Del cerro sobre planicie
te yergues vasco romana,
Andelos, pueblo e historia
en las orillas del Arga.
Manos de culturas varias
te construyeron romana,
y con cincel ibérico
Vascona se hizo tu alma.
Larrahi y Erentxa tus dioses
de reses, pesca y caza,
al dios Apolo inscribiste
con firmeza en el ara,
también de Baco el triunfo,
triunfo del vino y labranza.
“Miliarios” de emperadores
sellan de paz tus calzadas,
que dicen eres ciudad
con Pompeio hermanada.
Historia ayer oculta
hoy te muestras bien trazada,
señera y bella ciudad
con los encantos del agua
que lamen los pedestales
regios de empedradas salas,
presencia tibia en termas
que llegan de tus quebradas.
¿Quién apagó tu esplendor?
la guerra y peste malsana,
una, envilece el valor
la otra, rompe entrañas.
Si demolieron tus piedras
no destruyeron tu casta,
que sangre noble dejaste
en Mendigorria cercana
quien te mira como suya
y te recrea en sus plazas.
En el cobijo del viejo casal
el carro espera desde muy temprano
rayos camperos, tibia briosa mano,
mano con surcos de tierra y sal.
Su rodar con solera natural
al encuentro de vid y seco grano,
cantará cantos al esfuerzo humano
en frios hielos y en duro estival.
Si en sones roncos pregonó cosechas,
hoy como emblema de cosas bien hechas,
pide estar alto en el "Mirador",
para al alba mirar Mendigorría,
dorar sus ruedas con sol de mediodía
y dormir con lunas del labrador.
Hondalán es mi pueblo
cantando el "zorzico",
Hondalán es mi gente
con aromas de pinos.
Hondalán es la tierra
arrullada de trinos.
Hondalan es la torre
amasada con vino.
Y es que el monte rojo
escribe Mendigorría.
El Arga al pueblo abraza
y le dota de alegría.
Son raices enlazadas,
y son las de ayer
y son las de hoy
y también las de mañana.
Hondalan-Mendi!
en la orilla llora el Arga
por no encontrar el molino,
le faltan las verdes algas
y abrazos blancos de trigo.
Rio triste, apresado,
¿dónde el agua bravía
que al conjuro del remanso
la piedra estremecía?
Salpicadas tus aguas
entre piedras, sin camino
no hay dibujo de su cara
ni furor del remolino.
Agua del viejo molino,
hecha para luz y arina,
dispersa sin destino,
sola, triste, huída.
Veo el rielar de la luna
en llantos mil diluída,
en el presa vana espuma
sin molino, amortecida.
Gentes, plazas, ermitas y calles
cantos, trinos, nidos y pinares
alta torre, vid, trigo y campiña
soy "monte rojo", Mendigorría.
De Santa María a "Plaza abajo"
las risas de los niños reclamo
y del campanario al mediodía
anuncio: son de Mendigorría.
Amores de mis mocicos guardo
y al varonil trabajo acompaño
lloro de mis gentes su partida
¡emigrantes de Mendigorría!
Y que os he visto nacer declaro,
y que vuestro anochecer velado,
y por siempre y en postrer despedida
¡nobles hijos de Mendigorría!
De entre las terrosas entrañas, el matorral
perfuma a tomillo tierra y pedregal.
De entre los árboles, de enramaje arisco,
el retorcido árbol nudoso, ¡el olivo!
El pan que la paz amasa
te hizo paloma blanca,
que chillidos de halcones
con arrullos los apagas.
Vuela, paloma , vuela,
arrulla , paloma blanca.
Frío, herrumbroso hierro
segar quiere el vuelo
porque dice "paz"
por el universo cielo,
Vuela, paloma, vuela,
dilo por el azul cielo
La tierra de verde grama
te espera de mañana
y del viejo olivo
brotarán lívidas ramas
para que hagas nido
en la paz de la enramada.
¡Vuelve, paloma, vuelve,
anida, paloma blanca!
Por caminos polvorientos
con fatiga y sudor
anda y reza un peregrino
por vides y prados en flor
Andar, caminar, andar…
lleva los pies heridos;
que Cristo así padeció
le dice siempre el camino.
Cansado, bajo la capa
por cama, la madre tierra
descansa entre recuerdos
en noche bajo estrellas.
A su cuerpo despiertan
tempranos rayos de sol
próxima ermita le espera;
toma concha y bordón.
A lo lejos él escucha
sones de un campanario
que le llevará a la ermita
dicen llamar de Santiago.
Tras rezar al buen Apóstol
Y aliviar sus heridas
Hacia el poniente divisa
La villa Mendigorria.
Por otras partes escuchó
que nobleza la engalana,
que honran a Santa María
en lo alto de la montaña.
Y al regazo de la Virgen
entrega dolores y penas;
el pueblo presto le acoge,
pueblo que nobleza lleva.
Gentes del lugar le indican
arriba en el mirador
“allí, cruzando el Arga,
está la ermita de Andión”.
Con perfumes de romero
a la Virgen abrazado
perdón y fuerza implora
por verde y florido mayo.
Que le espera largo trecho
a la Cruz de Caravaca,
tal vez, subir a Santiago
que el jubileo le aguarda.
Loas al peregrino
que a Mendigorria llegó
camino de Caravaca
por fiestas de Andión.
Raices peremnes abrazadas al tiempo,
prístinas esencias de Mendigorría,
aroma resinosa esparcida al viento,
curandera fiel de toses irrumpidas.
Niño de su mamá, madre de su niño,
tos de nieve aferrada a sus lamentos,
tu vientre gime tras sus ojos rendidos.
¡Cierzo del pinar, donad postrer aliento!
Pinares crecidos entre llantos quedos,
meced con la enramada su blanco nido
y con la brisa susurrante, dormido,
que luna y estrellas dejen sus besos,
que de lamento cante la cardelina.
¡Pinares, al viento, de Mendigorría!
Del apiñado pueblo, en altura
pura se yergue la torre esculpida,
filigrana piedra, hacia arriba,
altivamente contra el viento, pura.
El rayo tronador llega a su mano,
el bronce al conjuro llama a fiesta,
si tañe dolor por vida muerta,
repica gozo por hijo llegado.
Te amasaron, dicen, con viejo vino,
te levantaron bella, piedra a piedra
los canteros te labraron esbelta.
Y Mendigorria que dio estilo
de líneas y formas a la piedra,
renacentista por siempre te hiciera.
¿Y del extramurano?
Que si vivió al amparo de tu piedra,
morir, morir a tu sombra quisiera.
(Del libro de Poemas "Mendigorria en verso")
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