Trabajar en el aula los juegos populares en los colegios de  Casar de Palomero, Azabal y Marchagaz, así como otros juegos tradicionales de la comarca de Las Hurdes, permite recuperar y mantener viva la memoria cultural de la zona. 

Estos juegos, transmitidos de generación en generación, formaban parte de la vida cotidiana de niños y niñas en las calles, plazas y entornos rurales, y estaban ligados al uso de materiales sencillos: piedras, palos, cuerdas, chapas o pelotas hechas a mano.

En el aula, estos juegos se convierten en una herramienta educativa completa. Desarrollan la coordinación motriz, la agilidad, el equilibrio y la resistencia física, pero también fomentan valores como el compañerismo, el respeto a las normas, el trabajo en equipo y la resolución pacífica de conflictos. Además, al tratarse de juegos colectivos, favorecen la comunicación, la inclusión y el sentimiento de pertenencia al grupo.

Desde el punto de vista cultural, el alumnado conoce cómo se divertían sus abuelos y bisabuelos, comprende mejor la historia de su entorno y refuerza su identidad local y comarcal. Esta conexión con el pasado despierta curiosidad, respeto por las tradiciones y valoración del patrimonio inmaterial de Las Hurdes.

En definitiva, los juegos tradicionales no solo entretienen: educan, transmiten cultura y crean un puente entre generaciones, convirtiéndose en una poderosa herramienta pedagógica y social dentro del aula.