Amor a la sabiduría

El arte de saber, aprender, cuestionar y reflexionar. La filosofía como herramienta fundamental en el conocimiento y la existencia.


Esteban Valenzuela


Sep 10

 

Llevo semanas intentando escribir algo que resulte interesante para todos. Quería algo que pudiera cautivar a los lectores, pero al mismo tiempo nutrirlos con información que considero relevante sobre la psicología. Pero la verdad últimamente me siento muy saturado de ese campo, de la psicología, del cerebro, de la mente —del Nous.

Entonces decidí escribir sobre la otra parte que inspiró estas publicaciones, la filosofía —Sofía.

Probablemente, si nunca hubiera encontrado la filosofía, jamás habría mostrado interés en la psicología. La conocí a los 17 años, en una clase de preparatoria. Era, sin duda, la única clase en la que me esforzaba más de lo que debía. No porque fuera mal alumno, sino porque hasta entonces no sentía que debía esforzarme más para que me fuera bien. Pero en esa clase quería aprender, quería saberlo todo.

Lo que ocurrió ahí me cambió la vida. Como muchos, pasé mi infancia y adolescencia creyendo lo que creía sin cuestionarme nada. No me preguntaba el porqué de las cosas. Pero gracias a mi profesor, a lo que leía fuera de clase, y a las múltiples perspectivas que descubrí, me fue imposible no cuestionarme lo anterior.

Recuerdo que uno de los primeros libros que me marcó fue El mundo de Sofía¹, una obra hermosa que narra el viaje de una joven llamada Sofía Amundsen a través de las enseñanzas más importantes de la filosofía occidental. Ese libro fue mi punto de partida.

Después vinieron los Diálogos platónicos, y quedé cautivado por la Apología de Sócrates², quien dio su vida por la sabiduría. La etimología misma de la palabra “filosofía” lo dice todo: filo (amor) y sofía (sabiduría). Amor a la sabiduría.

Más adelante me sumergí en la Metafísica de Aristóteles³, buscando respuestas sobre la existencia de Dios. Y la primera frase de la primera página me atrapó:

Todos los hombres por naturaleza desean saber.

Esa línea capturó la esencia de mi viaje. Y hoy en día, se que la consciencia —y por ende el saber— tiene su fundamento en lo corporal, cognitivo y emocional. En este sentido, el saber es una forma de estar en el mundo, de responder a él, de construir sentido.

Incluso hay un dato curioso que me fascina: un estudio encontró que seguir el primer hipervínculo en el texto principal de un artículo de Wikipedia en inglés, y repetir el proceso, generalmente conduce al artículo de Filosofía. En 2016, esto ocurría con el 97% de todos los artículos. Como si todo conocimiento, al final, regresara a ella.

Hoy en día parece que tachan la filosofía como algo pretencioso o “mamador”. Como si pensar fuera un lujo innecesario. Pero ¿no es acaso el pensamiento crítico lo que nos permite vivir con mayor conciencia? ¿No es el cuestionamiento lo que nos libera de la ignorancia?

Se trata a la filosofía como un adorno intelectual, pero es una herramienta vital. Nos enseña a dudar, a argumentar, a escuchar, y a pensar por cuenta propia. Nos da criterio. Y ese criterio es lo que permite movernos con profundidad, ética y humanidad.

No se trata de acumular datos ni de ganar discusiones. Saber es una forma de existir. Es el gesto de mirar el mundo y preguntarse por qué está ahí, por qué somos como somos, por qué importa lo que hacemos.

Ese deseo de saber no es exclusivo de los académicos ni de los libros. Vive en cada pregunta que nos hacemos al despertar, en cada duda que nos incomoda, y en cada conversación que nos transforma.

Sócrates, el maestro del diálogo, defendía que ''una vida sin examen no merece ser vivida''. De esta manera, cuestionar se vuelve en una afirmación de nuestra libertad, y no una amenaza al orden. Pensar por cuenta propia, dudar de lo heredado, revisar lo aprendido… todo eso nos hace más humanos, no menos.

La filosofía nos enseña que no hay respuestas definitivas, pero sí preguntas mejores. Nos invita a no conformarnos, a no repetir sin entender, a no obedecer sin reflexionar.

En un mundo saturado de opiniones, formar criterio es un acto de resistencia. La filosofía nos enseña cómo pensar, no qué pensar. Nos da herramientas para distinguir entre lo verdadero y lo útil, entre lo justo y lo cómodo, y entre lo profundo y lo superficial.

Pensar con autonomía no es fácil. Requiere tiempo, lectura, diálogo, silencio. Pero sobre todo, requiere valentía: la valentía de cambiar de opinión, de aceptar que no sabemos, de buscar sin garantía de encontrar.

Mi madre me ha dicho varias veces que una de mis mayores habilidades es el pensamiento crítico, pero otras personas me dicen lo contrario: que es una debilidad. Pero criticar no es destruir. Es afinar. Es buscar claridad en medio del ruido. La sabiduría no es tener razón, sino saber escuchar, saber preguntar, saber esperar.

La sabiduría no es arrogancia. Es humildad. Es saber que el mundo es complejo, que las personas son contradictorias, que el sentido no se impone, se construye.

1 Gaarder, J. (2011). El mundo de Sofía: novela sobre la historia de la filosofía (1a ed.). Grupo Editorial Patria : Siruela.

2 Platon, Lledó, E., Calonge Ruiz, J., & García Gual, C. (2019). Diálogos Critón Eutifrón Ion Lisis Cármides Hipias menor Hipias mayor Laques Protágoras. Gredos.

3 Aristóteles. (2023). Metafísica (Print Replica) (1st ed). Gredos, Editorial, S.A.

4 Damasio, A. (1999). La sensación de lo que sucede: Cuerpo y emoción en la construcción de la conciencia. Harcourt College Publishers.

5 Lamprecht, D., Dimitrov, D., Helic, D., & Strohmaier, M. (2016). Evaluating and Improving Navigability of Wikipedia: A Comparative Study of Eight Language Editions. Proceedings of the 12th International Symposium on Open Collaboration, 1–10. https://doi.org/10.1145/2957792.2957813

6 Platon, Lledó, E., Calonge Ruiz, J., & García Gual, C., op. cit.