“La volveremos a ver... esta es la esperanza que tenemos. Y que vivirá siempre en nuestro corazón.”
"Se suspendieron las funciones de teatro y de zarzuela, así como los juegos de jai alai. Se pronunciaron discursos y composiciones. Los que no sean devotos del finado considerarán desmedidos los elogios; pero no dejarán de convenir en que la pieza de oratoria fue de mérito relevante. Fue lo que se dijo a propósito del discurso del licenciado Francisco Pascual García que habló por el Supremo Tribunal. el comercio cerró sus puertas durante dos días. El finado nombró tutor de sus menores al Presidente de la República, Porfirio Díaz. Tres días duró el luto oficial."
El Estandarte, 25 de agosto de 1898.
"Se suspendieron las funciones de teatro y de zarzuela, así como los juegos de jai alai. Se pronunciaron discursos y composiciones. Los que no sean devotos del finado considerarán desmedidos los elogios; pero no dejarán de convenir en que la pieza de oratoria fue de mérito relevante. Fue lo que se dijo a propósito del discurso del licenciado Francisco Pascual García que habló por el Supremo Tribunal. el comercio cerró sus puertas durante dos días. El finado nombró tutor de sus menores al Presidente de la República, Porfirio Díaz. Tres días duró el luto oficial."
El Estandarte, 25 de agosto de 1898.
“Víctima de una violenta enfermedad, falleció el señor Licenciado Eduardo Ramírez Adame, Diputado a la H. Legislatura del Estado. Su cadáver fue trasladado al salón del Congreso para tributarle las honras debidas. Damos el pésame a sus estimables deudos, así como al H. Cuerpo Legislativo, por la sensible pérdida de tan digno funcionario.”
Periódico Oficial del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, 24 de mayo de 1906.
“El sábado 14 del actual, a las 9 p.m., voló al Seno de su Creador la Señorita Fernanda Cobo y Gutiérrez Solana, quien, desde el instante en que la enfermedad la postró en el lecho del dolor, conoció que estaba próximo su fin. No se arredró por esto, muy al contrario, con la resignación propia de las almas que han sido templadas en el candente fuego de la virtud, sufrió pacientemente, esperando tranquilamente su hora postrera. Cuando se le anunció que se le iba a dar el Sagrado Viático, en su Rostro se pintó el contento, y en sus ojos brilló la luz del cielo. Ella misma se ocupó en dirigir el ornato del altar en que debía recibirse a la Divina Majestad.
El día que murió, cuando todos los circunstantes procuraban hasta contener la respiración, temerosa de interrumpir aquella lenta, pero tranquila agonía; ella, la enferma que apenas oía, que casi había perdido el conocimiento, percibió sin embargo el toque del ángelus que daba la campana mayor de Catedral, y sus labios que comenzaban a ponerse rígidos, se entreabrieron por última vez para pronunciar con verdadero fervor las palabras del Ave María. Pocas horas después, su alma había abandonado para siempre este valle de miserias. ¡Feliz mil veces ella que ha volado ha reunirse con los Ángeles, sus hermanos! Quien como nosotros hubiera visto a Fernanda tendida en su lecho de muerte, habría asegurado que dormía tranquilamente. ¡Tal era lo apacible de su semblante! Sus ojos ligeramente entreabiertos parecían mirar al cielo; su boca parecía sonreír; y en su rostro, cuya blancura igualaba al del mármol, se dibujaba el signo de la felicidad. “Era un ángel” nos decía ayer su director espiritual. ¡Dichosa ella!, la ciencia fue impotente para salvarle la vida. Los doctores Parra y Otero lucharon hasta el último instante. En vano todo; pero ¿qué importa si en cielo está mejor? De nuestro deber es acompañar en sus pesares a toda su apreciable y distinguida familia; a sus afligidos hermanos, en particular; pero quizá sea mejor enviarles nuestros más cordiales plácemes, porque cuentan ya con un ángel que desde el cielo velará por ellos, y pedir a Dios que los bendiga y que les mande el apetecido consuelo.”
El Estandarte, 17 de enero de 1893.
“Anteayer a las 5:45 a.m. falleció el Señor Don Ignacio Muriel y Soberón, jefe de una de las familias más distinguidas de esta ciudad, emparentado con la mayor parte de ellas y banquero acaudalado. Su muerte inesperada, casi sorprendió a la sociedad, pues si bien fue atacado de una enfermedad grave, la buena salud de que había disfrutado, y su robusta complexión hacía creer que vencería a la naturaleza. El señor Muriel era miembro de la Sociedad Española de Beneficencia, de la Junta de Vigilancia de la Sucursal del Banco Nacional en el Estado, y Presidente de la Junta Directiva de la Sociedad Potosina.
Las dos primeras sociedades, además de la familia distribuyeron elegantes esquelas, dando parte de la defunción e invitaron al sepelio que se hizo ayer a las nueve de la mañana en el panteón del Saucito. El cadáver fue conducido al panteón en un carro fúnebre de primera clase, de la Compañía de Tranvías, al cual seguían nueve coches también de primera clase, todos enlutados, y dos plataformas. En los coches de primera iba gran número de personas, entre ellas las más prominentes de la banca, del comercio y de la minería; en las plataformas iban otras personas, quizás empleados de los tranvías, de cuya empresa era uno de los socios principales. El Sr. Muriel era dueño de la magnífica hacienda de Peotillos, y estaba construyendo un suntuoso palacio contiguo al del Señor Don Felipe Muriedas, palacio que Dios no le concedió ver terminado. El Sr. Chantre D. Agustín Jiménez lo confesó, le administró los últimos auxilios de la religión y lo asistió en los momentos postreros. Dios nuestro señor haya recibido en su seno el alma del finado, y envíe el consuelo y la resignación a sus estimables deudos a quienes enviamos nuestros sinceros pésames.”
El Estandarte, 22 de diciembre de 1896.
“Anteayer a las 12 y 30 del día pasó a mejor vida el Sr. Teniente Coronel don Jacobo Verástegui, Diputado al Congreso del Estado. El Sr. Verástegui pertenece a una de las principales familias de esta ciudad. La señora su madre no quiso que se le hicieran honras oficiales de ninguna naturaleza, así es que el cadáver fue velado y depositado en la misma casa mortuoria. El Congreso, sin embargo, mandó repartir unas esquelas del tenor siguiente: “Emilio Ordaz, Presidente del H. Congreso del Estado, tiene la honra de participar a usted con sentimiento, que ayer, a las 12 y 30 falleció en esta ciudad el ciudadano Teniente Coronel Jacobo Verástegui, Diputado al mismo Congreso por el Partido de Hidalgo, San Luis Potosí, 21 de octubre de 1893.” Damos a la respetable familia del Sr. Verástegui nuestro sincero pésame, y deseamos el eterno descanso al alma del finado.”
El Estandarte, 22 de octubre de 1893.
“El domingo a las 10 y 20 minutos de la noche falleció, tras de prolongadísima y cruel enfermedad, el apreciable caballero Don José María Grande. Fue el finado altamente estimado en la sociedad por sus sentimientos nobles y humanitarios. También la clase menesterosa era constantemente beneficiada por el señor Grande. Ayer en la mañana a la hora de depositar el cadáver en la caja mortuoria, era conmovedor ver a muchos pobres de solemnidad que lloraban amargamente la ausencia eterna de su incansable protector. El sepelio tuvo lugar ayer a las 4:00 de la tarde en el panteón del Saucito, habiendo sido presidido el duelo por el señor Gobernador Espinosa y Cuevas, acompañado de los sobrinos y nietos del desaparecido. Rogamos a la distinguida familia del difunto acepte nuestra más sincera manifestación de duelo.”
El Estandarte, 17 de mayo de 1910.
“El Lic. José Vega era Diputado al Congreso de la Unión, falleció en México y fue traslado a San Luis Potosí.”
El Estandarte, 4 de noviembre de 1899.
“Sea este monumento la expresión material de mi cariño de esposa, ante el cual las inmateriales de ese mismo cariño crecerán siempre regadas por el llanto de la ausencia eterna."
Josefa Fernández
“Falleció el señor Don León Teissier. Su afligida esposa, hijos, hermano, sobrinos, hermanos políticos, y demás parientes, participan a usted con el más profundo dolor, este triste acontecimiento y le ruego que además de encomendar su alma al todopoderoso en sus oraciones se sirva asistir a la misa de réquiem que tendrá lugar hoy a las 9:00 a.m. en el templo de San Miguelito y a la inhumación del cadáver a las 4:00 p.m. en el panteón del Saucito. El muy estimable señor Teissier, miembro de la apreciable colonia francesa, fue uno de los comerciantes más antiguos de esta plaza, donde a fuerza de trabajo y honradez pudo formarse un capital. La buena conducta que siempre observó su espíritu de empresa, y los buenos sentimientos que poseía lo hacían muy estimable ante el comercio y la sociedad.”
El Estandarte, 16 de enero de 1902.
“El general Lorenzo García recibió varias condecoraciones por la intervención francesa: la de la constancia, por la campaña contra los mayas en Yucatán y los yaquis en Sonora; poseía una riquísima espada de honor, obsequio que le hizo la colonia americana de Sonora, por la derrota que infirió a los apaches el 29 de abril de 1882. Siempre militó al lado del gobierno liberal, jamás fue juarista, porfirista, lerdista, etcétera; su espada siempre estaba dispuesta a defender al gobierno constituido, reconociendo luego el nuevo cuando aquél era derrocado. Luchó contra Porfirio Díaz y reconoció su gobierno cuando este subió al poder, no fue una veleta. La única heredera de su crecida fortuna fue su esposa Rosa Acuña de García pues no tenía hijos ni familiares ascendientes.
Participó en la mayoría y más importantes hechos bélicos que tuvieron lugar en nuestro país durante la segunda mitad del siglo XIX: Querétaro, Sonora, Yucatán, Ovejo, en la Carbonera, Tampico; capturó personajes considerados bandidos así como gavillas completas como la de Catarino Garza que merodeaba la frontera entre México y Estados Unidos. El general Lorenzo García era originario de Soledad de los ranchos, S.L.P., de origen humilde, nacido en 1844, que inició su carrera militar a la edad de 20 años bajo las órdenes del capitán Jauregui. Murió a los 65 años después de los 45 años de servicio. Para sus funerales y de acuerdo con la ordenanza le correspondían honores militares hechos por una brigada. El sepelio consistió en una amplia y elegante pieza interior de la casa del extinto general, cita en la avenida Jiménez no. 4, fue dispuesta la capilla ardiente. Infinidad de altos sirios iluminaban la estancia. En lujosa caja de cedro veíanse las iniciales del extinto. Muchas coronas de todos gustos, casi cubrían el catafalco, y los oficiales francos, por riguroso turno velaban el cadáver. Se enterró en el panteón del Saucito.”
El Estandarte, 27 de febrero de 1909.
“A la memoria del joven capitán Luis Galán B. Nació en Muzquiz, Coahuila el 21 de junio de 1887. Se suicidó a la edad de 20 años Su madre, sus hermanos y su primo le dedican este recuerdo. ¡Adiós, hermano querido, el destino pudo apagar muy pronto la llama de tu vida, pero no logrará borrar de nuestros corazones tu recuerdo!”
“La virtud tiene como justa recompensa la gloria eterna. A la grata memoria de la señora Luisa Grande Viuda de Farias que falleció en el seno del Señor el día 15 de marzo de 1906. Su paso por este mundo solamente dejó gratos recuerdos”
“Disfruta ya la dulce compañía en que unidos vivimos para esperar. En la mansión del cielo tu alma goza, gloria más pura que la luz del día. Ahí disfrutas de paz y alegría, ahí te hallas feliz y venturosa. Recibe hoy por fin tu alma rosa, que te ofrece tu esposo en su agonía.”
“A las 8:30 de antenoche falleció el señor Don Matías Hernández Soberón, extendiéndose inmediatamente la noticia por toda la ciudad. En la mañana había recibido todos los auxilios de la Santa Religión, pues el finado era un católico que creía con firmeza y practicaba lo que creía. La casa mortuoria fue desde luego invadida desde luego por una muchedumbre de personas distinguidas: sus relaciones eran extensísimas y estaba emparentado con casi todas las familias principales de la ciudad. Erigida la capilla ardiente en una de las habitaciones más adecuada de la espaciosa casa del finado, empezaron a recibirse multitud de coronas de flores naturales y de porcelana todas ricas y de un gusto artístico exquisito. No podemos de momento, dar los nombres de las personas que las enviaron porque la muchedumbre de gentes y la misma multitud de coronas lo impiden a la hora en que escribimos tomar estos detalles. Durante las horas de ayer (hasta las 3:30 p.m.) que estuvo expuesto el cadáver, la casa mortuoria fue constantemente visitada por numerosas personas de todas las clases sociales.
Próxima la hora del sepelio, una multitud de curiosos invadió las calles 1ª Y 2ª De Zaragoza, el Jardín de Hidalgo y las Calles de Maltos, para ver desfilar el suntuoso cortejo que debía dirigirse al Sagrario para que ante el cadáver se rezara el oficio de difuntos. A las 3:30 p.m. salió en efecto el cortejo de la casa mortuoria. Depositado el cadáver en un rico estuche, lo conducían en hombros los miembros varones de la familia que periódicamente se renovaban, así como los portadores de las cintas del féretro y así llegaron a la Parroquia, donde con toda solemnidad se verificaron los funerales religiosos, haciendo los sacerdotes las preces que manda el rito. Después del oficio el cadáver fue colocado en la carroza y se encaminó el cortejo al Panteón. Este cortejo estaba integrado por todos los individuos de la ciudad que tienen alguna significación en los círculos sociales, en la banca o en el comercio así como por numerosos obreros. Así es que fue necesario poner a su disposición 18 coches de tranvías y veinte y tantos de particulares, sin contar los de alquiler. A moción de los principales miembros de la banca y del comercio, los principales establecimientos fueron cerrados ayer en señal de duelo. Fue el señor Matías Hernández Soberón entre los suyos el hombre prudente, conciliador y juicioso que aconsejó bien y armonizó intereses encontrados, y mantuvo siempre la paz entre los numerosos miembros de su parentesco; en el mundo de los negocios, fue una autoridad de gran peso; en las esferas del gobierno, una influencia; en la sociedad, un miembro respetable por todos conceptos. Quiera Dios Nuestro Señor conceder al alma del finado la eterna paz.”
El Estandarte, 15 de marzo de 1907
“A la 1 y 5 de la mañana del 1º del actual pasó a mejor vida la honorable y virtuosísima dama Doña Matilde Travanco viuda de Hernández, a la edad de 63 años, natural de Madrid, España y radicada en esta ciudad desde los primeros años de su vida. Muy sensible ha sido para la sociedad de San Luis la pérdida de esta respetable señora cuya acendrada caridad era característica, y al enviar nuestro más sentido pésame a sus distinguidos deudos, lo enviamos a toda nuestra sociedad, que sin duda va a resentir en mucho la desaparición de la nunca bien llorada señora Travanco.”
Periódico Oficial del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, 5 de enero de 1909.
“Ayer a las 4:00 p.m. fue conducido el cadáver del Sr. General Pablo Yáñez al panteón del Saucito. Todo lo relativo al sepelio fue arreglado por la agencia de inhumaciones de Don Joaquín Tamés. La caja era de fierro fundido, de una pieza excepto la tapa, que tenía dos opérculos que resguardaban el vidrio que cubría el cadáver. La tapa sentada sobre un obturador de goma, que impedía los cambios de aire con el interior. Estaba esmaltada por fuera, imitando caoba, y por dentro cubierta, por abullonados de raso blanco.
Grandes bastones niquelados corrían a los lados de la caja, y tanto en las cabeceras como en los lados, tenía estiraderas artísticamente cinceladas. Ayer por la mañana tuvieron lugar en el templo de Tequisquiapam las exequias, y a la hora que antes decimos, fue conducido al panteón el Sr. General Yáñez. Partió de la casa No. 8 de la calle de la avenida Carlos Diez Gutiérrez, que en vida habitó, el cortejo fúnebre que lo acompañó a su última morada, encontrándose en él, el Sr. Gobernador interino Lic. Don Francisco A. Noyola, el Sr. Cornell Girón y todos los jefes y oficiales francos de la guarnición. La carroza que condujo al féretro, fue seguida con cuatro carros tranvías de primera clase y doce carruajes. Un piquete de soldados rurales, el 22º Batallón y la ambulancia hicieron los honores militares al Sr. General hasta su última morada. Fue sepultado en fosa de primera clase a perpetuidad, y murió en el seno de nuestra Santa Madre la Iglesia, recibiendo, antes de partir a la vida eterna, todos los auxilios de nuestra religión.”
El Estandarte, 26 de octubre de 1907.
“Dejad a los niños que se acerquen a mi. Ayer a las 10:15 a.m. voló al cielo el niño Pedro Barrenechea y Farias. Así como se nos pide, rogamos a Dios nuestro Señor conceda a los estimables padres del niño Pedro, la resignación que necesitan para sobrellevar tan rudo golpe.”
El Estandarte, 8 de abril de 1899..