En un principio se pensó en que el dispositivo debía ser una prolongación de la propia repisa, de tal forma que esta se extendiera unos centímetros hacia el exterior (modelo A). Sin embargo, se encontró que este diseño resultaba ineficaz durante las horas en las que el sol se encontraba con ángulos superiores a 90º con respecto a la repisa en sentido de la casa.
Para resolver el problema advertido con el modelo A surgió la idea de inclinar el dispositivo un cierto número de grados con respecto al alféizar (modelo B). No obstante, esta solución resultó contraproducente, ya que, si bien se logró incrementar la iluminación pasados los anteriormente nombrados 90º, la cantidad de luz que se reflejaba hasta alcanzar dicho ángulo era nula.
Posteriormente, para solucionar este problema, se decidió instalar unos pistones en la parte superior de la ventana, de tal forma que se pueda reajustar la inclinación de la superficie reflectante (modelo C). Aunque este nuevo modelo solucionó los problemas que tenían los modelos 1 y 2, surgió un nuevo contratiempo: el peso.
Se calcularon las fuerzas que actuarían sobre el diseño, como se muestra a la izquierda. Gracias a esto se ideó una forma de solucionar el problema del peso: dividir el dispositivo reflectante en una serie de láminas. Esto, además, logró que las ráfagas de viento no tiraran el producto, ya que estas atravesarían por los espacios entre las láminas. De este modo el sumatorio de todas las fuerzas, tanto en el eje X como en el eje Y, sería igual a 0, evitándose que el aparato no colapsara sobre sí mismo por culpa de su peso.