La luz de Cristo,
que resucita glorioso,
disipe las tinieblas
del corazón
y del espíritu.
Palabras que dice el sacerdote al encender el cirio pascual con el fuego nuevo.
El mundo ahora, con la victoria de Cristo, asume un rostro nuevo: la criatura infrahumana, convertida en el momento del pecado en enemiga del hombre, retoma su servicio y vuelve a ser instrumento de gracia. Se ensaya un poco en todas partes y de diversas maneras bastante complejas una especie de mimo de la creación. En Roma se acostumbraba iluminar brillantemente la celebración de la Noche pascual. Desde el principio hasta el final de la celebración, la luminosidad progresaba gracias a la adición de luminarias cada vez más numerosas.
Los diversos tonos de azul manifiestan las realidades celestiales a las que estamos llamados a participar gracias a la redención.
Al centro la cruz dorada y adormada. En la cruz se muestra la gran intercesión de Cristo, donde la muerte y el pecado en el leño de la cruz es destruido, experimenta la muerte en todo su sentido y por lo tanto: el triunfo está unido también a la muerte. Es por eso que esta cruz esta basada en las cruces victoriosas, las cruces con inmensidad de gemas, aquí no tenemos costumbre de usarlas, en oriente, en Europa se usan. Exactamente la cruz gemada de Jerusalén es muy conocida. La cruz adornada con piedras preciosas y otras gemas se representaban los frutos. Los frutos que perduran por el sacrificio del Redentor.
“Cristo,
a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario,
se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así,
actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse a la muerte
y una muerte de cruz.”
Flp 2, 6-8
La señal por excelencia de la cristiandad es llevada al pecho para significar la adhesión, a la vida Evangélica. No solo dolor y muerte, además de ello, alegría y Redención.
Es el estandarte que da testimonio de Jesús Muerto y Resucitado que redimió al género humano, cambiando la tortura en amor, la vergüenza en regocijo y la muerte en vida.