La mayoría de los rituales relacionados con la muerte incluyen flores en sus ofrendas. La belleza de las flores, su aroma, su color, textura y delicadeza han contribuido a ser consideradas como un medio de expresión de honra y respeto por excelencia. En términos generales, por su escasa duración, la flor representa lo efímero y pasajero, la inconstancia y la propia naturaleza.
Al tener principalmente una connotación de belleza y naturaleza, se puede interpretar a las flores como una evocación de la belleza humana que se transfigura en un elemento espiritual, en un alma. De esta manera las ánimas de los difuntos se simbolizan con la flor.