Un mal Día
Por Marito Sosa
Resulta que un señor de clase media y bastante gruñón ciertamente,
había tenido un día por demás difícil.
Por la mañana se agarró un testículo con la puerta plegadiza del ascensor al
que había intentado subirse.
Por la tarde de ese mismo día un pequeño y no tan simpático lorito
barranquero le mordió la oreja izquierda.
A la salida de su trabajo lo agarró un piquete de Castells en la puerta de una
sucursal de Musimundo, piquete que al grito de: “Cueste lo que cueste no
nos vamos sin Mestre”, se había formado en medio de la calle, y piquete que
reclamaba y exigía la pronta entrega casetes y discos de Nito Mestre a cada
uno de sus integrantes,
Como si todo esto fuera poca cosa, a este señor y por quejarse de aquél
piquete, le saltó encima un enano punk que vestía una remera de los Sex
Pistols, un pantalón pinzado color caqui y ojotas, y enano que, en señal de
protesta le hizo caca en el mocasín.
“Estoy muy presionado, necesito descargarme”, dijo este señor por dentro,
mientras se alejaba rápidamente de aquel lugar buscando algo para limpiar
su tan particularmente decorado calzado.
Primero pensó en ir a hacerse unos masajes relajantes, pero luego creyó
conveniente el darse una vuelta por el centro cultural cocodrilo.
Por desgracia, este hombre no optó por ninguna de estas dos tan diferentes
actividades ya que finalmente se decidió por una opción algo más nefasta
por cierto: descargar toda su ira con la familia.
Entonces fue que, de increíble manera y ya más que enfurecido, el hombre
comenzó a darse máquina para descargarse con su esposa, quien siempre
se queja de lo mismo: que él trabaja mucho pero que hace más de un año
que no aporta ni una moneda, y también de que él también hace gimnasia
modeladora de glúteos, pero que a duras apenas consiguió darle algo de
forma al glúteo izquierdo, el derecho le quedó como el orto.
Así fue como pensó también en su hijo, un adolescente rebelde como
muchos, vago como algunos, boludo como varios y mugriento como ninguno,
un pendejo sucio, muy ordinario y en verdad roñoso, alguien cuyos sobacos
han sido denunciados por Green Peace, y alguien que no se cambia los
calzoncillos desde la caída de Fernando De La Rua.
Igualmente comenzó a darse manija con la hija, de quien ya tiene serias
sospechas sobre su conducta fuera de casa, dado que cada vez que la llama
un compañero o compañera del secundario preguntan por la “Puti”. Aunque
peor que esto fue el descubrir un trabajo practico de geografía calificado por
su profesor, quien de puño y letra aprobó con un “Muy bien diez”, “Seguí así
puti”, y así, juntando excusas para poder descargar toda su ira acumulada,
aquél señor llegó por fin a su edificio, al que entró violentamente, y en el que
después de bajar del ascensor, se dirigió hasta su casa, y, al intentar meter
la llave en su puerta, notó que había una llave puesta del lado de adentro.
Ya completamente descontrolado y fuera de sí, comenzó a gritar: “Lo único
que me faltaba, que llegue a mi casa y no pueda entrar!, a ver quien de todos
los cerdos que viven en esta puta casa me puede abrir”, repetía una y otra
vez mientras golpeaba la puerta de madera con su frente, y agregaba en su
furioso grito: “A ver cuál es la inmunda jeta que tengo que ver hoy, ahora que
vengo del trabajo cansado y hecho pelota para mantenerlos a ustedes
manga de inútiles”.
Mientras se hacía un piercing con el picaporte que con sus dientes ya había
arrancado, e intentaba fumarse un sifón que había envuelto con el felpudo,
una dulce y suave voz preguntó desde adentro: “¿quién es?”, a lo que el
señor, dos milímetros antes del ACV respondió: “Ah!!!,... Y encima no me
reconoces yegua”, “No, no sé quién es”, dijo una dulce anciana desde dentro
de aquella vivienda.
Antes de que este señor se pudiera dar cuenta de que se había equivocado
de piso, los cuatro hijos de la señora, reconocidos en aquel barrio por comer
pollos vivos y jugar al volley con un Citroen 2 CV, tomaron un manual de
anatomía para poder romperle los huesos de manera prolija y ordenada,
luego de esto, lo agarraron de los genitales, y, asomados al balcón del
décimo piso jugaron cuarenta y cinco minutos al yoyo humano, haciendo el
perrito, el columpio y la medio mundo.
Posteriormente lo subieron, lo envolvieron en papel secante y lo rociaron con
líquido amniótico para finalmente meterlo doblado en U dentro de una caja
de herramientas de metal, y, luego de pasar por el buzón de la esquina, lo
mandaron por encomienda certificada a su casa.
Lugar en donde lo recibió la familia, familia que lo consoló, lo curó, lo mimó,
lo calmó, y familia que, luego de una buena ducha caliente y algunos mimos,
le sirvió una abundante y deliciosa cena.
Así que ya sabes, esta persona podrías haber sido vos, por lo que debes
tener siempre presente que tu familia, más allá de gritos o insultos, siempre
estará a tu lado de incondicional manera, pero no por eso debes abusarte.