Tras un intenso debate sobre los cuatro objetivos de la educación, hemos llegado a la conclusión de que la educación como transformación del conocimiento en capacidades, de una forma crítica para conseguir un cambio en la sociedad, es similar a la filosofía que impregna las Competencias Clave que recoge la LOMCE en su anexo II, ya que este objetivo incluye los otros tres con los que se complementa. Además, consideramos que la educación como producción de comportamientos es algo primordial para nuestro centro. Educar al alumnado en el respeto, tolerancia, resolución de conflictos, adquirir una actitud positiva ante la adquisición de conocimientos, por poner algunos ejemplos, son temas o mejor dicho valores que debemos atender como necesidades de nuestro centro. Desde el año 2012, nuestro centro lleva a cabo un Plan de convivencia que se revisa cada curso escolar en el que está implicada toda la comunidad educativa.
Un hecho esencial para conseguir nuestro objetivo es transmitir al alumnado la curiosidad y entusiasmo por la adquisición de conocimientos.
De los cuatro componentes que conforman una profesión: la misión, el dominio, el campo y el reconocimiento social, una vez recordado y debatido estos cuatro conceptos y habiendo llevado una puesta en común, hemos llegado a la conclusión de que uno de nuestros puntos débiles es el dominio del conocimiento profesional para lograr los objetivos propuestos. La mayoría coincidimos en que nos resulta complicado convertir los conocimientos en capacidades. Sentimos que, en ocasiones, no tenemos todas las herramientas necesarias para llevar a cabo dicha tarea. En nuestra profesión se nos exige una continua (y a veces excesiva) formación para adaptarnos a los continuos cambios, pero a veces no es sola excesiva, sino también poco provechosa. Algunos ejemplos a los que nos referimos son: estar al día en las nuevas metodologías, programas de acoso, drogas, emergencia sanitaria, ciberacoso, estar al día en las nuevas tecnologías, proyectos varios ofertados por las instituciones o por nuestros centros, etc. Además, nos encontramos con el problema de la reducción horaria en algunas materias que obliga al profesorado a impartir materias de otras especialidades que dificultan, aún más nuestra labor.
Por otro lado, no debemos olvidar que, a todo lo mencionado anteriormente, hay que añadir que el campo de actuación, es decir, las instituciones en las que desarrolla las prácticas profesionales no nos ayuda si pensamos en los continuos cambios en reformas educativas de nuestro país que desestabilizan el sistema educativo. Ello provoca incertidumbre tanto en los padres, madres, profesorado e incluso alumnado. Pensamos que estas reformas obedecen a razones políticas y nos alejan de la realidad, llegando incluso a desprestigiar nuestra imagen.
En resumen, estos continuos cambios en la educación dificultan el campo de dominio que hace que el profesorado no acabe nunca de perfeccionar sus conocimientos. Todo esto nos desorienta. Se espera que el campo y el dominio no te dificulten o impidan la misión. Este grupo de trabajo considera esencial participar en este tipo de debates para reflexionar sobre esta realidad actual (Comentario de Sara que estaba muy bien. Incluirlo)
Mientras debatíamos sobre el equilibrio o desequilibrio de estos cuatro campos, nos dimos cuenta que estábamos valorando en porcentajes, a qué campos le damos un mayor valor. Volviendo a la realidad, debíamos debatir cuáles tenían un mayor peso.
Ya no se aspira al reconocimiento. Este es nuestro resultado indicado en la siguiente gráfica:
Esta gráfica representa muestra nuestra visión, los puntos identifican la visión de cada uno de los docentes del centro .