No existen dos pies que sean exactamente iguales. Por este motivo, a un zapatero solamente le es posible confeccionar zapatos cómodos de las medidas correspondientes cuando dispone de toda la información necesario sobre los dos pies del cliente. En la confección de un traje a medida, el sastre recomienda por lo menos dos o tres pruebas, mientras que el zapatero se las arregla con sólo una gracias al denominado zapato de prueba. Para ello es absolutamente necesario destinar suficiente tiempo a la toma de medidas, a ser posible de una a dos horas. Es muy frecuente que resulte difícil encontrar el momento en que puede conseguirse el resultado más preciso.
En condiciones normales, el tamaño que tiene el pie de un hombre saludable es constante a lo largo del día. Sin embargo, puede sufrir cambios causados por la temperatura (por ejemplo, si hace un calor considerable) o por el esfuerzo que haya realizado durante el transcurso del día (haber caminado o practicado deporte durante horas). Por esta razón, las horas más recomendables para realizar la toma de medidas del pie son las de la mañana.
Además algunas enfermedades provocan la hinchazón de los pies. Si el tratamiento debe terminar en un período previsible de tiempo, después del cual los pies recuperarán su forma original, el cliente debería esperar hasta ese momento para llevar a cabo la toma de medidas. En cambio, si se trata de una enfermedad crónica, los zapatos agrandados pueden aliviar el caminar del cliente.
En caso de malformaciones, como por ejemplo dedos en martillo o callosidades en los laterales, el zapatero afronta la confección de los zapatos de acuerdo con cada caso que se le presente. Sin embargo, es recomendable someterse a una pequeña operación ortopédica y a continuación encargar unos cómodos zapatos a medida.
En cualquier caso, es interesante asistir a una podóloga antes de la toma de las medidas para evitar molestias tales como uñeros, matrices hinchadas o dolorosos ojos de gallo. También es recomendable llevar medias finos para que las medidas resulten lo más exactas posibles
La toma de medidas para confeccionar unos zapatos es una especie de ceremonia en la que el momento correcto, la duración, las eventuales molestias y toda la información que se pueda obtener sobre el cliente son de suma importancia. Las maniobras del zapatero siguen, por decirlo de algún modo, un ritual y un orden establecido. Dicha ceremonia se convierte en requisito básico para la construcción de una horma que sustituirá al pie con la máxima perfección durante la confección del zapato y que permitirá al zapatero crear una auténtica obra de arte.
El zapatero toma las medidas de la longitud, la anchura, la altura y el contorno del pie desde dos posiciones distintas: en primer lugar, mientras el pie aguanta el peso del cuero y, posteriormente, en estado relajado. Cuando la persona está de pie, la anchura del pie puede registrar una diferencia de casi un centímetro respecto a la posición sedente; además, el arco disminuye y los nervios y los músculos se tensan. Dicha posición refleja aproximadamente el estado en que se encuentra el pie cuando camina soportando una fuerte carga. De manera inevitable, el zapato se ensancha al caminar, asó como también a consecuencia del calor y de la humedad que produce el pie. Si el zapatero asumiera que las medidas de la posición de carga son las "reales", la alegría del cliente (los zapatos resultarían comodísimos desde el primer momento) se transformaría en decepción al transcurrir unos días: los zapatos se ensancharían demasiado y los arrastraría.
En zapatería existe una regla de oro para la confección del calzado: cuanto más sencillo es el instrumento de medición, más fiables son sus resultados. Incluso en los talleres más exigentes bastan dos tacones, dos hojas de papel, una cinta métrica para zapateros, un cartabón y un lápiz, además de un instrumento para medir la longitud del pie y de los utensilios necesarios para obtener una impresión de la planta del pie (papel de copiado o pedígrafo).
Para determinar la longitud del pie y anchura de los zapatos a confeccionar se requiere el esquema del contorno del pie. Lápiz y papel deben permanecer en un ángulo de 90º. Si el ángulo fuera menos o el zapatero "dibujase por debajo", tal como se dice popularmente, el resultado obtenido sería un zapato un número menor de lo planeado. El zapatero traza la línea a partir del talón, pasando por la parte interior y hasta el pulgar. Luego sigue por la parte exterior y vuelve al talón. Durante el proceso se presionan los dedos para que alcancen toda su longitud. Puesto que el pie derecho y el izquierdo nunca son del todo idénticos, debe sacarse el contorno de cada pie.
Una vez completado el dibujo del contorno, el zapatero marca la situación de la primera y la quinta falange de los metatarsianos, los puntos más prominentes de los laterales exterior e interior, así como el talón, para preparar la medición de la punta del pie y de la anchura del talón.