29 de Junio

SOLEMNIDAD

SANTOS PEDRO Y PABLO APÓSTOLES

CELEBRACIÓN SOLEMNE

I VÍSPERAS

 



Estando todos preparados, se hace la entrada a la iglesia.  El que preside, hace profunda reverencia al altar, con los otros ministros que lo acompañan en la procesión. Después llega al altar y lo besa. Luego va a la sede, donde de pie y signándose con el signo de la cruz, canta o dice.

 



INICIO

DiáconoDios mío, ven en mi auxilio

Todos: Señor, date prisa en socorrerme.

 

Diácono:  Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

Se inicia el himno, y lo prosigue el coro y el pueblo.

 



HIMNO

Todos:

La hermosa luz de eternidad inunda

con fulgores divinos este día,

que presenció la muerte de estos Príncipes

al pecador abrió el camino de la vida.

 

Hoy lleváis la corona de la gloria,

padres de Roma y jueces de los pueblos:

el maestro del mundo, por la espada;

y, por la cruz, el celestial portero.

 

Dichosa tú que fuiste ennoblecida,

oh Roma, con la sangre de estos Príncipes,

y que, vestida con tan regia púrpura,

excedes en nobleza a cuanto existe.

 

Honra, poder y sempiterna gloria

sean al Padre, al Hijo y al Espíritu,

que en unidad gobiernan toda cosa

por infinitos e infinitos siglos. Amén.

 

Después del himno, todos se sientan.

 

El antifonero inicia las antífonas de los salmos. Los salmos se cantan o recitan bien sea en forma seguida, bien sea alternando los versos o estrofas entre dos coros o dos partes de la asamblea, bien sea en forma responsorial, según las diversas modalidades que nos brinda la tradición o la experiencia.

 

 



SALMODIA

 

Ant. 1.

Antifonero: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo."

"Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás."

Salmo 116

Coro 1:

Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos: 

 

Coro 2:

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

 

Coro 1:

Gloria al Padre, y al Hijo, 

y al Espíritu Santo.

 

Coro 2:

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant.

Todos: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo."

"Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás."

 

Ant. 2.

Antifonero: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia .

 

Salmo 147

Coro 1:

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas

y ha bendecido a tus hijos dentro de Ti;

ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

 

Coro 2:

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz;

manda la nieve como lana,

esparce la escarcha como ceniza; 

 

Coro 1:

hace caer el hielo como migajas

y con el frío congela las aguas;

envía una orden y se derriten;

sopla su aliento, y corren. 

 

Coro 2:

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos.

 

Coro 1:

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo.

 

Coro 2:

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén

 

Ant.

Todos: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

 

Ant. 3.

Antifonero: Tú eres un instrumento escogido, apóstol san Pablo, predicador de la verdad en todo el mundo.

Cántico. Ef. 1, 3-10


Todos:

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

 

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

 

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

 

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

 

Éste es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.

Todos: Tú eres un instrumento escogido, apóstol san Pablo, predicador de la verdad en todo el mundo.

 

Terminada la salmodia, el lector de pie en el ambón, hace la lectura, sea larga o breve, que todos escuchan sentados. 

 

 



LECTURA BREVE  Rm 1, 1-3a.7


Lector: Pablo, esclavo de Jesucristo, convocado para ser apóstol y elegido para anunciar la Buena Nueva de Dios, que ya antes había él prometido, por medio de los profetas en las sagradas Escrituras, acerca de su Hijo: Desea la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, a cuantos estáis en Roma, amados de Dios, asamblea santa.

 

Después de la lectura, o de la homilía, se pueden guardar unos minutos de silencio, si se juzga oportuno.

 

Luego, para responder a la Palabra de Dios, se canta o se dice el responsorio breve, o el canto responsorial.

 



RESPONSORIO BREVE

Lector: Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.

Todos: Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.

 

Lector: Y daban testimonio de la resurrección del Señor.

Todos: Con valentía.

 

Lector: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Todos: Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.

 

Para la antífona del cántico evangélico, el que preside coloca incienso en el incensario. Al empezar el coro el cántico  -Proclama mi alma la grandeza del Señor- el que preside, se levanta, y todos con él.

 

Después de trazar sobre sí el signo de la cruz desde la frente hasta el pecho, avanza hacia el altar, y hecha la debida reverencia, junto con los ministros. Mientras se canta el cántico evangélico, se hace como de costumbre la incensación de la cruz, del que preside y de los demás como en la Misa.

 



CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Estos dos gloriosos apóstoles de Cristo, a quienes en la vida les unió en estrecho afecto, ni en la muerte fueron separados.

 

Cántico de María. Lc 1, 46-55

 

Todos nos persignamos y cantamos:

+ Proclama mi alma la grandeza del Señor,

y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador;

pues ha visto la humildad de su esclava,

y su nombre es santo, santo,

santo es su nombre.

 

Todas las generaciones me felicitarán,

porque el santo y poderoso maravillas hizo en mí;

Su misericordia llega a sus fieles,

y su nombre es santo, santo,

santo es su nombre.

 

Con su brazo hace proezas,

dispersando a los soberbios;

derribando al poderoso y levantando al humilde;

al hambriento Dios lo colma de sus bienes,

y a los ricos despide vacíos.

Santo es su nombre.

 

Como había prometido

a nuestros padres desde antiguo,

en favor de Abraham y de su descendencia;

el Señor viene en auxilio de Israel.

Y su misericordia es eterna,

Santo es Su Nombre.

y su nombre es santo, santo,

santo es su nombre.

 

Todos:

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén


Ant.

Todos: Estos dos gloriosos apóstoles de Cristo, a quienes en la vida les unió en estrecho afecto, ni en la muerte fueron separados.

 

Terminado el cántico y repetida como de costumbre la antífona, se hacen las preces. 

 



PRECES

Diácono: Oremos hermanos, a Cristo, el Señor, que quiso edificar su Iglesia sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y digámosle confiados:

Todos: Socorre, Señor, a tu pueblo.

 

Diácono: Tú que llamaste a Pedro para hacerlo pescador de hombres,

Todos: no dejes de llamar obreros a tu mies para que el mundo se salve.

 

Diácono: Tú que increpaste a los vientos y al mar para que la barca de los discípulos no se hundiera,

Todos: protege a tu Iglesia de toda perturbación y fortalece al sucesor de Pedro.

 

Diácono: Tú que, después de la resurrección, congregaste en torno a Pedro tu grey dispersa,

Todos: reúne a tu Iglesia en un solo aprisco.

 

Diácono: Tú que diste a la Iglesia las llaves del reino de los cielos,

Todos: abre las puertas de la felicidad a los que durante su vida confiaron en tu misericordia.

 

 



PADRE NUESTRO

Diácono: Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre Nuestro

 

Todos: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

 

 



RITO DE LA PAZ

El que dirige la celebración invita al saludo de paz, diciendo:

Dense fraternalmente la paz.

 

El ministro lleva el Santísimo Sacramento al altar, quien preside la celebración hace genuflexión, toma la hostia y, sosteniéndola un poco elevado sobre el copón, la muestra al pueblo, diciendo:

 

Diácono: Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Todos: Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

 





SAGRADA COMUNIÓN

Después quien preside la celebración comulga y dice en secreto:

El Cuerpo de Cristo.

 

Se distribuye la sagrada comunión a la asamblea, diciendo:

El Cuerpo de Cristo.     

R. Amén.

 

Mientras se puede entonar un canto. Acabada la distribución de la comunión, el ministro reserva el copón en el sagrario, hace genuflexión y vuelve a su lugar.

 

Entonces se puede observar un breve tiempo de silencio.

 

Nos ponemos de pie.

 



ACCIÓN DE GRACIAS

 

Te Deum

Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO

 

Diácono:

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,

 

Todos:

a ti nuestra alabanza,

a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

 

Postrados ante ti, los ángeles te adoran

y cantan sin cesar:

 

Santo, santo, santo es el Señor,

Dios del universo;

llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

 

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,

la multitud de los profetas te enaltece,

y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

 

A ti la Iglesia santa,

por todos los confines extendida,

con júbilo te adora y canta tu grandeza:

 

Padre, infinitamente santo,

Hijo eterno, unigénito de Dios,

santo Espíritu de amor y de consuelo.

 

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,

tú el Hijo y Palabra del Padre,

tú el Rey de toda la creación.

 

Tú, para salvar al hombre,

tomaste la condición de esclavo

en el seno de una virgen.

 

Tú destruiste la muerte

y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

 

Tú vives ahora,

inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

 

Tú vendrás algún día,

como juez universal.

 

Muéstrate, pues, amigo y defensor

de los hombres que salvaste.

 

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,

con tus santos y elegidos.

 

Salva a tu pueblo, Señor,

y bendice a tu heredad.

 

Sé su pastor,

y guíalos por siempre.

 

Día tras día te bendeciremos

y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

 

Dígnate, Señor,

guardarnos de pecado en este día.

 

Ten piedad de nosotros, Señor,

ten piedad de nosotros.

 

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti.

 

A ti, Señor, me acojo,

no quede yo nunca defraudado.

 

Por último, el que preside, con las manos extendidas, canta o dice la oración conclusiva. Todos responden: Amén.

 



ORACIÓN

Diácono: Dios nuestro, que nos llenas de santa alegría con la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de estos apóstoles, de quienes recibió el primer anuncio de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

 

En seguida el que preside saluda al pueblo y dice las invocaciones de la bendición solemne, empleando una fórmula adecuada de las que se encuentran en el Misal Romano.

 



CONCLUSIÓN

 

Diácono: Inclinen la cabeza para recibir la bendición.

 

Diácono: Que Dios, que los ha edificado a ustedes sobre el cimiento de los apóstoles,

por la intercesión gloriosa de san Pedro y san Pablo, se digne bendecirlos.

Todos: Amén.

 

Diácono: Que Dios les conceda ser testigos de la verdad ante el mundo, el mismo que los enriqueció

con las palabras y ejemplos de sus apóstoles.

Todos: Amén.

 

Diácono: Que puedan llegar a la patria eterna por la intercesión de aquellos

cuya palabra los ha hecho mantenerse firmes en la fe.

Todos: Amén.

 

Diácono: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo,

descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Todos: Amén.

 

Diácono: A dar testimonio de que nuestra vida es Cristo. Nos podemos ir en paz.

Todos: Demos gracias a Dios.

 

 

Finalmente, el que preside se retira de la sede, y según las circunstancias, besa el altar. También quienes están en el presbiterio, saludan con una inclinación el altar.

 

Todos regresan procesionalmente, en el mismo orden en que vinieron.