observe cada una de las 9 figuras geométricas en una tarjeta de estímulo y luego las reproduzca en una hoja de papel. Cada figura debe ser copiada lo más fielmente posible, sin ningún límite de tiempo específico, aunque la duración promedio suele ser corta. Es importante no ofrecer correcciones ni ayuda durante el proceso.
La corrección del test según el sistema de Koppitz se basa en el análisis de errores visomotores específicos en el dibujo, tales como:
Rotación: Cambio en la orientación de la figura.
Sustitución de formas: Dibujo de una forma distinta a la original.
Errores de tamaño: Disminución o aumento excesivo de la figura.
Omisión de detalles o simplificación.
Fragmentación: Separación incorrecta de los elementos.
Cada error tiene un valor en puntos, que permite calcular un puntaje total. Este puntaje se compara con normas específicas de edad para determinar si el desarrollo visomotor del niño es adecuado.
La interpretación del puntaje total se realiza comparando los resultados con las normas de edad establecidas por Koppitz, lo cual indica si el niño se encuentra en un desarrollo visomotor adecuado, presenta un retraso, o muestra algún tipo de disfunción neurológica o emocional. Los errores específicos también pueden señalar patrones de dificultades cognitivas y emocionales, como problemas de atención, impulsividad, inmadurez o ansiedad.