Si el siglo XVI es la época de asimilación de las formas y los temas que procedían de Italia, el XVII fue el momento en el que se efectúa la síntesis de lo italiano y lo español. Así, en métrica subsisten las formas introducidas por Garcilaso pero los poetas vuelven a utilizar la métrica tradicional castellana anónima en composiciones de claro corte popular, especialmente el romance, la letrilla, y la jácara o canción.
Los romances son poemas característicos de la tradición oral (anónimos) que se popularizaron en el siglo XV y que se recopilan en el Siglo de Oro. Estos romances populares se engloban dentro del Romancero viejo. Son poemas narrativos de una gran variedad temática. Los hay caballerescos, moriscos, de cautivos, mitológicos, burlescos, amorosos y líricos de diversos asuntos. Consisten en una serie de versos octosílabos con rima asonante en los pares. Además, como se ha dicho, los autores cultos del siglo XVII movidos por la belleza de los romances viejos, adoptan ese tipo de composición y la enriquecen con temas y recursos formales. Estos romances escritos por poetas cultos en el siglo XVI y sobre todo en el XVII son los que constituyen el llamado Romancero Nuevo.
Amarrado al duro banco
de una galera turquesca ,
ambas manos en el remo
y ambos ojos en la tierra,
un forzado de Dragut
en la playa de Marbella
se quejaba al ronco son
del remo y de la cadena:
«Oh sagrado mar de España,
famosa playa serena,
teatro donde se han hecho
cien mil navales tragedias:
[…]
Luis de Góngora
En nuestra antología poética consta un romance de Luis de Góngora "Amarrado al duro banco". Fue tan popular este tema del cautivero, que inauguró un subgénero del Romancero nuevo: el romance de cautivo, de larga fama.
Lope de Vega, por ejemplo, también fue desde muy joven famoso por sus romances. Los romances eran por lo general autobiográficos, bajo seudónimos bien conocidos por el público como “Belardo”, “Zaide”, “Belisa”, etc..
La letrilla es una composición poética que se desarrolla a partir del siglo XVI siguiendo el esquema del villancico, aunque también puede responder al esquema métrico de un romance. Los versos son octosílabos o hexasílabos que riman en consonante o asonante. Algunos versos se repiten a modo de estribillo a lo largo de un determinado número de estrofas, la cuales son simétricas.
Se trata de un poema satírico y burlesco de tono ligero por lo general, aunque también las hay de tema religioso y lírico. Sus estrofas pueden ser redondillas o quintillas dobles. Góngora fue un maestro en la recreación de letrillas y romances, que alcanzaron gran popularidad. Escribió letrillas basadas en la lírica popular e inspiradas en algún refrán burlesco. Las letrillas eran el modo más adecuado para la sátira popular, es decir, para la crítica de hábitos y costumbres con un tono festivo, que solía tener como centro un refrán, una sentencia, un cantarcillo, etc.
Destacan entre las letrillas de Góngora las dedicadas al amor, pero entre sus temas figuran también los reveses de la fortuna, o los de tema burlesco. Merecen nombrarse: “ Ándeme caliente, ríase la gente” Se trata, en este caso, de la versión popular de una postura estoica o cínica: solo me importa lo mío, digan lo que digan . Una de las más hermosas letrillas es la que tiene por estribillo “¡Que se nos va la Pascua, mozas/ que se nos va la Pascua!”, formulación humorística de la temática horaciana (“Carpe Diem”) . Entre las letrillas burlescas de Góngora no faltan también ataques despiadados a su enemigo F. Quevedo.
Sin embargo, las letrillas satíricas más conocidas son las de Quevedo, asimiladas por el pueblo gracias a su tono popular. Una de las más famosas es la titulada: "Poderoso caballero es don dinero", que sigue el esquema del villancico:
dos versos iniciales que enuncian el tema (estribillo) , estrofa donde se desarrolla la temática ( en este caso se trata de una quintilla de versos octosílabos) , verso de vuelta "hace todo cuanto quiero" ( recupera la rima del estribillo) y de nuevo se repite el estribillo.
Poderoso caballero
es don Dinero.
Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
es don Dinero.
FRANCISCO DE QUEVEDO
La jácara es uno de los géneros satíricos, en verso, que se representan en el entreacto de las comedias del Siglo de Oro español. Los personajes solían ser delincuentes, pícaros, chulos o gente del mundo del hampa. Destaca el agudo humor y el dominio de la jerga de los bajos fondos. Muchos cultivaron el género pero destacan Quevedo y Calderón de la Barca sobre todo. Antes de ser representada, la jácara ya existía como composición poética, generalmente un romance. La jácara provenía de la canción provenzal que llegó a España en el Renacimiento a través de la literatura italiana. Estaba compuesta por un número variable de estrofas (estanzas) que combinaban versos con rima consonante de siete y once sílabas. Fue famosísima la Jácara del Escarramán (1612) de Quevedo, a quien se considera creador del género.
Ya está guardado en la trena
tu querido Escarramán,
que unos alfileres vivos
me prendieron sin pensar.
“Carta de Escarramán a la Méndez”, de Quevedo