Los datos que nos ofrecen los evangelios son escuetos. Lucas nos informa que entre las mujeres que seguían a Jesús y le asistían con sus bienes estaba María Magdalena. De ella Jesús había expulsado siete demonios, que es lo mismo que decir "todos los demonios". La expresión puede entenderse como una posesión diabólica, pero también como una enfermedad del cuerpo o del espíritu.
María Magdalena, así, con su nombre completo, aparece en varias escenas evangélicas. Ocupa el primer lugar entre las mujeres que acompañan a Jesús; está presente durante la Pasión y al pie de la cruz con la Madre de Jesús; observa cómo sepultan al Señor; llega antes que Pedro y que Juan al sepulcro, en la mañana de la Pascua; es la primera a quien se aparece Jesús resucitado, aunque no lo reconoce y lo confunde con el hortelano; es enviada a ser apóstol de los apóstoles. Tanto Marcos como Lucas nos informan que Jesús había expulsado de ella «siete demonios».
María Magdalena ha sido identificada a menudo con otras mujeres que aparecen en los evangelios.
A partir de los siglos VI y VII, en la Iglesia Latina se tendió a identificar a María Magdalena con la mujer pecadora que, en Galilea, en casa de Simón el fariseo, ungió los pies de Jesús con sus lágrimas.
Para muchos cristianos, la pregunta es muy sencilla y tiene una respuesta casi obvia: María Magdalena era pecadora pública, prostituta. La tradición cristiana, y una abundante iconografía, corroboran esa respuesta.
Sin embargo, si queremos apoyar esa afirmación en las Escrituras, nos llevaremos una sorpresa.
En ningún lugar del evangelio dice que Magdalena fuera prostituta; ni siquiera que fuera pecadora...