Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos nuestra oración a Dios, Padre todopoderoso, que resucitó de entre los muertos a Jesucristo, su Hijo, y pidámosle por la salvación de vivos y difuntos.
Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos nuestra oración a Dios, Padre todopoderoso, que resucitó de entre los muertos a Jesucristo, su Hijo, y pidámosle por la salvación de vivos y difuntos.
Digámosle con fe: R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Digámosle con fe: R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
1. En este momento incierto de la pandemia mundial y la profunda crisis de la salud pública, imploramos tu gracia Señor, para que, como Iglesia peregrina, sigamos haciendo nuestras las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, y así seamos capaces de compartir con ellos el consuelo que procede de la vivencia del Evangelio. Digámosle con fe.
1. En este momento incierto de la pandemia mundial y la profunda crisis de la salud pública, imploramos tu gracia Señor, para que, como Iglesia peregrina, sigamos haciendo nuestras las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, y así seamos capaces de compartir con ellos el consuelo que procede de la vivencia del Evangelio. Digámosle con fe.
R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
2. Nuestra nación está enferma. Esta pandemia nos ha doblegado. Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar. Hoy nos sabemos necesitados de tu amor y el de nuestros hermanos. Sana Señor las heridas del alma que no podemos ver, y así podamos sanar los cuerpos y los sistemas que están quebrantados y que sí podemos ver. Digámosle con fe.
2. Nuestra nación está enferma. Esta pandemia nos ha doblegado. Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar. Hoy nos sabemos necesitados de tu amor y el de nuestros hermanos. Sana Señor las heridas del alma que no podemos ver, y así podamos sanar los cuerpos y los sistemas que están quebrantados y que sí podemos ver. Digámosle con fe.
R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
3. En este tiempo, muchos de nuestros seres queridos, Señor, están enfermos o agonizantes por este virus o por tantas otras circunstancias. Estamos débiles y fatigados, pero por tu misericordia, no nos permitas caer en la desesperanza. Haz visible tu presencia, Señor, especialmente cuando no podemos vernos mutuamente. Cura nuestras enfermedades y ayudamos a reparar nuestros corazones y los de nuestros hermanos que sufren, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro tiempo. Digámosle con fe.
3. En este tiempo, muchos de nuestros seres queridos, Señor, están enfermos o agonizantes por este virus o por tantas otras circunstancias. Estamos débiles y fatigados, pero por tu misericordia, no nos permitas caer en la desesperanza. Haz visible tu presencia, Señor, especialmente cuando no podemos vernos mutuamente. Cura nuestras enfermedades y ayudamos a reparar nuestros corazones y los de nuestros hermanos que sufren, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro tiempo. Digámosle con fe.
R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
4. Tantos y tantos han sido, Señor, los que ya no están en este mundo. Sus nombres siguen rondando en nuestros pensamientos. Decimos sus nombres para no olvidarlos. Y mientras lloramos y tratamos de vislumbrar el misterio de la muerte, toma, Señor, sus nombres y enlázalos a Ti; abre las puertas del paraíso y acógelos de regreso en su hogar. Digámosle con fe.
4. Tantos y tantos han sido, Señor, los que ya no están en este mundo. Sus nombres siguen rondando en nuestros pensamientos. Decimos sus nombres para no olvidarlos. Y mientras lloramos y tratamos de vislumbrar el misterio de la muerte, toma, Señor, sus nombres y enlázalos a Ti; abre las puertas del paraíso y acógelos de regreso en su hogar. Digámosle con fe.
R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
R. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Dios todopoderoso y eterno, refugio en toda clase de peligro, a quien nos dirigimos en nuestra angustia; te pedimos con fe que mires compasivamente nuestra aflicción, concede descanso eterno a los que han muerto, consuela a los que lloran, sana a los enfermos, da paz a los moribundos, fuerza a los trabajadores sanitarios, sabiduría a nuestros gobernantes y valentía para llegar a todos con amor glorificando juntos tu santo nombre. Por Jesucristo nuestro Señor.
Dios todopoderoso y eterno, refugio en toda clase de peligro, a quien nos dirigimos en nuestra angustia; te pedimos con fe que mires compasivamente nuestra aflicción, concede descanso eterno a los que han muerto, consuela a los que lloran, sana a los enfermos, da paz a los moribundos, fuerza a los trabajadores sanitarios, sabiduría a nuestros gobernantes y valentía para llegar a todos con amor glorificando juntos tu santo nombre. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
R. Amén.