1833… a los pies de Nuestra Señora de Rocamadour, al cabo de un Retiro de discernimiento, cuatro jóvenes de Quercy, animadas por el Padre Bonhomme, se propusieron consagrarse a Dios en la Vida religiosa para el servicio de los pobres y la educación de los niños.
Al poco tiempo, más jóvenes desean unirse a ellas, pero hace falta un espacio adecuado para construir el noviciado.
1860… La Congregación crece y el Padre Bonhomme busca nuevas formas de apostolado. Piensa en la situación de las sordo-mudas y funda un instituto especial.
Luego de la muerte del P. Bonhomme las hermanas siguen manteniendo la unidad de la Congregación, viendo necesario agrandar la Casa Madre para recibir a todas las jóvenes que se presentaban
PEDRO BONHOMME
Fundador de la Congregación Hnas. Ntra. Sra. del Calvario
Pedro Bonhomme, agente de renovación misionera
Pedro Bonhomme tenía un gran amor. Una pasión por el Reino. Un compromiso concreto con Jesús, a quien quería parecerse, y un compromiso con los hermanos anunciando el evangelio o curando sus heridas, para que sean felices.
Su corazón se afligía al comprobar la falta de sacerdotes, jóvenes y niños sin educación, enfermos y ancianos sin atención, el Santuario de Nuestra Señora de Rocamadour casi abandonado, una población rural sin Pastor. Este joven sacerdote está atento a todo, percibe las carencias, pone su mirada en los sectores más abandonados y da respuestas concretas, acepta los desafíos de su época, pone a disposición todo lo que tiene.
No esperó ser sacerdote para comprometerse en la acción apostólica, la evangelización le urgía. Para él crear centros privilegiados como son las escuelas, era de capital importancia. Probablemente había sufrido en persona la carencia de establecimientos educativos en su pueblo natal. Dios se vale de la experiencia de sus hijos para llevarlos a socorrer a otros.
No tenía recursos, sí fe y esperanza y un corazón que no se detenía ante ningún obstáculo. Un ideal lo movía: anunciar el evangelio. Una vida auténtica arraigada en Dios y al servicio de los hombres, “Todo por Dios”.
Acudía con confianza a María, la Madre de Jesús y su Madre, confiándole penas y alegrías y sus deseos más queridos.
Al igual que Pedro Bonhomme, responder al llamado de Jesús es comprometernos con el sueño de Dios para la humanidad (que quiere nuestra realización personal), desde nuestras capacidades, en el contexto en el que estamos, con audacia y creatividad, en actitud de salida, acompañados por Jesús y con una mirada cercana para contemplar, conmoverse ante el otro cuantas veces sea necesario.