MICRORRELATO
SOLO UN REFLEJO
Era una tarde de invierno como cualquier otra. Ambos habíamos decidido salir a dar
un paseo ya que la tarde era favorable. Andábamos él y yo de la mano, pero lo
extraño fue cuando me di cuenta que todo el mundo nos miraba. No entendía el
porque la gente con la que nos cruzábamos nos miraban tanto. Solo íbamos paseando
por la calle mientras nos reíamos juntos y nos lo pasabamos bien. No estábamos
haciendo nada para que nos miraran con tanta indiferencia. Hasta que le pregunté.
- ¿Porqué nos miran tanto?
Él solo sonrió. No me dio ninguna respuesta a aquella repentina pregunta. Sin darle
más importancia seguimos nuestro camino. Hasta que pasamos por delante de unas
tiendas y fue cuando miré nuestro reflejo en el cristal de uno de los escaparates, que
me dí cuenta de que él nunca estuvo ahí.
Alba Pavo Marín, 4ºESO C
Comida de muerte
Se abre la puerta de mi habitación, era mi padre, con una expresión seria y voz áspera dice: ha
llegado la hora de que des comer a tu hermano, es tu turno.
Me levanto de la cama, donde minutos previos yacía plácidamente, con temor salgo de mi
habitación, camino por aquel largo pasillo hasta dar con las escaleras con la intención de salir de
la casa. Mis manos rilan de terror, al salir de ella, me dirijo al cobertizo, aquel lugar que tanto me
aterra, entro en el y me lanzo en el gran agujero cumpliendo así mi tarea.
Ahinara Linavel Taveras, 4ºESOC
La Quinta Habitación: Espantos y engendros.
Gritos de alarma, murmullos, unas manos agarrándome. Un ligero pinchazo
que me hace desconectar.
Cuando abro los ojos estoy en una habitación nueva, una acolchada. Llevo una
camisa de fuerza. En el centro de la habitación hay un diario. La puerta se abre,
ya no me encuentro sola en la habitación. Una mujer alta, pelirroja, delgada y
perfectamente engominada me mira fijamente. Su figura dominante no pasa
desapercibida, como tampoco lo hace su mirada analítica y su semblante neutro.
La enfermera que antes se encargaba de mi estaba siempre sonriente, pero no
me engañaba. Sabía lo que sentía. Ese ligero temblor de manos, la forma en la
que se reflejaba la luz de la habitación en su frente evidenciando la humedad de
esta, las venas tan exageradamente marcadas del cuello dando a entender que
estaba rígida. Además, ese penoso pero comprensible intento de controlar su
respiración que está claramente agitada. El miedo, se muy bien lo poderoso e
influyente que puede llegar a ser el miedo. Me encanta ver a la gente sufriendo
por ello, sobre todo por el que sienten por mi culpa. Por eso mismo hay algo en
esa nueva mujer que me molesta enormemente. No me tiene teme.
Eva Torres Alemany ,4ºESOC
Protégete
Era una mañana lluviosa, caminaba por la calle y me crucé con
una persona que extrañamente me sonaba mucho, tenía la
misma ropa que yo y un paraguas marrón como el mio, nos
miramos a la par y proseguimos con nuestro camino. Cuando
llegué a la oficina lo vi claro al mirarme en el reflejo de mi
ordenador, ¡era yo! No le di importancia y proseguí con mi
trabajo como de costumbre, era un trabajo normal, simplemente
un trabajador de una imprenta común, descartando folios y
reponiendo tinta.
Después de un largo día de trabajo llegué a mi casa, me tiré
rendido al sofá y encendí la televisión, tratando de olvidar el
suceso de la mañana, pensaba que era cosa de mi imaginación
hasta que unos días después, por la noche tocaron
agresivamente a mi puerta, me extrañó la fuerza con la que la
aporreaban, era como si a la persona que estaba detrás le fuera
la vida en ello, esperé un poco hasta que cesaron los golpes. Al
abrir la puerta no había nadie, solo una nota, escrita con un
papel extrañamente familiar, como si lo hubiera visto antes,
tenia unas gotas de sangre, sudor y barro, y ponía: ‘no te protejas
de los demás, protégete de ti mismo’. Al leerlo sentí un como
alguien me observaba, justo antes de sentir un gélido aliento tras
de mi.
Carlos Molina Gutiérrez ,4ºESOC