Querétaro es un estado del centro de México con gran riqueza histórica y cultural. Su capital, Santiago de Querétaro, destaca por su arquitectura colonial y su papel clave en la historia de la Independencia. El estado conserva muchas costumbres como las danzas de concheros, fiestas tradicionales, la gastronomía típica (como las enchiladas queretanas y gorditas) y artesanías como textiles bordados y alfarería.
Entre sus pueblos originarios se encuentran principalmente los otomíes (ñähñu), quienes habitan en municipios como Amealco y Tolimán, conservando su lengua, vestimenta y tradiciones; y los chichimecas jonaces, presentes en algunas regiones del norte del estado. Ambos grupos siguen transmitiendo sus saberes ancestrales, rituales y formas de vida tradicionales.
Los chichimecas jonaces son un pueblo originario que habita principalmente en el municipio de Tolimán, en la zona semiárida del estado de Querétaro. Aunque en menor número que los otomíes, conservan una fuerte identidad cultural.
Este grupo tiene raíces nómadas y guerreras, y aunque su lengua original se ha perdido, mantienen muchas de sus costumbres tradicionales, como rituales comunitarios, medicina tradicional, el respeto a la naturaleza y prácticas agrícolas.
Los chichimecas jonaces también participan en fiestas patronales con danzas, música y ceremonias ancestrales. Su presencia es fundamental en la riqueza cultural y espiritual de Querétaro, y han luchado por el reconocimiento de sus derechos como pueblo indígena.
Los otomíes (que se autodenominan ñähñu) son el pueblo originario más representativo de Querétaro. Se concentran principalmente en los municipios de Amealco de Bonfil, Tolimán, Cadereyta y zonas rurales de San Joaquín y Colón.
Mantienen viva su lengua indígena, tradiciones ancestrales, trajes típicos bordados a mano, y celebraciones como las fiestas patronales, rituales agrícolas y danzas tradicionales. Las mujeres otomíes destacan por su labor en la elaboración de muñecas artesanales, conocidas como muñecas “Lele”, que se han convertido en un símbolo cultural de Querétaro y de México.
A pesar de los retos actuales, los otomíes han conservado una fuerte identidad cultural, transmitida de generación en generación.