Que “el alumno aprenda a argumentar” por sí mismo no es un objetivo académico, más sí lo son las habilidades y su fortalecimiento en un sentido progresista e introspectivo a la vez (Augustinienė, Bankauskienė y Čiučiulkienė, 2010). Argumentar implica una serie de actividades interrelacionadas que forman un sentimiento de necesidad de mejorar fuentes de información, contrarrestar lecturas o discursos, pensamiento crítico, etc., lo que permite ver a la argumentación como una recopilación de habilidades como el análisis, la evaluación y la validación de argumentos y evidencias que resultan, tan necesarias en la vida estudiantil como en la social.