En esta ocasión nos desplazamos al barrio de San Gregorio, donde recorrimos una zona concreta equipados con guantes y bolsas de basura para recoger los residuos que se habían ido acumulando con el paso del tiempo.
Antes de empezar la actividad, recibimos una breve explicación sobre cómo actuar con seguridad durante la misma. Una vez recogidos los residuos los clasificamos para poder reciclarlos correctamente.
A medida que avanzábamos por el terreno, nos dimos cuenta de que había mucha más basura de la que parecía a simple vista. Entre los residuos más frecuentes encontramos numerosas latas y botellas, colillas en grandes cantidades y varios cristales rotos. También se encontraron prendas de ropa abandonadas, juguetes de plástico, pequeños electrodomésticos, restos de escombros de obras y botellas de aceite usado. La cantidad de residuos sorprendió a todos. En poco más de una hora conseguimos llenar varias bolsas grandes, lo que evidenciaba que aquel espacio llevaba tiempo funcionando como un contenedor improvisado.
Al finalizar la recogida, dedicamos unos minutos a separar los residuos en distintas bolsas, envases, vidrio, resto y materiales que debían llevarse al punto limpio.
Más que una simple limpieza, la salida se convirtió en una experiencia de concienciación, demostrando que con un poco de esfuerzo y organización es posible mejorar de forma visible el entorno común y evitar que el descampado continúe deteriorándose.