Los auxiliares de conversación nativos (Language assistants)
¿Qué es lo primero que se nos viene a la cabeza al escuchar el término ´auxiliar de conversación` o lo que es lo mismo ´language assistant`?
Pues al menos yo, desde mi condición de medio nativo (madre irlandesa) amén de licenciado en filología inglesa, antes de dedicarme a la docencia – hace ya 11 años – pensaba que se trataba de un profesional altamente cualificado, nativo por supuesto, que tras una formación universitaria en las lenguas extranjeras – y en este caso en inglés – llegaba a acuerdos con el gobierno central – para así poder gozar de su intervención en los centros educativos de la educación pública – y mejorar de manera exponencial las competencias lingüísticas del alumnado y porque no decirlo – del profesorado en general. Pero nada es lo que parece.
Los auxiliares de conversación son efectivamente personas nativas que dominan la lengua – inclusive la jerga coloquial – tan atractiva y motivadora para el alumnado.
También son personas inteligentes – ya que se les exige estar finalizando la carrera universitaria – o haber finalizado la misma.
Son personas muy jóvenes – lo cual resulta gratificante para los estudiantes.
Todo parecen ventajas pero tales características son un arma de doble filo.
En primer lugar no son ni por asomo profesionales de las lenguas extranjeras. Cierto es que todos ellos son titulados universitarios y/o están a punto de titularse. Pero claro – nos referimos a titulados en historia, música, geografía, filosofía, administración de empresas etc.
Por ahora, en los años que llevo trabajados, no me he cruzado con un auxiliar que sea filólogo y/o traductor. Con ello quiero decir que acuden a nuestro país confiados en la maestría en el uso del inglés – maestría que han obtenido en su contexto social y lingüístico – a pie de calle y en el entorno familiar. Ello unido por supuesto a su formación universitaria.
En segundo lugar, muchos de ellos ignoran que enseñar un idioma va más allá de dominar el mismo. Piensan que su labor será esa – congeniar con el alumnado e ir solventando el bajo nivel de inglés a base de empatía y distendidas conversaciones. Ignoran la realidad de las aulas y las numerosas trabas a las que nos enfrentamos a diario.
Algunos de ellos reconocen su incapacidad para explicar lo que ellos han aprendido intuitiva e inconscientemente desde la infancia. No alcanzan a comprender los errores que comenten los alumnos ya que ellos nunca los han cometido. Tampoco entienden los defectos de pronunciación característicos de los españoles.
Y utilizan la lengua inglesa de manera indiscriminada – como si de la ráfaga de una ametralladora se tratara – les resulta indiferente dirigirse a un nativo que a un no nativo. El alumnado se muestra desbordado. Desconocen cualquier tipo de estrategia metodológica y no entienden que el docente debe adaptarse en cierta medida a las posibilidades del alumnado y a partir de ese punto sacar lo mejor de ellos.
Pero mi intención con este artículo no es menospreciar e infravalorar a los auxiliares de conversación. Sería muy injusto – ya que mi dilatada experiencia – me indica que todo depende muy mucho de la persona. Y ahora voy a exponer el caso de cuatro auxiliares de conversación con los que he trabajado. En dos de los casos, la experiencia ha resultado muy gratificante y en los dos restantes no tan gratificante. Para no extenderme mucho trataré en este artículo uno de los casos y según el interés que despierte el mismo continuaré con los casos restantes en posteriores artículos.
Caso 1
Profesor: Michael
Origen: País de Gales
Formación universitaria: Licenciado en Economía
Idiomas que domina: inglés.
Era monolingüe hace ocho años y lo sigue siendo. No habla ni pizca de castellano.
Carácter: Pasivo. La primera impresión que me dio era la de una persona joven ciertamente introvertida y poco dialogante.
Desde un primer momento traté de ayudarle en todo lo que pudiera necesitar. Se trataba de una persona muy educada pero con poco o nulo interés en conocer la cultura española.
Muchas veces – y espero que no me tilden de simplista – las expectativas para con un auxiliar de conversación – se mide por su implicación respecto a la cultura y vida social del lugar que le acoge. Durante los casi nueve meses que Michael estuvo en España – nunca se interesó por aprender nuestro idioma. Tampoco se interesó por congeniar con el resto del equipo docente ni siquiera con el departamento de lenguas extranjeras.
Jamás querría insinuar que despreciase nuestra idiosincrasia, ni que rechazase nuestra cultura – simplemente era así. No le interesaba nada que no fuera su estimado país y su entorno familiar y social.
Creo que esos aspectos definen desde un primer momento nuestras expectativas respecto al auxiliar de conversación y el grado de compenetración con los alumnos. También perfila lo que el docente de lenguas extranjeras deberá esperar de ese auxiliar.
Y paradójicamente, en este caso concreto, el auxiliar no será de mucha ayuda. Más bien será un elemento que generará mucha más responsabilidad, trabajo y carga laboral sobre el docente de lenguas.
Un auxiliar de conversación jamás puede permanecer sólo en el aula con el grupo de alumnos. La normativa establece claramente que el auxiliar deberá estar acompañado en todo momento por el profesional – es decir – por el filólogo y/o traductor.
Las actividades a desarrollar por el auxiliar serán eminentemente comunicativas. Será el docente el que proponga la temática a desarrollar. En ningún caso es responsabilidad del auxiliar seleccionar la temática y/o desarrollar el contenido de la materia en sí.
Aquí entra otro elemento esencial que define claramente si el auxiliar nos será de utilidad o al contrario – una carga añadida.
La motivación – Un buen auxiliar propone. Su pasión por transmitir conocimientos le impulsa a involucrarse. Ello contagia tanto al profesorado como al alumnado. Michael jamás se mostró motivado. Llegaba al centro educativo y acudía al aula. En más de una ocasión – tras largas sesiones lectivas – me tocaba aquella en la que Michael trabajaría con el grupo de alumnos – aspectos tanto culturales como sociales. Pero mi decepción y estupor inicial fue mayúscula. Jamás olvidaré esas primeras sesiones en las que al llegar al aula debía organizar la misma. Una vez organizada la clase y los alumnos prestos a iniciar la misma, me encontraba con Michael acomodado en la silla del profesor junto a una lata de coca-cola. Y sin nada que ofrecer. Nada preparado. Los alumnos me preguntaban acerca de tal personaje y su función dentro del aula. Como docente experimentado trataba de sacar el máximo provecho de la situación añadiendo una pizca de humor a la situación.
En la primera ocasión le animé a que se presentara al alumnado y que hablará un poco de la cultura galesa – cultura de la que por cierto sabía yo más que el propio auxiliar de conversación.
Yo – Michael, Do you like Spanish food?
Michael – I still haven´t tried it!
Yo – Have you tried our famous Paella?
Michael – No. I don´t really like paella.
Yo- So – Could you tell us about Welsh food?
Michael – Well, there is nothing special
Yo – I´ve heard about haggis. Could you talk a little about haggis?
Michael – I have never heard about haggis
Yo – Thanks Michael.
En la segunda ocasión acudí al aula y allí estaba Michael sentado con su lata de coca cola. Tras apaciguar al alumnado ante la pasividad de Michael le pregunté:
Yo – Michael – Could you talk a little about yourself?
Michael – Well – I don´t know what to say. There is not much I can say.
Yo – Michael, I see you have some tattoos. Some of the students are interested in tattoos. Could you talk about the tattoos you have in your arms? I see you have a Celtic cross.
Michael – Yes, I got it done a few months ago. But I don’t know anything about Celtic crosses.
Yo- Don´t worry Michael. I´ll explain.
La experiencia con Michael no fue positive y su aportación fue nula. Michael ahora vive felizmente en Gales y seguimos en contacto. El alumnado le recuerda como ese chico tatuado que se sentaba en la mesa del profesor con su famosa lata de coca cola a medio beber.
Por lo tanto puedo concluir en el caso que se nos presenta que la presencia del auxiliar de conversación resulta contraproducente. Y ello es debido a la carencia de dos de las características esenciales en un buen auxiliar:
- ´Implicación respecto a la cultura y vida social del lugar que le acoge`
- ´Motivación y vocación`
Lo que me molesta de la situación expuesta es la nula predisposición e interés por parte del auxiliar por comprender y aprender la lengua castellana y catalana (aquí en Baleares). Mientras en el Reino Unido para ser auxiliar de conversación te exigen la titulación universitaria, un curso bastante caro en el instituto Cervantes que dura casi un año completo, dominar la lengua inglesa y conocer la cultura inglesa aquí en España tan sólo se requiere estar finalizando una carrera universitaria. No se exige ni conocer ni dominar la lengua castellana. Ni la lengua catalana. Ni conocer los aspectos culturales básicos del país que le acoge. Quizás ese sea uno de los motivos por los que a veces los ´language assistants`nos salen rana.
En el próximo artículo hablaré del segundo auxiliar de conversación con el que trabajé.