Las sequías y la disminución de los recursos empujan a los animales a asaltar las aldeas en los límites de parques nacionales, destruyendo cultivos e infraestructuras y, en ocasiones, hiriendo o matando a personas. Un equipo de guardas forestales armados con GPS tratan de solventar la situación.
El oficio voluntario de Capon Sibanda no es el más adecuado, precisamente, para los amantes de rutina y la tranquilidad. Cuando las alertas de su GPS indican que una manada de elefantes se dirige a las aldeas cercanas al Parque Nacional de Hwange, en Zimbabue, Sibanda debe publicar avisos en varios grupos de WhatsApp antes de salir a toda velocidad en bicicleta para informar a los residentes cercanos sin teléfono ni acceso a la red.
El nuevo sistema, que rastrea a los elefantes con collares GPS, fue puesto en marcha el año pasado por la Autoridad de Gestión de Parques y Fauna Salvaje de Zimbabue y el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales. Su objetivo es evitar encuentros peligrosos entre personas y elefantes, que son más frecuentes a medida que el cambio climático agrava la competencia por la comida y el agua. "Cuando empezamos era más bien un reto, pero se está convirtiendo en algo fenomenal", afirma Sibanda, uno de los voluntarios locales -aunque recibe cierta remuneración en especie- formado para ser un guardián comunitario.