Estudio de Tatuajes y Piercings en Rionegro
Has tomado la decisión de hacerte un nuevo piercing. ¡Eso me encanta! Pero… ¿perforarte es algo que puedas tomar a la ligera? La verdad… pues tú eres dueño de tu cuerpo y libre de hacer con él lo que quieras o consideres necesario; sin embargo «y si me permites darte un consejo»... ¡piénsalo dos veces!
El éxito de esta idea que tienes de hacerte una perforación depende en gran medida de la forma en la que decidas llevarlo a cabo, del material de la joya que elijas para iniciarla y del profesional al que le brindes la confianza para realizarlo.
Si dijiste que sí… te contaré una cortita. Si no sientes ni curiosidad siquiera… puedes saltarte este párrafo e ir a lo que nos compete.
Cuando yo era niño, las perforaciones no eran algo tan común y se hacían de una forma muy empírica y clandestina «por lo menos en el pequeño mundo en el que yo a esa edad me movía»; es más: ni siquiera les decíamos piercings: eran "roticos".
Había en las familias una persona a quien en términos coloquiales "no le temblaba la mano"; entonces se dedicaba a perforar a cuanto primo, sobrino, hermano, vecino o niña recién nacida en el barrio que llegara en brazos de su madre en busca de su talento y sangre fría. En mi caso, esa valiente mujer era… ¡la prima Cecilia!
Cecilia me entregaba un par de hielos para que me sobara en la oreja durante unos minutos mientras ella tomaba entre sus dedos la misma aguja con la que cosían los botones de las camisas, la enhebraba con cualquier hilo que tuviera al alcance de la mano «si uno estaba de buenas, le tocaba hilo blanco que se notaba menos; pero si no... negro, rojo, amarillo o el peor de todos... café» la limpiaba con un algodón impregnado de alcohol, le quemaba la punta con la llama de una vela hasta que se pusiera al rojo vivo, esperaba a que se enfriara y… ¡pa' adentro!
Yo tenía doce años cuando me hice esta perforación; y como tantas experiencias que quieren tener los niños a esa edad y para la que los padres no dan permiso... fue a escondidas.
Dadas las circunstancias, en esas condiciones no se firmaba consentimiento informado; y mis padres, al no conocer mis intenciones, no me pudieron advertir los riesgos que implicaba invadir el cuerpo de esta manera.
¿Lavó sus manos antes de iniciar el procedimiento? En esos tiempos no era necesario «guiño».
¿Me enseño la aguja para que verificara si era nueva o estaba estéril? No se tenían esas precauciones.
¿Utilizó guantes estériles? Tal vez ni se conseguían hace 33 años.
¿Utilizó una joya biocompatible? ¡Ni joya siquiera! Lo que se dejaba uno en la perforación el primer mes, era el hilo que les conté anteriormente con un nudito para que no se saliera.
¿Me indicó los cuidados que debía tener para evitar una infección? A lo mejor ni ella los conocía.
¿Sobreviví? ¡Pues acá estoy contando el cuento gracias a Dios!
Muchos clientes me han dicho:
—¡Pero yo me perforé una vez con pistola y no me pasó nada!
Permíteme decirte que eso no significa que no haya peligro «fuiste muy afortunado ¡eso sí!». Yo he retirado joyas de esas que viene con un tapón de silicona en la parte trasera, ya cristalizado por la sangre y fundido por el calor; y lo he tenido que hacer cortando pedacito por pedacito con unas tijeras quirúrgicas, porque quien los tiene puestos ha sido incapaz de quitárselos; y ni siquiera yo con unas pinzas lo he logrado.
Ahora yo te pregunto: ¿Te atreverías a saltar de un séptimo piso porque viste la noticia de que un bebé cayó desde esa altura y sobrevivió sin mayores daños? «amplía aquí la noticia»
La verdad es que los seres humanos somos muy finos; y a veces hacemos cosas que luego no logramos explicar cómo hicimos para salir ilesos de esas situaciones en las que nos vimos envueltos por desconocimiento o terquedad. Entonces, para que este no sea tu caso, he redactado para ti estas...
Solicita asesoría y valoración para tu perforación: pareciera algo de sentido común ¿cierto? Sin embargo, más del 90% de las personas que visitan mi estudio, ya le vieron la perforación a alguien más o les apareció en una publicación ya sea digital o impresa y les encantó; entonces ya vienen con la idea clara y lo que quieren es ir "al grano"; sin saber siquiera si su anatomía es la adecuada para llevar esta perforación, cuál es la experiencia que tengo como perforador o cuáles son mis conocimientos acerca de lo que ellos se quieren perforar «muchos ni siquiera consultan cuál es mi tarifa». No te apresures: habla con tu perforador, pregúntale todo lo que se te venga a la cabeza con relación al piercing que quieres «estás en todo tu derecho de preguntar todo lo que quieras saber aún si esas preguntas te parecen obvias o repetitivas». Si te parece muy caro o muy barato su servicio, intenta aclarar cual es la razón de que tenga ese precio y descubrirás que las joyas, las técnicas, los insumos, la trayectoria, incluso los conocimientos, son muy variados entre uno y otro perforador, y eso es lo que marca la diferencia.
Pregunta cómo se realizará el procedimiento: este es el aspecto más importante para mí y al parecer, totalmente irrelevante para muchos clientes «aunque debo admitir que ahora la gente está más consciente de los riesgos y por eso deciden ir a un buen estudio». A la mayoría no le importa si la perforación se la harán con aguja americana, con catéter, con pistola o con aguja capotera «he escuchado varios casos de personas a las que las han perforado con la misma joya que les van a dejar puesta»; y esto determina el nivel de riesgo o maltrato al que estarás expuesto al llevar a cabo tu perforación. Yo se que son otros métodos, que vienen de otros tiempos y que así se hizo durante muchos años; Pero hay que actualizar el conocimiento e ir a la vanguardia en pos de la seguridad y más importante aún... la salud de nuestros clientes. Un consejo de mi parte «y con todo el amor del mundo»: Los demás métodos no me parecen adecuados; así que, si no te perforan con aguja americana estéril y de un solo uso, y con joyas estériles de titanio… ¡huye inmediatamente del lugar!
Echa un vistazo al establecimiento: otro aspecto bien básico «pienso yo» pero para la mayoría de las personas totalmente desinteresado: ¿Cómo se ve el lugar? ¿Hay buena iluminación? ¿Qué tal está el aseo? ¿Está todo ordenado? ¿Tienen donde lavarse las manos? ¿Disponen de un buen espacio para llevar a cabo el procedimiento? ¿Cómo percibes la energía? ¿Cómo te están atendiendo? Si les digo la verdad… los clientes me cuentan muchas historias de que se perforaron en un parque, en una feria, parados en el mostrador de una joyería, en una fiesta, a la salida de un concierto, en el malecón de Guatapé… Puede ser muy folclórico y todo, o a lo mejor es parte de una apuesta perdida o una simple locura entre amigos, pero estos son lugares en los que no se puede tener un ambiente controlado; y en cuanto a la asepsia... ¡dame por favor el beneficio de la duda! Ten mucho cuidado con esto: el aseo es fundamental y habla por sí solo; y es parte vital del respeto que te mereces como cliente y del profesionalismo y seriedad de tu perforador.
Verifica su método de esterilización: hay insumos que necesariamente deben ser manipulados antes de su uso: campos, copitos, gasas, pinzas, joyas, guías... y para que estos vuelvan a su calidad de "estériles", deben pasar por un proceso adecuado «valga la redundancia» de esterilización. Lavar con químicos no es esterilizar, dejar en remojo de un día para otro no es esterilizar, limpiar con alcohol no es esterilizar; eso sólo es desinfectar. Para esterilizar se requiere un equipo llamado autoclave que lleva los implementos debidamente empacados y sellados en unas bolsas especiales, a una temperatura superior a los 133 grados centígrados y los sostiene allí durante al menos 18 minutos. Las bolsas utilizadas tienen un sello "testigo" que cambia de color cuando se han cumplido estos parámetros de tiempo y temperatura. Lo que indica que están libres de patógenos y aprobados para ser utilizados en tu cuerpo de forma segura.
La joya de exhibición no puede ser tu joya de iniciación: Esto si que es muy común y peligroso además; porque imagínate que vas a una tienda de piercings, te enseñan unas joyas que tienen en el mostrador, te permiten tomarlas con la mano «a ti y a todos los que preguntaron por ella antes de ti» o las toma de la vitrina la persona que te la va a enseñar, y luego, cuando elijes la que te gusta... entonces esa misma es la que te colocan al hacerte la perforación. Los que son más conscientes del riesgo y quieren hacerte pensar que conservan un poco de ética, te dicen que la van a limpiar con una toalla impregnada de alcohol isopropílico al 70% y clorhexidina al 2% «incluso lo hacen ahí delante de ti para que sientas confianza»; pero recuerda que eso no es esterilización es sólo "des-in-fec-ción"; así que no es seguro que aceptes portar esa joya. Es diferente si quieres colocarla en una perforación que ya está curada «en cuyo caso sería más viable»; aunque, personalmente... prefiero usar una joya que viene debidamente empacada, sellada y con la guía de seguridad activada por autoclave.
Ahora sí... ya estás preparado para aventurarte a cumplir con tu propósito y añadir un piercing más a tu colección; pero esta vez, con bases firmes y conocimiento de sobra para exigir la mejor calidad, una excelente atención y, como no, un buen servicio.
Y si decides perforarte conmigo... ¡Bienvenido! Mi casa siempre será tu casa. Te estaré esperando con los brazos abiertos para que hagamos una perforación bien espectacular para ti. ¡Ya verás!
—Hugo: Es que todavía no se cual perforación hacerme o tengo dudas de cómo se llama.
¡Pues no te preocupes! En el siguiente artículo, aprenderás cuales son las principales perforaciones, sus nombres y cual es el tipo de joya recomendada para iniciar con ella. «conoce aquí los tipos de perforaciones corporales».