*EL NIÑO QUE APRENDIÓ A ABRAZAR LAS PIEDRAS*
*Infancia - Las manos que escuchan.*
En un pueblito de Jalisco, había un niño llamado Mateo que no jugaba a los carritos. Jugaba con piedras.
Mientras otros niños las aventaban al río, él las recogía, las lavaba en el arroyo y las guardaba en su morral como si fueran tesoros. Su abuela, que curaba con esencias y prendía velas para rezar, le dijo un día:
"Mijo, las piedras no se agarran, se abrazan. Si las aprietas mucho, se rompen. Si las dejas flojas, se caen. Tienes que aprender a abrazarlas."
Ese fue su primer engarzado, sin saberlo.
*Juventud - El error que enseña.*
A los 16, Mateo quiso ser artesano. Intentó hacer una pulsera de cuarzo rosa para su madre. Compró alambre, pinzas baratas. Apretó con fuerza. El cuarzo se estrelló en dos.
Lloró. Su maestro Don Chema, un viejo joyero de Taxco, lo vio y le dijo:
"Eso no es engarzar, es encarcelar. El maestro no encierra la piedra. Le hace una casa. El alambre de plata no es una jaula, es un rezo con las manos. Cada vuelta tiene que tener aire, luz y respeto."
Mateo entendió. Durante 3 años solo practicó una vuelta. Una sola. Día y noche. Hasta que la plata ya no se veía forzada, se veía como si hubiera nacido alrededor del cuarzo.
*Madurez - La maestría.*
A los 35, Mateo ya no hacía pulseras. Hacía amuletos.
Las mujeres llegaban a su taller no por una piedra bonita, eso lo encuentras en cualquier lado. Llegaban porque cuando él engarzaba, la piedra respiraba.
Él no usaba pegamento. No usaba alambres que lastiman. Usaba engarzado fino de alta gama, tejido a mano, hilo por hilo de plata .925, donde cada cruce deja pasar la luz. Donde puedes ver que la piedra está sostenida, no aplastada.
Una clienta le dijo: "Mateo, es que siento que mi amatista sigue viva en tu pulsera."
Y él contestó: "Es que sigue viva. Yo solo le hice su casita."
Ahí entendió que no vendía bisutería. Vendía el momento exacto en que la energía de la tierra (el cuarzo), la energía del fuego (la vela aromática que prende en su taller) y la energía del aire (la esencia de palo santo) se unían en un engarzado hecho con paciencia.
*Vejez - El legado BlackHouse .*
Hoy Mateo tiene 72 años. Ya no ve tan bien, pero sus manos ven por él. Sigue engarzando una pieza al día. Solo una.
Y cada mañana prende su vela, pone 3 gotas de esencia, toma su cuarzo y antes de tocarlo lo saluda.
Por eso, cuando tú te pones una pieza de BlackHouse, no te estás poniendo una pulsera de moda.
Te estás poniendo 60 años de aprendizaje de un niño que aprendió que las piedras no se agarran, se abrazan.
Te estás poniendo el único engarzado en México que no encierra, que libera.
*BlackHouse no vende piedras. Vendemos el abrazo que tu energía estaba esperando.*