La miel es un potente y energético alimento, incluso posee algunas propiedades medicinales. La recolección de la miel comienza cuando una abeja obrera sale del panal en busca de flores, durante esta búsqueda puede recorrer hasta 8 km de distancia. Cuando la abeja encuentra una fuente de alimento, va rápidamente a su colmena para avisarles a sus compañeras para que la ayuden a recolectar la mayor cantidad de alimento posible.
Una vez que el grupo está informado, salen a buscar las flores. De ellas pueden obtener dos sustancias, néctar y polen. Las abejas utilizan el néctar para hacer la miel. Cuando llegan a una flor, lo succionan con su probóscide (un órgano bucal con forma de trompa). El néctar es almacenado en unos sacos especiales que están conectados con el estómago de la abeja. Cuando ya no tienen suficiente espacio para cargar más néctar, vuelven a la colmena y una vez allí, lo depositan en un panales.
Con ayuda de sus alas, ellas van deshidratando el néctar evaporando el agua. Además del néctar, las abejas añaden unas enzimas especiales que tienen en la saliva. Una vez añadidas las enzimas al néctar deshidratado, las abejas cierran el panal con una cera que producen con unas glándulas especiales llamadas “ceríferas”. Al pasar el tiempo, esta mezcla de néctar y enzimas se transforma en miel.
La miel ayuda a limpiar las toxinas del cuerpo
Cada especie de planta con flores produce un néctar y un polen con una consistencia, olor y color único.
Dependiendo de las flores a las que las abejas de una colmena puedan acceder, la miel que se producirá tendrá un color y sabor diferentes.
El zumbido que producen es gracias al rápido movimiento de sus alas.
La forma que tienen las abejas de informar al resto del grupo es a través de un baile, durante este baile, las abejas hacen vibrar su abdomen así, ellas son capaces de hacerle saber a las demás en qué dirección, a que distancia y que tan abundante es el alimento.